Taller de oración – 10

Tiempo de Oración

ANTES DE ORAR: Haz una primera lectura para ti mismo; si estás de acuerdo con el contenido oremos juntos y unánimes con voz audible.

Orando con Habacuc: «Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él, y haces que sean los hombres como los peces, como reptiles que no tienen quien los gobierne? Sacará a todos con anzuelo, los recogerá su red, y los juntará en sus mallas; por lo cual se alegrará y se regocijará. Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción, y engrasó su comida. ¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones continuamente? (Habacuc 1:13-17 RV60).

         Dios Todopoderoso, Padre Eterno y Rey de todas las naciones. Tú eres santo y limpio de ojos para ver el mal que nos rodea, no soportas la impiedad ni el agravio, por eso nos preguntamos con el profeta: ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él? Nos aflige, Señor, ver el levantamiento de los impíos. Nos duele ver la causa de los justos menospreciada y el ensalzamiento de aquellos que son movidos por la maldad de sus corazones.

         Señor, se han levantado multitudes empujadas por el islam para asolar a tu pueblo Israel. Están ofreciendo sacrificios y sahumerios a sus redes y mallas con las que atrapan a tus hijos, los aniquilan, crucifican y degüellan envanecidos ante el poder de su dios. Sus redes y mallas son el motivo de su regocijo, han engordado su porción, producen recursos que alimentan sus atrocidades. ¿No tendrán piedad de aniquilar naciones continuamente? Y nosotros, Señor, levantamos ante ti nuestro clamor para decir: ¿Hasta cuándo? ¿Te olvidarás para siempre del pueblo de tu pacto?

         Amado Dios, nuestro país está sin gobernantes; somos como peces que no tienen quién los gobierne. Los impíos se levantan como justos. Los malos pretenden dar respuesta a la nación aunque anida en sus corazones el odio y la revancha. ¡Oh, Dios, Dios nuestro! Sana la herida de mi pueblo. Perdona la iniquidad de nuestros padres. ¡Sana nuestra tierra! Haznos ver gozo y alegría. Recrea los huesos que has abatido y un espíritu noble y recto nos sustente.

         Porque tú eres, Señor, nuestra esperanza. A ti alzamos nuestra mirada. En ti está nuestro deleite y nuestra causa. Señor, no te tardes. Tú eres justo. La misericordia te rodea. Redime a Israel. Salva a nuestra generación de la red que nos han tendido. Líbranos de los cazadores y sus mallas. Libertanos del lazo del cazador. Rompe sus ligaduras de iniquidad. Levanta tu Espíritu para que tu pueblo sea vivificado. Haznos a nosotros pescadores de hombres al anunciar tu evangelio.

         Señor y Dios, hubiéramos perecido sino creyéramos que aún veremos tu salvación en la tierra de los vivientes. Por eso, Dios nuestro, concédenos que anunciemos tu palabra mientras extiendes tu mano para hacer señales y prodigios, en el maravilloso nombre de tu Santo Hijo Jesús. Amén.

 

 

 

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