GRATITUD Y ALABANZA ( 14 ) – Sacrificio de alabanza ( 9 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (9)

Cantad alegres a Dios, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos al Señor con arpa; con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del rey YHVH (Salmos 98:4-6).

El salmista no se cansa. Su corazón está lleno de alabanza y gratitud. Quiere expresarlo. Ponerlo de manifiesto. Nos invita también a nosotros a hacer lo mismo. Y nos dice cómo hacerlo: con alegría, levantando la voz, sin timidez, aplaudiendo y cantando salmos que emanan de un corazón rendido al Dador de todas las cosas. Y debe hacerlo toda la tierra, no solo Israel, no solo la iglesia, o tal vez las iglesias carismáticas y pentecostales. No. El salmista nos dice que toda la tierra cante alegre al Señor, el Eterno. Y prosigue con más detalles. Hacerlo con arpa, aclamad con trompeta y sonidos de bocina, que en este caso viene a ser el sonido del shofar, y hacerlo delante del Rey, el Rey de toda la tierra. El Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente. Jehová el poderoso en batalla… El Señor de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria (Salmos 24:8-10).

Cuando somos conscientes a quién estamos adorando y reconociendo con nuestra alabanza todo lo demás empequeñece. Cuando miramos al trono de Dios como centro de nuestra rendición, la adoración fluirá con múltiples expresiones y diversidad de instrumentos. A la misma vez debemos recordar que las falsificaciones, imitaciones y la falsa adoración están a la orden del día. También en congregaciones y líderes de alabanza que un día fueron impulsores de una verdadera libertad y profunda adoración. Sabemos por los profetas que el antiguo Lucifer (Luzbel, «portador de luz») se transformó en Satanás, «el adversario». La causa de la caída fue dejar de reconocer el trono de Dios pretendiendo ocupar el suyo propio siendo él mismo objeto de adoración. La palabra de Dios le juzgó así: Descendió al Seol tu soberbia, y ya no se oye el estruendo de tus salterios… ¡Cómo caíste de los Cielos, oh Lucero de la mañana! Tú, que das órdenes a todas las naciones, fuiste abatido a la Tierra. Tú, que a causa del acto traidor, dijiste dentro de ti: Subiré a los Cielos, junto a las estrellas de Dios haré levantar mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, subiré sobre las altas nubes, en el flanco norte, y me haré semejante a Elyon (Isaías 14:11-14 IV Edición BTX).

Lucifer estaba vestido de música: Los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación (Ezequiel 28:13). Y recordemos que es un falsificador, ladrón y mentiroso que pretendió la adoración del mismo Mesías ofreciéndole los reinos del mundo (Lucas 4:5-8).

         La verdadera adoración y alabanza es jubilosa, con múltiples instrumentos musicales, pero también puede ser corrompida en idolatría.

GRATITUD Y ALABANZA ( 13 ) – Sacrificio de alabanza ( 8 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (8)

Bueno es dar gracias al Señor, y cantar alabanzas a tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana tu bondad, y tu fidelidad por las noches (Salmos 92:1,2 LBLA). Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Vengamos ante su presencia con acción de gracias; aclamémosle con salmos (Salmos 95:1,2 LBLA).

En la deriva de nuestro mundo actual se han diluido como un azucarillo las verdades absolutas. La disolución moral y espiritual, con sus mezclas babilónicas e idólatras, ha impuesto una cosmovisión que pretende evitar, ignorar y erradicar la presencia de Dios de nuestras vidas. La noche está avanzada y las naciones han quedado atrapadas en densa oscuridad. Las consecuencias son nefastas para esta generación. El engaño es de tal magnitud que se tiene las tinieblas por luz, y la luz por tinieblas. La confusión resultante ha sumergido a las multitudes en un vacío existencial y una disolución de los valores que destruye el alma humana esclavizándola con nuevas ideologías que buscan ocupar el lugar del Hacedor. Se intenta diluir la fe en el Dios vivo substituyéndola con nuevas religiones al amparo de agendas globalista de instituciones supranacionales que pretenden ocupar el lugar de Dios. Es el viejo proyecto babilónico de la llanura de Sinar bajo el liderazgo de Nimrod, que se levantó con prepotencia contraviniendo la voluntad de Dios. Es lo que llama el apóstol de las naciones «el misterio de la iniquidad» (2 Tesalonicenses 2:3-12).

Sin embargo, todos estos proyectos están destinados al fracaso. Tienen fecha de caducidad. Aunque dejarán un rastro de dolor y muerte a su paso, como todos los totalitarismos. Dios tiene en todas las generaciones un remanente fiel que no dobla sus rodillas ante los baales, sino que discierne el bien del mal, lo justo de la impiedad, la luz de las tinieblas y la verdad de la mentira. Hay una verdad indisoluble que nos muestra una y otra vez el salmista: es bueno dar gracias al Señor y cantar alabanza a su nombre. Anunciar todas las mañanas su bondad; sus misericordias son nuevas cada día; y proclamar su fidelidad por las noches. Es bueno venir a su presencia con cánticos de gozo, aclamarle con júbilo por su salvación —porque seguimos necesitados de salvación, hoy es día de salvación—; vivir una vida de gratitud por sus maravillosos dones y aclamarle con salmos. Hacerlo es penetrar el velo de carne. Salir de las limitaciones temporales entrando en el lugar santísimo y presentarnos delante de su trono con gran alegría, donde caerán nuestras fortalezas y saldremos llenos de la suya. En su luz veremos la luz. Hallaremos descanso para nuestra alma. El diablo pretende robarnos esta dimensión, no lo permitas.

         La gratitud y alabanza constantes nos introducen al trono de gracia.

GRATITUD Y ALABANZA ( 12 ) – Sacrificio de alabanza ( 7 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (7)

Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te daremos gracias para siempre; a todas las generaciones hablaremos de tu alabanza (Salmos 79:13 LBLA).

La Biblia es el libro de la revelación de Dios, el Dios de Israel, Creador, Salvador y Hacedor de todas las cosas. Esa revelación está canalizada a través de la simiente que había de venir, el hijo de la promesa, encauzada mediante la descendencia de Abraham, el padre de la fe y por el pueblo de Israel. Cuando este pueblo quedó atrapado en las fauces de Faraón en Egipto, el mensaje que Dios le dio a Moisés para transmitir a Faraón fue: «deja salir a mí pueblo, mi primogénito, para que me sirva». Ese servicio se concretaría en adoración en el monte Sinaí con todo lo que Israel sacaría de Egipto, con todas sus familias y posesiones. Faraón pretendió limitar esa adoración, —que incluía redención—, diciendo a Moisés que lo hicieran dentro de Egipto; luego aceptó dejarlos ir con la condición que no se alejaran mucho (Éxodo 8:25,28). Más tarde, a medida que se endurecían las plagas, Faraón estuvo dispuesto a dejar ir solo a los hombres (10:11). Moisés fue claro: Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos; con nuestros hijos y nuestras hijas; con nuestras ovejas y nuestras vacadas iremos, porque hemos de celebrar una fiesta solemne al Señor (10:9).

La presión ejercida sobre el rey de Egipto hizo que estuviera dispuesto a dejarlos salir pero «que vuestras ovejas y vuestras vacas queden aquí» (10:24). Moisés fue inflexible por palabra de Dios hasta que finalmente Israel salió de Egipto siendo su especial tesoro entre todos los pueblos, y un reino de sacerdotes y nación santa (Éxodo 19:5,6). Estaba en juego la adoración al Dios único, el monoteísmo. Como se le dijo al profeta: El pueblo que yo he formado para mí, proclamará mi alabanza (Isaías 43:21).

La revelación avanzó de Israel a todas las naciones de la tierra mediante el Mesías. Los gentiles de todo pueblo y nación serían injertados en el buen olivo para anunciar sus virtudes, ofreciendo sacrificios de alabanza y acción de gracias en todas las generaciones, incluida la nuestra. Esto concuerda con la enseñanza de Pablo en su carta a los Efesios: a fin de que seamos para alabanza de su gloria, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:6,12). Por tanto, dice el salmista: nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te daremos gracias para siempre; a todas las generaciones hablaremos de tu alabanza. Palabras que coinciden con la enseñanza apostólica: Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Esa es nuestra misión como pueblo redimido por la sangre del Cordero inmolado.

         Sirvamos a nuestra generación proclamando su alabanza, viviendo agradecidos al que nos llamó y redimió por su gracia.

GRATITUD Y ALABANZA ( 11 ) – Sacrificio de alabanza ( 6 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (6)

En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro; en Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? Están sobre ti, oh Dios, los votos que te hice; ofrendas de acción de gracias te ofreceré (Salmos 56:10-12 LBLA).

No podemos separar la naturaleza de Dios de lo que ha salido de su boca. Tampoco podemos adorarle sin tener como fundamento honrar su palabra. Nuestra actitud hacia la palabra de Dios revelada en la Biblia es proporcional a nuestro amor a su nombre. Jesús dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él Y añadió: El que no me ama, no guarda mis palabras (Juan 14:23,24). El que dice que ama a Dios y no guarda su palabra es mentiroso. El que dice que adora a Dios pero niega su palabra y no la honra obedeciendo sus preceptos vive atrapado en un corazón engañoso. Como enseña el apóstol: Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras… (1 Timoteo 6:3,4).

Nuestro salmista ha entendido que su alabanza y acción de gracias está íntimamente ligada a honrar a Dios honrando su palabra. Incluso dice: En Dios alabaré su palabra. Por su parte el padre de la mentira, el diablo, pretendió una adoración hacia sí mismo contradiciendo la Escritura. La respuesta del Mesías fue concluyente: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás (Mateo 4:8-10). La adoración a ídolos y otros dioses es una adoración falsa. No tiene el fundamento de la verdad revelada en la palabra de Dios. La decadencia moral y espiritual de la sociedad actual ha levantado muchos ídolos que adora, en algunos casos, con verdadera pasión: autorrealización personal, su propia imagen, el dinero y el consumo, el deporte, la cultura del placer,  satisfacción propia y tantos otros. Todos ellos falsos cultos que pretenden colocar en el centro de la escena al hombre y sus deseos.

Este proceder tiene como fundamento el amor a lo que hay en el mundo: los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida; todo ello con fecha de caducidad, es temporal y muy efímero; pero el que hace la voluntad de Dios, le adora y da gracias de todo su corazón honrando su palabra escrita, permanece para siempre. Como dijo Jesús: El que cree en mí, tiene vida eterna. Y en otra ocasión: Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida [alma] por causa de mí, la hallará (Mateo 16:25). Honremos su palabra y saldremos del temor.

         Cuando honramos a Dios y le adoramos según su palabra escapamos del temor de los hombres a una vida de paz, descanso y confianza.

GRATITUD Y ALABANZA ( 10 ) – Sacrificio y alabanza ( 5 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (5)

Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente… (Salmos 42:1,2 LBLA).

El alma humana es uno de los grandes temas de la Biblia. Encontramos en ella tantas y diversas manifestaciones de su acción que es el mejor libro para su descubrimiento y conocimiento. Dios le ha dado un valor inmenso a la vida —alma— del hombre. Tal es así, que envió a su Hijo a la cruz del Calvario para rescatarla de las garras del pecado y la muerte. Jesús enseñó que «todo aquel que quiera salvar su vida —alma—, la perderá; y todo el que pierda su vida —alma— por causa de mí, la hallará. Porque ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:25,26).

Las grandes manifestaciones de egocentrismo en nuestra generación ponen de manifiesto la pérdida del alma. Hemos perdido el alma. Y lo hemos hecho porque estamos tratando de salvarla. Hemos entregado nuestra alma (emociones, pasiones, voluntad, razonamiento) a los placeres temporales del pecado y nos hemos encontrado con el vacío, la vacuidad, el sinsentido y el pozo de la desesperación. Nuestra alma, creada por Dios, solo está satisfecha y completa en Él. Por eso el salmista de nuestro texto anhela y suspira, —como un ciervo lo hace por las aguas—, por el Dios de su salvación. Y lo hace no por cualquier divinidad del acerbo religioso, sino por el Dios viviente, el único Dios vivo, el Dios de Israel. Reconoce el abatimiento de su alma por la sequía espiritual que experimenta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Se acuerda de otro tiempo cuando conducía a la multitud entre voces de alegría a la casa de Dios. Y se responde: Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

Yo recuerdo también las marchas de alabanza que hacíamos por las calles de la provincia de Toledo. Algunos subidos en un camión con remolque abierto cantando y proclamando el nombre de Jesús. Otros detrás danzando y aclamando al Rey. En esos momentos siempre me acordaba de la entraba de Jesús en Jerusalén donde fue aclamado por la multitud: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! (Mateo 21:9). Nuestra alma encuentra regocijo y descanso solamente en Él. Como dice otro salmista: En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación… Alma mía, en Dios solamente reposa (Salmos 62:1,5). Los conciertos de música profana y sexual pretenden reemplazar este anhelo del alma por ser satisfecha, pero solo en Dios encontrará el descanso y la vida verdadera. Solo Jesús redime el alma.

         El anhelo, suspiro y sed del alma humana encuentran solamente en Dios una respuesta verdadera y eterna porque de Él viene mi salvación.

GRATITUD Y ALABANZA ( 9 ) – Sacrificio de alabanza ( 4 )

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (4)

Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán. Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores (Salmos 34:1-4 LBLA).

A lo largo de nuestras vidas atravesamos un sinfín de circunstancias muy diversas. Vivimos etapas de gran regocijo con otras de duelo y dolor. Todas ellas forman parte del devenir humano, el peregrinaje al que estamos llamados como hijos de Dios. La Escritura no ignora esta realidad en sus múltiples facetas. El apóstol Santiago escribe: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Santiago 5:13-15).

Afligidos, alegres o enfermos, todas ellas experiencias que se presentan en nuestras vidas en alguna ocasión. Hay una respuesta para cada una de ellas, pero la que las une a todas en una misma expresión es la que nos da el salmista en nuestro salmo: Bendeciré al Señor en todo tiempo. Porque nuestra adoración y exaltación a Dios no depende de las circunstancias sino de nuestro corazón rendido a su soberanía. Él es Señor, y como tal, en todo momento recibe nuestra alabanza y gratitud, al margen de cuáles sean nuestras circunstancias. Tal vez no podremos expresarlas siempre con el mismo tono vigoroso, pero en nuestros corazones hay un adorador que le ama y bendice en todo tiempo.

Cuando recibí del Señor el impulso para iniciar esta nueva serie sobre gratitud y alabanza estaba atravesando un periodo de dolor en mi vida. Había tenido una crisis de próstata una madrugada de hace quince días, tuve que ir a urgencias médicas donde me colocaran una sonda vesical para poder vaciar la vejiga. Así he estado las últimas dos semanas hasta que hoy mismo me la han quitado. Durante estos días de baja laboral comprendí que debía comenzar este nuevo tema precisamente sobre la gratitud. No es fácil. Hay dolor, preocupación, incertidumbre, malestar, la vida se torna distinta. Como suelo decir: que mal se está cuando se está mal. Sin embargo, la Escritura dice: Continuamente estará su alabanza en mi boca… Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre… Lo he cantado en multitud de ocasiones a lo largo de mi vida: ¡me libro de todos mis temores!

         Suave y hermosa es la alabanza. Bendeciré al Señor en todo tiempo. En el Señor se gloriará mi alma. Lo busqué y Él me oyó… Alabado sea.

GRATITUD Y ALABANZA (8) – Sacrificio de alabanza (3)

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (3)

Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel (Salmos 22:3 RV-60). Sin embargo, tú eres santo; estás entronizado en las alabanzas de Israel (Salmos 22:3 NTV).

La alabanza de un corazón rendido al Dios de Israel tiene el potencial para manifestar su presencia en medio nuestro. Dios habita en medio de un pueblo que le adora. Es la misma experiencia cuando los patriarcas levantaban un altar en algún lugar determinado. Israel es nuestro modelo. Una vez construido el tabernáculo según el diseño que el Señor le había mostrado en el monte la gloria de Dios lo llenó con su presencia. Cuando fue levantado el templo en Jerusalén en días del rey Salomón, y habiendo invocado su nombre en oración, la gloria de Dios llenó la casa. Se hizo presente. Cuando la adoración verdadera se prostituyó con ídolos de naciones foráneas su presencia abandonó el templo quedando el pueblo desprotegido y a merced de sus enemigos.

Una vez que el profeta Elías reconstruyó el altar del Señor que estaba arruinado por el culto a Baal, el fuego del cielo cayó y consumió el holocausto. Cuando el nuevo pacto quedó establecido mediante la sangre de Jesús, y el Espíritu de Dios vino a morar en todos aquellos que le invocan, fuimos hechos templo del Espíritu para ofrecer nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Ofrecemos sacrificios de alabanza, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15). Hemos venido a ser, (después de acercarnos a Jesús, que como piedra viva fue desechada por los hombres, aunque escogida y preciosa para Dios), piedras vivas para ser edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, ofreciendo sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1Pedro 2:4,5).

El texto del salmo que estamos meditando comienza con desamparo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Es el desamparo del Mesías en la cruz y el nuestro en algunas experiencias de la vida. Sin embargo, esa falta de respuesta se convirtió en la verdad de que Dios habita en medio de la alabanza, poniendo su trono —entronizado dice la versión NTV— en medio de la angustia por el sentimiento de abandono. El rey Josafat vivió un episodio de gran presión cuando se juntaron sus enemigos para invadir Judá. Después de humillarse y buscar al Señor, está escrito: Cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso… emboscadas… y se mataron los unos a los otros (2 Crónicas 20:22). El Señor había puesto su trono en medio de ellos.

         Dios hace su habitación (tabernáculo) poniendo su trono en medio de la alabanza y gratitud.

GRATITUD Y ALABANZA (7) – Sacrificio de alabanza (2)

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (2)

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste. Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? (Salmos 8:3,4).

El hombre ha sido puesto en un entorno magnifico: la maravillosa creación de Dios. A medida que adquirimos consciencia del mundo que nos rodea; la armonía y belleza de todo lo creado; quedamos perplejos y henchidos por la hermosura que penetra por todos nuestros sentidos. El salmista lo está haciendo en este salmo. ¡Cuando veo tus cielos! En otro lugar dice: Alzaré mis ojos a los montes. Jesús enseña que la lámpara del cuerpo es el ojo, si nuestro ojo es bueno, todo nuestro cuerpo estará lleno de luz. Una mirada a la creación puede producir en nosotros alabanza y gratitud, o por el contrario, idolatría e ingratitud. Muchos han sido hechizados por el culto a los astros, la astrología y el horóscopo cuando miran los cielos. Fue lo que hicieron los antiguos caldeos o babilonios. Otros han hecho de las imponentes montañas un lugar de ídolos robándole la gloria al Dios Creador.

Nuestro salmista ve al Hacedor, al Altísimo, que se reveló a los patriarcas, reconociendo que su nombre es glorioso en toda la tierra y su gloria ha sido puesta sobre los cielos (8:1). También ve la precariedad del hombre, y se asombra que el Omnipotente Dios tenga de él memoria y lo visite, se manifieste a él a través de las cosas creadas, le haya hecho poco menor que los ángeles, coronado de gloria y honra, y le haya hecho señor sobre las obras de sus manos para que gobierne en la tierra (8:5,6). Nuestra respuesta a esta obra y misión dada por el Creador determina de qué espíritu somos. Podemos responder con gratitud y alabanza, o por el contrario con idolatría y rebelión.

Nuestra sociedad, mayoritariamente en lo que llamamos occidente, ha respondido con ingratitud, desprecio, arrogancia y egoísmo, haciendo del hombre el centro de todas las cosas. Apropiándose de los recursos con codicia y sucios negocios de las élites globalistas que acumulan la riqueza de las naciones para someternos a una tiranía al estilo de Nimrod en la llanura de Sinar. Sin embargo, los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1). Hay un pueblo bendito del Señor que reconoce que Él hizo los cielos y la tierra. Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres (Salmos 115:16). Este pueblo que reconoce las obras de Dios le alabará viviendo sus días con gratitud, cuidando de la tierra, que ha sido puesta a su cuidado para trabajarla y generar los recursos que supla sus necesidades.

         Cuando vemos la gloria de Dios en su creación podemos responder con idolatría y rebelión, o por el contrario con gratitud y alabanza.    

GRATITUD Y ALABANZA (6) – Sacrificio de alabanza (1)

GRATITUD Y ALABANZA - 1Sacrificios de alabanza y gratitud (1)

El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios (Salmos 50:23 RV-60).

La adoración en el tiempo de los patriarcas se centraba alrededor de un altar, en ese lugar se elevaban sacrificios al único Dios junto con la invocación de su nombre, las acciones de gracias y peticiones para ser guiado en su peregrinaje. Esos lugares eran centros de adoración y memoria por la revelación de Dios al caminar con Él. Lo hizo Noé y los padres de la nación hebrea: Abraham, Isaac y Jacob. Más adelante el Señor le dio a Moisés un modelo de sacrificios para realizar en el tabernáculo del desierto, que culminaría con la construcción del templo de Salomón en el lugar escogido por Dios para ello. Todo este ritual no era más que una sombra de la verdadera adoración que Dios manifestaría con la llegada del Mesías.

Preguntado por una mujer samaritana si debían adorar en un monte u otro, Jesús respondió: La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren (Juan 4:23,24). Esta revelación ya estaba presente en el Antiguo Testamento. Los verdaderos adoradores sabían que los sacrificios de animales eran provisionales y sombra de la verdadera adoración del corazón. El profeta Samuel sabía que obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención mejor que la grosura de los carneros (1 Samuel 15:22). Salomón entendía que los cielos no pueden contener al Altísimo, mucho menos la casa que él había construido. El mismo autor de nuestro salmo escribió que el Señor no tomará de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Y concluye: Sacrifica a Dios alabanza (Salmos 50:7-14). El que lo hace le honrará. Y añade que a la alabanza y la acción de gracias le debe seguir una vida ordenada, andar en novedad de vida, esa es la salvación de Dios.

El mensaje central del evangelio de Jesús es: Amar a Dios con todo el corazón… y al prójimo como a ti mismo. Los que le aman le adoran y sirven con gratitud. Como dijo el profeta Miqueas: ¿Con qué me presentaré ante YHVH, y adoraré al Dios Altísimo?… él te ha declarado lo que es bueno… hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios (Miqueas 6:6-8). Eso es sacrificar alabanza y honrarle. Haremos un breve recorrido por el libro de Salmos para encontrarnos con esta verdad libertadora que supera ampliamente todo tipo de ritual.

         Honrar a Dios es posible cuando le adoramos y ordenamos nuestro camino en obediencia. Él honrará a los que le honran (1 Samuel 2:30).

GRATITUD Y ALABANZA (5) – Un altar de gratitud (3)

GRATITUD Y ALABANZA - 1Un altar de gratitud (3)

Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios…  (Romanos 4:19,20)

A toda confesión de fe le viene su hora de la prueba. Invocar el nombre de Jesús no es algo mágico. Algunos lo hicieron, como los hijos de un tal Esceva. Estos intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Pero respondió el espíritu malo, diciendo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? (Hechos 19:13-15).

También el padre de la fe tuvo su hora de la prueba. Después de varios años de haber recibido la promesa de Dios de que tendría un hijo de Sara, la realidad física se imponía y la promesa no se cumplía. Llegado a los cien años y su mujer habiendo perdido la costumbre de las mujeres, las circunstancias diarias eran inciertas. Muchos habrían abandonado la esperanza del cumplimiento de la promesa recibida, hubieran usado razonamientos para aceptar lo que parecía inevitable. Sin embargo, el padre de la fe, haciendo honor a su patriarcado, no solo no se debilitó en la fe, sino que se fortaleció en esas circunstancias adversas, y lo hizo dando gloria a Dios, alabando al Señor por su fidelidad, agradecido porque la palabra de Dios que sale de su boca no vuelve a Él vacía sin cumplir el propósito para el cual ha sido enviada.

Abraham, una vez más, se puso en camino rumbo al monte Moriah, donde el Señor le había dicho que la promesa ya cumplida debía sacrificarla en el altar. Su hijo Isaac, tan querido y esperado, debería ser entregado en las manos del Proveedor. La fe se alzó a cotas insuperables. El hombre que conoce a su Dios se esfuerza y camina tres días, con sus noches, rumbo al altar del sacrificio. Y en aquel lugar de adoración una nueva revelación de Dios encumbró al patriarca: Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto (Génesis 22:14). El Altísimo había provisto un carnero ocupando el lugar del hijo amado de la promesa.

Así es el amor de Dios. Levantó un altar en el monte de la Calavera ofreciendo a su Hijo, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna. En el altar de Dios hay un sacrificio único, irrepetible, hecho una vez y para siempre, cuya sangre nos limpia de todo pecado y sana nuestras heridas. El Justo por los injustos para llevarnos a Dios. Abraham se fortaleció en fe dando gloria a Dios. Nuestra fe también se fortalece mediante la gratitud y alabanza por el don inefable.

         El altar de alabanza y gratitud siempre nos fortalecerá en la prueba.