8 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La promesa mediante la fe

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa promesa del Espíritu mediante la fe

Cristo nos redimió de la maldición de la ley… a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe  (Gálatas 3:13,14).

Dios trazó un plan de redención que introdujo en el mundo a través del llamamiento de un hombre: Abraham. Le dio las promesas de ser padre de multitud de naciones, y uno de sus vástagos sería la simiente portadora de la promesa de bendición para todos los pueblos. Después de la promesa vino la ley, nuestro ayo hasta la aparición del cumplimiento del tiempo. La ley tenía la sombra de los bienes futuros. Apuntaba hacia aquel que la cumpliría por nosotros, nos redimiría de la maldición por no poder cumplirla en su totalidad para satisfacer la justicia de Dios, resultando en  nuestra justificación.

Las promesas y bendiciones fueron hechas a Abraham y su simiente, con el fin  de que los gentiles —y por supuesto los judíos, que ya eran parte de la familia de Abraham y por tanto portadores de las promesas hechas a los padres— alcanzaran la bendición de Dios. ¿Y qué bendición era esa? Algunos creen que era una bendición económica por cuanto Abraham fue inmensamente rico. Pero no es eso lo que dice la Escritura que estamos meditando. Se refiere a la promesa del Espíritu recibida mediante la fe. Ese mismo mensaje fue el que predicó el apóstol Pedro en su discurso de Pentecostés: Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís… y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame (Hch. 3:33,38,39).

El Espíritu Santo nos conecta con el pacto hecho por Dios con Abraham y su simiente, la cual es Cristo, para que podamos recibir su Espíritu y quedar unidos a la vida eterna. Abraham buscaba una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios, no tenía su esperanza puesta en la tierra, era peregrino y extranjero, tenía las promesas, pero las miraba de lejos. Sus ojos estaban puestos en la ciudad celestial. Pretender hacer de Abraham un predicador de la teología de la prosperidad es una burda falsificación de la verdad. Dios lo bendijo también económicamente, pero su corazón no estaba en las riquezas, sino en Dios. Pablo dijo a los ricos de este mundo que no puieran su esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en Dios. Algunos han trivializado el mensaje y cambiado la promesa del Espíritu por unas cuantas monedas de oro.

         La promesa del Espíritu es inmensamente mayor que cualquier tesoro de este mundo.

Indignación infinita

INDIGNACIÓN INFINITA

Es indignante lo que estamos viviendo en Cataluña estos días. Por muchos motivos. Se me agolpan las palabras; me siento como Eliú ante los inútiles consoladores “amigos” de Job. Ver esta masa de locos amalecitas, fanatizados desde hace años, llorando y enloqueciendo por una sentencia que pone en la calle a los traidores de la convivencia en pocas semanas, da asco… Luego tenemos a ciertos “saduceos” protestantes, que no me representan, usando la verdad revelada como vana palabrería, vendiendo el evangelio con una falsa piedad vestida de barretina… Ayer cayó una mentira más del independentismo catalán, la de que es pacífico. Está lleno de odio. Que pacifismo puede haber en semejante corazón. COMO ES POSIBLE TANTA CEGUERA. La mentira no se dialoga, se desenmascara. El Señor confunda este consejo separatista perverso.

Cerca de Barcelona, 16-octubre-2019

7 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Nos ayuda en nuestra debilidad

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad

Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como deberíamos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios  (Romanos 8:26,27).

Recordemos que estamos meditando sobre la realidad de lo que es el hombre. Ahora estamos viendo una dimensión mayor de esa realidad humana. Se trata de la acción del Espíritu de Dios sobre aquellos que son hijos de Dios. Al tratar este tema debemos saber que estamos hablando de verdades espirituales que la mente natural no alcanza a percibir, porque se han de entender espiritualmente. Por tanto, siempre habrá aspectos alejados de los razonamientos puramente humanos. Jesús dice: El viento sopla de donde quiere y oyes su sonido, pero no sabes de donde viene, ni a donde va, así es todo aquel que nace del Espíritu. Lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es. Las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida.

La meta, para no caer en una falsa espiritualidad, la tenemos siempre en las guías maestras que han sido reveladas en la Escritura. El Espíritu de Dios nos ha sido dado por nuestra debilidad e insuficiencia para alcanzar la obra de Dios. Sin la ayuda del Espíritu es imposible. Así fue para María, la madre de Jesús, cuando recibió el mensaje de ser madre del Mesías ¿Cómo será esto?, dijo. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti…», fue la respuesta. Los apóstoles lo supieron cuando Jesús les iba a ser quitado, por lo que el Maestro les dijo: Recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu…

Dios conoce nuestra debilidad incluso para orar. La oración significa entrar en una dimensión espiritual para la que no estamos dotados de manera natural. Por ello se nos da el Espíritu, para que pueda interceder por nosotros mediante gemidos expresados en unión con nuestra propia alma y espíritu. Ese gemido es interpretado por aquel que escudriña los corazones y conoce cuál es el sentir del Espíritu. En este texto encontramos una verdad gloriosa sobre la combinación necesaria entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre. De esa fusión nace una oración guiada por nuestro Ayudador conforme a la voluntad de Dios. Misterio insondable. Realidad gloriosa. Sin el Espíritu de Dios activado en el creyente somos metal que resuena o címbalo que retiñe.

         Somos débiles, extremadamente débiles, insuficientes, incompetentes, pero nuestra competencia proviene del Espíritu, que nos ayuda en nuestra debilidad y nos eleva a las alturas de la voluntad de Dios.

6 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Las primicias del Espíritu

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas primicias del Espíritu

Y no solo ella [la creación], sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo  (Romanos 8:23).

 Al final del capítulo siete de la carta a los romanos el apóstol Pablo expresó un grito de desesperación: ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? En el texto que queremos meditar ahora se nos dice que el cuerpo espera ansiosamente el día de la redención, la redención de nuestro cuerpo. Un día cuando las limitaciones impuestas a nuestra realidad física y las leyes que operan en contra de la libertad gloriosa de los hijos de Dios serán finalmente derrotadas para que experimentemos una liberación definitiva que aún no hemos vivido. Mientras tanto, se nos dice que hemos recibido las primicias del Espíritu, los primeros frutos de una cosecha futura y definitiva.

El Espíritu de Dios nos ha sido dado y opera múltiples funciones en la vida del discípulo de Jesús. Una de ellas es la de manifestar los primeros frutos de la vida eterna a la que Dios nos ha destinado. Tenemos las primicias del Espíritu. Gustamos el don celestial. Participamos de la naturaleza divina. Percibimos en nuestro interior la realidad del reino de Dios. Degustamos los poderes del siglo venidero. Vemos la realidad inicial de una vida indestructible, inmortal, y que nos da una dimensión nueva a nuestra vida terrenal. Ante esa realidad interior, brota un gemido por alcanzar el resultado final de nuestra adopción como hijos y la redención de nuestros cuerpos mortales. Surge el contraste entre el presente siglo malo, y la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

El Espíritu de Dios en nosotros nos une con la eternidad perdida, con la vida que perdimos en Adán y nos enlaza con el anhelo del retorno al paraíso perdido. La vida espiritual necesita crecer, desarrollarse, madurar, para que los sentidos espirituales sean ejercitados en el discernimiento del bien y del mal, y especialmente degustemos el árbol de la vida, la vida de Dios, aquella que vino con Jesús, porque en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La misma creación está esperando y gimiendo para que llegue el día de la redención final, siendo liberada de la esclavitud de corrupción —que entró por el pecado del hombre— a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Toda una obra de reconciliación de todas las cosas y plenitud final.

         Tenemos las primicias del Espíritu para conectar con la realidad eterna de la vida de Dios en nosotros.

5 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Guiados como hijos y herederos

La vida en el Espíritu - MeditacionesGuiados como hijos y herederos

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos  (Romanos 8:14-17).

La vida cristiana parece en ocasiones un conglomerado de complejidades y misterios, pero cuando leemos la Escritura, meditamos en las enseñanzas de los apóstoles, y vivimos la sencillez del evangelio, vemos que todo es más «normal» de lo que parece. Pablo dice algo tan sencillo como esto: sin el Espíritu de Dios no podemos ser hijos de Dios, pero si somos guiados por el Espíritu somos hijos de Dios. Dice el dicho popular: «de tal palo, tal astilla, y de tal padre, tal hijo». Un cristiano es un hijo de Dios. Ha nacido de Dios, engendrado por el Espíritu y la palabra de verdad, mediante el arrepentimiento y la fe en Jesús.

Por tanto, sellados con el Espíritu Santo para ser guiados en toda nuestra manera de vivir. Esto simplifica la vida del creyente a ser guiado por Dios desde su interior, donde hemos recibido el Espíritu de Dios que ahora se ha fusionado con nuestro espíritu. Desde nuestro interior nos dirige, nos da testimonio, orienta  nuestra conciencia, para que nuestros pensamientos sean renovados mediante la palabra de Dios, y podamos conocer su voluntad y vivirla de forma «natural» dentro del estado sobrenatural que significa la nueva creación.

Esta verdad neutraliza el espíritu de esclavitud —aquel que teníamos antes de la redención y que nos esclavizaba mediante el pecado— produciendo temor y atenazándonos para impedir nuestra libertad. Ahora, en el régimen nuevo del Espíritu, hemos recibido un nuevo espíritu de adopción que nos da la libertad de clamar ¡Abba Padre!

Una nueva relación ha surgido. Una nueva filiación. Ya no somos extranjeros, ni peregrinos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Injertados en los pactos y promesas dadas a Israel y que nos llegan mediante la redención en Cristo. Todo un plan divinamente orquestado para vivir en un nuevo estado de hijos y herederos. Estas verdades deben producir en nosotros la dimensión de vida liberada que honra a Dios, le sirve, le glorifica y nos sujeta los unos a los otros en amor.

         El Espíritu de Dios nos guía como hijos y herederos, nos libra del temor, nos ayuda a clamar: ¡Abba Padre! y vuelve a confirmar nuestra filiación de hijos.

4 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Conciencia de estado

La vida en el Espíritu - MeditacionesConciencia de estado

Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El… Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros  (Romanos 8:9,11).

Nuestra sociedad politizada habla a menudo del Estado del bienestar, régimen de libertades, un Estado centralista o descentralizado. El Estado viene a ser la realidad de una nación con sus leyes, territorio, cultura, historia, lenguas y costumbres, incluso la religión, aunque vivimos en tiempo de los estados laicos y modernos. Todo ello nos indica la importancia que tiene el estado de una nación; sí, también tenemos el debate sobre el estado de la nación.

El Estado nos da garantías de protección, conciencia de pueblo, identidad, tiene sus propios símbolos que identifican a todos sus ciudadanos, aunque en el caso de España vivamos tiempos convulsos en este sentido, y algunos no respetan ni las señas de identidad de un pueblo: la bandera, el himno, su historia y cultura, el idioma, y hacen todo lo posible para destruirlo ¿con qué fin? derribar un Estado para formar otro que se ajuste más a sus deseos. Cuando un pueblo no tiene conciencia de Estado, de nación conjunta, de leyes a las que someterse, creará otras para hacer lo que mejor le parezca.

El hombre renacido debe saber, tener conciencia de su estado. Ahora no está en la carne, sino en el Espíritu. Ha nacido del Espíritu para pertenecer a un nuevo estado o régimen del Espíritu, a un nuevo pueblo con sus leyes. Sin esta conciencia de pertenencia es fácil cambiar de estado y regresar al anterior, al estado del hombre carnal que siempre merodea alrededor como vimos en el caso de los edomitas y amalecitas.

La realidad del Espíritu de Dios en nosotros nos da la certeza de pertenecer a Jesús, por tanto, a otro reino, el reino de Dios. Esta verdad firme en el corazón nos llevará a una nueva forma de vida conforme al Espíritu. Ese Espíritu fue el que resucitó a Jesús de los muertos, y que actuará también sobre nuestros cuerpos mortales para vivificarlo y transformarlo a su imagen. El Espíritu de Dios en nosotros nos da conciencia de vivir en un nuevo régimen, pertenecer a un nuevo pueblo de hijos redimidos, formando una nación santa para manifestar el carácter de aquel que nos amó.

         Estamos en el Espíritu, por tanto, vivimos y andamos por el Espíritu.

3 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Dos estados opuestos

La vida en el Espíritu - MeditacionesDos estados opuestos

Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu… la mente puesta en la carne es muerte… la mente puesta en el Espíritu es vida y paz… la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios  (Romanos 8:5-8).

El apóstol está confrontando los dos estados de la persona: los que viven y ponen su mente en las cosas de la carne, y aquellos que viven bajo el régimen del Espíritu poniendo sus pensamientos bajo el dominio del Espíritu de Dios. El estado de la persona que vive bajo los designios de su mente carnal produce muerte. Por su parte el que vive en el Espíritu disfruta de vida y paz. La mente puesta en los pensamientos carnales se opone a Dios, no guarda su ley, ni siquiera puede hacerlo, y no puede agradar a Dios.

El concepto «carne» tiene que ver con el hombre no renacido. Aquel que vive por sus propias capacidades, opuesto a Dios, que se dirige por sus propios designios y capacidades intelectuales, vive bajo su propia potencialidad, ajeno a la vida de Dios, solo piensa en lo terrenal, cuyo dios es su vientre, está orientado hacia sus propias pasiones y deleites, sin vida trascendente, solo material. Jesús le dijo a un buen representante de lo que estamos diciendo: Necio, hoy vienen  a pedir tu alma, y lo que has provisto ¿de quién será? Fue la respuesta a un hombre que solo atesoró para una vida terrenal, sin proyección eterna.

Por su parte, el estado de aquellos que han entrado en el régimen del Espíritu, viven, piensan y actúan guiados por una nueva ley en sus corazones, la ley del Espíritu de vida en Cristo. Es el nuevo pacto. Escribiré mi ley en sus corazones, y no tendrán un corazón de piedra, sino que les daré un corazón de carne. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Su fundamento es la autosuficiencia, el orgullo humano, se burlan de la ley de Dios porque no pueden cumplirla, todos sus pensamientos están orientados hacia sí mismos.

El hombre que agrada a Dios confía en Dios. Tiene fe y dependencia del Hacedor de todas las cosas. Sin fe es imposible agradar a Dios. La fe le agrada y por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Hoy la fe ha venido a ser un signo de debilidad, debilidad para el hombre carnal, pero para el que vive en el Espíritu vida y paz.

         El hombre lucha por un régimen de libertades políticas y sociales, está bien, pero hay un régimen superior, el del Espíritu, que nos da vida y paz.

2 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Un nuevo estado y régimen

La vida en el Espíritu - MeditacionesUn nuevo estado y régimen

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8:1,2).

Quisiera ahondar en estos dos versículos que me parecen un canto celestial. La condenación es para los que no están en Cristo, los que viven alejados de la ciudadanía de Israel, ajenos a los pactos y las promesas, sin esperanza y sin dios en el mundo; que están muertos en delitos y pecados, ajenos a la vida de Dios. Ese es el estado de condenación, pero para los que están en Cristo hay una nueva situación, un nuevo régimen, una nueva realidad espiritual que se manifiesta en la tierra pero que tiene un alcance trascendente.

Vivir sin el peso de la condenación eterna es una dimensión de vida que ninguna circunstancia terrenal puede superar. Ese estado de no condenación es porque el hijo de Dios ha sido colocado en Cristo. Si alguno está en Cristo(2 Co.5:17). Más por obra suya estáis vosotros en Cristo (1 Co.1:30). Hemos sido librados del dominio de las tinieblas y trasladados al reino de su Hijo amado (Col.1:13). A esto llamamos redención y salvación. Y este nuevo hombre vive de una forma nueva, no en las obras de la carne, que han venido a ser el equivalente de los amalecitas para el pueblo de Israel, sino que anda conforme a la vida del Espíritu.

Una nueva ley de vida y no de muerte ha sido colocada en lo hondo de su ser, para andar en novedad de vida, alejado de su antiguo proceder en el pecado. Hemos estrenado un nuevo régimen. Hemos salido de una dictadura opresiva, para servir bajo un nuevo régimen del Espíritu de libertad (Ro.7:6). Hemos recibido el Espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba Padre! Para no andar mas en el temor de hombres, sino bajo el temor de Dios. Hemos sido comprados por la sangre de Jesús. No somos nuestros. Somos de Dios.

No debemos permitir que nos hagan esclavos de nuevo. Esa fue la batalla de Pablo con los gálatas. El apóstol no estuvo dispuesto a hacer concesiones para regresar al estado anterior de la letra, el viejo régimen de las obras, sino que peleó ardientemente por la fe dada una vez a los santos. Todos los sistemas religiosos están diseñados para hacernos volver a la esclavitud, haciéndonos regresar a los antiguos parámetros de opresión y dominio. Pero la ley del Espíritu de vida en Cristo, nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Libertad, no para andar en la carne, sino para servirnos los unos a los otros (Gá. 5:13).

         Un nuevo régimen de libertad del pecado gobierna ahora nuestras vidas.

1 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Introducción

La vida en el Espíritu - MeditacionesIntroducción

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8:1,2).

Después de un extenso recorrido sobre «la lucha interior», queremos adentrarnos ahora en lo que debe ser  —como diría un autor chino de gran prestigio— la vida cristiana normal. Aunque en la vida cristiana es normal tener luchas y conflictos, también debe ser normal vivir en el Espíritu y no satisfacer los deseos y pasiones de la carne. En esta nueva serie queremos hacer un recorrido por los misterios del Espíritu, siempre difíciles para el hombre natural, y entrar, con la ayuda del mismo Espíritu de revelación, en un terreno nunca explorado en su totalidad.

Como diría el apóstol de los gentiles «Y para estas cosas ¿quién es suficiente?» (2 Co.2:16). Por supuesto que no soy un «experto» en la vida del Espíritu. Hay demasiadas profundidades en este océano como para pretender sondear siquiera un atisbo de la inmensidad de Dios, que es Espíritu. Seguiremos con el mismo método de meditación, es decir, tomaremos un texto sobre el que podamos reflexionar, y lo haremos siempre desde la perspectiva de la realidad del hombre, en este caso, el hombre espiritual, el nacido de nuevo, el regenerado, que ya ha degustado el don celestial, que tiene las primicias del Espíritu y anhela avanzar hacia la plenitud de Dios.

En el texto con el que hemos iniciado nuestra andadura encontramos varias cosas relevantes. Lo primero que quiero resaltar es que los que son de Dios, tienen un nuevo estado, «están», —estamos—, en Cristo. Y los que están en Cristo no viven bajo la losa de condenación. No hay condenación para los que están en Cristo. Y este estado tiene una nueva forma de vivir, no andan conforme a los designios de la carne, sino que viven según el régimen nuevo del Espíritu. Estamos en otro reino. Tenemos otro espíritu, renovado, renacido, sobre el que ha venido a morar el Espíritu de Dios.

Ahora debemos aprender a andar en la nueva situación, con el modelo que presenta la nueva vida recibida, los nuevos sentidos espirituales que nos conectan con el reino de Dios, la eternidad, los poderes del siglo venidero. En definitiva, el nuevo traje diseñado para alcanzar, un día, la ciudad celestial, donde no puede entrar carne ni sangre. Una nueva ley del Espíritu de vida en Cristo ha comenzado a operar en nosotros, libertándonos de la ley que nos había tenido esclavizados al pecado.

         La vida en el Espíritu es el nuevo hábitat para el hombre renacido

NUEVA SERIE – La vida en el Espíritu

La vida en el Espíritu - MeditacionesPrólogo

        Esta es la novena serie del tema central ¿QUÉ ES EL HOMBRE? El propósito que tengo al abordar un tema tan amplio como este es escudriñar las Escrituras tratando de responder a las preguntas esenciales de la existencia humana desde sus orígenes. Para ello iniciamos nuestro recorrido en la lista que el apóstol Pablo hace sobre (1) el carácter de los hombres en los últimos tiempos; después hemos visto (2) el carácter de los hombres de Dios en los últimos tiempos. Una vez iniciada nuestra andadura en el tiempo presente, la realidad que se impone hoy con el aumento de la maldad, viajamos en el tiempo al periodo anterior a la caída en pecado del hombre con la serie (3) antes de la caída que aborda ese tiempo. Luego hemos visto cómo se produjo (4) la caída en pecado con todas las consecuencias posteriores. A partir de aquí hemos seguido en orden progresivo el proceso degenerativo, a gran velocidad, de la naturaleza humana con la serie (5) después de la caída, para seguir con (6) la redención y (7) la santificación, posteriormente (8) la lucha interior que se presenta en la vida del hijo de Dios nada más dar inicio a la nueva vida en Cristo, y llegar a la serie que nos ocupa en este momento, (9) la vida en el Espíritu.

         Hemos dividido este tema en once capítulos para hacer más fácil su seguimiento. Algunos se mezclan ineludiblemente, puesto que la vida en el Espíritu no puede fraccionarse, es un todo, pero hemos querido hacerlo así para facilitar su asimilación en la medida que sea posible, y también para que cada uno de los lectores pueda acudir al tema que le interese en cada momento facilitando así su búsqueda. El diseño está pensado como meditaciones diarias de una página Dina-4. Cada una consta de un título orientativo, un texto de la Escritura, la reflexión central y una frase final que resume su contenido. Debo decir que no solo es meditación fugaz, si no que cada uno de los temas está cargado de doctrina fundamental, no exhaustiva, sino orientativa.

         Por último, decir que mi propósito en esta serie es recorrer los diversos textos de la Escritura sin encerrarme en una doctrina hermética sobre el Espíritu Santo, dejando que la Biblia se interprete a sí misma. En el capítulo sobre experiencias personales queda mejor reflejado mi recorrido espiritual.

ÍNDICE:

Capítulo 1 – INTRODUCCIÓN AL TEMA

  1. Introducción
  2. Un nuevo estado y régimen (Ro.8:1,2)
  3. Dos estados opuestos (Ro.8:5-8)
  4. Conciencia de estado (Ro.8:9,11)
  5. Guiados como hijos y herederos (Ro.8:14-17)
  6. Las primicias del Espíritu (Ro.8:23)
  7. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad (Ro.8:26,27)
  8. La promesa del Espíritu mediante la fe (Gá.3:13-14)
  9. Sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Ef.1:13)
  10. Las arras de nuestra herencia (Ef.1:13-14)

Capítulo 2 – EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DE JESÚS

  1. La concepción por el espíritu (Lc.1:34-35)
  2. Movidos por el Espíritu (Lc.2:25-27)
  3. Jesús capacitado por el Espíritu (Lc.3:21-23)
  4. Llevado por el Espíritu al desierto (Lc.4:1,2)
  5. Regresando en el poder del Espíritu (Lc.4:13-15)
  6. El Espíritu para anunciar el evangelio (Lc.4:16-18)
  7. El tropiezo del vínculo familiar (Lc.4:22)

Capítulo 3 – LA ENSEÑANZA DE JESÚS SOBRE EL ESPÍRITU SANTO

  1. Nacidos del Espíritu para entrar en el reino (Jn.3:5-8)
  2. El don de Dios es agua viva (Jn.4:10)
  3. Brotarán ríos de agua viva (Jn.7:37-39)
  4. Otro consolador (Jn.14:16)
  5. El Espíritu de verdad (Jn.14:16-18)
  6. El Espíritu enseña y recuerda (Jn.14:25-26)
  7. El Espíritu da testimonio de Jesús (Jn.15:26-27)
  8. El Espíritu convence de pecado, justicia y juicio (Jn.16:7-11)
  9. El Espíritu guía a la verdad (Jn.16:12-13)
  10. El Espíritu glorifica a Jesús (Jn.16:12-15)
  11. Recibid el Espíritu Santo (Jn.20:21,22)
  12. La promesa del Padre (Lc.24:49 y Hch.1:4,5)
  13. Poder para ser testigos/mártires (Hch.1:6-8)

Capítulo 4 – EL ESPÍRITU SANTO EN EL LIBRO DE LOS HECHOS

  1. El día de Pentecostés (Hch.2:1-4)
  2. Una promesa de largo alcance (Hch.2:33,38,39)
  3. Pedro lleno del Espíritu (Hch.4:8-10)
  4. Llenos del Espíritu para hablar la palabra (Hch.4:31)
  5. Llenos del Espíritu para obedecer (Hch.5:30-33)
  6. Llenos del Espíritu para servir a las viudas (Hch.6:3)
  7. Sabiduría y llenura del Espíritu siempre unidos (Hch.6:10)
  8. La dureza de corazón resiste al Espíritu (Hch.7:51)
  9. El cielo en pie ante un hombre lleno del Espíritu en la tierra (Hch.7:55,56)
  10. A mas persecución mas predicación (Hch.8:14-17)
  11. La palabra y el Espíritu deben ser recibidos (Hch.8:14-17)
  12. Experiencia y doctrina (Hch.8:14-17)
  13. El don de Dios y el dinero (Hch.8:20)
  14. Otro tipo de experiencias (Hch.8:29,39)
  15. Ser llenos del Espíritu una experiencia posterior (Hch.9:17)
  16. Temor de Dios y fortaleza del Espíritu (Hch.9:31)
  17. El Espíritu confirma las visiones y los éxtasis (Hch.10:19,20)
  18. Pedro confrontado con los prejuicios judíos (Hch.10:19,20)
  19. La predicación de Pedro en casa de Cornelio (I) (Hch.10:38-43)
  20. La predicación de Pedro en casa de Cornelio (II) (Hch.10:38-43)
  21. La predicación de Pedro en casa de Cornelio (III) (Hch.10:44)
  22. La predicación de Pedro en casa de Cornelio (IV) (Hch.10:45,46)
  23. La predicación de Pedro en casa de Cornelio (V) (Hch.10:47,48)
  24. Reproches y explicaciones de Pedro (I) Hch.11:15,16)
  25. Reproches y explicaciones de Pedro (II) (Hch.11:17,18)
  26. La iglesia en Antioquia de Siria (I) (Hch.11:24-26)
  27. La iglesia en Antioquia de Siria (II) (Hch.11:28)
  28. La iglesia de Antioquia de Siria (III) (Hch.13:1,2)
  29. Enviados por el Espíritu a la obra misionera (Hch.13:3,4)
  30. La confrontación inevitable (Hch.13:9-11)
  31. Discípulos llenos de gozo y del Espíritu (Hch.13:52)
  32. El primer concilio presidido por el Espíritu (Hch.15:8,9)
  33. El Espíritu Santo no impone cargas (Hch.15:28,29)
  34. Impedidos de hablar la palabra en Asia (Hch.16:6,7)
  35. Hay que oír del Espíritu Santo (Hch.19:2)
  36. Las limitaciones en la predicación (I) (Hch.19:3-5)
  37. Las limitaciones en la predicación (II) (Hch.19:3-5)
  38. Las limitaciones en la predicación (III) (Hch.19:6,7)
  39. Después de las experiencias el avance del reino (Hch.19:21)
  40. El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu (Hch.20:22,23)
  41. Supervisores de la grey de Dios (Hch.20:28)
  42. Una aparente contradicción del Espíritu (Hch.21:4)
  43. De Jerusalén a Roma. El tiempo de los gentiles (Hch.28:25-29)
  44. El final del libro de los Hechos (Hch.28:30,31)

Capítulo 5 – EXPERIENCIAS PERSONALES

  1. Mi experiencia personal (I) (Ef.5:18-20)
  2. Mi experiencia personal (II) (Mt.10:32,33)
  3. Mi experiencia personal (III) (1 Co.14:2,4)
  4. Mi experiencia personas (IV) (Heb.11:24-27)
  5. Mi experiencia personal (V) (Jn.3:8)

Capítulo 6 – ANDAR EN EL ESPÍRITU

  1. Vivir y andar por el Espíritu (I) (Gá.5:25)
  2. Vivir y andar por el Espíritu (II) (Gá.5:25)
  3. El Espíritu de santidad (Ro.1:4)

Capítulo 7 – LOS DONES DEL ESPÍRITU

  1. Impartir algún don espiritual (I) (Ro.1:11,12)
  2. Impartir algún don espiritual (II) (Ro.1:11,12)
  3. Impartir algún don espiritual (III) (Ro.1:11,12)
  4. Dones y llamamiento de Dios irrevocables (Ro.11:28,29)
  5. Usemos los dones recibidos (Ro.12:6)
  6. El don de profecía (Ro.12:6)
  7. El don de servicio (Ro.12:7)
  8. El don de enseñanza (Ro.12:7)
  9. El don de exhortación (Ro.12:8)
  10. El don de dar (Ro.12:8)
  11. El don de dirigir o presidir (Ro.12:8)
  12. El don de la misericordia (Ro.12:8)
  13. Cada uno ha recibido un don (1 Pedro 4:10)
  14. No debemos ignorar los dones (1 Co.12:1,2)
  15. Hablar por el Espíritu (1 Co.12:3)
  16. Dones, ministerios y operaciones (1 Co.12:4-6)
  17. Individualidades para el bien común (1 Co.12:7,11)
  18. El don de palabra de sabiduría (1 Co.12:8)
  19. El don de palabra de conocimiento (1 Co.12:8)
  20. El don de fe (1 Co.12:9)
  21. El don de sanidad (1 Co.12:9)
  22. El don de milagros (1 Co.12:10)
  23. El don de profecía (1 Co.12:10)
  24. El don de discernimiento de espíritus (1 Co.12:10)
  25. El don de lenguas (1 Co.12:10)
  26. El don de interpretación de lenguas (1 Co.12:10)

Capítulo 8 – LOS DONES MINISTERIALES

  1. La individualidad dentro de la diversidad del cuerpo (1 Co.12:11)
  2. Bautizados por el Espíritu en un cuerpo (1 Co.12:13)
  3. La diversidad procede de Dios mismo (1 Co.12:14,18,27)
  4. Dones ministeriales – apóstoles (1 Co.12:28)
  5. Dones ministeriales – profetas (1 Co.12:28)
  6. Dones ministeriales – evangelistas (Ef.4:11)
  7. Dones ministeriales – pastores y maestros (Ef.4:11)
  8. Dones ministeriales – capacitar a los santos (Ef.4:12)
  9. Dones ministeriales – llevar a la madurez y plenitud (Ef.4:13)
  10. Dones ministeriales – para salir de la niñez espiritual (Ef.4:14)
  11. Dones ministeriales – la meta es Cristo (Ef.4:15,16)

Capítulo 9 – TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO

  1. Somos templo del Espíritu (I) (1 Co.3:16,17)
  2. Somos templo del Espíritu (II) (1Co.3:16,17)
  3. Somos templo del Espíritu (III) (1 Co.6:19,20)
  4. Somos templo del Espíritu (IV) (2 Co.6:14-16)

Capítulo 10 – EL FRUTO DEL ESPÍRITU

  1. El fruto del Espíritu – introducción (Gá.5:22)
  2. El fruto del Espíritu – amor (Gá.5:22)
  3. El fruto del Espíritu – gozo (Gá.5:22)
  4. El fruto del Espíritu – paz (Gá.5:22)
  5. El fruto del Espíritu – paciencia (Gá.5:22)
  6. El fruto del Espíritu – benignidad (Gá.5:22)
  7. El fruto del Espíritu – bondad (Gá.5:22)
  8. El fruto del Espíritu – fidelidad (Gá.5:22)
  9. El fruto del Espíritu – mansedumbre (Gá.5:23)
  10. El fruto del Espíritu – dominio propio (Gá.5:23)
  11. El fruto del Espíritu – justicia (Ef.5:8,9)
  12. El fruto del Espíritu – verdad (Ef.5:8,9)

Capítulo 11 – LA TERCERA PERSONA DEL TRINIDAD

  1. Una Persona de la Trinidad (2 Co.13:14)
  2. El Espíritu Santo es Dios (2 Co.3:17)
  3. En la obra de salvación (Jn.16:7-11)
  4. En la obra de santificación (2 Tes.2:13)
  5. En la obra de transformación (2 Co.3:18)

Nota: He usado la versión de la Biblia de las Américas (LBLA).