41 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La palabra y el Espíritu

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa palabra y el Espíritu deben ser recibidos

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo  (Hechos 8:14-17).

El dilema doctrinal al que me refería en la meditación anterior es el siguiente. Tenemos dos corrientes principales sobre la manera de recibir el Espíritu Santo en la vida del creyente. Por un lado los que dicen que una vez hemos creído en Jesús recibimos todo en su totalidad y ya no necesitamos más experiencias posteriores. Por otro, aquellos que enfatizan la necesidad de una segunda experiencia posterior a la conversión para recibir la llenura del Espíritu.

Siguiendo el texto que nos ocupa vemos con toda claridad que las personas que se habían convertido en Samaria a la predicación de Felipe recibieron la palabra. Fue tan evidente ese recibimiento del evangelio que el impacto llegó a oídos de la congregación en Jerusalén y enviaron a Pedro y Juan para constatar lo que allí estaba ocurriendo. Una vez llegados oraron por aquellos que ya habían recibido la palabra para que a su vez recibieran el Espíritu Santo. Habían sido incluso bautizados en el nombre de Jesús, pero no habían recibido el Espíritu Santo. Claro, nadie puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu, por tanto el Ayudador estaba presente en la vida de los nuevos creyentes, pero no en la forma que había ocurrido en Jerusalén el día de Pentecostés.

Pedro y Juan oraron por ellos con imposición de manos y recibieron la experiencia de recibir el Espíritu. Eso fue tan evidente y palpable que el mismo Simón se dio cuenta queriendo comprar la autoridad de los apóstoles para que él también pudiera ejercerla, es decir, imitarla o falsificarla. Lo cual nos lleva a la reflexión siguiente: es posible que muchos que dicen transmitir la unción del Espíritu lo único que hagan sea imitar a Simón en este proceder.

Los creyentes, dice Pablo, una vez han creído en el evangelio son sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13), lo cual no quiere decir que no haya más experiencias para ser bautizados en el Espíritu, siendo llenos del Espíritu posteriormente al recibimiento de la palabra; él mismo lo reclama en Ef. 5:18. El relato de lo sucedido en Samaria no deja lugar a dudas. Podemos quedarnos solo en recibir la palabra y solo palabra, pero necesitamos también la llenura del Espíritu, sin estridencias pero con evidencia de la transformación y capacitación del Espíritu.

         Recibir la palabra precede al recibimiento del Espíritu. Ambas pueden ir juntas el mismo día (en Pentecostés), o por separado (en Samaria).

LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Capítulo 2 – En la vida de Jesús

La vida en el Espíritu - MeditacionesCapítulo 2 – EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DE JESÚS

Capítulo DOS

 EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DE JESÚS

Continuamos ahora con un recorrido inicial en los Evangelios para ver la obra del Espíritu en la vida de Jesús. Todo el nacimiento del Hijo de Dios estuvo rodeado de la obra del Espíritu Santo. Desde su nacimiento virginal a su capacitación para la obra a la que había sido enviado, pasando por su tiempo de prueba en el desierto, y regresando luego en el poder del Espíritu.

  1. La concepción por el Espíritu (Lc.1:34-35)
  2. Movidos por el Espíritu (Lc.2:25-27)
  3. Jesús capacitado por el Espíritu (Lc.3:21-23)
  4. Llevado por el Espíritu al desierto (Lc.4:1,2)
  5. Regresando en el poder del Espíritu (Lc.4:13-15)
  6. El Espíritu para anunciar el evangelio (Lc.4:16-18)
  7. El tropiezo del vínculo familiar (Lc.4:22)

11 – La concepción por el Espíritu

Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús […] Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que soy virgen? Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios  (Lucas 1:34-35).

         La concepción del Hijo de Dios en el vientre de una joven judía, conforme a lo anunciado por los profetas de Israel, fue mediante la intervención directa del Espíritu de Dios. María recibió la visita especial de un ángel con un anuncio único en la historia de la humanidad. La joven razonó —una vez oído el mensaje de Dios— cómo sería posible semejante suceso en su cuerpo si no había conocido varón. Estamos ante la excepcionalidad de la concepción del único Hombre que ha nacido en esta tierra sin conexión con el pecado heredado de Adán. Y para ello no podía haber intervención humana, sino una acción directa del cielo mediante el Espíritu Santo. Jesús fue concebido en el vientre de María a través de una obra milagrosa y sobrenatural producida por el Espíritu de Dios. La salvación de Israel, y todas las naciones, necesitaba esta intervención única. Desde el principio es obra de Dios. Se necesitaba el vaso, el recipiente que «incubaría» la simiente de Abraham, nacida por el Espíritu para llevar a cabo la salvación a todas las naciones.

María comprendió que concebir en su seno sin haber conocido varón era un acto imposible, por ello el ángel le dio la respuesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti. La joven hebrea, instruida en las Escrituras judías, comprendió rápidamente que la acción del Espíritu de Dios ya se había producido en muchas ocasiones en la historia de Israel. El Espíritu vino sobre Moisés y los setenta ancianos; vino sobre Josué; actúo sobre los jueces de Israel y los profetas; por tanto, María comprendió que estaba ante un acto de la Providencia actuando sobre la vida de los hombres, en este caso, sobre ella misma. Y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. María dijo: hágase conmigo conforme a tu palabra, y la obra de redención fue activada en el tiempo señalado por el Padre. La encarnación del Hijo de Dios estaba en marcha. Todo el proceso necesitaba la operación del Espíritu Santo. También en el nuevo nacimiento necesitamos la acción imprescindible del Espíritu para concebir la vida de Dios.

         La concepción de la vida de Dios necesita la acción del Espíritu para producir una clase de vida nueva alejada del pecado.

12 – Movidos por el Espíritu

Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo… (Lucas 2:25-27).

         Todo el proceso de salvación está impregnado de la acción del Espíritu Santo. Jesús fue concebido en el vientre de María por el Espíritu. Nació en Belén, según el Espíritu había anunciado por medio del profeta Miqueas. Los padres del niño cumplieron con la ley de Moisés llevándole al templo para circuncidarle al octavo día. Mientras cumplían con el ritual, el Espíritu se movió en la vida de un hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel. Simeón fue movido por el Espíritu en ese preciso momento para ir al templo, se le había revelado que no vería la muerte hasta ver aparecer al Mesías prometido a Israel, la esperanza de Israel, la promesa hecha a los padres. Al ver al niño, supo por el Espíritu que era el salvador del mundo. Lo tomó en sus manos y lo bendijo, diciendo: Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz de revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel (Lucas 2:28-32). En el mismo momento y tiempo, estaba allí una mujer, llamada Ana, que no necesitaba ser movida por el Espíritu para ir al templo porque nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén (Lucas 2:38).

El Espíritu de Dios actúa y se mueve de diversas formas pero en una misma dirección. Dios usa a diferentes personas con distintos dones y funciones, pero siempre en la dirección que ha sido trazada por el Espíritu, para llevar adelante su plan de redención y consolación a todas las naciones. La vida cristiana está ligada desde su origen a la obra del Espíritu Santo. Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu. Todos los que son guiados por el Espíritu, esos son hijos de Dios. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de donde viene, ni a donde va, así es todo aquel que nace del Espíritu de Dios.

         El movimiento del Espíritu en nosotros puede ser de una forma especial o en la vida cotidiana. Actúa en Simeón y en Ana, pero el mensaje es siempre el mismo y está centrado en la encarnación del Hijo de Dios.

13 – Jesús capacitado por el Espíritu

Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: Y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido. Y cuando comenzó su ministerio, Jesús mismo tenía unos treinta años… (Lucas 3:21-23).

         La concepción de Jesús en el vientre de María fue una intervención sobrenatural del Espíritu sobre ella. Siguió la confirmación de ser el Mesías mediante el testimonio de muchos testigos, entre ellos, Simeón, que movido por el Espíritu fue al templo; y Ana, que siempre estaba en el templo, por lo que el día que Jesús fue presentado ella estaba allí. Ahora tenemos el inicio del ministerio de Jesús a los treinta años, sellado por el testimonio del Espíritu sobre su vida y capacitándole para la obra que debía realizar. Jesús fue bautizado por Juan, hijo de Zacarías y Elisabeth, y una voz del cielo dio testimonio de que El era el Hijo amado a quién debían oír. Vemos que en todo el proceso de la encarnación y la manifestación de Jesús a Israel está presente el Espíritu Santo sellando cada suceso con la aprobación divina. El mismísimo Hijo de Dios necesitó la acción del Espíritu sobre su vida para poder desarrollar su misión. ¿Cuánto más los llamados de Dios necesitaremos el Espíritu en nosotros para cumplir con la tarea encomendada?

Jesús fue ungido con el Espíritu —nos dice el autor de Hebreos— porque amó la justicia y aborreció la iniquidad, por ello le ungió el Señor con óleo de alegría más que a sus compañeros (Hebreos 1:9). El profeta Isaías había profetizado de Jesús lo siguiente: El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del Señor… (Isaías 61:1-3). Y el apóstol Pedro les dijo a los gentiles reunidos en casa de Cornelio: Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cuál anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El (Hechos 10:38).

Si analizamos la vida de Jesús en la tierra veremos que vivió en una dependencia absoluta del Padre y de la obra del Espíritu Santo en él. Luego enseñaría lo mismo a los suyos. Lo iremos viendo.

         Necesitamos reconocer y recibir la obra capacitadora del Espíritu para vivir la vida cristiana sirviendo a Dios y al prójimo.

14  – Llevado por el Espíritu en el desierto

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto por cuarenta días, siendo tentado por el diablo…  (Lucas 4:1,2).

         ¡El desierto! Un lugar que entierra a sus moradores. Ardiente sol por el día y frío aterrador por la noche. Un lugar de contrastes. Lo identificamos generalmente con la soledad y el alejamiento de los grandes proyectos humanos. Usamos la expresión «travesía por el desierto» para referirnos a un tiempo doloroso, alejados del verdadero sentido de la vida. Sin embargo, en la Biblia el desierto también es identificado con un lugar de encuentro, encuentro con Dios y con nosotros mismos. Los israelitas se encontraron con Dios en el monte Sinaí, rodeados de un ancho desierto, además de descubrir la inmensa insatisfacción que anidaban en su interior, confrontando su verdadera naturaleza de pecado y desobediencia.

Los profetas vivieron la experiencia del desierto con una diversidad de circunstancias. Juan el Bautista vivió en estos parajes hasta el tiempo de ser manifestado a Israel. En el texto que meditamos nos encontramos a Jesús llevado por el Espíritu al desierto (versión RV60) o en el desierto (LBLA). ¿Cómo es posible que el Espíritu de Dios nos lleve al desierto? Ese lugar depura nuestras almas; así fue para Moisés después de huir de Egipto y ser «enterrado» durante cuarenta años en el desierto de la región de Madián. El joven David, ungido rey por Samuel, fue empujado al desierto y las cuevas para huir de Saúl que lo quería matar. José fue entregado por sus hermanos a un desierto de envidia y aflicción, pero Dios estaba con él en medio de la soledad y las injusticias recibidas de sus hermanos.

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, y pasados cuarenta días de ayuno fue tentado por el diablo. Por su parte Felipe fue sacado de un gran «avivamiento» en Samaria, para encontrarse en el desierto con un eunuco, oficial de la reina de los etíopes. ¡Incomprensible! Jesús, después de la experiencia de ser bautizado por Juan y oírse el testimonio inequívoco del Padre anunciando su complacencia en El, fue llevado por el mismo Espíritu al desierto. Hoy no queremos oír hablar de desiertos, sino de grandes luminosos anunciando nuestro nombre. Identificamos desierto con maldición y pobreza; mientras Jesús fue llevado a ese lugar siendo tentado para salir fortalecido y cumplir el plan de Dios. La secuencia es esta: llamamiento, confirmación, llenura del Espíritu, desierto, tentaciones y regreso en el poder del Espíritu.

         El Espíritu nos puede llevar al desierto a superar las pruebas necesarias que nos capaciten para realizar la tarea encomendada.

15 – Regresando en el poder del Espíritu

Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de El esperando un tiempo oportuno. Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de Él se divulgaron por toda aquella comarca. Y enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos   (Lucas 4:13-15).

         No podemos olvidar que Jesús se hizo hombre. Era el Hijo del Hombre. Vivió, aprendió, padeció y fue tentado como hombre, en todo, según nuestra semejanza, pero sin pecado. Por tanto, el desierto que acababa de experimentar había sido una prueba dura para él. El momento de máxima debilidad en su cuerpo fue aprovechado por el diablo para tentarle y tratar de torcer su camino desestabilizándole y orientando su vida en la autoafirmación alejada de la voluntad de Dios. El diablo acabó toda tentación de la que era capaz en esas condiciones. Lo intentó de múltiples formas, pero fracasó. Entonces cambió de estrategia, espero un momento más oportuno para seguir con el mismo propósito: desviar a Jesús de la voluntad del Padre orientando su mirada hacia sí mismo y sus necesidades. Jesús derrotó al diablo y salió fortalecido de la prueba. Volvió en el poder del Espíritu para iniciar su andadura por los pueblos y ciudades de Israel anunciando el evangelio del Reino.

Esa victoria de Jesús sobre el tentador fue conocida por las multitudes que levantaron alabanzas a su persona. Otro tipo de tentación. Las nuevas acerca de Él se divulgaron por toda aquella comarca, enseñaba en las sinagogas y era alabado por todos. Si el diablo no puede conseguir su propósito humillándote lo hará alabándote. Si la tentación se orienta hacia el desierto y la resistes, volverás a ser tentado, en este caso mediante las alabanzas de multitudes que afligirán tu alma con afectos difíciles de resistir.

A menudo comenzamos bien el desarrollo de nuestro llamamiento. Los primeros días y meses avanzan con rapidez llevando fruto y recibiendo halagos por nuestro crecimiento evidente. Sin embargo, en esos inicios podemos también hacer concesiones a las multitudes que hipotecarán nuestro desarrollo por el reconocimiento humano. Jesús venció toda tentación al inicio de su ministerio, lo hizo durante todo el recorrido y alcanzó la meta al final de su vida con esta oración: Padre, te he glorificado en la tierra y he acabado la obra que me diste que hiciera (Juan 17:4).

         Ser llevado por el Espíritu al desierto, vencer toda tentación y regresar en el poder del Espíritu es una secuencia habitual del llamamiento.

16  – El Espíritu para anunciar el evangelio

Llegó a Nazaret. Donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio (Lucas 4:16-18).

         Una vez salido del desierto, vencida toda tentación, y lleno del Espíritu, Jesús se encaminó al norte de Israel, a la región de Galilea, llegando al pueblo donde se había criado: Nazaret, aunque se había establecido en Capernaún, donde al parecer tenía una casa (Mr.9:33). En esta ciudad ya había iniciado su ministerio haciendo milagros y predicando (Lc.4:23). Por tanto, le precedía la fama y muchos hablaban bien de él esperando verle hacer los mismos milagros en Nazaret.

El pasaje de Lucas 4 es muy rico en detalles. Fue a Nazaret, donde se había criado, y según la costumbre que tenía, entró en la sinagoga el día de reposo. Estando allí se levantó a leer, le ofrecieron el libro del profeta Isaías, y Jesús lo abrió deliberadamente por el capítulo 61. Una vez leído el pasaje cerró el libro, lo devolvió al asistente y se sentó. Los ojos de todos estaban fijos en él esperando alguna reacción o comentario. La expectativa era máxima. La rutina habitual de la sinagoga iba a romperse de un momento a otro, se palpaba en el ambiente. Entonces Jesús se identificó con el mensaje del profeta que acababa de leer y dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído. La lectura rutinaria de un día de reposo habitual en la tradición judía dio un giro inesperado. Jesús vivifica la palabra profética. Se identifica con ella. Anuncia su cumplimiento. El Maestro ha unificado la palabra revelada con el Espíritu que la vivifica. Contiene el evangelio anunciado por los profetas (1 Pedro 1:10-12) y manifestado ahora en la persona del Mesías.

Jesús fue lleno del Espíritu para anunciar el evangelio. El evangelio es la buena nueva para los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. Es el anuncio del jubileo, el año de gracia, el día del favor de Dios para Israel y todas las naciones. El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio (Mr.1:14-15). Jesús fue lleno del Espíritu para predicar el evangelio, y lo hizo fundamentado en la palabra profética más segura. La respuesta inicial de sus conciudadanos fue positiva, pero pronto cambiarían de parecer…

Buscar la llenura del Espíritu no puede tener otro objetivo que anunciar el evangelio y hacerlo según las Escrituras.

17  – El tropiezo del vínculo familiar

Y todos hablaban bien de él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?  (Lucas 4:22).

         Jesús estaba lleno del Espíritu de Dios pero sus vecinos comenzaron a verle en su ámbito natural y familiar. El barro se opone a la revelación. Nuestra naturaleza humana tiene un arraigo cultural, social y familiar que en muchas ocasiones se levanta como piedra de tropiezo en nuestro deseo de anunciar el evangelio a los nuestros. Podemos estar llenos del Espíritu y demostrarlo con sabiduría y obras evidentes de nuestra transformación, pero los vecinos y familiares pronto activarán sus razonamientos humanos para recordar nuestra trayectoria natural.

Los vecinos de Nazaret, que estaban impresionados de Jesús, comenzaron a alabarle y reconocer que de su boca salían palabras llenas de gracia; pronto activaron su lógica natural para minimizar y rebajar la vida del Espíritu al nivel de sus propias limitaciones. Lo hicieron recordando a la familia carnal de Jesús. Abandonaron pronto la identidad del Jesús Mesías por el de uno de sus ciudadanos. José era su padre, y éste no tenía nada de especial, ¿por qué lo iba a tener uno de sus hijos? El Maestro lo percibió, conocía sus pensamientos y les reconoce que no hay ningún profeta que sea bien recibido en su propia tierra. Luego les recuerda dos episodios bíblicos de los días de Elías y Eliseo en los que las personas que fueron bendecidas por los profetas no eran del pueblo de Israel: la viuda de Sarepta de Sidón, y Naamán el sirio. Los vecinos de Nazaret lo interpretaron como una afrenta y provocación a su exclusividad como pueblo escogido, por lo que sus ánimos fueron transformados completamente. Dieron un giro de ciento ochenta grados. Los mismos que le habían alabado hacía un momento, ahora se llenaron de ira y quisieron arrojarle por la cumbre del monte para despeñarle. Andar lleno del Espíritu puede conducirnos a experiencias similares.

Paradójicamente, los familiares y conocidos suelen ser nuestros primeros adversarios cuando nacemos de nuevo. La vida en el Espíritu parece ser una provocación para quienes viven en la carne. El diablo traerá el recuerdo de  nuestro pasado familiar tratando de robar la nueva vida del Espíritu. Si a ello le añadimos errores propios del inicio de la vida cristiana, la duda se puede convertir en un arma mortífera en nuestro desarrollo espiritual. Jesús aceptó la oposición de sus vecinos «y pasando por en medio de ellos, se fue…».

         La vida en el Espíritu se pone a prueba siempre en primer lugar en nuestro ámbito familiar y social. Vencerla nos llevará a la madurez de la fe.

40 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Persecución y predicación

La vida en el Espíritu - MeditacionesA mas persecución mas predicación

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre de Señor Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo  (Hechos 8:14-17).

La muerte de Esteban causó gran pesar entre los discípulos. Fue el detonante para lanzar una persecución mayor contra la congregación de Dios en Jerusalén. Muchos fueron esparcidos por las regiones cercanas de Judea y Samaria (hoy llamadas Cisjordania por los palestinos), excepto los apóstoles, que se quedaron en la ciudad del gran Rey.

Esta persecución, lejos de amedrentar a los discípulos, los espoleó para llevar la palabra por todo lugar a donde llegaban. Mientras tanto, Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel. Todo ello hizo que con más valor los discípulos dieran testimonio del evangelio.

Paradójicamente los tiempos de persecución suelen ser periodos de avance del reino más que de retroceso. Por el contrario, muchas veces los tiempos de supuesta libertad para hacerlo conduce a los creyentes a un estado de debilidad, apatía y pasividad, unido a cierta asimilación de las formas de vida placenteras de la sociedad. Creo que deberíamos meditar en esto con valentía.

Pero sigamos con el relato bíblico que se centra ahora en otro de los escogidos para servir a las viudas que habían sido desatendidas en su alimento, nos referimos a Felipe, conocido como el evangelista. Felipe llegó a Samaria, aquel lugar donde había estado Jesús hablando con una mujer, y que en uno de sus pueblos se habían convertido mayoritariamente. Ahora llegó uno de los siete varones escogidos para servir a las viudas predicando a Cristo. Lo hizo con señales y milagros, echando fuera demonios, por lo que hubo un gran regocijo en la ciudad. Incluso Simón el mago quedó subyugado por la evidencia del poder del evangelio de Dios.

Así que muchos creyeron lo que Felipe predicaba, porque les anunciaba las buenas del reino de Dios y el nombre de Jesús. Se bautizaban tanto hombres como mujeres. Semejante impacto no pasó desapercibido en Jerusalén, donde estaban los apóstoles, por lo que decidieron enviar a Pedro y Juan. A partir de este momento tenemos un dilema doctrinal, (o no), que veremos en la próxima meditación.

         Los tiempos de persecución de una iglesia llena del Espíritu pueden ser el detonante de un gran avance del evangelio en nuevos pueblos y naciones.

39 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – El cielo en pie

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl cielo en pie ante un hombre lleno del Espíritu en la tierra

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios  (Hechos 7:55,56).

Esteban había sido escogido como uno de los siete varones para servir en las mesas de las viudas, pero ahora ve al Hijo del Hombre de pie a la diestra del Padre. Juntamente con esta visión que muchos cristianos quisieran tener, el discípulo del Señor se encontraba ante una multitud enardecida que rechinaban los dientes, llenos de ira, preparados para descargar sobre él una lluvia de piedras que le acallara. ¡Qué ambivalencia tan dispar puede experimentar un discípulo del Señor lleno del Espíritu!

En la Biblia Reina Valera no se aprecia lo que siempre me ha cautivado de este texto al leerlo en la Biblia de Las Américas. En esta última dice que Jesús estaba de pie a la diestra de Dios. El que se había sentado a la diestra del Padre una vez terminada la obra de redención (Hch. 2:34; Ef.1:20; Col.3:1), ahora está de pie. Cuando su testigo Esteban daba testimonio en Jerusalén de lo que hacía poco tiempo él mismo había realizado en esa misma ciudad, se puso en pie para recibirle en el cielo. ¡Qué escena! ¡Me conmueve! Jesús levantado para ver mejor —es una expresión mía claro— a su testigo Esteban a punto de ser lapidado. El cielo movilizado por el testimonio dado en la tierra.

La trascendencia de este momento quedó grabado también en la retina y el corazón del futuro apóstol de los gentiles que estaba siendo testigo personal de cómo daba la vida un discípulo de Jesús ante sus ojos. Estoy seguro que esa imagen nunca fue borrada de la conciencia de Pablo. ¡Cuántos mártires seguirían a Esteban por esa senda! ¡Cuántos hombres y mujeres hoy en día están siendo decapitados (Apc. 20:4); mujeres vendidas como esclavas por su fe en aquel que se pone en pie para recibirlos en el cielo! Él mismo había dicho: «El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará» (Jn.12:25).

El testimonio de muchos mártires, discípulos de Jesús, ha permitido que el evangelio haya llegado a todas las generaciones, incluida la nuestra. Todo comienza con un hombre lleno del Espíritu Santo y sabiduría como Esteban. Cuando se consumó la ira humana sobre el justo, «Esteban invocaba al Señor y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmió».

         El cielo siempre se conmueve ante un discípulo de Jesús lleno del Espíritu entregando su vida por quien la derramó por todos.

LIBROS – Castellio contra Calvino

Castellio contra calvinoEditorial Acantilado: Novena reimpresión diciembre de 2016

Páginas: 256 págs.

Precio: 18,05 €

Autor: Stefan Zweig

Reseña:

Los seres humanos somos tremendamente susceptibles de caer en la idolatría. El alma que escondemos tras la carcasa externa queda impregnada una y otra vez de los diversos cultos que nos dominan. En ocasiones es una afición que pronto se convierte en adicción para concluir en ídolo. Lo hacemos con las más variadas opciones. Una de ellas es la de idolatrar personas, reverenciarlas en extremo (de ahí viene el título reverendo), lo hacemos con líderes políticos, actores de cine, cantantes favoritos, escritores, filósofos, incluso algunos familiares, y por supuesto nuestros teólogos favoritos. Cada escuela doctrinal tiene sus maestros preferidos, y en muchos casos una reputación bien ganada. La figura de Calvino cuenta con muchos seguidores y otros tantos detractores.

Lo que me llama la atención de este libro que hoy os traigo es, no tanto, la doctrina calvinista, sino su carácter personal. El libro pone más el acento en la naturaleza del personaje, su actitud ante los opositores a su enseñanza, que en lo que se conoce como calvinismo. Y es esta faceta personal la que me dejó muy pensativo cuando leí este ensayo. La radiografía que hace Zweig del reformador ginebrino, sobre la base del caso de Miguel Servet, y el tratamiento hacia quienes no compartieron su comportamiento, como fue el caso de Sebastián Castellio, pone de manifiesto la rigidez, intransigencia y autoritarismo con el que abordó Calvino la oposición de otros hermanos en la fe que no compartieron su proceder en la sentencia a Servet. El argumento de Castellio, recogido en una sola frase fue: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre».

Tuve que leer dos veces este libro por el impacto que me causó su primera lectura. Y al hacerlo no dejaba de preguntarme cuanto de ese comportamiento intransigente extremo hemos heredado las generaciones de creyentes posteriores a Calvino y de otros reformadores. Leyendo algunos de los debates o controversias que se generan hoy en las redes sociales entre cristianos, no puedo dejar de comprobar que la herencia recibida en este sentido no ha sido la mejor. Me gusta defender mis convicciones después de un proceso de arduo estudio, meditación y oración;  creo que hay que combatir por la fe que hemos recibido, en medio de tanta confusión y mezcla, pero debemos reconsiderar si lo hacemos en el Espiritu del Maestro o en el de obstinados fanáticos.

En cualquier caso, la lectura de este libro moverá conciencias y hará caer ídolos de nuestro corazón; o por el contrario permanecerá la obstinación heredada como virtud.

En paralelo leí el libro un arco iris en la noche, de Dominique Lapierre, que narra la historia de Sudáfrica y el sistema de apartheid que se construyó sobre la influencia de los reformadores holandeses, calvinistas extremos. Para pensar… También leí la biografía que ha escrito Doris Moreno sobre Casiodoro de Reina en la que podemos ver la persecución que sufrió nuestro traductor de la escuela calvinista, acusado de sodomita (de la que quedó absuelto en un proceso doloroso), y hereje (por seguir más bien la escuela de Castellio). Estos hechos, silenciados por los  biógrafos de los llamados grandes reformadores, han sido puestos de manifiesto también en diversos artículos que han aparecido recientemente en Protestante Digital.

En definitiva, recordemos que la Biblia no esconde los defectos de muchos de sus protagonistas; son tratados en sus luces y sombras, resaltando la gracia y misericordia de Dios en sus vidas usándolos soberanamente para hacer avanzar su plan en la tierra a pesar de sus errores y pecados. Castellio contra Calvino nos recuerda la fragilidad humana de personas, que como Juan Calvino, han marcado gran parte del devenir religioso y político posterior a la Reforma del siglo XVI, así como las tremendas lagunas de su carácter intransigente extremo contra toda disidencia por mínima que fuera. De gran provecho para madurar y abandonar posturas alejadas del Espíritu del evangelio. Muy recomendable.

38 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La dureza de corazón

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa dureza de corazón resiste al Espíritu

Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros  (Hechos 7:51).

El testimonio que estaba dando Esteban, primer mártir de la iglesia primitiva, era tan elocuente que no pudieron resistir a la sabiduría y el Espíritu con el que hablaba a sus compatriotas de Jerusalén. Cuando un hombre o un pueblo están endurecidos en su corazón y oído, no importa que tengan delante a un Esteban lleno del Espíritu y de fe, de sabiduría y gracia, de poder y señales, además de contar con una vida de buena reputación, para que sigan resistiendo la verdad.

El discurso de Esteban estaba siendo magistral; hizo un recorrido histórico-profético de la revelación de Dios a Israel difícilmente superable. Fue largo, bastante largo. La primera parte fue comprendida por la mayoría de los que le escuchaban, pero poco a poco fue entrando en los aspectos más espinosos, no los eludió, penetró en ellos de lleno, con valentía y arrojo, sin temor de los hombres, si no como viendo al Señor en su trono.

Encaró directamente a sus oyentes con un mensaje directo a sus corazones endurecidos, podía percibirlo en sus miradas, sus rostros eran rocosos, pétreos, impenetrables, el armazón que los cubría como un bunker diseñado para resistir hasta las últimas consecuencias.

A pesar de ello, Esteban no se arrugó, sino que los confrontó directamente y disparó el dardo de la  verdad al centro de sus corazones: «vosotros sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos». Sin darles lugar a responder —aunque se sentían profundamente ofendidos en su interior, heridos, crujían los dientes contra él acumulando ira que estallaría al término del drama que se estaba desarrollando y encaminando hacia un final trágico, más trágico para los oyentes que para el mismo Esteban— les lanzó otro dardo: «vosotros resistís siempre al Espíritu Santo».

Recuerda que no estaba hablando un fanático o lunático que despreciaba su vida, era un hombre lleno de sabiduría y del Espíritu, de fe, poder y gracia. Pues bien, toda esta manifestación de sabiduría, gracia, fe, poder y llenura del Espíritu Santo, (todo ello unido en un solo hombre), no fue suficiente para romper una dureza tan resistente y predeterminada de antemano. Tal es el poder perverso de un corazón duro, endurecido y resistente al Espíritu de Dios. Por eso está escrito: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Nosotros y nuestra generación no somos mejor que los de la sinagoga de los Libertos que acechaban al bueno de Esteban para matarle.

         Un corazón endurecido por la religión siempre resiste al Espíritu.

37 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Sabiduría y llenura unidos

La vida en el Espíritu - MeditacionesSabiduría y llenura del Espíritu siempre unidos

Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba  (Hechos 6:10).

Hacer frente a las quejas con base cierta en la congregación de Dios debe ser motivo de gran seriedad en la búsqueda de soluciones. Para la congregación de Jerusalén lo fue. Buscaron hermanos, no hicieron un cursillo para prepararlos y darles el título de diáconos —ni siquiera aparece en el texto este título, se les llama los siete diáconos pero en realidad el término no aparece en el texto bíblico— ya eran hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría.

Luego el autor de los Hechos guiado por el Espíritu se detiene especialmente en dos —Esteban y Felipe— aunque se menciona por nombre a los siete: Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás. De esta lista va a salir el primer mártir de la iglesia primitiva, un hombre escogido en primer lugar para servir a las mesas de las viudas que creció hasta convertirse en uno de los testigos más valientes de la incipiente congregación.

De Esteban se dice inicialmente que era un hombre de buena reputación, lleno del Espíritu y sabiduría, un hombre lleno de fe, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Y claro, ante un hombre de estas características se levantó una turba de religiosos para discutir con él y contradecir lo que decía. Y aquí viene el texto que nos ocupa: «pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba».

La vida de un hombre lleno del Espíritu está llena también de sabiduría de Dios, sabiduría de lo alto, de fe, de gracia, de poder, y su vida muestra la buena reputación que lo acompaña. Todo eso no es suficiente para aquellos que no aman la verdad.

Un hombre lleno del Espíritu es siempre un hombre sabio, porque el Espíritu de Dios es el Espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Dios (Isaías 11:2); todo ello es el Espíritu del Señor que reposa sobre el retoño del tronco de Isaí, del Mesías, y de aquellos que le siguen por donde quiera que va.

Esteban le seguía como discípulo y esa entrega le llevó al martirio. Dios lo permitió, pero antes la tierra fue testigo de la vida de un verdadero discípulo de aquel que dio su vida en rescate por muchos. Hoy existen demasiados sucedáneos de hombres con apariencia de piedad, que se apacientan a sí mismos y solo piensan en lo terrenal. Necesitamos algunos Esteban para dar testimonio del evangelio de Jesús.

         Un hombre lleno del Espíritu es siempre una persona con sabiduría de Dios.

36 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Para servir a las viudas

La vida en el Espíritu - MeditacionesLlenos del Espíritu para servir a las viudas

Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea  (Hechos 6:3).

La multiplicación de los discípulos en la congregación de Jerusalén trajo consigo una queja por desatender a las viudas de los judíos helenistas en favor de los judíos nativos. Debemos pararnos y meditar lo siguiente: una congregación en crecimiento y guiada por el Espíritu no está exenta de cometer errores prácticos. En medio de un movimiento espiritual pueden surgir quejas. Así fue en la iglesia primitiva. Las viudas eran desatendidas y eso causó malestar. Lo llamativo de este episodio, creo yo, es que el tema fue lo suficientemente importante como para que los doce convocaran a toda la congregación de los discípulos y buscaran una solución al problema presentado.

Las tareas prácticas y sociales no debían estorbar el avance de la predicación de los apóstoles, pero tampoco ser desatendidas, por lo que pidieron a los hermanos que buscaran de entre ellos a siete varones para encomendarles la tarea. Y aquí es donde vemos algunos de los procedimientos que formaban parte de la incipiente congregación. Quiero llamar la atención sobre algunos de ellos.

Primero, los apóstoles no descuidaron su cometido principal de anunciar el evangelio. «No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas».

Segundo, eso no significó que servir las mesas fuera una labor menor que no debían atender debidamente, sino que tomaron una decisión de gran calado para resolverla.

Tercero, lo sabemos porque escogieron a hombres que debían reunir cualidades especiales para una labor que hoy nos podría parecer menor: «escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea». Un nivel de exigencia que sorprende.

Cuarto, los apóstoles no escogieron «a dedo» o por nepotismo a los siete varones, sino que esa decisión la encomendaron a los discípulos; no ejercían con autoritarismo, sino que lo propuesto fue llevado a la asamblea para su aprobación. Una vez aprobados por la asamblea fueron presentados ante los apóstoles, que después de orar, pusieron sus manos sobre ellos (Hch.6:6).

Mientras tanto, los doce seguirían entregados a la oración y el ministerio de la palabra. Así la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén.

         La llenura del Espíritu Santo es también para servir a las viudas en las mesas diarias de distribución de alimentos.

LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Capítulo 1 – Introducción al tema

La vida en el Espíritu - Meditaciones

La vida en el Espíritu

Capítulo 1 – INTRODUCCIÓN AL TEMA

         Al inicio de este tema veremos una introducción general, comenzando por los textos que aparecen en el capítulo 8 de la epístola a los Romanos, que viene a ser la continuidad de la serie anterior: «la lucha interior».

         Luego meditaremos en algunos textos base de la carta a los Gálatas y los Efesios. Son diez meditaciones iniciales para adentrarnos poco a poco en la inmensidad de un tema siempre inacabado como es la vida en el Espíritu.

  1. Introducción
  2. Un nuevo estado y régimen (Ro.8:1,2)
  3. Dos estados opuestos (Ro.8:5-8)
  4. Conciencia de estado (Ro.8:9,11)
  5. Guiados como hijos y herederos (Ro.14-17)
  6. Las primicias del Espíritu (Ro.8:23)
  7. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad (Ro.8:26,27)
  8. La promesa del Espíritu mediante la fe (Gá.3:13-14)
  9. Sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Ef.1:13)
  10. Las arras de nuestra herencia (Ef.1:13-14)

1 – Introducción

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8:1,2).

         Después de un extenso recorrido sobre «la lucha interior», queremos adentrarnos ahora en lo que debe ser  —como diría un autor chino de gran prestigio— la vida cristiana normal. Aunque en la vida cristiana es normal tener luchas y conflictos, también debe ser normal vivir en el Espíritu y no satisfacer los deseos y pasiones de la carne. En esta nueva serie queremos hacer un recorrido por los misterios del Espíritu, siempre difíciles para el hombre natural, y entrar, con la ayuda del mismo Espíritu de revelación, en un terreno nunca explorado en su totalidad. Como diría el apóstol de los gentiles «Y para estas cosas ¿quién es suficiente?» (2 Co.2:16). Por supuesto que no soy un «experto» en la vida del Espíritu. Hay demasiadas profundidades en este océano como para pretender sondear siquiera un atisbo de la inmensidad de Dios, que es Espíritu. Seguiremos con el mismo método de meditación, es decir, tomaremos un texto sobre el que podamos reflexionar, y lo haremos siempre desde la perspectiva de la realidad del hombre, en este caso, el hombre espiritual, el nacido de nuevo, el regenerado, que ya ha degustado el don celestial, que tiene las primicias del Espíritu y anhela avanzar hacia la plenitud de Dios.

En el texto con el que hemos iniciado nuestra andadura encontramos varias cosas relevantes. Lo primero que quiero resaltar es que los que son de Dios, tienen un nuevo estado, están, —estamos—, en Cristo. Y los que están en Cristo no viven bajo la losa de condenación. No hay condenación para los que están en Cristo. Y este estado tiene una nueva forma de vivir, no andan conforme a los designios de la carne, sino que viven según el régimen nuevo del Espíritu. Estamos en otro reino. Tenemos otro espíritu, renovado, renacido, sobre el que ha venido a morar el Espíritu de Dios. Ahora debemos aprender a andar en la nueva situación, con el modelo que presenta la nueva vida recibida, los nuevos sentidos espirituales que nos conectan con el reino de Dios, la eternidad, los poderes del siglo venidero. En definitiva, el nuevo traje diseñado para alcanzar, un día, la ciudad celestial, donde no puede entrar carne ni sangre. Una nueva ley del Espíritu de vida en Cristo ha comenzado a operar en nosotros, libertándonos de la ley que nos había tenido esclavizados al pecado.

         La vida en el Espíritu es el nuevo hábitat para el hombre renacido

2 – Un nuevo estado y régimen

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8:1,2).

         Quisiera ahondar en estos dos versículos que me parecen un canto celestial. La condenación es para los que no están en Cristo, los que viven alejados de la ciudadanía de Israel, ajenos a los pactos y las promesas, sin esperanza y sin dios en el mundo; que están muertos en delitos y pecados, ajenos a la vida de Dios. Ese es el estado de condenación, pero para los que están en Cristo hay una nueva situación, un nuevo régimen, una nueva realidad espiritual que se manifiesta en la tierra pero que tiene un alcance trascendente. Vivir sin el peso de la condenación eterna es una dimensión de vida que ninguna circunstancia terrenal puede superar. Ese estado de no condenación es porque el hijo de Dios ha sido colocado en Cristo. Si alguno está en Cristo(2 Co.5:17). Más por obra suya estáis vosotros en Cristo (1 Co.1:30). Hemos sido librados del dominio de las tinieblas y trasladados al reino de su Hijo amado (Col.1:13). A esto llamamos redención y salvación. Y este nuevo hombre vive de una nueva forma, no en las obras de la carne, que han venido a ser el equivalente de los amalecitas para el pueblo de Israel, sino que anda conforme a la vida del Espíritu. Una nueva ley de vida y no de muerte ha sido colocada en lo hondo de su ser, para andar en novedad de vida, alejado de su antiguo proceder en el pecado. Hemos estrenado un nuevo régimen. Hemos salido de una dictadura opresiva, para servir bajo un nuevo régimen del Espíritu de libertad (Ro.7:6). Hemos recibido el Espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba Padre! Para no andar mas en el temor de hombres, sino bajo el temor de Dios. Hemos sido comprados por la sangre de Jesús. No somos nuestros. Somos de Dios. No debemos permitir que nos hagan esclavos de nuevo. Esa fue la batalla de Pablo con los gálatas. El apóstol no estuvo dispuesto a hacer concesiones para regresar al estado anterior de la letra, el viejo régimen de las obras, sino que peleó ardientemente por la fe dada una vez a los santos. Todos los sistemas religiosos están diseñados para hacernos volver a la esclavitud, haciéndonos regresar a los antiguos parámetros de opresión y dominio. Pero la ley del Espíritu de vida en Cristo, nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Libertad, no para andar en la carne, sino para servirnos los unos a los otros (Gá. 5:13).

         Un nuevo régimen de libertad del pecado gobierna ahora nuestras vidas.

3 – Dos estados opuestos

Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu… la mente puesta en la carne es muerte… la mente puesta en el Espíritu es vida y paz… la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios  (Romanos 8:5-8).

         El apóstol está confrontando los dos estados de la persona: los que viven y ponen su mente en las cosas de la carne, y aquellos que viven bajo el régimen del Espíritu poniendo sus pensamientos bajo el dominio del Espíritu de Dios. El estado de la persona que vive bajo los designios de su mente carnal produce muerte. Por su parte el que vive en el Espíritu disfruta de vida y paz. La mente puesta en los pensamientos carnales se opone a Dios, no guarda su ley, ni siquiera puede hacerlo, y no puede agradar a Dios. El concepto «carne» tiene que ver con el hombre no renacido. Aquel que vive por sus propias capacidades, opuesto a Dios, que se dirige por sus propios designios y capacidades intelectuales, vive bajo su propia potencialidad, ajeno a la vida de Dios, solo piensa en lo terrenal, cuyo dios es su vientre, está orientado hacia sus propias pasiones y deleites, sin vida trascendente, solo material. Jesús le dijo a un buen representante de lo que estamos diciendo: Necio, hoy vienen  a pedir tu alma, y lo que has provisto ¿de quién será? Fue la respuesta a un hombre que solo atesoró para una vida terrenal, sin proyección eterna.

Por su parte, el estado de aquellos que han entrado en el régimen del Espíritu, viven, piensan y actúan guiados por una nueva ley en sus corazones, la ley del Espíritu de vida en Cristo. Es el nuevo pacto. Escribiré mi ley en sus corazones, y no tendrán un corazón de piedra, sino que les daré un corazón de carne. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Su fundamento es la autosuficiencia, el orgullo humano, se burlan de la ley de Dios porque no pueden cumplirla, todos sus pensamientos están orientados hacia sí mismos. El hombre que agrada a Dios confía en Dios. Tiene fe y dependencia del Hacedor de todas las cosas. Sin fe es imposible agradar a Dios. La fe le agrada y por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Hoy la fe ha venido a ser un signo de debilidad, debilidad para el hombre carnal, pero para el que vive en el Espíritu vida y paz.

         El hombre lucha por un régimen de libertades políticas y sociales, está bien, pero hay un régimen superior, el del Espíritu, que nos da vida y paz.

4 – Conciencia de estado

Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El… Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros  (Romanos 8:9,11).

         Nuestra sociedad politizada habla a menudo de Estado del bienestar, régimen de libertades, un Estado centralista o descentralizado. El Estado viene a ser la realidad de una nación con sus leyes, territorio, cultura, historia, lenguas y costumbres, incluso la religión, aunque vivimos en tiempo de los estados laicos y modernos. Todo ello nos indica la importancia que tiene el estado de una nación, sí, también tenemos el debate sobre el estado de la nación. El Estado nos da garantías de protección, conciencia de pueblo, identidad, tiene sus propios símbolos que identifican a todos sus ciudadanos, aunque en el caso de España vivamos tiempos convulsos en este sentido, y algunos no respetan ni las señas de identidad de un pueblo: la bandera, el himno, su historia y cultura, el idioma, y hacen todo lo posible para destruirlo ¿con qué fin? derribar un Estado para formar otro que se ajuste más a sus deseos. Cuando un pueblo no tiene conciencia de Estado, de nación conjunta, de leyes a las que someterse, creará otras para hacer lo que mejor le parezca.

El hombre renacido debe saber, tener conciencia de su estado. Ahora no está en la carne, sino en el Espíritu. Ha nacido del Espíritu para pertenecer a un nuevo estado o régimen del Espíritu, a un nuevo pueblo con sus leyes. Sin esta conciencia de pertenencia es fácil cambiar de estado y regresar al anterior, al estado del hombre carnal que siempre merodea alrededor como lo vimos en el caso de los edomitas y amalecitas.

La realidad del Espíritu de Dios en nosotros nos da la certeza de pertenecer a Jesús, por tanto, a otro reino, el reino de Dios. Esa verdad firme en el corazón nos llevará a una nueva forma de vida conforme al Espíritu. Ese Espíritu fue el que resucitó a Jesús de los muertos, y que actuará también sobre nuestros cuerpos mortales para vivificarlo y transformarlo a su imagen. El Espíritu de Dios en nosotros nos da conciencia de vivir en un nuevo régimen, pertenecer a un nuevo estado de hijos redimidos, y formar una nación santa para manifestar el carácter de aquel que nos amó.

         Estamos en el Espíritu, por tanto, vivimos y andamos por el Espíritu.

5 – Guiados como hijos y herederos

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos  (Romanos 8:14-17).

         La vida cristiana parece en ocasiones un conglomerado de complejidades y misterios, pero cuando leemos la Escritura, meditamos en las enseñanzas de los apóstoles, y vivimos la sencillez del evangelio, vemos que todo es más «normal» de lo que parece. Pablo dice algo tan sencillo como esto: sin el Espíritu de Dios no podemos ser hijos de Dios, pero si somos guiados por el Espíritu somos hijos de Dios. Dice el dicho popular: «de tal palo, tal astilla, y de tal padre, tal hijo». Un cristiano es un hijo de Dios. Ha nacido de Dios, engendrado por el Espíritu y la palabra de verdad, mediante el arrepentimiento y la fe en Jesús. Por tanto, sellados con el Espíritu Santo para ser guiados en toda nuestra manera de vivir. Esto simplifica la vida del creyente a ser guiado por Dios desde su interior, donde hemos recibido el Espíritu de Dios que ahora se ha fusionado con nuestro espíritu. Desde nuestro interior nos dirige, nos da testimonio, orienta  nuestra conciencia, para que nuestros pensamientos sean renovados mediante la palabra de Dios, y podamos conocer su voluntad y vivirla de forma «natural» dentro del estado sobrenatural que significa la nueva creación.

Esta verdad neutraliza el espíritu de esclavitud —aquel que teníamos antes de la redención y que nos esclavizaba mediante el pecado— produciendo temor y atenazándonos para impedir nuestra libertad. Ahora, en el régimen nuevo del Espíritu, hemos recibido un nuevo espíritu de adopción que nos da la libertad de clamar ¡Abba Padre! Una nueva relación ha surgido. Una nueva filiación. Ya no somos extranjeros, ni peregrinos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Injertados en los pactos y promesas dadas a Israel y que nos llegan mediante la redención en Cristo. Todo un plan divinamente orquestado para vivir en nuevo estado de hijos y herederos. Estas verdades deben producir en nosotros una dimensión de vida liberada que honra a Dios, le sirve, le glorifica y nos sujeta los unos a los otros en amor.

         El Espíritu de Dios nos guía como hijos y herederos, nos libra del temor, nos ayuda a clamar: ¡Abba Padre! y vuelve a confirmar nuestra filiación de hijos.

6  – Las primicias del Espíritu

Y no solo ella [la creación], sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo  (Romanos 8:23).

         Al final del capítulo siete de la carta a los romanos el apóstol Pablo expresó un grito de desesperación: ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? En el texto que queremos meditar ahora se nos dice que el cuerpo espera ansiosamente el día de la redención, la redención de nuestro cuerpo. Un día cuando las limitaciones impuestas a nuestra realidad física y las leyes que operan en contra de la libertad gloriosa de los hijos de Dios serán finalmente derrotadas para que experimentemos una liberación definitiva que aún no hemos vivido. Mientras tanto, se nos dice que hemos recibido las primicias del Espíritu, los primeros frutos de una cosecha futura y definitiva.

El Espíritu de Dios nos ha sido dado y opera múltiples funciones en la vida del discípulo de Jesús. Una de ellas es la de manifestar los primeros frutos de la vida eterna a la que Dios nos ha destinado. Tenemos las primicias del Espíritu. Gustamos el don celestial. Participamos de la naturaleza divina. Percibimos en nuestro interior la realidad del reino de Dios. Degustamos los poderes del siglo venidero. Vemos la realidad inicial de una vida indestructible, inmortal, y que nos da una dimensión nueva a nuestra vida terrenal. Ante esa realidad interior, brota un gemido por alcanzar el resultado final de nuestra adopción como hijos y la redención de nuestros cuerpos mortales. Surge el contraste entre el presente siglo malo, y la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. El Espíritu de Dios en nosotros nos une con la eternidad perdida, con la vida que perdimos en Adán y nos enlaza con el anhelo del retorno al paraíso perdido. La vida espiritual necesita crecer, desarrollarse, madurar, para que los sentidos espirituales sean ejercitados en el discernimiento del bien y del mal, y especialmente degustemos el árbol de la vida, la vida de Dios, aquella que vino con Jesús, porque en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La misma creación está esperando y gimiendo para que llegue el día de la redención final, siendo liberada de la esclavitud de corrupción —que entró por el pecado del hombre— a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Toda una obra de reconciliación de todas las cosas y plenitud final.

         Tenemos las primicias del Espíritu para conectar con la realidad eterna de la vida de Dios en nosotros.

7 – El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad

Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como deberíamos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios  (Romanos 8:26,27).

         Recordemos que estamos meditando sobre la realidad de lo que es el hombre. Ahora estamos viendo una dimensión mayor de esa realidad humana. Se trata de la acción del Espíritu de Dios sobre aquellos que son hijos de Dios. Al tratar este tema debemos saber que estamos hablando de verdades espirituales que la mente natural no alcanza a percibir, porque se han de entender espiritualmente. Por tanto, siempre habrá aspectos alejados de los razonamientos puramente humanos. Jesús dice: El viento sopla de donde quiere y oyes su sonido, pero no sabes de donde viene, ni a donde va, así es todo aquel que nace del Espíritu. Lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es. Las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida. La meta, para no caer en una falsa espiritualidad, la tenemos siempre en las guías maestras que han sido reveladas en la Escritura. El Espíritu de Dios nos ha sido dado por nuestra debilidad e insuficiencia para alcanzar la obra de Dios. Sin la ayuda del Espíritu es imposible. Así fue para María, la madre de Jesús, cuando recibió el mensaje de ser madre del Mesías ¿Cómo será esto?, dijo. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti…», fue la respuesta. Los apóstoles lo supieron cuando Jesús les iba a ser quitado, por lo que el Maestro les dijo: Recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu… Dios conoce nuestra debilidad incluso para orar. La oración significa entrar en una dimensión espiritual para la que no estamos dotados de manera natural. Por ello se nos da el Espíritu, para que pueda interceder por nosotros mediante gemidos expresados en unión con nuestra propia alma y espíritu. Ese gemido es interpretado por aquel que escudriña los corazones y conoce cuál es el sentir del Espíritu. En este texto encontramos una verdad gloriosa sobre la combinación necesaria entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre. De esa fusión nace una oración guiada por nuestro Ayudador conforme a la voluntad de Dios. Misterio insondable. Realidad gloriosa. Sin el Espíritu de Dios activado en el creyente somos metal que resuena o címbalo que retiñe.

         Somos débiles, extremadamente débiles, insuficientes, incompetentes, pero nuestra competencia proviene del Espíritu, que nos ayuda en nuestra debilidad y nos eleva a las alturas de la voluntad de Dios.

8 – La promesa del Espíritu mediante la fe

Cristo nos redimió de la maldición de la ley… a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe  (Gálatas 3:13,14).

         Dios trazó un plan de redención que introdujo en el mundo a través del llamamiento de un hombre: Abraham. Le dio las promesas de ser padre de multitud de naciones, y uno de sus vástagos sería la simiente portadora de la promesa de bendición para todos los pueblos. Después de la promesa vino la ley, nuestro ayo hasta la aparición del cumplimiento del tiempo. La ley tenía la sombra de los bienes futuros. Apuntaba hacia aquel que la cumpliría por nosotros, nos redimiría de la maldición por no poder cumplirla en su totalidad para satisfacer la justicia de Dios, resultando en  nuestra justificación. Las promesas y bendiciones fueron hechas a Abraham y su simiente, con el fin  de que los gentiles —y por supuesto los judíos, que ya eran parte de la familia de Abraham y por tanto portadores de las promesas hechas a los padres— alcanzaran la bendición de Dios. ¿Y qué bendición era esa? Algunos creen que era una bendición económica por cuanto Abraham fue inmensamente rico. Pero no es eso lo que dice la Escritura que estamos meditando. Se refiere a la promesa del Espíritu recibida mediante la fe. Ese mismo mensaje fue el que predicó el apóstol Pedro en su discurso de Pentecostés: Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís… y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame (Hch. 3:33,38,39). El Espíritu Santo nos conecta con el pacto hecho por Dios con Abraham y su simiente, la cual es Cristo, para que podamos recibir su Espíritu y quedar unidos a la vida eterna. Abraham buscaba una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios, no tenía su esperanza puesta en la tierra, era peregrino y extranjero, tenía las promesas, pero las miraba de lejos. Sus ojos estaban puestos en la ciudad celestial. Pretender hacer de Abraham un predicador de la teología de la prosperidad es una burda falsificación de la verdad. Dios lo bendijo también económicamente, pero su corazón no estaba en las riquezas, sino en Dios. Pablo dijo a los ricos de este mundo que no puieran su esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en Dios. Algunos han trivializado el mensaje y cambiado la promesa del Espíritu por unas cuantas monedas de oro.

         La promesa del Espíritu es inmensamente mayor que cualquier tesoro de este mundo.

9 – Sellados con el Espíritu Santo de la promesa

En El también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa…  (Efesios 1:13).

         El mensaje del evangelio es el único capaz de liberar al hombre de su estado de caída y perdición. La invasión del pecado, que se produjo cuando entró en la vida del hombre, lo dejó en una situación de perdición que solo puede ser neutralizada por el poder del evangelio. Pablo dijo a los romanos que no se avergonzaba del evangelio porque es poder de Dios para salvación. Restaurar al hombre de su estado caído solo es posible mediante el potencial y la dynamis del evangelio de Dios. Cuando el mensaje que contiene la verdad revelada del Eterno se escucha con fe, penetra a la vida del hombre una nueva dimensión de vida sobrenatural canalizada a través del Espíritu Santo. Una vez oído el mensaje correcto, la persona es sellada para Dios mediante el Espíritu. Dios pone su sello sobre aquella persona, sellada como propiedad; ha sido redimida, comprada, por tanto, ha cambiado de dueño y señor; ahora pertenece a aquel que lo compró a precio de la sangre del Justo.

Predicar este mensaje libera el poder de Dios en la boca de aquellos que han sido llamados a hacerlo. Una vez oído, soltada la voz que contiene la verdad libertadora, y aceptada por fe en el corazón del oyente, se activa milagrosamente el cielo para sellar con el Espíritu lo que acaba de ocurrir en la tierra. Hay gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente, porque el cielo se moviliza poniendo su sello celestial en el corazón del hombre redimido. Por eso los discípulos estaban  llenos de gozo y del Espíritu Santo (Hch. 13:52). El Espíritu de Dios activa su reino en el corazón del hombre. Todo un proceso sobrenatural se pone en marcha. Comienza al oír el mensaje de la verdad. Antes habían sido enviados quienes fueron comisionados para llevar las buenas nuevas a los gentiles. Al recibir con fe el mensaje anunciado, la promesa del Espíritu que le sigue, es activada sellando al receptor como hijo de Dios. Una nueva vida ha nacido. Se ha producido en el interior del ser. No saldrá en los telediarios. El mundo natural seguirá su curso, pero el milagro de la semilla sembrada ha iniciado un proceso de vida que pasará por diversas etapas hasta el día de la redención final. El sello del Espíritu nos acompañará todo este peregrinaje hasta alcanzar la meta. A esto se le llama vivir y andar en el Espíritu.

         Oír el mensaje de la verdad, siendo sellados con el Espíritu Santo de la promesa, es alcanzar la trascendencia de una vida más elevada.

10 – Las arras de nuestra herencia

En Él también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía [arras RV60] de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria  (Efesios 1:13,14).

         A lo visto en nuestra anterior meditación debemos ahora añadirle algunos aspectos más que meditaremos a continuación. El sello y las arras del Espíritu en nuestros corazones, una vez que hemos recibido el mensaje del evangelio, forman un mismo acto con dos escenas. Hemos visto antes cómo fuimos sellados; detengámonos ahora en las arras. Este término está asociado a la compra de una vivienda. Al hacerlo se nos pide una cantidad inicial como muestra de que estamos decididos a comprar el inmueble pagando la parte que falta más adelante. En ese mismo momento podemos comenzar a disfrutar la residencia aunque no esté pagada completamente, sabemos que un día será nuestra. Damos unas arras, un primer pago, para comenzar a disfrutar la herencia que pretendemos alcanzar.

Pues bien, el Espíritu nos ha sellado para Dios y nos ha sido dado como las arras, una primera señal, (garantía), de que disfrutaremos la totalidad de la herencia en el futuro. La misma enseñanza la encontramos en 2 Corintios 1:21,22. Ahora bien, el que nos confirma con vosotros en Cristo y el que nos ungió, es Dios, quién también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía. Las arras del Espíritu en nuestro corazón nos han sido dadas como garantía de la herencia. Una herencia que tiene que ver con la posesión adquirida. De la misma forma que Dios le dio la tierra prometida a Israel, se nos dice a los creyentes que tenemos una morada celestial, eterna, en los cielos. Esta esperanza de gloria fue la que transformó la sociedad del primer siglo, y lo ha hecho en todas las generaciones posteriores en aquellos que han recibido el mensaje de la verdad, el evangelio de nuestra salvación, que han sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa, y que nos ha sido dado como garantía de la herencia, hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria (Efesios 1:14). Todo para la gloria de Dios. El plan de salvación está totalmente diseñado para su gloria y el beneficio de los hombres.

         Dios nos ha dado testimonio mediante el sello y las arras del Espíritu en  nuestros corazones. No se compra. Se recibe al oír y recibir el mensaje de la verdad.

LIBROS – La Biblia

La BibliaEditada por Sociedades Bíblicas

Páginas: 1.500 págs.

Autor: Mas de 40 autores inspirados por el Espíritu Santo

Reseña:

Es el Libro de los libros. Para los creyentes nacidos de nuevo la Palabra de Dios, guía de vida y salud, estabilidad emocional y espiritual. En sus páginas encontramos poesía, leyes, historia, biografías, cartas… pero sobre todo, la revelación progresiva que el Creador y Hacedor de todas las cosas ha hecho de sí mismo.

Confiada al pueblo de Israel, en primer lugar, cuyos padres fundadores (Abraham, Isaac y Jacob) recibieron el mensaje divino para conformar un pueblo, que viviría en una tierra, con el que haría un pacto de ser su Dios y ellos su pueblo, para luz de todas las naciones. Del seno de esta familia única entre las familias de las naciones de la tierra, nacería el Mesías, verdadero redentor y salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

En su contenido revelado vemos después de los patriarcas al gran legislador de Israel, Moisés. Encontramos a los profetas del pueblo elegido, cuyo mensaje denuncia la injusticia del hombre y preconiza la venida del Justo, el Deseado de todas las naciones y anunciado en la primera promesa de redención en Génesis 3:15, donde la simiente de la mujer, un hijo nacido de mujer, aplastaría el dominio de la serpiente, cuyo nombre es diablo y Satanás.

Es el libro que ha configurado la historia desde Oriente Medio (Jerusalén), hasta los confines de la tierra, especialmente el continente Europeo y la cultura occidental que ha desarrollado la más justa y libre de las sociedades conocidas hasta ahora, una vez que el mensaje del evangelio penetró entre sus distintos pueblos, llegando a Roma y extendiéndose por toda la cuenca Mediterránea, hasta los límites de la antigüedad, la vieja Sefarad (Hispania), y cuyas torres de Hércules ponían fin a la tierra conocida, Non Plus Ultra.

Ese límite quedó finalmente sobrepasado cuando un genovés, de ascendencia judía (Cristóbal Colom), y gran conocedor del contenido bíblico, rompió los límites de un océano desconocido y nunca explorado, para llegar al continente americano, de donde emergería después el mensaje de la Escritura con una fuerza renovada.

En definitiva, un Libro único en la historia del hombre, que ha transformado la vida de millones de personas de todos los tiempos, naciones y generaciones. Entre ellas la mía. Penetré a sus páginas con verdadera hambre por el sentido verdadero de la existencia humana, cuando inicié su lectura en el Nuevo Testamento allá por el año 1980. En estos casi cuarenta años he estudiado, enseñado, predicado y vivido las páginas de su revelación con verdadera pasión. He leído sus 66 libros, divididos en lo que llamamos con cierta confusión, Antiguo y Nuevo Testamento, más de 40 veces de manera completa y la segunda parte una cantidad mayor aún. Su inspiración sigue siendo la parte esencial del fundamento de mi fe.

Los autores que han escrito este Libro exclusivo se cuentan alrededor de unos cuarenta; desarrollado durante un periodo aproximado de 1500 años, y cuyos trasfondos culturales y sociales dejan una impronta de diversidad y contraste que hacen imposible la fábula de ponerse de acuerdo para diseñar un proyecto semejante. Por eso, los que amamos su contenido y asimilamos su mensaje, sabemos que una Persona que supera las limitaciones humanas, ha sido el compositor, escritor y gran artífice de transmitir un mensaje armónico, coordinado y revelado sin contradicciones: el Espíritu Santo. Los que fueron sus manos y abrazaron sus pensamientos no lo hicieron por capricho personal, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

 Por último, decirte que la Biblia es una verdadera biblioteca, compuesta, como he dicho, de 66 libros, configurada en capítulos y versículos para su mejor acceso y uso práctico. En ella encontramos un mensaje central de redención humana, mediante el sacrificio expiatorio que en la persona del Mesías de Israel, Jesús de Nazaret, tenemos las respuestas a las preguntas más trascendentes que los hombres han hecho a lo largo de su historia.

Hay distintas versiones de la Biblia que no cambian su mensaje. Las que yo he usado a lo largo de mi vida, y que recomiendo con convicción, son: la versión Reina Valera del 60 (RV60). La Biblia de las Américas (LBLA). Biblia Textual IV Edición (BTX IV Edición). La Biblia de Jerusalén. Por supuesto, hay muchas otras versiones muy buenas que puedes escoger.

Adjunto a este escrito un enlace con algunas sugerencias que te serán útiles en tu lectura personal. Se titula Cómo leer la Biblia.

Como leer la Biblia