El contagio de la hipocresía

HipocresíaEn esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía (Lucas 12:1)

La hipocresía es contagiosa. Puede infectarnos momentáneamente como un virus, pero una naturaleza hipócrita conduce a la condenación de los impíos.

La impiedad y la hipocresía son sinónimos en la Escritura. El juicio sobre los hipócritas es muy duro en la enseñanza bíblica, aunque a nosotros nos parezca hoy que solamente tiene que ver con doblez de corazón, algo de lo que la mayoría participa y que ha venido a ser habitual y aceptable en nuestra sociedad.

La palabra proviene del griego hupokrisis, que originalmente significa dar una respuesta. En la concepción griega viene a ser un intérprete de sueños, un orador, un recitador de poesía o un actor. Tiene la connotación negativa de simulación, duplicidad o falsedad. En la Biblia predomina el sentido negativo del término. En las versiones tradicionales del AT usaban «hipócrita» en pasajes donde las versiones posteriores dicen «impío» o «falso» (Job 8:13; 15:34,35; 17:8; Is.9:17; 33:14). La palabra hebrea que a menudo se traduce hipócrita se refería a contaminación o corrupción.

En el NT se destaca la hipocresía en el sentido más limitado de representar un papel. Jesús llama hipócritas a los fariseos por la contradicción que había entre sus acciones externas y las actitudes internas. Los líderes religiosos no practicaban lo que predicaban. En varias ocasiones los escritores del NT señalan que la sinceridad (sin hipocresía) debía ser una característica de los cristianos (Rom.12:9). La fe no fingida (1 Tim.1:5) (2 Tim.1:5). También la sabiduría de lo alto es sin incertidumbre ni hipocresía (Stg.3:17).

La hipocresía viene a ser sinónimo de maldad e impiedad. El siervo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes (Mt.24:48-51). En este texto encontramos la hipocresía unida a la condenación eterna, por tanto, estamos hablando de algo muy serio. En nuestro pasaje la hipocresía está unida con la levadura de falsas enseñanzas farisaicas que contaminan a muchos. Le ocurrió al mismo apóstol Pedro y tuvo que ser reprendido por Pablo (Gá.2:13).

Taller de oración – 50 (Covid-19)

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Orando sobre la Escritura que revela la voluntad de Dios

«El Señor es mi pastor… Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor… Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros…» (Sal.23 y Mt.9:36-38)

Padre nuestro, queremos agradecerte que seas nuestro pastor y guía de quienes hemos puesto nuestras vidas al cuidado tuyo. Tú eres nuestro Pastor, el que nos pastorea incluso en medio del valle de sombra de muerte, para que podamos superar nuestros temores y vivamos confiados en tu bondad y misericordia.

Por otro lado, Señor, vemos nuestra nación sin pastor, sin guía, entregada al desamparo y la dispersión; anegados en la confusión y la incertidumbre que ha llegado a todos los gobernantes, que en su soberbia han rechazado tu cuidado y protección, entregándose al engaño de sus corazones altivos.

Por ello, alzamos nuestra voz al cielo, al trono de tu gracia, en favor de las naciones de la tierra que hoy viven entregadas a la confusión, consecuencia de la gran Babel que han querido levantar. Pedimos, con el profeta, que aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Señor, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado (Jer.14:7). Ten compasión de las ovejas dispersas y desamparadas sin pastor, y ven al cuidado de los pueblos en esta hora oscura.

Padre, levantamos nuestro clamor ante ti, el Rey de las naciones, para que perdones nuestra maldad, sanes nuestra tierra, y vengan de tu presencia los tiempos de la restauración de todas las cosas (Hch.3:21). Lo pedimos en el maravilloso nombre de tu Hijo Jesús. Amén.

71 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Supervisores de la congregación

La vida en el Espíritu - MeditacionesSupervisores de la grey de Dios

Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con su propia sangre (Hechos 20:28).

Hemos cambiado la aflicción del evangelio por el reconocimiento de un título que nos da preeminencia y dominio sobre la grey de Dios. Esto está ocurriendo en demasiados lugares en este mismo momento. Por ello quiero pararme unos instantes en el texto que nos ocupa. Pablo está de viaje hacia Jerusalén y sabe lo que le espera: prisiones y aflicciones. Ha reunido a los ancianos en Mileto para dejarles su último mensaje (Hch.20:17). No volverán a ver su rostro más (20:25). Les da testimonio de que es inocente de la sangre de todos, pues no ha rehuido declararles todo el consejo o propósito de Dios (20:26,27). Sabe que después de su partida entrarán lobos rapaces que no perdonarán el rebaño, incluso de entre ellos mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos (20:29,30).

Me recuerdan las despedidas de Moisés y Josué ante el pueblo de Israel. Todos ellos anticiparon tiempos de desobediencia después de sus partidas, por ello pusieron mucho énfasis en la calidad de los obreros fieles para sostener la verdad en medio del levantamiento de la cizaña inevitable. Pablo les dice que tengan cuidado de ellos mismos; allí se debe fundamentar el éxito de mantener la verdad de Dios para pasarla a la siguiente generación. El obrero del Señor debe guardarse a sí mismo. Lo repetiría a Timoteo (1 Tim.4:16). Sobre esa premisa se fundamenta el poder guardar la grey de Dios. Procura, con diligencia, presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad (2 Tim. 2:15).

El carácter del obrero es vital para que pueda realizar el cometido asignado por el Espíritu Santo: pastorear la grey de Dios. Hemos puesto el énfasis sobre el título «epískopos», traducido por obispo, y que significa supervisor, pero ese no es el énfasis de la Escritura, sino la función. La grey, −congregación−, ha sido comprada por la sangre del Cordero, no es propiedad del pastor de la iglesia local. El celo equivocado nos ha llevado en muchos casos a confundir nuestra función con disputas por nuestra posición. El obispo, anciano o pastor es un supervisor de la grey que es de Dios, y debe cumplir su cometido con fidelidad al Señor de la iglesia y no levantarse él mismo como «señor» del pueblo.

         El Espíritu Santo asigna funciones, no títulos, para que cada uno, según el don recibido, sirvamos a la congregación del Señor con fidelidad a Dios.

70 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – El Espíritu a nuestro espíritu

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl Espíritu da testimonio a nuestro espíritu

Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones… (Hechos 20:22-23).

Escuchando los mensajes que se dan a muchos hermanos en esos cultos donde «abundan» las profecías, veo que predomina un tipo de mensaje de este estilo: «Dios te va a usar en grandes cosas, irás a otras naciones con el evangelio y Dios hará grandes cosas a través de ti», o similares. Un porcentaje demasiado elevado son palabras infladas dirigidas a hinchar el ego más que a producir la exhortación para ser un discípulo del Señor en cualquier tipo de circunstancias.

Pablo salió de Éfeso, −un lugar donde había vivido momentos de gran testimonio del evangelio−, y se dirigió a Jerusalén, donde sabía le esperaban cadenas y aflicciones, así como una gran resistencia a su mensaje. Dice: «atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá». Sabe con certeza que no puede escapar de acudir a la ciudad donde estaba la primera congregación, y también el epicentro de sus mayores detractores. Jesús también afirmó su rostro para ir a Jerusalén cuando le llegó el tiempo (Lc. 9:51 LBLA). Pablo seguía a su Maestro. Lo hacía atado en espíritu, sin otra alternativa, y sin saber con claridad lo que allí le esperaba, aunque tenía el testimonio del Espíritu de que le esperaban cadenas y aflicciones.

Meditemos. El Espíritu Santo daba testimonio al espíritu de Pablo de que se encaminaba directamente a experimentar tiempos de tribulación. ¡Qué gran debate en la iglesia de hoy sobre si la iglesia pasa o no por la gran tribulación! Pablo se encaminaba directamente a ella, lo hacía atado en espíritu y además el Espíritu Santo se lo confirmaba. La nube se había levantado para el apóstol de los gentiles. Dejando atrás la ciudad de Éfeso, donde era reconocido y aceptado ampliamente, se encaminó a la ciudad donde sería rechazado, odiado y amenazado de muerte. Jesús también sabía que en Jerusalén le esperaba la cruz, la muerte… y la resurrección. Pablo supo que seguía a su Maestro y nos dejó una declaración para enmarcar cuando los discípulos quisieron impedir que viajara a la capital de Israel: «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el  ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hch. 20:24).

         A todos nos llega el tiempo cuando el Espíritu Santo nos guía a nuestra Jerusalén sin que podamos eludirla, y atados en espíritu no podamos evitarla.

Taller de oración – 49 (Covid-19)

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Orando sobre la Escritura que revela la voluntad de Dios

«Os he escrito esto sobre los que os engañan» (1 Juan 2:26)

Padre, en este tiempo de angustia y tinieblas sobre la tierra levantamos nuestro clamor ante tu trono en favor de las naciones.

Hemos pecado. Yo, y la casa de mi padre, hemos pecado contra ti. Hemos trasgredido tu ley; la soberbia nos ha engañado haciéndonos creer que éramos autosuficientes, y míranos ahora, Señor, en la impotencia de los gobernantes para hacer frente a esta plaga contagiosa que nos está causando dolor y muerte.

Por ello, doblamos nuestro orgullo y pedimos desde lo hondo de nuestro ser que atiendas la súplica de tus hijos para que la tierra sea sanada.

Sabemos que la maldad de esta generación ha subido delante de ti (Jonás 1:2) y por ello imploramos tu misericordia en las ciudades y naciones donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda (Jonás 4:11).

Líbranos del engaño de nuestro necio corazón y trae luz y ciencia a quienes trabajan para encontrar el antídoto de este virus mortal. Lo pedimos en el maravilloso nombre de Jesús. Amén.

69 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Tras las experiencias avance del reino

La vida en el Espíritu - MeditacionesDespués de las experiencias el avance del reino

Pasadas estas cosas, Pablo decidió en el espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, debo visitar también Roma (Hechos 19:21).

«Pasadas estas cosas». ¿Qué cosas? Todo lo que había acontecido después de las experiencias de aquellos discípulos en Éfeso. Me llama la atención el orden en que aparecen los sucesos en este capítulo 19. Veamos. Pablo trabajaba en primer lugar con discípulos que ya tenían cierto recorrido en el Camino. Les transmitía lo que les faltaba, la llenura del Espíritu, y a partir de ahí se va desarrollando un despliegue evangelístico impresionante que llegará a toda Asia Menor partiendo desde Éfeso.

Pablo entró en la sinagoga, como era su costumbre (v.8), y durante tres meses habló denodadamente, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes hablando mal del Camino. En esa tesitura, Pablo no discute más, toma a los discípulos y se marcha a un local de alquiler donde un maestro de retórica (Tiranno) daba clases en las mejores horas del día, (en Éfeso hacía un calor sofocante a partir del mediodía y el trabajo de enseñar en esas condiciones se hacía insoportable), y el resto del tiempo lo alquilaba a Pablo para que enseñara a los discípulos. Esto duró dos años. Podíamos decir que era la Escuela Bíblica de Pablo en Éfeso. Sus clases no fueron solo teoría, si no que los discípulos salieron a predicar el evangelio, de tal forma que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos (v.10). A la vez Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo (11). Algunos quisieron imitarlo (siempre hay imitadores sin autoridad) y se expusieron al ridículo queriendo tener la unción que no tenían (v.13-16). La verdad fue expuesta de tal forma que los impostores quedaron avergonzados; esto lo supieron los habitantes de Éfeso, el temor se apoderó de todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era exaltado (v.17). También muchos de los que habían practicado la magia se apartaron de ella dando testimonio de su fe quemando los libros (v.18-19).

Y concluye el texto con estas palabras que resumen lo ocurrido en aquel lugar: Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor (v.20). Pensemos. No se construyó un edificio ministerial para exaltar al gran apóstol Pablo. No. Ni siquiera el apóstol se aferró al lugar, sino que decidió en el espíritu (con minúscula, su propio espíritu en comunión con el Espíritu Santo) ir a Jerusalén y alcanzar luego Roma. Esto significaba gran oposición, sin embargo, siguió el plan de Dios dejando a los discípulos en Éfeso.

         Lo ocurrido en Éfeso es un modelo para todos los discípulos del Señor.

LOS IMPÍOS – Un contagio siempre presente

Después de la caídaNota: Estas 8 meditaciones son una breve introducción de un tema mucho más amplio titulado «El hombre condenado».

  1. Los impíos (I) – Introducción (1)
  2. Los impíos (II) – Introducción (2)
  3. Los impíos (III) – Introducción (3)
  4. Los impíos (IV) – Diversidad y consecuencias (1)
  5. Los impíos (V) – Diversidad y consecuencias (2)
  6. Los impíos (VI) – Diversidad y consecuencias (3)
  7. Los impíos (VII) – Diversidad y consecuencias (4)
  8. Los impíos (VIII) – Diversidad y consecuencias (5)

 

  1. Los impíos (I) – Introducción (1)

No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán  (Salmos 37:1,2)

         Comenzamos a partir de esta meditación con un nuevo apartado dentro del tema general de esta larga serie sobre el hombre condenado. Hemos visto hasta ahora que la Escritura nos habla de personas destinadas a condenación, algunos con nombres y apellidos, sus obras y destino. Los hemos llamado hijos de condenación. Todos ellos viven dentro de lo que se denomina el sistema de este mundo, el presente siglo malo y Babilonia, que se ramifica en múltiples obras en oposición a Dios. Este sistema está formado por aquellas personas que naciendo en pecado nunca se han arrepentido de su maldad y, por tanto, su destino eterno es la condenación anunciada con toda claridad en la misma Escritura que habla de salvación y vida eterna. Esta salvación está disponible por gracia, mediante la redención realizada por el Mesías de Israel, y que permite el traslado de la potestad de las tinieblas al reino de su amado Hijo, al convertirse de las tinieblas a la luz, y pasar de la potestad de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe, perdón de pecados y herencia entre los santificados o separados (Hch.26:18), es decir, los que en la Escritura se denominan justificados hijos de Dios. Por tanto, tenemos que hay quienes han sido destinados a condenación –aunque en un sentido más amplio todos hemos sido destinados a ella por causa del pecado− y dentro de estos existe un grupo de personas que oirán el evangelio, y habiendo creído en él, serán sellados por el Espíritu Santo para Dios el Padre como hijos suyos. Son los regenerados, que han nacido a una nueva naturaleza, siendo despojados de su vieja y vana manera de vivir la cual heredaron de sus padres. Su destino es el hombre glorificado que también hemos visto en otra serie anterior. A partir de ahora nos ocuparemos de un grupo amplio de personas que en la Biblia se les conoce como «los impíos», aunque aparecen con otros nombres. En el Salmo 37 se les llama malignos, malditos, pecadores y transgresores, pero sobre todo «impíos», y así en muchos otros lugares de la Biblia. Pues bien, dentro de este grupo general haremos una división de tres partes que nos darán un sentido más amplio del término, aunque nos detendremos especialmente en uno de ellos y las obras que producen.

         Hay hombres impíos destinados a condenación, y otros con la misma naturaleza pecaminosa que obtendrán la salvación al escuchar el evangelio.

 

2 – Los impíos (II) – Introducción (2)

Maquina el impío contra el justo… Los impíos desenvainan espada y entesan su arco… Mas los impíos perecerán… El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da. Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos (Salmos 37:12,14,20,21,22)

         Me gustaría, en la medida de mis posibilidades, poner en orden los pensamientos que quiero transmitir al abordar este tema. Puede prestarse a confusión mezclar los conceptos y sacar conclusiones erradas. Por ello, quiero hacer una distinción que puede ser esclarecedora para que podamos comprender la amplitud del concepto «impío» en la Escritura, y qué debemos entender por ello en cuanto a la salvación y destino eterno de unos y otros. Quisiera diferenciar tres tipos de personas. Por un lado los que entran dentro del término general de «impíos». Este grupo lo veremos en las siguientes meditaciones por lo que ahora no me parare en ellos. Solamente diré que en este grupo tenemos una multitud de comportamientos y formas de proceder, todos ellos dentro de la impiedad entendida en el sentido amplio del término. Luego encontramos los que la Escritura llama «justos». Son aquellos que viven sujetos a la ley de Dios y la cumplen dentro de las limitaciones propias de la naturaleza caída. Hay en ellos una forma de vida que agrada a Dios. Están en oposición a los impíos en su forma de vivir. En el Antiguo Testamento los encontramos entre el remanente fiel de Israel que son justificados por la obra de Jesús, que fue inmolado desde el principio del mundo (Apc.13:8), y destinado desde antes de la fundación del mundo (1 P.1:20); por tanto, miraban hacia adelante, a la obra consumada en la cruz del Calvario; y en el Nuevo Testamento son aquellos que han sido justificados por la fe en la redención ya efectuada en la cruz, y que miran al pasado para ser hechos justos (2 Co.5:21). Hay otro grupo que podemos llamar aquellos que viven por la ley moral o natural de sus conciencias, formada por un sistema religioso o la cultura recibida que refrena la naturaleza del mal, aunque no la regenera. Pablo se refiere a ellos como los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí  mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos (Rom.2:14-16). Por tanto, encontramos que entre los pecadores necesitados de salvación hay impíos sin ley, y otros con una conciencia sensible al temor de Dios o la cultura que frena la maldad. Ambos necesitan el evangelio de la gracia.

         La impiedad puede ser refrenada y contenida por la conciencia moral.

 

3 – Los impíos (III) – Introducción (3)

Acecha el impío al justo, y procura matarlo… Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero el pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado (Salmos 37:32,35,36)

         El Salmo 37 expone la diferencia entre el impío y el justo. Al impío se le llama también «los malignos» (1), «el malo» (10), «los malditos» (22), «los pecadores» (34), y «los transgresores» (38). Todos estos términos se refieren a la misma calidad de persona que unificamos en el término «impío». ¿Qué es la impiedad? Podemos definirla como la persona que no reconoce a Dios, vive lejos de su ley, incluso de la ley moral o natural impresa en la conciencia de quienes han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Son aquellas personas que tienen un estilo de vida y una actitud que excluye a Dios de sus pensamientos e ignoran y violan deliberadamente las leyes divinas. Los impíos se niegan a reconocer a Dios a pesar de la evidencia en la creación (Rom. 1:20,21); participan deliberadamente en la idolatría (Rom. 1:25); practican un estilo de vida que no respeta los límites divinos (Rom. 1:26-31); no temen el juicio de Dios sino que involucran a otros en su maldad (Rom.1:32). Además se recrean en la injusticia, maquinan el mal (Miq.2:1), le dan cobertura y cauce en sus vidas, familias y sociedades; se les llama hijos de Belial. Fue el mundo de los impíos sobre quienes vino el diluvio en días de Noé (2 P.2:5). Son aquellos que convierten en libertinaje la gracia del Señor, y niegan a Dios su soberanía (Jud.1:4). Son los que persisten en pecar (1 Tim.5:20); quienes causan divisiones y endurecidos hay que desecharlos, sabiendo que se han pervertido, pecan y están condenados por su propio juicio (Tito 3:10,11). Los hombres impíos aparecen continuamente en las páginas de la Biblia como recordatorio del poder del mal y la condenación que les aguarda. Sin embargo, también se nos dice que Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom.5:6-8). Lo cual quiere decir que entre los impíos hay aquellos que serán salvos de la impiedad obteniendo la salvación por pura gracia, aunque hay quienes endurecidos en sus corazones la rechazarán, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio (Tito 3:11).

         Los impíos que endurecidos rechazan la gracia de Dios se han condenado por su propio juicio, rechazando la misericordia del evangelio.

 

4 – Los impíos (IV) – Diversidad y consecuencias (1)

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (Romanos 1:18)

         Hemos dicho que la impiedad es vivir sin ley, en oposición a la ley de Dios, sea esta la ley moral revelada a Moisés, o la ley natural noélica manifestada en la conciencia de los hombres en la creación, aunque más tarde esta conciencia esté influida por el entorno familiar, social, religioso, cultural y generacional en el que vive la persona. La impiedad tiene múltiples formas de manifestarse con las consecuencias que le acompañan. En nuestro texto se habla de toda impiedad e injusticia, señalando la diversidad de manifestaciones que puede llegar a producir esa forma de vida. También se dice que el Dios santo y justo revelado en la Escritura está contra las manifestaciones de impiedad. La ira de Dios se activa allí donde la impiedad se expresa en obras injustas de hombres que detienen con injusticia la verdad. Aunque no siempre el juicio de Dios se manifiesta de inmediato en medio de los hombres impíos, estos viven pendientes de un juicio inexorable que les alcanzará, en algunos casos en esta vida, y en todos los demás en el juicio venidero. La Escritura enseña que podemos alejarnos de la ira de Dios viviendo bajo el temor de Dios, que es una de las manifestaciones de su Espíritu (Is.11:2), que nos alejará del juicio y nos conduce a obras de justicia que agradan al Señor. Esta tensión aparece de forma continuada en la Ley, los Profetas y los Salmos. Los justos y los impíos. Después de la redención se establece un nuevo pacto que nos hace justos ante Dios por la justicia de aquel que es justo, el Hijo de Dios, el justo por los injustos para llevarnos a Dios; el que nos justifica, nos hace justicia de Dios en Cristo. Esta es la buena nueva del evangelio. Luego vendrán las obras de justicia que confirman la regeneración interior de un corazón nuevo. Así Jesús nos libra de la ira venidera; y en el juicio de Dios que ha de manifestar sobre todos los hombres seremos absueltos de la naturaleza de pecado, alcanzando la salvación eterna, y recibiendo la recompensa por las obras hechas en Cristo. Por tanto, ahora somos deudores de la gracia de Dios. Dicho esto, quiero centrarme en aquellas personas que mantienen a día de hoy su naturaleza de impiedad, por tanto, sus obras son el resultado de su propia naturaleza mala. Debemos saber que hay una diversidad de formas de manifestar esa impiedad, y que siempre le acompañan sus consecuencias. Como está escrito: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que hombre sembrare, eso también segará (Gá. 6:7).

         Toda impiedad recibirá su justa retribución en forma de ira divina.

 

5 – Los impíos (V) – Diversidad y consecuencias (2)

Y él habló a la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos, y no toquéis ninguna cosa suya, para que no perezcáis en todos sus pecados (Números 16:26)

         La impiedad forma parte de la naturaleza del hombre. Todos hemos nacido en pecado; todos hemos pecado y hemos sido destituidos de la gloria de Dios; no hay justo ni aún uno; hemos heredado una naturaleza pecaminosa y carnal que produce en nosotros una forma de vida alejada de la ley de Dios. Esa naturaleza necesita una regeneración, que significa volver a generar lo que degeneró, y ese milagro está contenido en el evangelio de la gracia de Dios. Si ese milagro no se produce la impiedad sigue su curso natural y producirá las obras manifestadas en una diversidad que diferencia a unos hombres de otros con las consecuencias para sí mismo y su prójimo. Veamos ahora algunos pasajes que ponen de manifiesto la diversidad de la impiedad en distintos hombres y sus consecuencias. En el texto que tenemos arriba se habla de algunos hombres impíos que pertenecían a la congregación de Israel en el desierto, eran Coré, Datán y Abiram (16:24). Su impiedad se había extendido a todas sus propiedades y sus tiendas, de ahí que el mandato fuera que se apartaran y no tocaran ninguna cosa suya, para no ser contaminados de sus pecados y recibir el mismo juicio. Por tanto, tenemos que la impiedad se puede extender a otras personas desde el foco de origen. Un poco de levadura leuda toda la masa, dijo Pablo. También le dijo a Timoteo que no participara en pecados ajenos imponiendo las manos con ligereza (1 Tim.5:20). Incluso está escrito que de algunas personas debemos aborrecer la misma ropa que visten puesto que está contaminada (Judas 1:23). La impiedad puede trasladarse a lugares físicos, formas de vestir y contaminarnos influyendo en nuestra conducta. También mediante lo que oímos y vemos podemos ser influidos por la iniquidad. Debemos discernir la maldad y no juntarnos con ella. Pablo lo dijo de aquellos que llamándose hermanos viven y practican el pecado (1 Co.5:11). A Timoteo le dijo: A estos evita (2 Tim.3:5). Y el apóstol Santiago habló de riquezas podridas y ropas comidas de polilla (Stg.5:2). Recuerda que la lepra, una figura del pecado en el AT, podía contaminar la ropa y la vivienda de quienes la padecían (Lv.13). La limpieza debía alcanzar a todo. La impiedad también se contagia, por eso no debemos andar en consejo de malos (Sal.1).

         La impiedad se puede transmitir a otros mediante la ropa, la casa, lo que vemos y lo que oímos, incluso imponiendo las manos de forma inadecuada.

 

6 – Los impíos (VI) – Diversidad y consecuencias (3)

Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti (1 Samuel 24:13)

         David escribió en otro lugar: en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre (Sal.51:5), sin embargo, no vivió practicando el pecado; la ley de Dios estaba en su corazón y ésta frenaba en él el desarrollo de la maldad. Está escrito de David que sirvió a su generación y durmió después de haber hecho la voluntad de Dios. No le agradaba la compañía de hombres impíos. Tuvo ocasión de anticipar su llegada al reino de Israel matando a Saúl, pero supo que no era la manera de vivir. En la conversación que mantuvo con el rey Saúl en el contexto del pasaje que tenemos para meditar, declaró que la impiedad sale de los impíos, él no se consideraba impío, y no estaba dispuesto a hacer obras impías. Tuvo la ocasión de hacerlo, incluso le empujaron a ello sus propios compañeros, pero su corazón era conforme al corazón de Dios. Aunque pecó en otros sucesos de su vida, no vivía practicando el pecado. No era un impío, sus obras lo ponían de manifiesto. Jesús dijo que por sus frutos los conoceréis. Las obras de cada uno se hacen manifiestas más pronto o más tarde, las de otros van delante de ellos anunciando su maldad. Una persona con naturaleza impía es un manantial de pecado a través del cual muchos serán contaminados. David lo sabía y no quiso seguir sus pasos. Vivimos rodeados de hombres impíos a quienes debemos identificar para no ser influidos por ellos. Como está escrito: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que  en la ley de YHVH está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Meditar en su palabra nos libra de la contaminación de la impiedad, siempre que nuestro corazón esté preparado para inquirir la ley de YHVH y para cumplirla, y para enseñarla, como lo estuvo el sacerdote Esdras (7:10). Los impíos perecen en tinieblas (1 Sam. 2:9). Se apartaron los impíos desde la matriz (Sal.58:3). El corazón de los impíos es cruel (Pr.12:10). Los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos (Is.57:20,21). David conocía todo esto, supo que la impiedad brota de los impíos y él no quería tener parte en ese comportamiento, por ello no puso su mano contra el rey Saúl aunque era tratado injustamente. Su causa era del Señor y esperó en Él.

         De los impíos saldrá la impiedad, hombres sin ley de Dios en sus corazones; pero aquellos que aman su palabra serán transformados por ella.

 

7 – Los impíos (VII) – Diversidad y consecuencias (4)

Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de YHVH     (1 Samuel 2:12)

         La impiedad en el corazón del hombre le inhabilita para conocer a Dios. También impide la comunión con Él. Se puede ser religioso, incluso formar parte del sacerdocio escogido; ser de una familia con vocación o llamamiento sacerdotal, pero a la vez vivir lejos de la voluntad de Dios porque el corazón es impío. ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Ninguna. Los hijos de Elí, sacerdote de la casa del Señor, eran impíos. Aunque su padre los corregía levemente la impiedad siguió su curso atrapándolos en el juicio de Dios. Estos hijos, aunque ministraban en el templo, no conocían al Dios del templo. Su servicio era como metal que resuena y címbalo que retiñe. Pero a la vez fue motivo de hacer pecar al pueblo (2:24). Como hemos dicho en otro lugar, la impiedad se contagia, y si esta viene de los líderes mayormente. Es necesario que el obispo sea irreprensible. El apóstol Pedro escribió: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (1 Pedro 5:2,3). El profeta Jeremías denunció que fueron  hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres (5:26). ¡Hay impíos en el pueblo de Dios! No todos los predicadores son trigo limpio. Como no todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino. Podemos ser turbados viendo la prosperidad de los impíos (Sal.73:3). Me pusieron lazo los impíos (Sal.119:110). La ciudad es trastornada por la boca de los impíos (Pr.11:11). Por eso, cuando se levantan los impíos tienen que esconderse los hombres (Pr.28:12,28). Pero hay un Dios justo en el trono celestial, que como a los hijos de Elí, cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente (Sal.92:7). Llega el tiempo cuando los impíos dejan de perturbar (Job 3:17). Vivimos en un mundo caído en pecado en el que abundan los hombres perversos y malos que no tienen conocimiento de Dios, pero el evangelio anuncia que: Cristo, cuando éramos débiles, a su tiempo, murió por los impíos… Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom.5:6-8). Por tanto, hay esperanza para los que reciben la abundancia de la gracia hoy.

         Dios no perdonará a quienes ocupan lugares de liderazgo y son impíos, sin comunión con Él; pero hay salvación para los que abandonan el pecado.

 

8 – Los impíos (VIII) – Diversidad y consecuencias (5)

Estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas […] y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él (Judas 1:13-15)

         La Escritura no deja lugar a dudas: hay hombres perversos y malos. Impíos que producen daño en el mundo. Causan perjuicio al justo que levanta un clamor delante del Señor por justicia. Serán juzgados, pero antes han  producido mucho mal. Y ese mal levanta un interrogante ante el Señor: ¿por qué? A veces la vida parece favorecer a  estos impíos, de tal forma que hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos (Ecl.8:14). Fue la queja que casi hizo deslizar al salmista. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos (Sal.73:2,3). Finalmente entró en el santuario y comprendió el fin de ellos (16,17). Hay un final trágico para los impíos: Está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. Dice el salmista: Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente (Sal.92:7). Hay un tiempo cuando los impíos se gozan, y se vanaglorian todos los que hacen iniquidad (Sal.94:3,4). Su aparente impunidad pone a prueba a quienes andan en integridad. Cuando prevalece la injusticia en los pueblos el justo se pregunta para qué sirve guardar la ley de Dios. Fue el caso del sufrimiento de Job, pero sabemos que el Señor es muy misericordioso y compasivo (Stg.5:11). En días del profeta Malaquías también fueron puestos a prueba por esta cuestión: Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de YHVH de los ejércitos? Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no solo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon… YHVH escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria… para los que temen a YHVH, y para los que piensan en su nombre. Y serán mi especial tesoro… y los perdonaré… Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve (Mal.3:13-18). Veremos en las próximas meditaciones una lista de quienes persisten en pecar y son desechados; impíos, hijos de condenación.

         Hay una diversidad manifiesta de hombres impíos que sufrirán las consecuencias de la dureza de sus corazones no arrepentidos.

68 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Limitaciones en la predicación (3)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas limitaciones en la predicación (III)

Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran en total unos doce hombres (Hechos 19:6-7).

Volvamos al inicio del suceso que tuvo lugar en Éfeso para ver su desarrollo progresivo. Pablo llegó a esta gran ciudad de Asia Menor y encontró a algunos discípulos que solo habían oído hablar del bautismo de arrepentimiento que predicó Juan el Bautista. Les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando creyeron y le respondieron que ni siquiera habían oído hablar si hay Espíritu. Entonces Pablo les habló del bautismo en agua en el nombre de Jesús como continuidad al mensaje de Juan el Bautista. Cuando lo oyeron se bautizaron en el nombre del Señor Jesús.

Antes de seguir pensemos. ¿Discípulos que ni siquiera habían sido bautizados en el nombre de Jesús? Pues sí, eso dice el texto. Ahora imaginemos que al oír a Pablo estos discípulos se negaran a ser bautizados en el nombre de Jesús aludiendo a la enseñanza que habían recibido, y se obstinaran en ello cerrando su propio desarrollo. Sin embargo, estos discípulos obedecieron la enseñanza del apóstol bautizándose en agua. Y ahora viene otra fase más. No habían oído nada sobre el Espíritu Santo, pero cuando Pablo (seguramente acordándose de su propia experiencia con Ananías) les habló de recibir la llenura del Espíritu, estos doce discípulos aceptaron lo expuesto por el apóstol y se dispusieron a recibirlo. Dicho y hecho. Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo. ¿Cómo lo supieron? Porque hablaban en lenguas y profetizaban. La misma experiencia que habían tenido los ciento veinte en el Aposento Alto el día de Pentecostés (Hch. 2:4); lo mismo que ocurrió en casa de Cornelio (Hch.10:44-46); lo que tuvo lugar en la ciudad de Samaria y que tanto impresionó a Simón (Hch. 8:14-19); y lo mismo que experimentó Saulo de Tarso en la casa donde estuvo tres días orando antes de que llegara Ananías y orase por él para ser lleno del Espíritu (Hch.9:11-17).

El orden de las experiencias puede variar pero todas ellas acaban en la llenura del Espíritu para que el discípulo del Señor tenga el potencial divino para realizar la obra de Dios. Pensemos. Estos doce discípulos que poco antes ni siquiera habían oído hablar del bautismo en el nombre de Jesús, con una fe muy limitada, ahora se expandió en ellos de tal forma que fueron llenos del Espíritu para llevar el evangelio a toda Asia Menor partiendo desde Éfeso.

         El verdadero discípulo del Señor sabe escuchar las verdades que desconoce y aceptar la imposición de manos para ser lleno del Espíritu a través de quienes lo transmiten y no de impostores, imitadores o falsificadores.

67 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Limitaciones en la predicación (2)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas limitaciones en la predicación (II)

Entonces él dijo: ¿En qué bautismo, pues, fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:3-5).

Los discípulos de Éfeso tenían una fe limitada a lo que habían oído: sólo el bautismo de arrepentimiento, aunque como buenos discípulos cuando oyeron del bautismo en el nombre de Jesús se bautizaron sin demora. La obediencia a la palabra revelada es una característica de todo buen discípulo de Jesús.

Muchos predicadores de la actualidad ponen el énfasis en la predicación de su maestro inicial. Estos pioneros, discípulos del Maestro, descubrieron alguna verdad que por el motivo que sea no se había predicado antes, o no con el matiz que ahora le da el nuevo predicador. A partir de ahí se genera un movimiento alrededor de ese líder. Hace de la «exclusividad» el motor central de su mensaje y todos aquellos que lo aceptan basan su predicación en la óptica que ha imprimido a sus con-discípulos, los cuáles son ahora más celosos y fanáticos que el pastor original. Construyen una doctrina hermética sobre su particularidad y la transmiten como un sello de identidad propia. Su mensaje se centra casi únicamente en ese mono-tema. Prediquen lo que prediquen acaban enseñando esa verdad (pueden ser varios temas, claro, un cuerpo de doctrina que gira sobre el eje establecido alrededor de la supuesta revelación original); escriben libros sobre ello, lo presentan como algo esencial que todos los demás cristianos tienen que aceptar e incluir en su teología, y quienes no lo hacen son considerados cristianos de otro nivel.

Así construimos el sectarismo y la exclusividad que caracteriza a muchas iglesias evangélicas de la actualidad. El apóstol Pablo no hizo eso. El autor de la carta a los Hebreos nos enseña que debemos avanzar hacia la madurez, no girar todo el tiempo sobre ciertas verdades esenciales, necesarias y fundamentales, si no madurar mediante el alimento sólido y tener los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Heb.5:12-6:3). Para ello necesitamos un alimento completo, todo el consejo de Dios, la totalidad del evangelio y no solamente un énfasis doctrinal impuesto por predicadores con buenas intenciones pero que impiden el crecimiento de los discípulos. Necesitamos la diversidad de dones en el cuerpo de Cristo y no solo el don predominante del líder.

         El discípulo del Señor cuando oye la verdad del evangelio la obedece sin sectarismo ni exclusivismo denominacional.

66 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Limitaciones en la predicación (1)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas limitaciones en la predicación (I)

Entonces él dijo: ¿En qué bautismo, pues, fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:3-5).

Estamos ante un episodio verdaderamente interesante. El evangelio se estaba extendiendo y en su desarrollo se ponen de manifiesto situaciones que han acompañado a todas las generaciones. Una de ellas es que la predicación está limitada por aquellos que predican. Ningún predicador honesto puede ir más allá de lo que ha oído, sabe y ha experimentado. Su mensaje estará siempre sujeto al desarrollo de su propia revelación. Pablo le dijo a Timoteo: Lo que has oído de mí, ante muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Tim.2:2). Pablo había recibido el mensaje por revelación del mismo Jesucristo (Gá. 1:11-12). Ese mensaje lo transmitió a Timoteo, para que a su vez éste lo encargara a hombres fieles, y de esa forma pasara de generación en generación.

Ahora bien, si la persona que nos anuncia el evangelio tiene una revelación parcial del mismo, el mensaje que recibiremos será parcial y siempre estará sometido a las limitaciones de quién nos lo transmitió. Ahora tenemos toda la Escritura y podemos acceder a la totalidad del mensaje, todo el consejo de Dios (Hch.20:27), sin embargo, aún hoy estamos limitados por la línea doctrinal de la iglesia a la que pertenecemos, sujetos a aceptar el cuerpo doctrinal que el originador de la denominación dejó establecido. Lo que se sale de ese marco no encontrará apoyo en la comunidad a la que servimos, y en el peor de los casos combatiremos con celo otras posturas doctrinales. La historia de la iglesia está llena de lo que acabo de decir.

Pablo llegó a Éfeso y se encontró a discípulos que solo habían oído hablar del bautismo de Juan, es decir, una predicación con el énfasis puesto en el arrepentimiento. Esa es una verdad del evangelio, pero hay más. No habían oído del bautismo en el nombre de Jesús, por tanto, nadie se había bautizado tal y como él lo enseñó. Pablo lo anunció; fue un paso más allá; y al oírlo decidieron obedecer. Se bautizaron en el nombre de Jesús, creyendo que era el Mesías, a quién Juan el Bautista anunció. Mira lo que dice el texto: Cuando oyeron esto, fueron bautizados… Piensa. La fe actúa sobre lo que oímos, si no hemos oído quedamos «huérfanos» de esa verdad. Continuará…

         Una predicación limitada del evangelio produce una fe limitada en su desarrollo y por tanto en las experiencias.