HOMBRES DE VERDAD (19) – Sobriedad

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Sobriedad

Pero tú, sé sobrio en todas las cosas…  (2 Tim.4:5).

Desde que en el capítulo tres de esta carta el apóstol Pablo comenzara a informar a Timoteo del carácter de los hombres en los últimos tiempos, hay al menos cuatro giros que hace en su discurso cuando se dirige directamente al discípulo. Estos giros revelan que hay otro tipo de hombre en ese mismo tiempo: el hombre de Dios con rasgos muy distintos en su carácter. Hay diferencia entre el carácter de los hombres en los últimos tiempos, y el carácter de los hombres de Dios en ese mismo tiempo. La diferencia básica está en que el hombre de Dios es un hombre de la palabra, y por tanto, ésta le forma, renueva y transforma a la imagen de Jesús. Los cuatro giros a los que me refiero son estos: «Pero tú» (3:10). «Tú, sin embargo» (3:14). «Te encargo solemnemente» (4:1). Y, «Pero tú» (4:5). En estos cuatro giros se marca la diferencia.

Existe un gran abismo entre los hombres serán (3:2) y éste «pero tú». Ya hemos visto varios aspectos esenciales que ponen distancia entre el hombre de verdad y los que no lo son. Ahora Pablo habla de sobriedad. El hombre de Dios es una persona sobria. ¿Qué es la sobriedad? Es ante todo moderación. Un hombre sujeto, equilibrado, ponderado, con dominio propio, templado. Que carece de adornos superfluos. El que no se embriaga de vino, ni de sí mismo. Ser sobrio es una cualidad incluida en todas las listas donde se habla del carácter de los guías, pastores, obispos, ancianos y diáconos. ¡Cuántos excesos hemos visto y vemos en muchos que se dicen ser… y tener… colmando su medida de sensacionalismo y espectáculo!

Está escrito: «Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad» (Proverbios 16:32). Es Pablo quién vuelve a decir a Timoteo: «Dios… nos ha dado un espíritu de… dominio propio» (2 Timoteo 1:7). El mandato que estamos viendo es: «tú, se sobrio en todas las cosas». Sobriedad ante todo. Una vida sin excesos. Un ministerio sin exageraciones. El espectáculo del que habla Pablo en otro lugar no es para impresionar al hombre carnal, sino la exhibición que hace Dios de sus apóstoles en último lugar, «como a sentenciados a muerte; porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres» (1 Corintios 4:9). El mayor espectáculo que ha conocido este mundo ha sido el del Hijo de Dios clavado en una cruz. «Y cuando todas las multitudes que se habían reunido para presenciar este espectáculo, al observar lo que había acontecido, se volvieron golpeándose el pecho» (Lucas 23:48).

El hombre de verdad es sobrio en todo. Su espectáculo es gloriarse en la cruz de Cristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para él y él para el mundo.

HOMBRES DE VERDAD (18) – Predica la palabra (2 Parte)

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Predica la palabra (segunda parte)

Te encargo [Te conjuro Biblia Cantera-Iglesias] solemnemente… Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos  (2 Tim.4:1-4).

Pablo es muy incisivo, enfático y persuasivo. No tiene duda alguna de que vendrá un tiempo cuando los mismos creyentes no soportarán la sana doctrina, que es conforme a la piedad. No soportarán la predicación de la verdad revelada, sino que se volverán a mitos, fábulas y vanos razonamientos haciéndolos pasar por verdad. El oído se volverá caprichoso. Cansados de oír sobre camino angosto se volverán al ancho valle. Cansados de la impopularidad buscarán la celebridad. Cansados de mensajes que ponen de manifiesto la naturaleza caída y pecaminosa del hombre, pondrán mucha atención a quienes predican sobre su propia potencialidad y capacidades ilimitadas para conseguir lo que se proponen. Cansados de no participar de los placeres temporales del pecado se volverán a la vanidad transitoria y pasajera que levanta al hombre a cumbres engañosas que acaban hundiéndolo en el fango. Cansados de la crítica y la oposición se unirán a sus enemigos para aliviar su carga y tristeza. Cansados de la cruz de Cristo fabricarán cruces de oro y plata.

Se levantarán maestros, conferenciantes llenos de anillos, trajes lujosos, sonrisas de dientes blancos, con aspecto de hombres exitosos, con una oratoria fascinante y persuasiva pero vana, con el fundamento puesto en lo que hay en el mundo: los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Estrellas errantes. Su engaño será manifiesto a todos. Recibirán las palabras del Maestro en su venida: «nunca os conocí, apartaos de mi hacedores de maldad».

Hoy, como ayer, el engaño se esconde detrás de un aspecto agradable, una envoltura atractiva y una puesta en escena que hechiza los sentidos y subyuga el alma a la tiranía del hombre carnal. Como profeta, Pablo se anticipó al tiempo de disolución de los principios revelados en la Escritura. Por ello deja sus últimas palabras escritas con este énfasis: «predica la palabra, insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción.  Porque vendrá un tiempo cuando… apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos». ¡Ese tiempo es hoy!

         El hombre de verdad predica la palabra y no fábulas. Se afirma en la verdad aunque predomine la mentira. No se ciñe a lo políticamente correcto; su corazón arde por la justicia y la verdad del reino de Dios.

HOMBRES DE VERDAD (17) – Predica la palabra (1 parte)

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Predica la palabra (primera parte)

Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra…  (2 Tim.4:1-4).

Pablo está en sus últimos días en la tierra. La hora de su partida está cercana (2 Timoteo 4:6). En esa situación manifiesta una preocupación especial para que Timoteo predique la palabra. Lo hace con solemnidad, en la presencia de Dios y de Cristo (estaba en la cárcel, sin embargo, vivía en la presencia de Dios, consciente de su cercanía). A veces nos «desgañitamos» en los cultos pidiendo la presencia de Dios, lo cual pone de manifestó en muchos casos que no la tenemos. Pablo vivía en ella. Elías también: «Vive el Señor Dios de Israel, en cuya presencia estoy» (1 Reyes 17:1).

La expresión «te encargo» es más fuerte en el griego, dice: «te conjuro» (algunas versiones de la Biblia la usan). ¿Qué significa te conjuro? Conjurar es «ligarse con otro mediante juramento para un fin». Cuarenta judíos se habían conjurado para no comer ni beber antes de dar muerte a Pablo en Jerusalén (Hechos 23:12-14). El apóstol echa mano de una expresión que transmite la importancia que tenía para él la predicación. Debía anunciarse la palabra de Dios. No pensamientos humanos. Ni psicología. Tampoco positivismo. Ni auto estima. Ni humanismo. Ni antropomorfismo. ¡Predica la palabra! En otra ocasión dijo: «No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Corintios 4:5). Y también: «Nosotros predicamos a Cristo, y éste crucificado» (1 Corintios 1:23). Todo el libro de los Hechos de los Apóstoles contiene esta verdad esencial: predicaron la palabra, recibieron la palabra, crecía la palabra, Dios confirmaba la palabra.

Ahora bien, ¿qué significa predicar la palabra? Muchos dicen que predican la palabra, se sobresaltan enfatizando que están predicando la palabra de Dios, sin embargo, el fruto no es conforme a la doctrina de la piedad, sino conforme a nuestras propias concupiscencias, nuestros deseos y placeres. Hay que probar el mensaje. Examinarlo. La predicación puede ser fácilmente mezclada con razonamientos humanos y altivos, incluso con doctrinas de demonios. Hubo falsos profetas y habrá falsos maestros entre vosotros, dice el apóstol Pedro. Incluso Pablo sabía que al salir de Éfeso y la región donde había estado edificando a los hermanos entrarían lobos rapaces que no perdonarían el rebaño (Hechos 20:28-32). Incluso, dijo, «entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos… tened cuidado de vosotros y de toda la grey…» No solo debemos predicar la palabra sino también probar si lo que oímos se conforma a las Escrituras.

         El hombre de verdad vive lleno de la palabra. Ese es su mensaje.

HOMBRES DE VERDAD (16) – Recibe la acción de la Escritura

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Recibe la acción de la Escritura

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2 Tim.3:16, 17).

Una vez aceptada la inspiración y autoridad de las Sagradas Escrituras como base de fe y conducta, nuestras vidas quedan ligadas a la acción de la palabra misma, la cual actúa y hace su obra «en vosotros los creyentes» (1 Tes. 2:13). La palabra de Dios es vital en la vida del hombre de verdad. Le enseña, reprende, corrige, instruye, le lleva a la madurez y le equipa para toda buena obra. «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta» (Hebreos 4:12,13).

Jesús oró al Padre: «Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad» (Juan 17:17). Pablo, después de haber levantado congregaciones en cada ciudad donde predicó le evangelio, cuando marchaba, «los encomendaba a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados» (Hechos 20:32). La palabra de Dios es también una parte de toda la armadura de Dios; es la espada del Espíritu con la que podemos resistir los golpes de la mentira y el mentiroso, como hizo Jesús al ser tentado (Efesios 6:17). Por ello debemos meditarla, atesorarla, obedecerla, predicarla.

Los apóstoles de la iglesia en Jerusalén, cuando hubo quejas porque se desatendían a las viudas, «escogieron a siete hombres de buena reputación, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea». Y luego añadieron: «Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra» (Hechos 6:1-4). Además, los que habían recibido la palabra fueron bautizados, «y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración» (Hechos 2:41-42). Tal era la importancia que le dieron en la iglesia primitiva a la enseñanza de la palabra de Dios. Creyeron que actuaba en los discípulos. No predicaron sus propias imaginaciones fundamentando su mensaje en las Escrituras reveladas. Esdras nos da la síntesis del verdadero hombre de Dios en relación a su palabra. «Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor, y a practicarla, y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel» (Esdras 7:10).

         El hombre de verdad es transformado por la palabra de Dios habiendo sometido su vida a la inspiración y autoridad de las Escrituras.

HOMBRES DE VERDAD (15) – Inspiración de las Escrituras

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Cree en la inspiración de las Escrituras

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2 Tim.3:16, 17).

El hombre de verdad cree en la inspiración de las Escrituras. En esto también sigue al Maestro. Jesús creía que la ley de Moisés, los profetas y los Salmos hablaban de él por revelación divina (Lucas 24:44). Lo expuso abiertamente a los dos discípulos de Emaús, abriéndoles el entendimiento para que comprendiesen, y lo hizo de tal forma que su corazón ardía dentro de ellos cuando le escuchaban (Lucas 24:25-27,32). Jesús hablaba con autoridad la palabra de Dios. Usó las Escrituras para resistir al diablo cuando le tentó. Era un gran conocedor de las Escrituras hebreas.

Los apóstoles también creían en la inspiración de la palabra de Dios. El apóstol Pedro escribió: «Y así tenemos la palabra profética más segura, a  la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones. Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios» (2 Pedro 1:19-21).

Pablo escribió que el evangelio estaba oculto desde tiempos eternos, «pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones» (Romanos 16:25-26). Además dijo a los corintios que debían aprender en ellos, los apóstoles, a «no sobrepasar lo que está escrito» (1 Corintios 4:6). Y a los tesalonicenses que «cuando recibisteis la palabra de Dios, que oísteis de nosotros, la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis» (1 Tesalonicenses 2:13).

Le debemos al pueblo de Israel este gran tesoro que nos ha legado de parte de Dios. «¿Qué ventaja tiene, pues, el judío?… Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada a la palabra de Dios» (Romanos 3:1,2 RV60).  El hombre de Dios no se ciñe al liberalismo revisionista sino que mantiene el buen depósito que le ha sido dado. No traiciona la verdad revelada en las Escrituras sino que guarda con fidelidad lo que le ha sido encomendado.

El hombre de verdad acepta la inspiración de las Escrituras como la aceptaron los apóstoles y el mismo Jesús.

http://www.dci.org.uk/zipped/LA%20INSPIRACION%20Y%20AUTORIDAD%20DE%20LAS%20ESCRITURAS.pdf

HOMBRES DE VERDAD (14) – Conoce las Sagradas Escrituras

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Conoce las Sagradas Escrituras

… y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuáles te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús  (2 Timoteo 3:15).

Las Escrituras pueden hacernos sabios, y si esa sabiduría podemos comenzar a adquirirla desde edades tempranas mejor. «¿Con qué limpiará el joven su camino?», pregunta el salmista, «con guardar tu palabra» (Sal. 119:9). Josué escogió esperar la bajada del monte de Moisés en lugar de participar de la fiesta del becerro (Ex.32:17). Luego no se separaba de la tienda donde Dios hablaba cara a cara con Moisés, vivía cerca de la revelación de Dios (Ex 33:11). Cuando llegó el tiempo para dirigir al pueblo se le dijo: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien» (Jos.1:8). Y está escrito al final del libro que lleva su nombre: «Y sirvió Israel al Señor todos los días de Josué y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que habían conocido todas las obras que el Señor había hecho por Israel» (Jos. 24:31 LBLA).

El hombre de Dios debe ser un hombre de la palabra. Los ancianos de las congregaciones deben ser aptos para enseñar. Jesús dedicó mucho tiempo a las Escrituras desde su niñez y juventud, lo vemos en las preguntas que hacía a los doctores de la ley en el templo cuando tenía doce años; lo vemos también en el uso continuo que hizo de las Escrituras en su vida ministerial. Aprendió a discernir, desechando lo malo y escogiendo lo bueno (Is. 7:14,15). Creció y se fortaleció llenándose de sabiduría (Lc.1:40). Es bueno llevar el yugo desde la juventud (Lam. 3:27), estar atado a la verdad del evangelio. Timoteo lo había estado. La fe que habitó en su abuela Loida y su madre Eunice, también era una realidad en él (1 Tim. 1:5). Había conocido las Escrituras desde su juventud temprana. «Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él» (Pr. 22:6).

Pablo reconocía que su discípulo más aventajado era un hombre de la palabra, había seguido su doctrina y estaba preparado para transmitir la verdad del evangelio a la siguiente generación. Hoy muchos jóvenes creyentes han abandonado las Escrituras por los placeres temporales de una Play, un Smartphone, el Watshap, etc. Han cambiado la verdad de la palabra revelada y escrita por el atractivo de una imagen egipcia. El mundo visual con sus hechizos ha desplazado la meditación de las Escrituras que pueden hacernos sabios para la salvación.

         Sin embargo, el hombre de Dios y verdad vive aferrado a las Escrituras, y su carácter está formado en la sabiduría de lo alto.

HOMBRES DE VERDAD (13) – Persiste en lo que has aprendido

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Persiste en las cosas que has aprendido

Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quienes las has aprendido  (2 Timoteo 3:14).

Después de haber hecho una relación pormenorizada del carácter de los hombres en los últimos tiempos, a partir de los versículos 10 y 14 el apóstol se vuelve a Timoteo, le mira los ojos y le dice: «Pero tú», y «», persiste en lo que has aprendido. En otras palabras: a pesar del ambiente disoluto del carácter de la sociedad de los últimos tiempos, el hombre de Dios persiste en mantenerse firme en la verdad, la verdad revelada en las Escrituras. El hombre de verdad es un hombre formado por la palabra de Dios. Jesús oró: «Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad» (Juan 17:17). Y también: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:31,32). Y en otra ocasión: «Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho» (Juan 15:7).

Para poder mantenernos firmes en medio de la disolución del carácter debemos estar firmes en la Roca, anclados en la verdad, asidos de la palabra de vida, meditando en ella de día y de noche, que sea lumbrera en nuestro camino, martillo que quebranta la piedra, la que renueva nuestros pensamientos continuamente, nos ayuda a discernir el bien del mal y conoce las intenciones de nuestro engañoso corazón.

La sociedad actual, en sentido general, desprecia la Biblia. Los gobernantes se juntan contra el Señor y su Ungido diciendo: «rompamos sus ligaduras» (Salmo 2). Lo hacen promoviendo leyes impías en los parlamentos; mediante agendas mundialistas opuestas a la revelación de Dios y la ley natural. El Señor se reirá de ellos y luego los turbará con su ira. Incluso muchos predicadores niegan las Escrituras, se avergüenzan rendidos a lo políticamente correcto, porque aman más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Escogen sus pobres intereses que la verdad. Otros parecería que usan la Biblia como si fuera mágica, una forma de bibliomancia para conseguir sus deseos de forma fantástica repitiéndola como un mantra pero sus corazones están lejos del Autor.

El hombre de Dios tiene la palabra viviente en su corazón. Está firme en la verdad. Dios no cambia. El cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán. Podemos tener sueños de paja, o la palabra como trigo. Jeremías escogió la obediencia a la verdad aunque fuera impopular para su generación (Jeremías 23). Ahora Pablo le dice a Timoteo: persiste en lo que has aprendido. Te has persuadido. Forma parte de ti. Es la doctrina apostólica. No la sueltes. Hagamos lo mismo.

         Los hombres de verdad están formados por la palabra de Dios y no la sueltan. Es su predicación y su vida. Las palabras de esta vida (Hechos 5:20).

RELACIÓN DE TEXTOS SOBRE TRIBULACIÓN Y PERSECUCIÓN

Nota: Apreciados amigos de este Boletín de meditaciones.

He tenido que realizar diversas actualizaciones en mi página web, trabajo que realiza el informático que la programó, y varias de las herramientas de trabajo se han cambiado, por eso estoy haciendo algunas pruebas para poder aprender correctamente de las modificaciones que ha sufrido y cuando llegue el mes de septiembre, y retomemos los envíos, pueda estar todo otra vez funcionando correctamente.

Aprovecho y os dejo un adjunto de la meditación número 10 que hablaba sobre persecuciones.

Un saludo.

Virgilio Zaballos.

 

profile_2RELACIÓN DE TEXTOS SOBRE TRIBULACIÓN Y PERSECUCIÓN POR CAUSA DE LA PALABRA Y LA JUSTICIA EN EL  NUEVO TESTAMENTO

 

 

 

 

 

  1. Mateo 5:11-12
  2. Mateo 5:44
  3. Mateo 10:10-25
  4. Mateo 10:35-36
  5. Mateo 13:21
  6. Mateo 24:9
  1. Marcos 8:34-35
  2. Marcos 10:30
  3. Marcos 13:9
  4. Marcos 13:13
  1. Lucas 6:22
  2. Lucas 9:23-24
  3. Lucas 9:58
  4. Lucas 9:62
  5. Lucas 14:26-27
  6. Lucas 14:32
  7. Lucas 17:25
  8. Lucas 21:26
  1. Juan 7:7
  2. Juan 12:25
  3. Juan 16;2
  4. Juan 16:20,33
  5. Juan 17:14
  1. Hechos 4:3,18,21
  2. Hechos 5:18,40
  3. Hechos 7:57-60
  4. Hechos 8:1-3
  5. Hechos 9:16
  6. Hechos 9:23-25
  7. Hechos 9:29
  8. Hechos 11:19
  9. Hechos 12:1-5
  10. Hechos 13:50
  11. Hechos 14:2-6
  12. Hechos 14:19-22
  13. Hechos 16:22-24
  14. Hechos 17:5-6
  15. Hechos 18:12,17
  16. Hechos 19:23,29,33
  17. Hechos 20:3,19,23,24
  18. Hechos 21:11-13
  19. Hechos 22:4
  20. Hechos 22:19-20
  21. Hechos 23:12ss.
  22. Hechos 25:3
  23. Hechos 26:11
  24. Hechos 28:20
  1. Romanos 5:2-5
  2. Romanos 8:17-18
  3. Romanos 8:35-39
  1. 1 Corintios 4:9-13
  2. 1 Corintios 15:30-32
  1. 2 Corintios 1:4-8
  2. 2 Corintios 2:4
  3. 2 Corintios 4:7-9
  4. 2 Corintios 4:15-17
  5. 2 Corintios 6:4-10
  6. 2 Corintios 7:4-5
  7. 2 Corintios 8:2
  8. 2 Corintios 11:23-28
  9. 2 Corintios 11:32-33
  10. 2 Corintios 12:10
  1. Gálatas 3:4
  2. Gálatas 5:11
  1. Efesios 3:1,13
  2. Efesios 4:1
  3. Efesios 6:11,13,20
  1. Filipenses 1:12-14
  2. Filipenses 1:20
  3. Filipenses 1:29-30
  4. Filipenses 2:27-30
  5. Filipenses 3:10
  6. Filipense 4:14
  1. Colosenses 1:24
  2. Colosenses 4:3
  1. 1 Tesalonicenses 1:6
  2. 1 Tesalonicenses 2:2
  3. 1 Tesalonicenses 2:14
  1. 2 Tesalonicenses 1:4-5
  1. 1 Timoteo 4:9-10
  1. 2 Timoteo 1:8,12
  2. 2 Timoteo 1:15-18
  3. 2 Timoteo 2:3
  4. 2 Timoteo 2:9-12
  5. 2 Timoteo 3:10-12
  6. 2 Timoteo 4:5
  7. 2 Timoteo 4:14-18
  1. Hebreos 5:8-9
  2. Hebreos 11:24-26
  3. Hebreos 11:36-38
  4. Hebreos 12:3-4
  5. Hebreos 13:3
  6. Hebreos 13:13-14
  1. Santiago 1:2-3
  2. Santiago 1:12
  3. Santiago 5:10-11
  1. 1 Pedro 1:6-9,11
  2. 1 Pedro 2:4-5
  3. 1 Pedro 2:19-21
  4. 1 Pedro 3:14-17
  5. 1 Pedro 4:1,4-5
  6. 1 Pedro 4:12-19
  7. 1 Pedro 5:9-10
  1. 1 Juan 3:13
  1. Apocalipsis 1:9
  2. Apocalipsis 2:9,10,13
  3. Apocalipsis 3:19
  4. Apocalipsis 6:11
  5. Apocalipsis 12:11,17
  6. Apocalipsis 17:6
  7. Apocalipsis 20:2
  8. Apocalipsis 21:3,4

NOTA INFORMATIVA – Meditaciones

Hombres de verdadNOTA INFORMATIVA – Meditaciones

Hola a todos.

Quiero informaros que haré una parada estival en el envío de las meditaciones. Como sabéis en estos momentos estamos con la serie HOMBRES DE VERDAD que aún no hemos terminado, las seguiré enviando en el próximo mes de septiembre.

Mientras tanto, quiero agradeceros vuestro apoyo y amor a la verdad revelada, la que siempre conduce a la libertad verdadera. Desearos también que tengáis días de gozo y paz en comunión con el Padre y vuestra familia en toda su amplitud.

Recibid saludos cordiales.

Nos volvemos a ver en septiembre con nuevos envíos que espero sigan siendo de edificación.

En Cristo

Terrassa (Barcelona) 31 de julio de 2021

VIRGILIO ZABALLOS – España

HOMBRES DE VERDAD (12) – Sufrimientos (segunda parte)

Hombres de verdadHOMBRES DE VERDAD – Sufrimientos (segunda parte)

Pero tú has seguido mis… sufrimientos… (Padecimientos RV60) (2 Timoteo 3:10, 11 LBLA)

En su segunda carta a los corintios, el apóstol de los gentiles hace varias listas de lo que significó para él ser apóstol de Jesucristo. Deberíamos pasar por esas listas antes de auto proclamarnos con demasiada facilidad apóstoles del Maestro. Aunque me alargue en esta meditación, (los sufrimientos siempre han sido largos en el cristianismo vivo), creo que merece la pena recordar las palabras del apóstol. «Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal» (2 Corintios 4:8-11).

Más adelante, en la misma carta, y como respuesta a la osadía de quienes se exaltaban así mismos y se hacían pasar por súper-apóstoles, les dice: «¿Son servidores de Cristo? (hablo como si hubiera perdido el juicio) Yo más. En muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, a menudo en peligros de muerte. Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo. Con  frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en frío y desnudez…» (2 Corintios 11:23-27). En definitiva, «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos».

¡Cómo hemos adulterado el mensaje! Hoy parece haber una competencia en ciertas congregaciones para saber quién es más rico materialmente como señal de la bendición de Dios. Hemos sido devorados por el sistema mundano comercial; los placeres temporales del pecado brillan tanto que han oscurecido la perla de gran precio. Nos hemos entregado al lujo, el reconocimiento y la sumisión al sistema político, cultural y de las grandes corporaciones que ejercen su manipulación babilónica. Los ejemplos de Pablo y Timoteo nos muestran una verdad bien distinta. El primero le dice al segundo: «Pero tú has seguido mis sufrimientos».

         Los hombres de verdad se distinguen por la perseverancia en el sufrimiento producidos por la indiferencia del sistema mundano.