9 – LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Esperanza para la familiaLa responsabilidad individual.

Hay otro aspecto importante que tenemos que tener en cuenta cuando hablamos de la educación de nuestros hijos. Está claro que podemos educarlos correctamente y a pesar de ello tener experiencias amargas con hijos desobedientes, contumaces o rebeldes que pueden atormentar nuestra vida. Las Escrituras nos hablan claramente de nuestra responsabilidad individual, cada uno morirá por su pecado, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo. Esta verdad hay que situarla en el Nuevo Pacto, porque en las leyes dadas a Moisés en el Sinaí se decía que Dios visita el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación.

“… Porque yo soy el Señor, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Éxodo 20:5) (Comparar con Numeroso 14:18; Deuteronomio 5:9,10;  1Reyes 21:29).

Sin embargo, en el Nuevo Pacto, cada uno, individualmente, dará cuenta de sí y recibirá las consecuencias de su propio pecado. «En aquellos días (el tiempo del Nuevo Pacto) no dirán más: los padres comieron uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera; sino que cada cual por su propia iniquidad morirá, los dientes de todo hombre que coma uvas agrias tendrán dentera» (Jeremías 31:29,30). Este pasaje aparece vinculado al tema del Nuevo Pacto. Sigue leyendo y encontrarás en el versículo 33 y 34 que: «… Pondré mi ley dentro de ellos… Pues perdonaré su maldad, y no recordaré mas su pecado».

Debemos comprender que vivimos bajo las promesas del Nuevo Pacto por la sangre de Jesús, la redención final que obtuvo en el Gólgota para salvarnos por completo. La nueva línea genealógica que tenemos en el Mesías nos libra de los pecados de nuestros padres. El Nuevo Pacto está establecido sobre mejores promesas, dice el autor de Hebreos. Por tanto, tenemos que saber que hemos sido redimidos de la vana manera de vivir, heredada de los padres, con la sangre preciosa de Jesús, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación. Lo vemos también en el pasaje de Ezequiel 18:1-20 donde se enfatiza la responsabilidad individual de cada uno de nosotros ante Dios, al margen del comportamiento de nuestros hijos o padres. «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos14:12).

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