21 – LA LUCHA INTERIOR – El profeta Abdías sobre Edom (1)

Lucha interiorEl profeta Abdías sobre Edom (I)

Visión de Abdías. Así dice el Señor acerca de Edom: Hemos oído un mensaje del Señor, y un mensajero ha sido enviado a las naciones, diciendo: Levantaos y alcémonos contra él en batalla  (Abdías 1 LBLA).

En nuestro contexto religioso cuando hablamos de visiones casi siempre tienen que ver con mensajes agradables. Anunciamos visiones y sueños, en muchos casos, que engordan el ego humano, ignoran el temor de Dios y olvidan la naturaleza de pecado del hombre. Por su parte el profeta Abdías tuvo una visión devastadora para la tierra de Edom. Y no porque el profeta sea catastrofista, sino porque es el mensaje que ha oído del Señor y que debe anunciar a Edom y las naciones.

Todas las naciones se parecen mucho unas a otras en su comportamiento contra el Señor y contra su ungido (Sal. 2:1-2). En el texto del Salmo 2 se refiere al advenimiento del Mesías y la oposición que las naciones harán a su manifestación. En el caso del profeta Abdías el ungido tiene que ver con Israel y los enemigos que se le oponen. Por tanto, las naciones tienen en común su oposición a Dios, a su ungido, a su pueblo, a su tierra y a su evangelio. En realidad es todo una misma cosa: el Adversario oponiéndose, a través de los hijos de desobediencia, a la voluntad soberana de Dios para establecer su reino en la tierra. Por tanto, en Edom vemos reflejada a nuestra propia nación; y en su actitud hacia Israel la de cada uno de nosotros como manifestación del hombre carnal.

Hagamos un recorrido del juicio anunciado en este pequeño libro de la Biblia y aprendamos. Una vez más vemos que el centro de la naturaleza de Esaú se manifiesta en la soberbia de su corazón. La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? (3). Tiene su seguridad puesta en la habilidad para buscar refugios y alturas inaccesibles para sus enemigos, por tanto se siente seguro y declara con altivez que nadie podrá derribarlo.

Así es como se ve Edom, pero el profeta tiene un mensaje distinto para esta nación orgullosa: He aquí, pequeño te he hecho entre las naciones; estás abatido en gran manera (2). Otra vez la soberbia nos engaña. Nos hace creer que estamos seguros cuando en realidad vivimos al borde del precipicio. La altivez de corazón piensa y dice que no tiene necesidad de nada, pero no sabe que en verdad es miserable, pobre, ciego y está desnudo (Apc. 3:17).

         Dios no hace nada sin anunciarlo por medio de sus profetas, y está escrito que resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.

20 – LA LUCHA INTERIOR – El profeta Jeremías sobre Edom (3)

Lucha interiorEl profeta Jeremías sobre Edom (III)

Por tanto, oíd el plan [«consejo» RV60] que el Señor ha trazado contra Edom, y los designios que ha decretado contra los habitantes de Temán…  (Jeremías 49:20).

La paciencia de Dios es mayor que la nuestra. Él es paciente esperando que procedamos al arrepentimiento. Antes de ello envía su palabra para hacernos volver del error de nuestro camino y evitar las consecuencias de  nuestra resistencia a la verdad, viviendo obstinadamente aferrados a la soberbia y el orgullo que Dios resiste.

La Biblia  muestra con toda claridad que una vez superados los tiempos de ignorancia, debemos proceder al arrepentimiento. La Escritura pone de manifiesto con toda claridad que podemos traspasar los límites y entrar en la extralimitación que nos conduce a un camino sin retorno. Los profetas nos advierten una y otra vez para volver y buscar a Dios mientras pueda ser hallado. El evangelio de Jesús nos ofrece un cambio de naturaleza para regresar a la cordura del arrepentimiento y la fe en Jesús. Sin ese cambio trascendental continuaremos desarrollando la naturaleza de Esaú que nos llevará al juicio de Dios, como lo encontraron los descendientes de Edom.

El profeta Jeremías declara las consecuencias. He aquí te haré pequeño entre las naciones, menospreciado entre los hombres. Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón… de allí te haré descender… y se convertirá Edom en desolación… como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra y de sus ciudades vecinas, dice YHWH… (Jer.49:15-18). Observa que es un juicio que ya ha sido realizado en otras ciudades, las de Sodoma y Gomorra, así como en otras ciudades vecinas. Sin embargo, Edom no aprende.

El hombre obstinado en su arrogancia no puede ver ni aprender en «cabeza ajena». Como dijo Salomón: Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó (Ecl. 3:15). Y otra vez dice: ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol (Ecl. 1:9). Entonces ¿por qué el hombre moderno piensa que Dios pasará por alto su comportamiento, que no habrá consecuencias de la impiedad, y que las naciones pueden traspasar indefinidamente la ley del Rey del Universo? El profeta responde: Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón (Jer.49:16). Ese fue el pecado de Esaú y es el nuestro hoy.

         Si desechamos al que habla desde el cielo no queda más que una expectación de juicio que nos ha de devorar (Hebreos 10:27).

19 – LA LUCHA INTERIOR – El profeta Jeremías sobre Edom (2)

Lucha interiorEl profeta Jeremías sobre Edom (II)

Por tanto, oíd el plan [«consejo» RV60] que el Señor ha trazado contra Edom, y los designios que ha decretado contra los habitantes de Temán…  (Jeremías 49:20 LBLA).

Cuando venimos a las Escrituras de los profetas, la Torah, los Salmos y los escritos de los apóstoles, debemos saber que estamos entrando en la soberanía de Dios expresada en su palabra revelada. No venimos para encontrar apoyo a nuestros razonamientos, sino para aceptar el consejo de Dios, todo el consejo de Dios, diría Pablo. Y una parte de ese consejo son juicios.

Pretender ver en la Biblia solo amor, bondad y misericordia es engañarse a sí mismo. El propósito de Dios incluye juicios sobre los impíos, sobre aquellos que resisten su voluntad, y sobre las naciones que se oponen a su soberanía. Hay también un juicio sobre el hombre carnal, porque los que viven según la carne no pueden agradar a Dios, y su destino es la separación de Dios eternamente. Las obras de la carne serán juzgadas y aquellos que las practican no pueden heredar el reino de Dios (Gá. 5:19-21).

Esaú es el representante del hombre carnal. El profeta Jeremías declaró el juicio de Dios sobre la descendencia de Edom. Ese juicio vino como consecuencia de la arrogancia y la soberbia manifestada en múltiples ocasiones. Dios resiste a los soberbios, y da gracia  a los humildes. No es nada nuevo. El Señor es el mismo y no cambia. Se anuncia un tiempo de quebrantamiento y castigo (49:8). Será desnudado (49:10) y descubiertos sus escondrijos, no podrá esconderse, será destruido y dejará de ser.

Así es también el destino del hombre opuesto al Eterno. Las obras de cada uno serán expuestas; los que han edificado sobre paja, heno y hojarasca el fuego destruirá su obra, está anunciado. Podemos escondernos un tiempo, ignorar las consecuencias de nuestros actos como si no tuviéramos que dar cuenta a nadie, pero el día llega como le llegó a Edom. El juicio ha sido decretado (Sal. 149:6-9).

Porque por mí he jurado —declara el Señor— que Bosra [ciudad de Edom] será motivo de horror, de oprobio, de ruina y de maldición; todas sus ciudades [las del reino de Edom] se convertirán en ruinas perpetuas (Jer. 49:13 LBLA). Y el día llegó para los descendientes de Esaú; como llegará para todos aquellos que eligen la soberbia del hombre carnal en oposición a la humildad del hombre nacido del Espíritu.

         No debemos engañarnos, todo lo que el hombre siembra, eso siega. Esaú lo cosechó y el juicio está decretado para todos aquellos que eligen su naturaleza soberbia.

18 – LA LUCHA INTERIOR – El profeta Jeremías sobre Edom (1)

Lucha interiorEl profeta Jeremías sobre Edom (I)

Por tanto, oíd el plan [«consejo» RV60] que el Señor ha trazado contra Edom, y los designios que ha decretado contra los habitantes de Temán…  (Jeremías 49:20).

Los profetas de Israel hablaron de parte del Dios de Israel. Su palabra es eterna. Permanece en los cielos para siempre y es enviada a la tierra cumpliendo el propósito para el cuál ha sido enviada. Mucho del mensaje de los profetas era dirigido al pueblo de Israel, el pueblo del pacto y las promesas, pero también profetizaron sobre las naciones vecinas emitiendo sus juicios. No era el juicio del profeta, era y es el consejo decretado en el trono de Dios. Ese consejo tiene que ver en muchos casos con un juicio decretado sobre diversas naciones y pueblos.

En este capítulo del profeta Jeremías hay un juicio sobre el pueblo de Edom, es decir, Esaú, o el monte Seir. La profecía bíblica, en sentido general, contiene al menos dos dimensiones de interpretación, una literal y física que no debemos olvidar, y otra espiritual que tiene un alcance más amplio, aunque en ningún caso se opone la una a la otra, sino que se complementan.

En el tema que estamos tratando no debemos ignorar el sentido literal de la profecía, aunque vayamos más allá y veamos en la analogía de Jacob y Esaú un conflicto interno que surge en el mismo seno familiar. Dicho esto, debemos saber que Dios decretó un juicio sobre Edom y las ciudades más importantes de su territorio como eran Temán, Dedán y Bosra. Me paro sobre la de Temán porque era reconocida como una ciudad con habitantes sabios, aunque en este tiempo habían perdido la sabiduría. ¿No hay sabiduría en Temán? ¿Se ha perdido el consejo de los prudentes? ¿Se ha corrompido su sabiduría? (Jer. 49:7). Precisamente uno de los «amigos» de Job (Elifaz temanita) venía de esta ciudad (Job 2:11).

Pues bien, esta sabiduría carnal, procedente de los descendientes de Esaú, tiene un  alcance temporal y perecedero. La sabiduría de Temán termina en soberbia humana opuesta a Dios. Es terrenal, natural y diabólica, está llena de celos y ambición personal, y miente contra la verdad (Stg. 3:13-16). Por su parte la sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura, pacífica, amable, llena de  misericordia y buenos frutos (Stg. 2:17). Sobre Edom pende un juicio decretado que alcanza a todas sus ciudades.

         Hay dos consejos opuestos entre sí, uno proviene de Esaú y su naturaleza; el otro es decretado por Dios desde su trono. Estos dos se oponen entre sí y debemos saber escoger.

17 – LA LUCHA INTERIOR – El juicio de Dios sobre Edom

Lucha interiorEl juicio de Dios sobre Edom

Porque mi espada está embriagada en el cielo, he aquí, descenderá para hacer juicio sobre Edom y sobre el pueblo que yo he dedicado a la destrucción. La espada del Señor está llena de sangre… porque el Señor tiene un sacrificio en Bosra, y una matanza en la tierra de Edom  (Isaías 34:6).

Esta establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Hebreos 9:27). La Biblia no es un compendio de palabras bonitas nada más. En sus páginas encontramos la revelación de Dios y su carácter. Dios es misericordioso, pero no tendrá por inocente al culpable. Hay un día fijado en el cuál Dios juzgará a todos los hombres y todas las naciones, por medio de un hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos (Hch.17:30-31).

Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo y seremos juzgados conforme a mi evangelio, decía Pablo (Ro.2:16). Hay un día señalado para el juicio a las naciones también. Los profetas de Israel lo anunciaron una y otra vez. Hoy preferimos ignorarlos y quedarnos con los mensajes aguados de predicadores de pensamiento positivo. Pero está escrito que tenemos la palabra profética más segura, a la cual debemos estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro. No podemos escoger de la Escritura los pasajes que nos hacen sentir bien para realizar nuestros «sueños», y olvidar las advertencias proféticas que nos hablan de nuestro engañoso corazón.

El profeta Isaías dice que la espada del Señor está llena de sangre, el Señor tiene un sacrificio en Bosra, una de las ciudades importantes del reino de Edom. En la tierra de Edom habría una gran matanza. El reino edomita quedaría destruido por completo y toda clase de animales harían su morada en él.

Juan revela en Apocalipsis el día de la ira de Dios y del Cordero. La llegada del reino mesiánico establecerá la justicia en la tierra. Las naciones y sus reyes quedarán expuestos ante su maldad, y Dios juzgará toda obra de la carne. La naturaleza pecaminosa de Esaú está destinada para el fuego. Tiene fecha de caducidad. La sangre de los mártires será juzgada. La sangre de los inocentes clama delante del trono de Dios, como lo hizo la sangre de Abel. La paga del pecado es muerte. Todo lo que el hombre siembra eso siega.

Todos aquellos que viven según la carne, entregados a pasiones desordenadas, esclavos de deleites diversos, que tienen apariencia de piedad pero niegan su eficacia, serán entregados a la espada del Señor. Jesús dijo: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

         Hay un día para el juicio de Edom y todos los que viven en su tierra; como hay un día cuando el lucero de la mañana aparecerá en nuestros corazones y nos gozaremos con gozo inefable y glorioso.

16 – LA LUCHA INTERIOR – Las obras de la carne de Edom

Lucha interiorLas obras de la carne de Edom

Así dice el Señor: Por tres transgresiones de Edom, y por cuatro, no revocaré su castigo, porque con espada persiguió a su hermano, y suprimió su compasión; su ira continuo despedazando y mantuvo su furor para siempre (Amós 1:11-12)

El profeta Amós es uno de los diversos profetas de Israel que emiten el juicio de Dios contra Edom. En este pasaje podemos ver algunas de las características de la naturaleza pecaminosa de este pueblo. El carácter violento, dedicado a la guerra, sin compasión, lleno de ira perpetua y un furor para siempre. Enemigos todos ellos con los que cada ser humano tiene que combatir en algún momento de nuestra historia.

Pablo enseña en sus cartas que debemos alejarnos de nuestra vieja manera de vivir, cuando andábamos en la vanidad de nuestra mente, entenebrecido el entendimiento, excluidos de la vida de Dios, endurecidos de corazón, insensibles, entregados a la sensualidad, hablando mentiras, robando, saliendo de nuestra boca palabras corrompidas, dando lugar al diablo, resistiendo al Espíritu (Efesios 4:17-30). Y culmina así: Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Ef.4:31). Aquí tenemos la misma naturaleza de Esaú/Edom.

El profeta Amós nos dice que Dios no tolerará más el pecado de Edom y envía su juicio para depurarlo. Los apóstoles han anunciado el juicio de Dios sobre el hombre caído, su muerte en la cruz del Calvario. Y los que andan según la carne no pueden agradar a Dios; la mente puesta en la carne es  muerte (Ro.8:8,6).

Esaú dirigió su maldad hacia su hermano Israel. Buscó en sus parientes el objeto de su ira y el destino de su furor, ¿por qué? porque anidaba en su corazón la amargura ancestral heredada de los padres. La ira y el odio acumulado por generaciones, en familias o pueblos, dan lugar a manifestaciones de violencia inusitada en ciertos momentos. Lo vemos hoy en el enfrentamiento árabe-israelí; lo vemos en el odio nacionalista y separatista; lo vemos en las rivalidades étnicas y el odio al extranjero, lo estamos viendo en Ucrania.

Edom está muy cerca de nosotros. Esaú ha invadido nuestro corazón con su falta de compasión. Estamos atrapados en amarguras hereditarias que engendran contaminación por donde quiera que pasan. Necesitamos la voz del profeta y el apóstol para emitir el juicio contra Edom, −el viejo hombre−, y vestirnos del nuevo por la resurrección de Jesús, el postrer Adán.

         Despojémonos del viejo Esaú, y vistámonos del nuevo hombre creado en Cristo en justicia y santidad de la verdad.

15 – LA LUCHA INTERIOR – Los enemigos de Israel

Lucha interiorLos enemigos de Israel

Hacen planes astutos contra tu pueblo, y juntos conspiran contra tus protegidos. Han dicho: Venid, y destruyámoslos como nación, para que ya no haya memoria del nombre de Israel. Porque de corazón han conspirado a una; hacen pacto contra ti: las tiendas de Edom y de los ismaelitas… y Amalec  (Salmos 83:3-7).

La Biblia tiene dos planos, uno físico y otro espiritual. Hay dos tipos de batalla, una física, que vivió y vive de forma literal Israel; y otra espiritual en la que combate la iglesia del Señor. Hay una Jerusalén terrenal y otra celestial. Una tierra física donde Dios establece su lugar de manifestación en el templo, y otra en el plano espiritual por el Espíritu de Dios. Las dos se complementan, forman parte del mismo propósito de Dios en dos vertientes: una física y otra espiritual.

Israel tiene enemigos físicos: las naciones que la rodean. La iglesia tiene enemigos espirituales que operan a través del ámbito natural. Las armas de Israel han sido y son armas convencionales, las de la iglesia son armas espirituales para luchar en el ámbito del Espíritu. Estas dos verdades las tenemos por toda la Escritura.

Israel tuvo enemigos, y los tiene, que quieren destruirla, conspiran contra ella, quieren borrar su nombre del mapa, es una espina en un territorio dominado por el Islam a día de hoy. En el salmo 83 encontramos una serie de naciones que tienen un propósito común: la destrucción de Israel. A la cabeza de esas naciones se encuentra Edom y los ismaelitas, ambos descendientes de Abraham, hijos de la carne, no de la promesa ni de la elección soberana de Dios.

Curiosamente todas las naciones mencionadas en este salmo tienen hoy algo en común: son musulmanas y enemigas de Israel. Tienen, a pesar de sus múltiples divisiones y rivalidades, un factor común: su odio a Israel.

La iglesia ha cometido históricamente un error grave, ha pensado que los enemigos de Israel no tienen nada que ver con ella. Sin embargo, si somos descendientes de Abraham por la fe en el Mesías, compartimos una misma herencia, una misma esperanza y también un enemigo común.

El diablo ha venido a matar, robar y destruir, y lo hace a través de la descendencia de Esaú, de los ismaelitas o los amalecitas, una naturaleza opuesta a la voluntad de Dios; hijos de ira, diría Pablo. Todos nosotros hemos heredado esa naturaleza, pero en Cristo hemos sido regenerados. Ahora somos injertados en Israel, sus pactos y promesas, por tanto, compartimos enemigos, los enemigos de la voluntad de Dios en la tierra.

         Los enemigos de Israel son también los nuestros. Usemos las armas espirituales para combatir a favor del advenimiento del reino mesiánico.

14 – LA LUCHA INTERIOR – El reino y los reyes de Edom

Capítulo 2

EDOM ENEMIGO DE ISRAEL

  1. El reino y los reyes de Edom (Génesis 31,43).
  2. Los enemigos de Israel (Salmos 83:3-7).
  3. Las obras de la carne de Edom (Amós 1:11-12)
  4. El juicio de Dios sobre Edom (Isaías 34:6).
  1. El profeta Jeremías sobre Edom (I) (Jeremías 49:20).
  2. El profeta Jeremías sobre Edom (II) (Jeremías 49:20 LBLA).
  3. El profeta Jeremías sobre Edom (III) (Jeremías 49:20).
  1. El profeta Abdías sobre Edom (I) (Abdías 1 LBLA).
  2. El profeta Abdías sobre Edom (II) (Abdías 10 LBLA).
  3. El profeta Abdías sobre Edom (III) (Abdías 15 LBLA).
  4. El profeta Abdías sobre Edom (IV) (Abdías 17,21 LBLA).
  1. El profeta Ezequiel sobre Edom (I) (Ezequiel 25:12-14 LBLA).
  2. El profeta Ezequiel sobre Edom (II) (Ezequiel 35:1-5 LBLA).
  3. El profeta Ezequiel sobre Edom (III) (Ezequiel 35:6 LBLA).
  4. El profeta Ezequiel sobre Edom (IV) (Ezequiel 35:10 LBLA).
  5. El profeta Ezequiel sobre Edom (V) (Ezequiel 35:12 LBLA).
  6. El profeta Malaquías sobre Edom (Malaquías 1:4 LBLA).

 

Lucha interiorEl reino y los reyes de Edom

Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de que rey alguno reinara sobre los hijos de Israel… Estos son los jefes de Edom, es decir, Esaú, padre de los edomitas, según sus moradas en la tierra de su posesión   (Génesis 31,43).

Si Esaú representa el reinado de la carne, en este texto vemos que es anterior al reinado davídico. Esaú fue reino antes que Israel. Nacemos bajo el gobierno de un rey edomita, hijo de la carne, y necesitamos un traslado al reino de su amado Hijo Jesús. Es lo que nos dice el apóstol de los gentiles en Colosenses 1:13.

Esaú está opuesto a Dios pero mantiene un reino. Dios le permitió poseer el monte Seir, donde se establecieron de manera inexpugnable hasta la caída del juicio de Dios. Se dice que Petra, la ciudad jordana, famosa por su excavación en la roca, formaba parte del reino de Edom. Creyeron ver en ella una fortaleza inexpugnable, lo cual les hizo soberbios de tal forma que pensaron que ni el Dios de Israel podría derribarlos. La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que habitas en las hendiduras de la peña, en las alturas de tu morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará por tierra? Aunque te remontes como el águila, y aunque entre las estrellas pongas tu nido, de allí te derribaré, declara el Señor (Abdías 3,4).

Edom ya era reino cuando Israel iba de camino a heredar la promesa de la tierra de Canaán. Moisés envió mensajeros al rey de Edom para que pudieran pasar por su territorio, pagando los gastos ocasionados, pero no se lo permitieron. La naturaleza de Esaú se impuso: Por tu espada vivirás (Gn. 27:40). La violencia y falta de compasión era su hábitat natural. No permitió a Israel pasar por su tierra, por lo que tuvieron que dar un gran rodeo (Núm. 20:14-21). Mantuvo el enojo, el rencor y la violencia. Habían pasado muchos años desde la enemistad de Esaú hacia Jacob, pero el rencor seguía vivo en sus descendientes. No hay reconciliación posible entre la carne y el Espíritu. Estos se oponen entre sí.

La historia de Israel nos muestra también que en ciertas ocasiones se dejaron contaminar por las formas, hábitos y sistemas de la naturaleza de Esaú. Llegado el momento pidieron un rey para ser igual que las naciones vecinas. De la misma manera, los creyentes carnales dejan que gobierne sus vidas las pasiones de la carne. La historia de la iglesia no es mejor que la historia de Israel. Ambas tienen aspectos comunes. Los gálatas comenzaron por el Espíritu, tras la predicación de Pablo, y se volvieron a los viejos rudimentos de la naturaleza edomita.

         El hombre nuevo pertenece al reino de Dios y no debe imitar a Esaú.

13 – LA LUCHA INTERIOR – Vidas paralelas

Lucha interiorVidas paralelas

Estas son las generaciones de Esaú, es decir Edom. Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán… Y habitó Esaú en la región montañosa de Seir; Esaú es Edom…   (Génesis 36:1,2,8).

En la Biblia tenemos la historia de la salvación. Ese proceso histórico tiene lugar en el seno de una familia: Abraham y Sara; en la formación de un pueblo: Israel; y una tierra: Eretz Israel, donde se cumplen los propósitos de Dios para revelar a su Hijo y traer salvación a todas las familias y naciones de la tierra. Los autores bíblicos, coordinados por el Espíritu Santo, van siguiendo la descendencia o simiente de Abraham hasta desembocar en el cumplimiento del tiempo, el advenimiento del Mesías y el plan de redención manifestado a través del evangelio para luz de todas las naciones.

En la familia de Abraham y Sara también hay otros descendientes que no son parte de la promesa de Dios. Uno de los más relevantes es Esaú (nieto de Abraham), que vivió separado de su hermano Jacob, pero lo suficientemente cerca para manifestar una naturaleza opuesta al portador de las promesas.

Jacob y Esaú son vidas paralelas en gran parte de la Escritura. Opuestos entre sí. Enemigos. Con intereses distintos. La soberanía de Dios los separó. Ambos reciben herencia. Esaú recibió el monte de Seir. En el capítulo 36 de Génesis se nos da su genealogía. También se llama Edom, que significa rojizo, el color del guisado por el que menospreció la primogenitura (Gn.25:30,31). Tomó mujeres idólatras de las hijas de Canaán. En todo ello vemos una naturaleza opuesta a la voluntad de Dios.

Pues bien, el rencor de Edom hacia Jacob se perpetuó en sus descendientes. Sus hijos heredaron el pecado de su padre y se afirmaron en él. Encontramos los descendientes de Esaú, el reino de Edom, en muchos momentos de la historia del pueblo de Israel. Los profetas de Israel pronunciaron el juicio de Dios sobre Esaú, que finalmente desapareció de la historia, aunque su naturaleza de odio a Israel se ha mantenido en otros pueblos vecinos que han vivido cerca de Israel.

El espíritu de Esaú ha llegado hasta nuestros días, lo encontramos en dos vertientes, una física, contra la restauración de Israel en su tierra; y otra espiritual, contra la iglesia de Dios para impedir el avance del evangelio a las naciones. Haremos un recorrido del desarrollo del carácter de Esaú en próximas meditaciones.

         Israel tuvo y tiene un Esaú opuesto a su restauración. La iglesia lo tiene en el hombre carnal, opuesto a ser transformado a la semejanza de Cristo.

12 – LA LUCHA INTERIOR – El temor a Esaú

Lucha interiorEl temor a Esaú

Líbrame, te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque yo le tengo miedo, no sea que venga y me hiera a mí y a las madres con los hijos  (Génesis 32:11).

Esaú es un tipo de la vida carnal, el hombre viejo, el que se opone a Dios y sus designios. Es enemistad contra Dios. No puede agradarle. Dios aborrece a Esaú. Nosotros también debemos aborrecer la ropa contaminada por su carne (Jud.23).

Esaú menosprecia la herencia de Dios, se une con la idolatría a través de matrimonios con mujeres idólatras; trae dolor a la casa de sus padres por la desobediencia; es violento y vive por su espada, −de sus propios recursos carnales−; le puede el rencor al sentirse engañado por su hermano, aunque antes él mismo ha menospreciado la primogenitura, y se consuela con el deseo de matarle para satisfacer sus apetitos homicidas. Todo ello hace que su hermano huya de su presencia y ahora le atemorice volver a encontrarse con él.

Jacob, por su parte, ha estado muchos años lejos del hogar, ha tenido que vivir apartado, huir de su familia para quedar lejos del alcance homicida. Ha vivido como extranjero y experimentado una transformación de su carácter que le hace muy distinto a la persona que era cuando partió de su casa.

Podemos vivir un tiempo lejos del poder del hombre carnal, pero llegará el día cuando tendremos que volver a encontrarnos con él. Ese día, como Jacob, habremos aprendido a temerle, no por miedo a su persona, sino por no fiarnos de nosotros mismos. Buscaremos a Dios con todo nuestro corazón para que nos libre de Esaú y podamos prevalecer sobre la carne.

La lucha interior será fuerte un tiempo, pero llega el día cuando la transformación de Jacob, −no la de Esaú−, nos colocará en posición de superar a este enemigo constante. Podemos avanzar hacia la heredad pero no evitaremos otros peligros y conflictos; tendremos cerca a Esaú rondando por el territorio donde nos movemos, pero hemos aprendido a buscar a Dios, levantar su altar, depender de su gracia y soberanía.

Temer a Esaú nos quiere enseñar que siempre estaremos en situación de encontrarnos con el viejo hombre, aprendiendo que el temor de Dios nos librará de todo temor de hombres. La vida de oración será una necesidad vital para encontrar recursos espirituales y vencer, sin caer en la tentación. Velad y orad para que no entréis en tentación. A la verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.

         El proceso de lucha interior que representan Esaú y Jacob nos debe conducir al temor de Dios para vivir lejos del temor del hombre.