56 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La iglesia en Antioquia (1)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa iglesia en Antioquia de Siria (I)

… porque era un hombre bueno [Bernabé], y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. Y Bernabé salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo; y cuando lo encontró, lo trajo a Antioquia. (Hechos 11:24-26).

La persecución desatada a la muerte de Esteban hizo posible que el evangelio se extendiera más allá de Jerusalén. De esta forma llegaron a Antioquia hermanos que predicaban la palabra pero solo lo hacían a los judíos. Pero hubo algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, que al llegar a esta importante ciudad siria, hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús. Ni siquiera se mencionan sus nombres, eran hermanos anónimos, pero la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Una vez más la noticia llegó a oídos de la iglesia en Jerusalén, tomando la decisión de enviar a Bernabé para ver que ocurría en Antioquia.

Meditemos. La persecución desatada a la muerte de Esteban dispersó a los creyentes de Jerusalén que llevaron la palabra a nuevas ciudades. Aún prevalecía la idea de predicar solo a judíos, pero hubo algunos «innovadores y emprendedores» que decidieron predicar también a los griegos. La sorpresa fue que el Señor confirmó ese testimonio y muchos se convirtieron. De esta forma surgió la iglesia en Antioquia de Siria, una iglesia clave en la extensión del evangelio en el primer siglo. Al poco tiempo apareció Bernabé, enviado por la iglesia de Jerusalén, un hombre bueno, dice el texto bíblico, lleno del Espíritu Santo y de fe.

Fíjate que cuando la iglesia tiene que enviar hermanos a realizar una misión siempre envía a personas llenas del Espíritu, esa es la señal de identidad básica y fundamental. Cuando llegó Bernabé a Antioquia y vio lo que estaba ocurriendo entendió que la gracia de Dios estaba derramada ampliamente; se regocijó y animó a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor. Luego salió para Tarso a buscar a Saulo, y ambos se afincaron por un tiempo en  la nueva congregación surgida en la provincia de Siria.

Aquí tenemos el origen de una iglesia misionera. Me llama la atención que fue fundada por creyentes anónimos que aceptaron la tutela de la iglesia de Jerusalén, se sometieron al buen hacer de Bernabé, hombre lleno del Espíritu, y que junto con Saulo y otros formarían un núcleo maduro y sólido en la fe para llevar el evangelio a otras naciones. Había un denominador común en las congregaciones que iban surgiendo en el primer siglo, todas ellas tenían un componente carismático muy marcado, dependían claramente del Espíritu.

         La congregación de Antioquia surgió por la obediencia de un puñado de hermanos con una visión no exclusivista ni partidista del evangelio.

55 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Reproches y explicaciones (2)

La vida en el Espíritu - MeditacionesReproches y explicaciones de Pedro (II)

Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder estorbar a Dios? Y al oír esto se calmaron, y glorificaron a Dios, diciendo: Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida  (Hechos 11:17-18).

Recordemos la secuencia. Pedro está dando explicaciones a un grupo de hermanos judíos de la congregación de Jerusalén que eran celosos de la circuncisión y todo lo que ello significaba, una de ellas era que un judío no podía entrar a comer con gentiles, y Pedro lo había hecho. El apóstol, como buen judío y conocedor de los argumentos que presentaban sus hermanos, así como los prejuicios que él mismo había tenido cuando tuvo el éxtasis en el que se le pedía que comiera animales inmundos, se dispuso a dar las explicaciones oportunas, contando todo el suceso en su desarrollo. ¡Qué buena manera de tratar un asunto complejo y sensible para la mentalidad de la época!

Pues bien, el argumento de mayor peso que presentó el apóstol fue que Dios había dado su aprobación derramando el Espíritu Santo de la misma forma en que ellos mismos lo habían experimentado el día de Pentecostés, incluidos los celosos guardadores de la circuncisión. «Si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para estorbar a Dios?».

De lo que podemos deducir que en otras ocasiones el hombre religioso sí puede ser un estorbo para Dios. En este caso Pedro no lo fue, se retiró a un lado y dejó obrar a Dios. Y no solo él, sino que los mismos judíos que habían comenzado reprochándole su entrada en aquella casa de gentiles se rendían a la evidencia y se calmaron, glorificaron a Dios y exclamaron lo que aún no había entrado en sus mentes exclusivistas: «Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida». Fin de la discusión. Aceptaron el testimonio del Espíritu Santo en la vida de los gentiles.

Meditemos. Estos hermanos, celosos de sus doctrinas y tradiciones, se sujetaron al Espíritu de Dios. Además comprendieron que la obra del Espíritu Santo incluía el arrepentimiento para vida. Por tanto, el primer episodio de penetración del evangelio a los gentiles quedó aceptado en la congregación de Jerusalén.

         Si el Espíritu de Dios dirige la iglesia y sometemos nuestras tradiciones a su autoridad tendremos avances del reino de Dios en las naciones.

54 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Reproches y explicaciones (1)

La vida en el Espíritu - MeditacionesReproches y explicaciones de Pedro (I)

Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de las palabras del Señor, cuando dijo: «Juan bautizo con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo»  (Hechos 11:15-16).

Todas las experiencias carismáticas genuinas tienen una doble vertiente. Por un lado nos gozamos en ellas, transforman nuestras vidas haciéndonos más eficaces en la extensión del reino de Dios; y por otro, siempre surge la oposición, en este caso no de fuera, sino de dentro, de la misma congregación. Así ocurrió en el caso del apóstol Pedro y a lo largo de la historia de la iglesia hasta nuestros días.

Antes de nada debo decir que una cosa es estar en medio de la obra de Dios, participar de ella, y otra, en ocasiones muy distinta, oír de lejos lo que ha ocurrido en cierto lugar. Es muy llamativo en este episodio que el mismísimo apóstol Pedro, uno de los tres pilares de la congregación en Jerusalén, tuviera que afrontar los reproches de sus hermanos judíos en la capital jerosolimitana.

Meditemos. No había un liderazgo piramidal en la iglesia primitiva, en tal caso Pedro no hubiera sido interpelado para dar explicaciones de lo ocurrido en casa de Cornelio. El fondo de la cuestión eran los prejuicios y tradiciones judías que aún prevalecían en la congregación de Jerusalén a pesar del día de Pentecostés, de los milagros y el avance del reino en ese tiempo. Pedro tuvo que explicar por qué había entrado en casa de incircuncisos y había comido con ellos, siendo que un judío no podía hacerlo sin quedar inmundo. «Entonces Pedro comenzó a explicarles en orden lo sucedido…».

Con toda paciencia, el apóstol contó de forma pormenorizada los sucesos que desembocaron en la predicación del evangelio en casa de aquel centurión romano. Los judíos celosos de la circuncisión escucharon con atención y en un momento dado, Pedro les dijo: «Cuando comencé a hablar el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio». Esa era la señal que justificaba todo el episodio.

La prueba de que Pedro no había obrado con ligereza, (le costó a él mismo comprender lo que había sucedido), y la evidencia de que Dios había derramado el Espíritu como en el día de Pentecostés, fue lo que puso fin a aquella discusión. Pedro se acordó que Jesús había hablado del bautismo del Espíritu Santo y que ahora lo identificaba con el derramamiento que había tenido lugar en casa de Cornelio. Los gentiles también habían sido bautizados en el Espíritu Santo y eso cerraba toda discusión.

         El testimonio del Espíritu debe prevalecer sobre los prejuicios religiosos.

53 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La predicación de Pedro (5)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa predicación de Pedro en casa de Cornelio (V)

Entonces Pedro dijo: ¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo  (Hechos 10:47-48).

Después de un tiempo cuando el don del Espíritu Santo había sido derramado sobre los gentiles de la casa de Cornelio, hablando en nuevas lenguas y exaltando a Dios con libertad, Pedro tomó la palabra nuevamente para seguir adelante con el proceso de todo discipulado. Les habló del bautismo. Las condiciones se habían dado, habían oído el mensaje del evangelio muy atentamente, habían sido llenos del Espíritu y ahora tocaba el bautismo en agua. Fijémonos que el orden varía en las distintas experiencias que vamos viendo en el libro de los Hechos.

En Pentecostés el orden fue este: Pedro predicó el arrepentimiento, luego dijo que se bautizaran y que recibirían el don del Espíritu Santo (Hch.2:38). En Samaria el orden fue: Felipe predicó el evangelio, creyeron, se bautizaron y vinieron los apóstoles para orar por los que habían recibido la palabra para que recibieran el Espíritu Santo (Hch.8:12-17). El caso del eunuco fue así: Venía de Jerusalén de una fiesta judía leyendo el libro del profeta Isaías. Felipe le predicó el evangelio desde la Escritura que estaba leyendo, luego le bautizó y no se menciona nada sobre el recibimiento del don del Espíritu Santo, aunque se dice que siguió gozoso su camino, y sabemos que el gozo es fruto del Espíritu (Hch. 8:35-39). En casa de Cornelio el orden fue el siguiente: Pedro predicó el evangelio, se derramó el Espíritu Santo sobre los que oían y después fueron bautizados.

En todos los casos el bautismo fue rápido. El proceso era seguido. Estas distintas secuencias deben enseñarnos que hay diversos factores que deben estar presentes en toda evangelización. Los elementos comunes son estos: predicación del evangelio, que incluye el arrepentimiento, recibir la palabra, ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo con diversas manifestaciones, las que hemos visto son: hablar en nuevas lenguas, magnificar y exaltar a Dios, el gozo de la salvación.

En todos ellos está presente la obediencia a la palabra, premisa básica para la acción del Espíritu Santo, porque el Espíritu confirma la palabra y esa palabra tiene el nombre de Jesús como aspecto nuclear de su mensaje. Pedro dice: «Han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros». Hubo experiencias comunes en los 120 del Aposento Alto y los reunidos en la casa de Cornelio que confirmaron a Pedro la obra de Dios en todo lo sucedido con estos primeros gentiles. Pero pronto surgirían dificultades y el apóstol tendría que dar algunas explicaciones.

         Por dos o tres testigos se decidirá todo asunto.

52 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La predicación de Pedro (4)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa predicación de Pedro en casa de Cornelio (IV)

Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios  (Hechos 10:45,46).

¡Y se armó el revuelo! Tenemos una casa llena de gentiles que acaban de oír la palabra del evangelio en boca del apóstol Pedro, un mensaje bien centrado en la persona de Jesús; el Espíritu Santo lo confirma derramándose sobre todos los presentes que oían atentamente; y de repente, como en el día de Pentecostés, comienzan a hablar en nuevas lenguas y a exaltar a Dios. Todo esto sin que Pedro hubiera terminado de predicar; el culto fue alterado, el final imprevisto, el predicador tuvo que apartarse a un lado y dejar que fluyera la obra del Espíritu. Ambos trabajaban juntos. El Espíritu de Dios y el discípulo del Señor. Me seréis testigos, había dicho Jesús. Daréis testimonio juntos, vendrá el Consolador, el Espíritu de verdad que no hablará por su propia cuenta, sino que revelará a Jesús y le dará a conocer. ¡Qué fácil y que difícil a la vez! Pero entremos en la escena, veamos lo que ocurre.

Tenemos, por un lado, a los gentiles amigos y familiares de Cornelio disfrutando de una experiencia gloriosa hablando en lenguas y exaltando a Dios. Por otro, encontramos a los creyentes (recuerda, eran creyentes) de la circuncisión (es decir, judíos de Jerusalén que creían en el Mesías) asombrados, perplejos, luchando seguramente con pensamientos preconcebidos y que no encajaban con su idea exclusivista de ser portadores únicos del don del Espíritu. Habían venido con Pedro. Estaban contentos de predicar el evangelio a los gentiles pero nunca imaginaron que Dios llegaría tan lejos.

Meditemos. «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor» (Is.55:8,9). Sin embargo no se opusieron. Fueron sorprendidos, sí, pero no resistieron la obra del Espíritu aunque no entendían todo lo que estaba pasando. Preguntémonos, ¿cómo supieron que era el don del Espíritu Santo lo que se había derramado? Y vayamos al texto para ver la respuesta: «porque les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios». Hablar en lenguas como resultado de recibir el don del Espíritu Santo no era solo para el día de Pentecostés, también para los gentiles de la casa de Cornelio, «para los que están lejos, para todos cuántos el Señor nuestro Dios llamaré» (Hch.2:39). Así lo entendió Pedro cuando tuvo que explicar lo sucedido (Hch.11:15).

         El don del Espíritu Santo fue derramado en casa de Cornelio como el día de Pentecostés en Jerusalén.

51 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La predicación de Pedro (3)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa predicación de Pedro en casa de Cornelio (III)

Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje  (Hechos 10:44).

La predicación de Pedro estuvo focalizada sobre la persona de Jesús, y el Espíritu Santo iba a dar testimonio juntamente con el apóstol tal y como les había enseñado el Maestro. «Cuando venga el Consolador, a quién yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, El dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio» (Jn.15:26,27).

Pedro había dicho que «este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. De este dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados». Una vez dicho esto y sin que Pedro hubiera acabado el discurso irrumpió el Espíritu Santo derramándose sobre todos los que escuchaban el mensaje. Aquí tenemos la combinación de los factores decisivos en toda evangelización. Hemos tenido oración, la oración de Cornelio y la de Pedro. Vimos cómo el Espíritu de Dios se movió para conectar a ambos de una manera sobrenatural. Era necesario anunciar el evangelio por uno de los testigos del mensaje que ahora escuchaban los gentiles por primera vez. Cuando todos esos componentes convergieron en un punto el Espíritu Santo fue derramado como en el día de Pentecostés.

Meditemos algunas cosas. Me llama la atención que el Espíritu Santo vino sobre todos los que escuchaban el mensaje. Oír la palabra, recibir la palabra y recibir el Espíritu Santo otra vez juntos. Palabra y Espíritu siempre unidos. Jesús dijo que hay que nacer del agua (figura de la palabra Ef.5:26; Stg.1:18; 1 Pedro 1:23) y del Espíritu. Si pretendemos orar por personas que no han oído la palabra de verdad, el evangelio de salvación, para que sean llenos del Espíritu antes de oír el mensaje estamos alterando el orden de Dios y manipulando seguramente la obra del Espíritu. El Espíritu Santo confirma la palabra predicada por testigos que se mueven en unidad con Él.

Más cosas. Pedro aún hablaba… no hubo ministración al estilo moderno; la predicación movió al Espíritu de tal forma que irrumpió sin previo aviso en la reunión y todos los que escuchaban el mensaje con suma atención fueron llenos del Espíritu. No hubo manipulación emocional mediante música elevada con instrumentos de percusión descontrolados. No. Había palabra de Dios en boca de un testigo, un discípulo. Fue suficiente para que el cielo confirmara el mensaje y sellara una nueva congregación de gentiles.

         La predicación del evangelio precede al derramamiento del Espíritu.

50 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La predicación de Pedro (2)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa predicación de Pedro en casa de Cornelio (II)

Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén… le dieron muerte… Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara… Y nos mandó predicar al pueblo…  (Hechos 10:38-43).

Acostumbrado en los primeros años de su apostolado a predicar en medio de gran oposición en Jerusalén, para Pedro llegar a casa de Cornelio y ver la receptividad de los congregados tuvo que ser un momento celestial. Comenzó su mensaje diciendo: «Ciertamente ahora entiendo». Un predicador reconociendo que hace unos momentos no entendía lo que estaba pasando, no tenía controlada la situación. ¿Y qué es lo que Pedro estaba comenzando a entender? «Que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace justicia, le es acepto». A pesar de ello, hay que anunciar el evangelio para que los congregados crean y se salven.

La predicación es esencial en toda reunión donde nos congregamos. La salvación viene después de oír el mensaje del reino, no un concierto de música cristiana. Hoy hemos substituido la predicación por múltiples entretenimientos, −o por un mensaje humanista edulcorado− y dejamos un apartado, como un apéndice, al final de la reunión para salvar nuestra tradición protestante, salvo honrosas excepciones.

Sigamos con Pedro. Su mensaje estaba centrado en la persona de Jesús; el mensaje es Jesús, no Pedro y sus experiencias o las de Cornelio, aunque ambas tienen lugar en el preámbulo, ahora entramos en lo esencial. Jesús ha sido ungido con el Espíritu Santo y con poder para hacer bien y sanar a todos los oprimidos por el diablo. Todo ello tuvo lugar en Judea, comenzando desde Galilea, es decir, datos históricos y lugares geográficos fácilmente reconocibles por los presentes.

Un mensaje que Dios envió a los hijos de Israel en primer lugar y que ahora es anunciado a los gentiles. Los testigos de los sucesos que narra Pedro son judíos, realizados en la tierra de los judíos y en Jerusalén (que insistencia la de Pedro en remarcar los lugares). Allí murió Jesús, allí resucitó, en el mismo lugar se manifestó una vez resucitado, los cuales comieron y bebieron con él después de la resurrección, y les encargó que predicaran que en este nombre, todo aquel que cree en él recibe el perdón de pecados…  Llegados a este momento ocurre lo inesperado…

         Predicar a Jesús debe ser el centro de toda reunión para el derramamiento del Espíritu sobre los congregados.

49 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – La predicación de Pedro (1)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLa predicación de Pedro en casa de Cornelio (I)

Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén… le dieron muerte… Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara… Y nos mandó predicar al pueblo…  (Hechos 10:38-43).

La perplejidad de Pedro no impidió que acompañara a los enviados por Cornelio obedeciendo así la voz del Espíritu que le había dicho: «Levántate, desciende y no dudes en acompañarlos, porque yo los he enviado». El Espíritu de Dios dirigiendo al apóstol, no el «apóstol» usando al Espíritu —cosa harto difícil, y los que lo intentan acaban siendo guiados por un espíritu de error—para impresionar a las multitudes. Este es el orden que vemos en el libro de los Hechos. Como está escrito en otro lugar: «Porque pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros…» (Hch.15:28).

Bien. Tenemos a Pedro siguiendo al Espíritu, detrás de tres desconocidos, que le conducen a casa de un gentil centurión romano. Puedo imaginar los problemas de conciencia de este judío celoso de guardar los mandamientos de Dios, yendo forzado a un escenario que nunca había imaginado, aunque el Señor había dicho que tenían que llevar el evangelio hasta lo último de la tierra, pero una cosa es escuchar un mensaje y otra vivirlo de forma práctica con las consecuencias imprevistas que no se pueden controlar.

Los gentiles que esperaban a Pedro, fieles a su tradición de idolatrar hombres (clásico en el paganismo), quisieron adorarle en un acto de extremo reconocimiento que el apóstol desautorizó por la influencia de la educación judía —ahora sí, necesaria para la ocasión— de no adorar a hombres si no solo a Dios: «Yo también soy hombre», dijo.

Las primeras palabras de Pedro en «esta reunión hogareña» fueron sobre lo que estaba comenzando a entender: «Vosotros sabéis cuán ilícito es para un judío asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre debo llamar impuro o inmundo». La obra reveladora del Espíritu Santo estaba actuando en la conciencia de Pedro para comprender lo que no había entendido de la visión recibida en la oración. Cornelio, seguidamente, introdujo su alocución contando la experiencia que había tenido hacía cuatro días. Ahora se colocan en posición de oír lo que Pedro tiene que decirles. Y comienza su predicación ante un auditorio expectante y receptivo al mensaje de la palabra de Dios.

         La predicación de la palabra, siguiendo al Espíritu, fue y es, esencial.

48 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Confrontando los prejuicios

La vida en el Espíritu - MeditacionesPedro confrontado con sus prejuicios judíos

Y mientras Pedro meditaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: Mira, tres hombres te buscan. Levántate, pues, desciende y no dudes en acompañarlos, porque yo los he enviado  (Hechos 10:19,20).

Todo lo que vimos en la meditación anterior tiene su continuidad al día siguiente. Cornelio oraba ayer y Pedro subió a la azotea para orar hoy. La oración está uniendo a dos hombres (Cornelio y Pedro), dos ciudades (Cesárea y Jope), dos experiencias convergentes (la visión del romano y el éxtasis del judío). Todo ello coordinado por el Espíritu Santo que tiene que convencer a Pedro para que no dude en acompañar a los tres hombres que se han presentado en el lugar donde se hospeda.

El apóstol tuvo un éxtasis en el que vio un gran lienzo que descendía del cielo con toda clase de animales inmundos, (prohibidos en la dieta judía), cuadrúpedos, reptiles y aves del cielo. Una voz le dijo que matara y comiera, a lo que Pedro respondió: «De ninguna manera, Señor, porque jamás he comido nada impuro o inmundo». Y esto por tres veces, una señal que introdujo a Pedro en su tradición: «Por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto» (2 Co.13:1) (Dt.17:6). El éxtasis se desvaneció y el antiguo pescador quedó atónito y perplejo sobre lo que significaría aquella visión.

Y aquí es donde la acción del Espíritu hace converger un instante celestial. Sin ella el judío Pedro se mantendrá firme en sus tradiciones bien arraigadas, su doctrina inamovible de siglos y su obstinación pasada por obediencia religiosa. La falta de sometimiento al Espíritu de Dios ha provocado cismas y controversias interminables en la historia de la iglesia. La fuerza de la tradición y el sistema religioso anclado en el alma humana no podrán doblegarse sin la sincronización divina, mediante una vida de oración y obediencia al Espíritu Santo más allá de nuestras convicciones personales.

Cuando llaman a la puerta para preguntar por Pedro, −el predicador judío que necesitaba Cornelio y toda su casa−, el Espíritu de Dios le habló y le dijo: «levántate, desciende, no dudes en acompañarlos porque yo los he enviado». Veo al Espíritu tomando al apóstol y conduciéndole por una senda nueva que nunca había transitado. Mira el proceso. Primero levantarse, luego descender, −sin dudar−, porque quién manda es el Espíritu de Dios y no los líderes religiosos con su control estructural. Pedro obedeció sin entender. Se puso en marcha aunque no comprendía lo que estaba pasando, pero pronto quedaría perplejo por otro motivo…

         El Espíritu Santo es superior a los prejuicios religiosos o las tradiciones heredadas de generación en generación. Seguirle significará avances del reino.

47 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Visiones y éxtasis

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl Espíritu confirma visiones y éxtasis

Y mientras Pedro meditaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: Mira, tres hombres te buscan. Levántate, pues, desciende y no dudes en acompañarlos, porque yo los he enviado  (Hechos 10:19,20).

El episodio del derramamiento del Espíritu Santo en casa de Cornelio marcó un antes y un después en el futuro de la congregación de Dios y la inclusión de los gentiles. Hasta este momento la inmensa mayoría de los convertidos eran judíos o samaritanos, pero sobre todo judíos. No olvidemos este dato porque los siglos venideros levantarían una gran sima entre judeocristianos y la cristiandad gentil que llega hasta nuestros días. Se produjo una separación en la teología y el devenir histórico que llevó a los gentiles a ocupar un lugar preponderante excluyendo a los judíos con el subsiguiente alejamiento de las raíces de nuestra fe, pero eso es otro tema que no vamos a abordar aquí.

Veamos la secuencia de los acontecimientos que tuvieron su inicio en la casa de un centurión romano. Cornelio era militar, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa; hacía muchas ofrendas al pueblo judío y oraba a Dios (¿qué Dios? el Dios de los judíos) continuamente. Vemos que un inconverso gentil tenía una vida intensa de oración, era piadoso siendo militar; tuvo la visión de un ángel que entró donde estaba orando y le dijo que sus oraciones habían sido oídas, y sus ofrendas no habían pasado desapercibidas en el cielo. A pesar de toda esta magna experiencia Cornelio necesitaba un predicador, se le dijo que buscara a Pedro para oír las «palabras por las cuales serás salvo, tú y toda tu casa» (Hch.11:14).

Meditemos. Hay experiencias buenas que no son completas hasta que se confirman por la palabra predicada. Las experiencias no salvan a nadie, hay que oír la palabra de verdad, el evangelio del reino, para que el Espíritu Santo sea derramado y confirme la verdad anunciada. Estamos ante un suceso trascendental porque el evangelio iba a penetrar al mundo gentil. Los gentiles, en este caso Cornelio y todos los que se congregaron en su casa, estaban dispuestos para recibir el mensaje del evangelio. El predicador sería un judío, Pedro, que al día siguiente tuvo una experiencia desconcertante que confrontaría sus prejuicios y tradiciones de tal manera que necesitaría la voz del Espíritu Santo para confirmar las experiencias de Cornelio, por un lado, y las suyas propias por otro.

         El evangelio penetró al mundo gentil por la visión de un centurión romano y el éxtasis de un predicador judío. El Espíritu confirmó ambas.