81 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Vivir y andar (2)

La vida en el Espíritu - MeditacionesVivir y andar por el Espíritu (II)

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).

Aunque ya hemos comentado textos de las cartas del apóstol Pablo a lo largo de estas meditaciones, especialmente el capítulo 8 de Romanos y algunos textos de Efesios y Gálatas, quiero hacer ahora un recorrido más amplio por las epístolas del Nuevo Testamento para ahondar más aún en la vida en el Espíritu. En las cartas tenemos las instrucciones apostólicas en este tema de tanta trascendencia. Por ello me propongo recorrerlas y pararnos en la mayoría de textos donde tenemos alguna enseñanza sobre la vida en el Espíritu.

Toda la vida cristiana depende del Espíritu, sin su operación en nosotros es imposible poder realizar la voluntad de Dios y acabar las obras que nos fueron dadas de antemano para que anduviéramos en ellas. También estamos expuestos a las mezclas y confusiones. A menudo confundimos el alma y su compleja disposición, con la vida en el Espíritu; necesitamos madurar, aprender de los errores y poner buen fundamento a nuestras experiencias sobre el cimiento estable de la palabra revelada.

Hemos dicho ya que no es lo mismo vivir por el Espíritu que andar por el Espíritu. Pablo dice que debe haber en nosotros una continuidad, es decir, si hemos comenzado una nueva vida mediante la obra del Espíritu en nosotros, ahora se debe consolidar con un caminar en el Espíritu. Y ello tiene que ver con el fruto que damos, la entrega que hacemos de todos los miembros de nuestro ser para servir a la justicia. Nuestra voluntad debe estar sometida a la voluntad del Espíritu, nuestras emociones controladas por el Espíritu, y nuestra mente debe ser renovada constantemente mediante la palabra de verdad vivificada por el Espíritu.

Para andar en el Espíritu todo nuestro ser debe estar involucrado, sin doblez ni divisiones internas. La clave siempre estará en buscar la llenura del Espíritu continuamente, sed llenos del Espíritu, que es lo mismo que permanecer en Cristo. El Señor es el Espíritu, son uno con el Padre, actúan en unidad en el discípulo para obtener la libertad gloriosa de los hijos de Dios. «El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2 Co.3:17). Las cartas del Nuevo Testamento nos dan amplia enseñanza de cómo se debe producir una vida andando en el Espíritu, cuál es el fruto de esa vida, los dones y todo tipo de servicio. Os invito a iniciar desde ahora una nueva andadura después de ver las experiencias en el libro de los Hechos. Ahora debemos poner fundamento sólido a toda experiencia espiritual.

         Andar en el Espíritu consolida y establece la vida en el Espíritu.

80 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Vivir y andar (1)

ANDAR EN EL ESPÍRITU

         Las experiencias no son un fin en sí mismas, si no que deben afianzar el desarrollo de nuestro andar en el Espíritu. La clave de la vida cristiana está en andar en el Espíritu. Podemos ser llenos del Espíritu una vez, tener alguna experiencia ocasional, que aunque transformadora, debe producir en nosotros el anhelo constante de andar en el Espíritu, y permanecer en Cristo.

         Por eso me ha parecido necesario, después de las experiencias carismáticas, y antes de entrar de lleno en el tema de los dones espirituales, dejar constancia que nada de ello es posible sin vivir y andar en el Espíritu, que es el Espíritu de santidad.

  1. Vivir y andar por el Espíritu (I) (Gá.5:25)
  2. Vivir y andar por el Espíritu (II) (Gá.5:25)
  3. El Espíritu de santidad (Ro.1:4)

La vida en el Espíritu - MeditacionesVivir y andar por el Espíritu (I)

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).

La vida cristiana comienza por el Espíritu y la palabra, sin ello no hay vida de Dios, lo que tendremos será religión, imitación, falsificación, suplantación, pero nunca la vida engendrada en nuestro espíritu que inicia una nueva andadura vital y trascendental. Pablo dice:«nueva criatura es». Jesús enseña: «es necesario nacer de nuevo, del Espíritu»; si no es así no vemos ni entramos en el reino. Ahora bien, una vez habiendo nacido del Espíritu, (vivir por el Espíritu), necesitamos aprender a andar en el Espíritu, y para ello necesitamos crecer, madurar, volver a ser llenos del Espíritu una y otra vez, obedecer a Dios, poner la mente en las cosas del Espíritu (Ro.8:5-6 LBLA).

Tenemos un ejemplo magnífico de lo que quiero decir en la marcha de los israelitas por el desierto una vez fueron redimidos de la esclavitud de Egipto. Salieron con poder. La redención fue impactante. La esclavitud quedaba atrás, delante un andar en obediencia. Pablo lo explica de esta manera:«Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar; y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar» (1 Co.10:1-2). Meditemos. Israel fue rescatado de Egipto, todos pasaron por el mar Rojo, (figura del bautismo), y todos fueron guiados por la nube de día y el fuego de noche, (figura del bautismo del Espíritu). Ahora bien, no todos fueron obedientes, ni todos entraron en la tierra prometida. Vivieron por el Espíritu, pero no todos anduvieron en el Espíritu. Sin embargo, todos se movían cuando la nube se levantaba, y cuando la nube paraba el campamento de Israel, toda la congregación, acampaba (Nm.9:19-22). Por tanto, todos vivían por el Espíritu, pero no todos andaban en el Espíritu.

Pablo dijo a los gálatas: «¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?» (Gá. 3:3). También enseña a los corintios que «por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo… a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu» (1 Co.12:13), pero sabemos que no todos eran espirituales.  Hay personas que dicen haber sido bautizadas en el Espíritu pero como algo pasado, y hoy no viven llenos del Espíritu, por tanto, su testimonio pone en duda sus afirmaciones. Necesitamos ser llenos del Espíritu continuamente (Ef.5:18) para andar en el Espíritu.

         La vida nueva en el Espíritu la recibimos por gracia, pero andar en el Espíritu significa vivir en obediencia siendo llenos continuamente de Él.

74 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – El final del libro de los Hechos

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl final del libro de los Hechos

Y Pablo se quedó por dos años enteros en la habitación que alquilaba, y recibía a todos los que iban a verlo, predicando el reino de Dios, y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo (Hechos 28:30-31).

Hemos hecho un recorrido amplio por el libro de los Hechos de los apóstoles que algunos dan en llamar los hechos del Espíritu Santo. Contextualizando este recorrido con el tema principal que estamos viendo ¿Qué es el hombre? podemos notar que la acción del Espíritu de Dios sobre el hombre caído, ahora redimido y lleno del Espíritu, ofrece una transformación sobrenatural que no puede pasar inadvertida. El Padre no solo nos ha sellado con el Espíritu, sino que ha enviado la promesa de ser investidos de poder de  lo alto, llenos del Espíritu, para que los discípulos realicen su llamado.

Hemos visto que hay un proceso de capacitación en la vida del discípulo corroborado por diversas experiencias en distintos lugares. El día de Pentecostés fueron llenos del Espíritu con manifestaciones de hablar en nuevas lenguas. Volvieron a ser llenos poco después en una reunión de oración en medio de la persecución que se desató inmediatamente (Hch.4:31). Escogieron a siete hombres para servir a las viudas, varones llenos del Espíritu Santo y de fe. En Samaria Felipe predicó el evangelio con señales y prodigios, recibieron la palabra, pero necesitaban recibir posteriormente el Espíritu mediante la imposición de manos de los apóstoles Pedro y Juan. Saulo se convirtió en Pablo pero hasta tres días después no fue lleno del Espíritu, una vez que el discípulo Ananías fue enviado por el Señor para que orara por él con imposición de manos. Luego encontramos a Cornelio y los reunidos en su casa escuchando el evangelio en boca de Pedro y en medio de su predicación fueron llenos del Espíritu como el día de Pentecostés, lo supieron porque los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios.

El Espíritu Santo tomó la iniciativa misionera y apartó a Bernabé y Saulo para ir a las naciones gentiles. En Éfeso había discípulos que nunca habían oído hablar del Espíritu Santo, cuando Pablo les habló y oró por ellos vino el Espíritu y hablaban en lenguas y profetizaban, predicando el evangelio en toda Asia Menor. Al final del libro Pablo está en Roma durante dos años predicando el reino de Dios y enseñando lo concerniente al Señor Jesucristo. Después puede ser que llegó a España con el mensaje de salvación… ese fue su anhelo.

         El libro de Hechos está lleno de experiencias producidas por el Espíritu Santo en la vida de aquellos que obedecen a Dios.

73 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – De Jerusalén a Roma

La vida en el Espíritu - MeditacionesDe Jerusalén a Roma. El tiempo de los gentiles

Y al no estar de acuerdo entre sí, comenzaron a marcharse después de que Pablo dijo una última palabra: Bien habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio de Isaías el profeta… Sabed, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí (Hechos 28:25-29).

Tenemos a Pablo en la capital del Imperio Romano. Vive en una casa alquilada durante dos años predicando el reino de Dios. El viaje hasta allí estuvo marcado por una cadena de aflicciones continuadas. Se había cumplido el testimonio que el Espíritu Santo había dado que le esperaban prisiones y aflicciones. Sin embargo, el Señor le libró y ahora se encuentra en Roma donde el apóstol siempre había querido llegar. Tal vez el viaje no fue como él imaginó pero al fin y al cabo allí estaba. Los últimos capítulos del libro de Hechos narran con todo lujo de detalle este episodio de la vida de Pablo.

La predicación del evangelio comenzó en Jerusalén, donde surgió una gran congregación de discípulos que llevaron el mensaje a otras ciudades. Ahora el apóstol de los gentiles está en la capital del mundo gentil. Los judíos de Roma se mostraban reacios al evangelio, Pablo se esforzó en persuadirles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Algunos eran persuadidos con lo que se decía, pero otros no creían (Hch.28:23-25). Cuando el grueso de los que vinieron a oírle comenzó a marcharse, el antiguo discípulo de Gamaliel los despidió con estas palabras: «Bien habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio de Isaías el profeta, diciendo: el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con dificultad oyen con sus oídos; y sus ojos han cerrado».

La puerta del evangelio a los judíos iba cerrándose —por el endurecimiento de su corazón— y la de los gentiles se abría cada vez más. Comenzaba así lo que en la Biblia se conoce como el tiempo de los gentiles. Un tiempo donde el evangelio alcanzaría a las naciones gentiles, y el pueblo de Israel se enrocaría sobre la Toráh y la sinagoga (una vez destruido el templo en el año 70 d.C.) alejada del mesianismo de Jesús, aunque fue en la capital de Judea donde tuvo su origen la proclamación de la buena nueva. Fue allí donde el Espíritu Santo había descendido, pero ahora Roma y otras ciudades (Antioquia, Éfeso, Alejandría) tomaban el relevo en la propagación del evangelio del reino. Pablo lo expuso a la comunidad judía de Roma con estas palabras: «Sabed, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí oirán»

         El viaje de Pablo a Jerusalén y de aquí a Roma es una señal de cómo iba a cambiar el centro del evangelio de los judíos al mundo gentil.

72 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Una aparente contradicción

La vida en el Espíritu - MeditacionesUna aparente contradicción del Espíritu

Después de hallar a los discípulos, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu, que no fuera  a Jerusalén (Hechos 21:4).

El viaje de Pablo a Jerusalén revela algunas verdades que debemos meditar. Por un lado sabemos que en el corazón del apóstol se había fijado este propósito, no era un capricho ni un alarde, le había sido impuesta necesidad, como en el caso de predicar el evangelio (1 Co.9:16). Por otro tenemos a los hermanos queriendo influir en Pablo para que cambiara de parecer, puesto que sabían lo que le esperaba. El apóstol tenía el testimonio en su espíritu de lo que le aguardaba en Jerusalén; el mismo Espíritu le daba testimonio de prisiones y aflicciones. La acción del Espíritu en otros hermanos confirmaba que no fuera a Jerusalén, pero Pablo ya había tomado su decisión, y aunque apreciaba el amor de los hermanos, no estuvo dispuesto a ceder.

La presión subió de tono cuando un profeta llamado Agabo llegó a la ciudad de Cesárea, donde vivían Felipe y sus cuatro hijas doncellas que profetizaban (Hch. 21:8-9). Este Agabo tomó el cinto de Pablo, «se ató las manos y los pies, y dijo: Así dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles» (21:11). Oyendo esto muchos lloraban y rogaban a Pablo que no subiera a la ciudad. El impacto emocional tuvo que ser muy fuerte, pero aquí se levantó una vez más la fortaleza de espíritu del apóstol para decir: «¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús» (21:13). Esta es la voz de un discípulo de Jesús.

La firmeza de Pablo doblegó el afecto de los hermanos concluyendo que no se dejaba persuadir, por tanto, callaron, diciendo: «Que se haga la voluntad de Dios». ¡Qué situación! Pablo podía haber evitado con dignidad y apoyo las aflicciones que le esperaban en Jerusalén, sin embargo, escogió ser maltratado con el pueblo de Dios, porque tenía puesta la mirada en el galardón, como Moisés (Heb. 11:24-26). Los hijos de los profetas decían a Eliseo: «no sabes que hoy te quitarán a tu señor; si, ya lo sé —respondía él— callad». Ese conocimiento le aferró más aún a su maestro Elías. Pablo hizo lo mismo. En ocasiones podemos escoger el camino fácil, la retirada con honores, incluso con el testimonio interior del Espíritu, pero el hombre espiritual, fortalecido con una fe inquebrantable avanza hacia su Jerusalén con determinación. Puede haber contradicción, tal vez, pero después queda Roma, y quién sabe si España…

         La vida llena del Espíritu supera los afectos humanos y va más allá de la voluntad permisiva de Dios para alcanzar su voluntad perfecta.

71 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Supervisores de la congregación

La vida en el Espíritu - MeditacionesSupervisores de la grey de Dios

Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con su propia sangre (Hechos 20:28).

Hemos cambiado la aflicción del evangelio por el reconocimiento de un título que nos da preeminencia y dominio sobre la grey de Dios. Esto está ocurriendo en demasiados lugares en este mismo momento. Por ello quiero pararme unos instantes en el texto que nos ocupa. Pablo está de viaje hacia Jerusalén y sabe lo que le espera: prisiones y aflicciones. Ha reunido a los ancianos en Mileto para dejarles su último mensaje (Hch.20:17). No volverán a ver su rostro más (20:25). Les da testimonio de que es inocente de la sangre de todos, pues no ha rehuido declararles todo el consejo o propósito de Dios (20:26,27). Sabe que después de su partida entrarán lobos rapaces que no perdonarán el rebaño, incluso de entre ellos mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos (20:29,30).

Me recuerdan las despedidas de Moisés y Josué ante el pueblo de Israel. Todos ellos anticiparon tiempos de desobediencia después de sus partidas, por ello pusieron mucho énfasis en la calidad de los obreros fieles para sostener la verdad en medio del levantamiento de la cizaña inevitable. Pablo les dice que tengan cuidado de ellos mismos; allí se debe fundamentar el éxito de mantener la verdad de Dios para pasarla a la siguiente generación. El obrero del Señor debe guardarse a sí mismo. Lo repetiría a Timoteo (1 Tim.4:16). Sobre esa premisa se fundamenta el poder guardar la grey de Dios. Procura, con diligencia, presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad (2 Tim. 2:15).

El carácter del obrero es vital para que pueda realizar el cometido asignado por el Espíritu Santo: pastorear la grey de Dios. Hemos puesto el énfasis sobre el título «epískopos», traducido por obispo, y que significa supervisor, pero ese no es el énfasis de la Escritura, sino la función. La grey, −congregación−, ha sido comprada por la sangre del Cordero, no es propiedad del pastor de la iglesia local. El celo equivocado nos ha llevado en muchos casos a confundir nuestra función con disputas por nuestra posición. El obispo, anciano o pastor es un supervisor de la grey que es de Dios, y debe cumplir su cometido con fidelidad al Señor de la iglesia y no levantarse él mismo como «señor» del pueblo.

         El Espíritu Santo asigna funciones, no títulos, para que cada uno, según el don recibido, sirvamos a la congregación del Señor con fidelidad a Dios.

70 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – El Espíritu a nuestro espíritu

La vida en el Espíritu - MeditacionesEl Espíritu da testimonio a nuestro espíritu

Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones… (Hechos 20:22-23).

Escuchando los mensajes que se dan a muchos hermanos en esos cultos donde «abundan» las profecías, veo que predomina un tipo de mensaje de este estilo: «Dios te va a usar en grandes cosas, irás a otras naciones con el evangelio y Dios hará grandes cosas a través de ti», o similares. Un porcentaje demasiado elevado son palabras infladas dirigidas a hinchar el ego más que a producir la exhortación para ser un discípulo del Señor en cualquier tipo de circunstancias.

Pablo salió de Éfeso, −un lugar donde había vivido momentos de gran testimonio del evangelio−, y se dirigió a Jerusalén, donde sabía le esperaban cadenas y aflicciones, así como una gran resistencia a su mensaje. Dice: «atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá». Sabe con certeza que no puede escapar de acudir a la ciudad donde estaba la primera congregación, y también el epicentro de sus mayores detractores. Jesús también afirmó su rostro para ir a Jerusalén cuando le llegó el tiempo (Lc. 9:51 LBLA). Pablo seguía a su Maestro. Lo hacía atado en espíritu, sin otra alternativa, y sin saber con claridad lo que allí le esperaba, aunque tenía el testimonio del Espíritu de que le esperaban cadenas y aflicciones.

Meditemos. El Espíritu Santo daba testimonio al espíritu de Pablo de que se encaminaba directamente a experimentar tiempos de tribulación. ¡Qué gran debate en la iglesia de hoy sobre si la iglesia pasa o no por la gran tribulación! Pablo se encaminaba directamente a ella, lo hacía atado en espíritu y además el Espíritu Santo se lo confirmaba. La nube se había levantado para el apóstol de los gentiles. Dejando atrás la ciudad de Éfeso, donde era reconocido y aceptado ampliamente, se encaminó a la ciudad donde sería rechazado, odiado y amenazado de muerte. Jesús también sabía que en Jerusalén le esperaba la cruz, la muerte… y la resurrección. Pablo supo que seguía a su Maestro y nos dejó una declaración para enmarcar cuando los discípulos quisieron impedir que viajara a la capital de Israel: «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el  ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hch. 20:24).

         A todos nos llega el tiempo cuando el Espíritu Santo nos guía a nuestra Jerusalén sin que podamos eludirla, y atados en espíritu no podamos evitarla.

69 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Tras las experiencias avance del reino

La vida en el Espíritu - MeditacionesDespués de las experiencias el avance del reino

Pasadas estas cosas, Pablo decidió en el espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, debo visitar también Roma (Hechos 19:21).

«Pasadas estas cosas». ¿Qué cosas? Todo lo que había acontecido después de las experiencias de aquellos discípulos en Éfeso. Me llama la atención el orden en que aparecen los sucesos en este capítulo 19. Veamos. Pablo trabajaba en primer lugar con discípulos que ya tenían cierto recorrido en el Camino. Les transmitía lo que les faltaba, la llenura del Espíritu, y a partir de ahí se va desarrollando un despliegue evangelístico impresionante que llegará a toda Asia Menor partiendo desde Éfeso.

Pablo entró en la sinagoga, como era su costumbre (v.8), y durante tres meses habló denodadamente, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes hablando mal del Camino. En esa tesitura, Pablo no discute más, toma a los discípulos y se marcha a un local de alquiler donde un maestro de retórica (Tiranno) daba clases en las mejores horas del día, (en Éfeso hacía un calor sofocante a partir del mediodía y el trabajo de enseñar en esas condiciones se hacía insoportable), y el resto del tiempo lo alquilaba a Pablo para que enseñara a los discípulos. Esto duró dos años. Podíamos decir que era la Escuela Bíblica de Pablo en Éfeso. Sus clases no fueron solo teoría, si no que los discípulos salieron a predicar el evangelio, de tal forma que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos (v.10). A la vez Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo (11). Algunos quisieron imitarlo (siempre hay imitadores sin autoridad) y se expusieron al ridículo queriendo tener la unción que no tenían (v.13-16). La verdad fue expuesta de tal forma que los impostores quedaron avergonzados; esto lo supieron los habitantes de Éfeso, el temor se apoderó de todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era exaltado (v.17). También muchos de los que habían practicado la magia se apartaron de ella dando testimonio de su fe quemando los libros (v.18-19).

Y concluye el texto con estas palabras que resumen lo ocurrido en aquel lugar: Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor (v.20). Pensemos. No se construyó un edificio ministerial para exaltar al gran apóstol Pablo. No. Ni siquiera el apóstol se aferró al lugar, sino que decidió en el espíritu (con minúscula, su propio espíritu en comunión con el Espíritu Santo) ir a Jerusalén y alcanzar luego Roma. Esto significaba gran oposición, sin embargo, siguió el plan de Dios dejando a los discípulos en Éfeso.

         Lo ocurrido en Éfeso es un modelo para todos los discípulos del Señor.

68 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Limitaciones en la predicación (3)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas limitaciones en la predicación (III)

Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran en total unos doce hombres (Hechos 19:6-7).

Volvamos al inicio del suceso que tuvo lugar en Éfeso para ver su desarrollo progresivo. Pablo llegó a esta gran ciudad de Asia Menor y encontró a algunos discípulos que solo habían oído hablar del bautismo de arrepentimiento que predicó Juan el Bautista. Les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando creyeron y le respondieron que ni siquiera habían oído hablar si hay Espíritu. Entonces Pablo les habló del bautismo en agua en el nombre de Jesús como continuidad al mensaje de Juan el Bautista. Cuando lo oyeron se bautizaron en el nombre del Señor Jesús.

Antes de seguir pensemos. ¿Discípulos que ni siquiera habían sido bautizados en el nombre de Jesús? Pues sí, eso dice el texto. Ahora imaginemos que al oír a Pablo estos discípulos se negaran a ser bautizados en el nombre de Jesús aludiendo a la enseñanza que habían recibido, y se obstinaran en ello cerrando su propio desarrollo. Sin embargo, estos discípulos obedecieron la enseñanza del apóstol bautizándose en agua. Y ahora viene otra fase más. No habían oído nada sobre el Espíritu Santo, pero cuando Pablo (seguramente acordándose de su propia experiencia con Ananías) les habló de recibir la llenura del Espíritu, estos doce discípulos aceptaron lo expuesto por el apóstol y se dispusieron a recibirlo. Dicho y hecho. Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo. ¿Cómo lo supieron? Porque hablaban en lenguas y profetizaban. La misma experiencia que habían tenido los ciento veinte en el Aposento Alto el día de Pentecostés (Hch. 2:4); lo mismo que ocurrió en casa de Cornelio (Hch.10:44-46); lo que tuvo lugar en la ciudad de Samaria y que tanto impresionó a Simón (Hch. 8:14-19); y lo mismo que experimentó Saulo de Tarso en la casa donde estuvo tres días orando antes de que llegara Ananías y orase por él para ser lleno del Espíritu (Hch.9:11-17).

El orden de las experiencias puede variar pero todas ellas acaban en la llenura del Espíritu para que el discípulo del Señor tenga el potencial divino para realizar la obra de Dios. Pensemos. Estos doce discípulos que poco antes ni siquiera habían oído hablar del bautismo en el nombre de Jesús, con una fe muy limitada, ahora se expandió en ellos de tal forma que fueron llenos del Espíritu para llevar el evangelio a toda Asia Menor partiendo desde Éfeso.

         El verdadero discípulo del Señor sabe escuchar las verdades que desconoce y aceptar la imposición de manos para ser lleno del Espíritu a través de quienes lo transmiten y no de impostores, imitadores o falsificadores.

67 – LA VIDA EN EL ESPÍRITU – Limitaciones en la predicación (2)

La vida en el Espíritu - MeditacionesLas limitaciones en la predicación (II)

Entonces él dijo: ¿En qué bautismo, pues, fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:3-5).

Los discípulos de Éfeso tenían una fe limitada a lo que habían oído: sólo el bautismo de arrepentimiento, aunque como buenos discípulos cuando oyeron del bautismo en el nombre de Jesús se bautizaron sin demora. La obediencia a la palabra revelada es una característica de todo buen discípulo de Jesús.

Muchos predicadores de la actualidad ponen el énfasis en la predicación de su maestro inicial. Estos pioneros, discípulos del Maestro, descubrieron alguna verdad que por el motivo que sea no se había predicado antes, o no con el matiz que ahora le da el nuevo predicador. A partir de ahí se genera un movimiento alrededor de ese líder. Hace de la «exclusividad» el motor central de su mensaje y todos aquellos que lo aceptan basan su predicación en la óptica que ha imprimido a sus con-discípulos, los cuáles son ahora más celosos y fanáticos que el pastor original. Construyen una doctrina hermética sobre su particularidad y la transmiten como un sello de identidad propia. Su mensaje se centra casi únicamente en ese mono-tema. Prediquen lo que prediquen acaban enseñando esa verdad (pueden ser varios temas, claro, un cuerpo de doctrina que gira sobre el eje establecido alrededor de la supuesta revelación original); escriben libros sobre ello, lo presentan como algo esencial que todos los demás cristianos tienen que aceptar e incluir en su teología, y quienes no lo hacen son considerados cristianos de otro nivel.

Así construimos el sectarismo y la exclusividad que caracteriza a muchas iglesias evangélicas de la actualidad. El apóstol Pablo no hizo eso. El autor de la carta a los Hebreos nos enseña que debemos avanzar hacia la madurez, no girar todo el tiempo sobre ciertas verdades esenciales, necesarias y fundamentales, si no madurar mediante el alimento sólido y tener los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Heb.5:12-6:3). Para ello necesitamos un alimento completo, todo el consejo de Dios, la totalidad del evangelio y no solamente un énfasis doctrinal impuesto por predicadores con buenas intenciones pero que impiden el crecimiento de los discípulos. Necesitamos la diversidad de dones en el cuerpo de Cristo y no solo el don predominante del líder.

         El discípulo del Señor cuando oye la verdad del evangelio la obedece sin sectarismo ni exclusivismo denominacional.