123 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (X) – Miqueas (1)

Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de YHVH será establecido por cabecera de montes, y más altos que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de YHVH, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de YHVH (Miqueas 4:1-2)

         El profeta Miqueas era contemporáneo de Isaías, se cree que algo más joven que él. También lo fue de Oseas y Amos, todos ellos anunciaron sus mensajes en el siglo VIII. Miqueas significa ¿Quién como YHVH?. Anunció su mensaje al reino de Judá, aunque también predijo la caída del reino de Samaria. El texto que nos ocupa es casi calcado de la profecía de Isaías 2:1-4. Como está escrito, por dos o tres testigos se decidirá todo asunto (2 Co.13:1). En realidad el testimonio del reino mesiánico lo podemos encontrar en una infinidad de textos, tanto en el AT como en NT.

Volvemos a encontrarnos con el epicentro de la revelación y la manifestación de Dios en Sion, el monte que será establecido como cabeza de montes. A ese lugar correrán los pueblos y naciones en busca de revelación del Dios de Israel y sus beneficios. El profeta Daniel ya miraba a la ciudad jerosolimitana en sus oraciones en un anticipo de la era mesiánica.

Nosotros recordamos lo que se ha llevado a cabo en la ciudad eterna y santa a los ojos de Dios: la muerte, resurrección y ascensión del Mesías. Fue el lugar donde apareció Jesús resucitado por más de cuarenta días a los suyos. En ella descendió el Espíritu Santo sobre los congregados en el aposento alto. Y fue desde Jerusalén que el evangelio salió a todas las naciones del mundo.

También a esta ciudad, escogida soberanamente por el Creador de todas las cosas, regresará el Rey de gloria. Muchas naciones subirán a ella con verdadera alegría, reconociendo que allí tiene lugar la manifestación de los caminos del Señor. De Sion y Jerusalén salen la revelación y la enseñanza del único Dios verdadero para beneficio de todos los pueblos. El profeta Zacarías anuncia que lo harán para celebrar la fiesta de los Tabernáculos (14:16). De donde se desprende que Jerusalén será el centro de la adoración a Dios. No lo será otra ciudad. Es en Sion, el lugar de su morada, donde el Rey de Israel establecerá su trono para fundamentar la justicia duradera y la prosperidad de todas las naciones.

         La ciudad que hoy es motivo de disputa mundial será un día, bajo el gobierno del Mesías, donde acudirán todos los pueblos a adorar al Rey.

122 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (IX) – Oseas (4)

Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como rocío; el florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano… Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid… Efraín dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos?… Porque los caminos de YHVH son rectos, y los justos andarán por ellos; más los rebeldes caerán en ellos (Oseas 14:4-9)

         Algunos quieren ver en los profetas de Israel un mensaje duro y justiciero, en contraposición con el mensaje de los apóstoles de gracia y salvación. Es el mismo tipo de lenguaje que domina la teología dispensacionalista haciendo una diferencia entre la Ley y la Gracia como etapas distintas y separadas en el devenir de la revelación de Dios. Pero debo decir que no comparto esa postura.

El Dios de los profetas es el mismo que el de los apóstoles. Dios no cambia. Su mensaje es eterno. Su palabra permanece para siempre en los cielos (Sal.119:89). El mensaje de los profetas y los apóstoles se complementan. La gracia de Dios aparece desde el principio de la revelación. Noé halló gracia. Israel halló gracia. La iglesia halla gracia. Oseas nos dice alrededor del año 759 a.C. que el Señor amará a Israel de pura gracia. Sanará su rebelión. Apartará su ira de ellos. Será como el rocío para Israel. Florecerán como el lirio, y extenderán sus raíces. Todo ello anunciado como un mensaje de restauración después de andar casi dos milenios de cautiverio.

Hoy han regresado a la tierra de su heredad en medio de mucha oposición; pero están floreciendo en la habitación que el Señor les dio en promesa a Abraham y su descendencia. Es un anticipo de lo que ha sido señalado por sus profetas. Todo ello de pura gracia.

Hay todavía rebeldes, pero está anunciado un día cuando Efraín se sienta bajo su sombra; serán vivificados como el trigo; volverán a tener vida y florecerán. Es un anticipo del reino mesiánico. Nunca más se volverán a los ídolos. Comprenderán que los caminos del Señor son rectos y andarán por ellos.

La gracia de Dios se ha derramado para salvación de todos los hombres, también para Israel. No es para el milenio, es para ahora. Su amor es inalterable y eterno. El llamamiento de Dios es irrevocable. Hay esperanza para Israel hoy en su Dios, en la gracia que vino por medio de Jesucristo en una dimensión única y para todas las naciones, porque él estaba lleno de gracia y de verdad. Lo cual no significa que antes no hubiera gracia y misericordia. Si no hubiera sido por sus misericordias hubiéramos perecido.  Este es un mensaje del profeta Jeremías (Lam.3:22,23). Y de Oseas (14:4).

         El mensaje de los profetas es también de pura gracia para Israel.  

121 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (VIII) – Oseas (3)

Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a YHVH su Dios, y a David su rey; y temerán a YHVH y a su bondad en el fin de los días (Oseas 3:5)

         Nuestro hombre anuncia un día cuando Israel volverá a su Dios; dice: «después». ¿Después de qué? A este regreso le precede un tiempo cuando el pueblo se entregó a la infidelidad, el adulterio y la fornicación. En este libro es algo más que una analogía, el propio profeta tuvo que casarse con una mujer entregada a la infidelidad conyugal; tuvo hijos de prostitución (2:4), porque su madre se prostituyó; una apelación al pueblo de Israel, el reino del norte.

Oseas anunció el día del juicio con la destrucción del reino del norte; pero luego dice: Después. El amor inalterable de Dios recupera a su esposa infiel con un nuevo corazón entregado a su Hacedor. Ha sido lavada y recuperada. El amor eterno de Dios se ha manifestado de nuevo, y ahora la esposa busca al esposo, y a David su rey; lo hace con un corazón temeroso, no se fía de sí misma; ha sido infiel una vez, se entregó a sus amantes; ahora regresa a la bondad de Dios.

Así lo anuncia el profeta: Venid y volvamos a YHVH; porque él arrebató, y nos curará; hirió y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a YHVH; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra (6:1-3).

Hay un día marcado en la agenda de Dios en favor de su pueblo para vendar sus heridas, darles vida nuevamente, como el mensaje de Ezequiel en medio del valle de los huesos secos recuperando la vida del Espíritu. Hay una resurrección anunciada para Israel saliendo de sus sepulcros (Ez. 37:12). Israel recobra la vida de Dios para vivir delante de Él. Conocerá a su Dios en una intimidad que nunca antes ha disfrutado. Será como el alba, como la lluvia que riega la tierra. Metáforas que anuncian un día glorioso y único. El día del Señor. Cuando viene para reinar en Jerusalén.

Será después de un largo cautiverio entre las naciones donde fue esparcido. Después del juicio sobre el reino del norte expresado con un lenguaje durísimo: los tomé aversión… no los amaré más… aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones  (9:15-17); se anuncia la compasión del Señor. Su amor (11:1). Los atrae hacía sí (11:4). Se inflamó su compasión (11:8). No ejecutó el ardor de su ira (11:9). Acudirán velozmente de Egipto y Asiria para habitar en su tierra (11:11). Y añade…

          Después del juicio del Señor sobre su pueblo volverán a buscarle con un corazón arrepentido y nuevo por la bondad mostrada de pura gracia.

120 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (VII) – Oseas (2)

Y te desposará conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a YHVH. En aquel tiempo responderé, dice YHVH, yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra (Oseas 2:19-21)

         Cuando meditamos en el mensaje de los profetas, en sus juicios y promesas, debemos recordar siempre que los redimidos de entre los gentiles hemos sido injertados en Israel, el pueblo del pacto y las promesas, mediante el Mesías; por tanto, participamos de la herencia, la esperanza y consolación dada a Israel y su descendencia. Nuestra historia de fe es la misma que la historia de Israel, aunque no hayamos nacido israelitas. Nuestro futuro está ligado a la esperanza dada a los padres (Ro.15:8).

Por todo ello, cuando hablamos del reino mesiánico y su establecimiento en Jerusalén, la iglesia del Señor también participa de ese tiempo, viniendo con el Rey en su manifestación y en su reino. Debemos tener presente esta vinculación esencial para no disociar o separar Israel de la iglesia. La teología dispensacionalista separa a ambos en periodos distintos; personalmente creo que tal separación es errada. Repito, hemos sido injertados en Israel mediante el Mesías; a partir de ese hecho quedamos unidos al devenir profético anunciado por los profetas de Israel.

El profeta Oseas anuncia ahora una boda entre el Señor y su pueblo. Te desposaré conmigo. El apóstol Juan nos habla de la misma boda, él la llama las bodas del Cordero. Este casamiento, anunciado también en el libro de Cantar de los Cantares, tiene como base algunos aspectos que lo hacen único: es para siempre, es hecho en justicia, juicio, benignidad, misericordia y fidelidad. Habrá un conocimiento mutuo, es decir, una comunión única; una fusión indisoluble y para siempre.

La habitación que el Señor y esposo ha preparado es un lugar idílico, donde las condiciones de bienestar producirán gran deleite a la esposa, habitando en seguridad, con abundante provisión; será asentada en la tierra escogida por Dios; y donde las antiguas infidelidades serán borradas para siempre en un amor eterno. Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia (Jer.31:3). Es un mensaje coincidente con lo anunciado ahora por el profeta Oseas. Y la tierra responderá al trigo, al vino y al aceite, y ellos responderán a Jezreel. Y la sembraré para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama [no compadecida]; y diré a Lo-ammi [no pueblo mío]: Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío (2:22-23).

         Está anunciada una boda que desposará a Israel con su Hacedor.

119 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (VI) – Oseas (1)

En aquel tiempo haré para ti pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra; y quitaré de la tierra arco y espada y guerra, y te haré dormir segura (Oseas 2:18)

         En aquel día (Amós). En aquel tiempo (Oseas). Una parte del mensaje de los profetas, especialmente el que tiene que ver con el futuro, se mueve en unos términos abstractos, indefinidos y en una dimensión que no siempre es fácil de interpretar. El mensaje de nuestros dos primeros profetas en los que estamos meditando acerca del reino mesiánico encontramos esta expresión que volveremos a ver, con otros matices, pero siempre apuntando a un periodo futuro, indeterminado, siempre distinto a las condiciones de vida actuales. Los cambios son notorios, espectaculares, lo cual no deja lugar a dudas de que estamos ante un tiempo posterior al estado de cosas que prevalecen en la actualidad.

En el pasaje que tenemos delante para meditar nos encontramos con un pacto hecho por Dios con las bestias del campo, las aves del cielo y las serpientes de la tierra para que su instinto depredador y asesino, procedente de la caída en pecado del hombre, quede neutralizado, regresando al estado anterior a la caída del hombre. Es decir, estamos ante un regreso a las condiciones de vida que prevalecían en el huerto de Edén.

Habrá una ausencia de violencia y guerra, porque el Señor ha quitado de la tierra arco y espada, lo cual conduce a un periodo de seguridad nunca antes visto. Te haré dormir segura. No se adiestrarán mas para la guerra. Es un reino de paz cuyas condiciones serán ampliadas por el profeta Isaías y otros más adelante. Por tanto, estamos ante unas formas de vida nunca vistas en la tierra desde que el pecado, introducido por el hombre, desordenó todas las cosas. El mundo material quedó afectado por el pecado del hombre. La naturaleza original y terrenal: bestias, aves y animales terrestres, así como la naturaleza del hombre, recibieron una transformación maligna que alteraron toda la creación.

El Señor anuncia ahora, mediante su profeta, un regreso a las condiciones anteriores, aunque con limitaciones. El milenio será un retorno limitado al paraíso perdido, puesto que aún el pecado y la muerte no habrán sido definitivamente erradicados; aunque el diablo estará atado y eso hará muy distinta la atmosfera y realidad espiritual. El Señor está hablando aquí a Israel como a una esposa infiel que vuelve a ser desposada y recuperada para su marido, el Hacedor, el cual le hará habitar segura.

         Hay un pacto pendiente de ser impulsado por el Señor en favor de Israel con las bestias, aves y serpientes de la tierra, así como desactivar la guerra.

118 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (VI) – Amós (2)

Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantare sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho YHVH Dios tuyo (Amós 9:11)

         Una de las peculiaridades del profeta Amós es que él mismo no se consideraba profeta, al menos, no un profeta en el sentido profesional como sí lo era el sacerdote Amasías (7:10-17). Amós era boyero, no pertenecía a ninguna familia de profetas, por tanto, no era relevante para la sociedad de su tiempo, pero sí tenía un mensaje claro de parte del Señor que anunció sin tapujos, ni timidez. Después de anunciar la destrucción del reino del norte, el reino de Israel, y su entrega al cautiverio del que aún no ha regresado, el profeta anuncia un día cuando Israel recupera el reinado de David, que en sentido estricto se refiere a la llegada del Mesías para establecer su reino en Jerusalén.

Una de las características de la restauración anunciada por los profetas que se va a repetir una y otra vez, es que Israel regresa del cautiverio para recuperar la tierra que le fue entregada en el pacto que Dios hizo con Abraham para siempre. Por tanto, la restauración del reino mesiánico tiene que ver con el regreso de los judíos a su tierra ancestral, hecho que hemos visto el pasado siglo XX.

Amós anuncia un tiempo de cosechas aceleradas y fructíferas que conseguirán una gran productividad de la tierra. El que ara alcanzará al segador, y el pisador de la uva al que lleva la simiente. Israel edificará las ciudades asoladas, las habitarán, plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; harán huertos, y comerán de su fruto; lo cual indica el regreso de una gran devastación anterior.

Como en el principio de la creación, el caos y la desolación, donde las tinieblas cubrían la faz de la tierra, la palabra de Dios creó una nueva realidad de orden y armonía. Así es el regreso del reino mesiánico a la tierra anunciado por Amós. Israel será plantado en su tierra, y nunca más será arrancado de ella (se repite esta expresión una y otra vez), tierra que le fue dada por Dios mismo, en la cual será establecido su anunciado gobierno sobre todas las naciones. Todo el lenguaje tiene un sentido literal, físico y material. Es un reino en la tierra en unas condiciones nunca antes vistas, en las que Israel ocupa un protagonismo principal para no ser nunca más removido en cautiverio. Es la esperanza mesiánica.

         A la restauración de Israel en su tierra le sigue un periodo de gran prosperidad, victoria sobre sus enemigos, y el reino de Dios en Jerusalén.

117 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (V) – Amós (1)

En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado (Amós 9:11)

         Una definición sencilla de lo que es un profeta de Dios es aquella que le define como el hombre que ha sido escogido por el Señor para transmitir su mensaje al pueblo. El profeta acaba viendo lo que Dios ve y lo anuncia como un transmisor de aquello que ve y oye de parte del Señor. No es original en su mensaje, sino que se ciñe estrictamente al contenido recibido, aunque sí lo será en las formas, que en muchos casos también formarán parte de la visualización del mensaje. En ocasiones los mismos profetas serán una señal para el pueblo en su forma de vida y actuaciones, todas ellas escogidas por Aquel que es el Dios de los espíritus de los profetas (Apc.22:6).

No es fácil ser profeta de Dios. Generalmente sus mensajes son impopulares, aunque la mayoría de los libros que tenemos de los profetas de Israel, después de anunciar juicios y castigos por el abandono del pacto y el pecado del pueblo, introducen siempre un mensaje de restauración para el pueblo, y gran parte de ese mensaje futuro tiene elementos que solo son posibles en el reino del Mesías. Es el caso del profeta Amós con el que iniciamos nuestro recorrido. El orden cronológico que seguiremos es el siguiente. Las fechas son aproximadas.

  1. Amós (767-753 a.C.)
  2. Oseas ((755-725 a.C.)
  3. Miqueas (740-700)
  4. Isaías (740-686)
  5. Habacuc (630 a. C.)
  6. Sofonías ((612-630 a.C.)
  7. Nahúm (612 a.C.)
  8. Jeremías (627-561 a.C.)
  9. Ezequiel (593-571 a.C.)
  10. Daniel (603-535 a.C.)
  11. Hageo (520 a.C.)
  12. Zacarías (518 a.C.)
  13. Malaquías (425 a.C.)

La restauración que anuncia el profeta Amós es la del tabernáculo caído de David, por tanto, una restauración de la alabanza, su reinado justo y victorioso.

         El libro del profeta Amós es uno de los libros proféticos más antiguos.

116 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (IV) – Introducción (4)

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos     (1 Pedro 1:10,11)

         Cuando hablamos de los profetas de Israel no solamente estamos pensando en los autores de los libros que conocemos como profetas mayores y menores. En la Escritura encontramos otros profetas que anunciaron parte del mensaje de Dios. Ya hemos visto al patriarca Jacob, que antes de ser unido a sus padres, anunció el advenimiento del Mesías como descendiente de Judá (Gn. 49:8-10). También Moisés, como profeta de Dios, anunció la llegada de un profeta único (Dt.18:15-19), que identificaron con el Mesías (Jn.1:45) (Hch. 3:22,23; 7:37). David también habló como profeta de Dios acerca del Mesías en muchos de sus salmos como hemos visto en anteriores capítulos.

Incluso el mismo Maestro se identifico con el mensaje de los profetas cuando entró en la sinagoga de Capernaún y se levantó a leer (Lc.4) con (Is.61). Luego, después de resucitar y aparecerse a dos de sus discípulos camino a Emaús, les señaló la insensatez de sus corazones por no comprender, ni creer, todo lo que los profetas habían dicho de él (Lc.24:25). Que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos (Lc.24:44). Bajo este contexto decimos, una vez más, que los apóstoles, aunque estuvieron con Jesús, y oyeron de él mismo cosas que otros solo las vieron de lejos, sin comprenderlas (Heb.11:13), eran herederos de su mensaje. La palabra se había hecho carne, habían visto su gloria y ahora la anunciaban como testigos de lo visto y oído.

Recuerda que el apóstol Pedro dijo que la palabra profética era más segura (2 P.1:19-21); añadiendo que debemos estar atentos a su mensaje como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana aparezca; significando con ello la necesidad de mirar las Escrituras hasta que él venga.

Dicho esto, vamos a adentrarnos ahora en el mensaje de los profetas de Israel sobre la llegada del reino mesiánico. Al hacerlo seguimos al Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (Apc.22:6). No hay división en el mensaje. Ciertas teologías separan la ley y la gracia, dividiendo en dispensaciones lo que Dios no ha separado. Nuestro fundamento es sobre profetas, apóstoles y el Cristo.

         El mensaje de los apóstoles del Señor entronca con el de los profetas de Israel en un mismo consejo: El Mesías en sus sufrimientos y glorias.

115 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los profetas de Israel (III) – Introducción (3)

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo… que era del linaje de David según la carne (Romanos 1:1-3)

         El mensaje del evangelio no comienza con la predicación de los apóstoles del Señor, sino que fue antes anunciado y prometido por los profetas en las Escrituras dadas a Israel. Al final de esta misma carta el apóstol de los gentiles regresa con el fundamento de su mensaje, y dice lo siguiente: Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe (16:25-27).

Pablo recibió luz y revelación sobre lo que ya estaba anunciado. No es su mensaje, se ha hecho copartícipe del evangelio, uno con él, lo recibió por revelación directa de Jesús mediante el testimonio que ya estaba escrito por los profetas (Gá. 1:11,12). Lo que antes estaba velado para él, le fue revelado mediante las Escrituras por la intervención directa del Señor sobre su vida en visión, pero estrictamente fundamentado sobre la revelación que fue dada a los profetas con anterioridad. Lo expuso así ante el rey Agripa: persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder (Hch.26:22,23).

Por eso el evangelio es un misterio revelado para cada uno que lo recibe hoy. El dios de este siglo ha cegado el intelecto, pero cuando el Espíritu del Señor alumbra los ojos del entendimiento podemos ver lo que ya estaba escrito, que ahora se hace vivo y eficaz como palabra que es espíritu y vida.

Me he detenido en este aspecto del mensaje de los profetas para enfatizar que el evangelio no es de los gentiles, sino que fue dado y revelado a Israel, y de ellos, mediante el Mesías, lo hemos recibido. Esto debe  alejarnos de la arrogancia y el rechazo al pueblo judío mostrando gratitud al Señor. Hubo también falsos profetas en Israel, como habrá entre nosotros falsos maestros (2 P.2:1); por ello, haremos bien en estar atentos al mensaje revelado a los profetas del Señor que han sido reconocidos como inspirados por el Espíritu Santo (2 P.1:19-21). Veremos sus escritos, no solo en relación a su primera venida, sino a la segunda y definitiva para establecer el reino mesiánico.

El evangelio hunde sus raíces en el mensaje de los profetas de Israel, recogido por los apóstoles del Señor, mediante la doble revelación del Mesías.

114 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los profetas de Israel (II) – Introducción (2)

Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:18,19)

         Quiero enfatizar el mensaje de los profetas como fundamento del evangelio. Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas de Israel, no a la inversa. El evangelio incluye las dos venidas del Mesías, la primera para redimir de nuestros pecados y establecer el reino en los corazones de los hombres que se arrepienten; y la segunda para redimir a Israel en su tierra, restaurar todas las cosas y reinar sobre todas las naciones desde Jerusalén. Y todo ello fue anunciado primeramente por los profetas a Israel, confirmado ahora por los apóstoles de nuestro Señor en la boca de Pedro, a las autoridades del pueblo judío, a quienes dijo: A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad (Hch.3:26).

Quiero enfatizar este hecho prioritario en el anuncio del evangelio porque la teología del reemplazo nos ha desordenado gran parte del mensaje, y la iglesia gentil ha quedado históricamente deslocalizada en cuanto a la herencia recibida. Quiero insistir en ello. Los apóstoles del Señor son herederos del mensaje que antes ya habían anunciado los profetas de Israel (Hch.13:32,34). Abraham era profeta (Gn.20:7). En el primer siglo se estaban cumpliendo las cosas que antes fueron anunciadas por boca de los profetas que Dios había enviado a su pueblo.

Y ese mensaje contiene la redención de Israel y las naciones en dos fases, una primera mediante la expiación del Cordero de Dios, anunciado por Isaías como el siervo sufriente que nos ha sido dado; y una segunda parte de la redención y restauración de todas las cosas, mediante el regreso en gloria del mismo Mesías ahora para reinar como León de la tribu de Judá.

Los profetas anunciaron ambas venidas y en ocasiones mezcladas de tal forma que parecían una sola; por ello, muchos en Israel no comprendieron la plenitud del mensaje en la persona de Yeshúa y rechazaron su primera venida, aunque siguen esperando su advenimiento.

En todo ello encontramos también un misterio de la soberanía de Dios y causa de tropiezo para muchos. Debemos enfatizar que era necesario que el Cristo padeciera. Sin embargo, hemos buscado una y otra vez culpables de su muerte en la persona de los judíos, cegados de arrogancia, por no comprender que era necesario que así fuera.

         Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas, anunciado para cumplirse en la persona del Mesías, sin carga de culpabilidad sobre los judíos.