A la ley y los profetas (5)

Judea y SamariaEl día del Señor sobre todas las naciones

Porque se acerca el día del Señor sobre todas las naciones. Como tú has hecho, te será hecho; tus acciones recaerán sobre tu cabeza  (Abdías 15 LBLA).

         A la generación de Noé le sorprendió el inminente juicio de Dios aunque tuvieron un pregonero de justicia en el constructor del arca. Poco después la generación de Lot cometió el mismo error, vivían en inmoralidad, ociosidad, violencia y un hedonismo insoportable, hasta que el fuego que cayó del cielo los sorprendió a todos, sólo Lot y sus dos hijas escaparon.

Por su parte el profeta Jonás anuncio juicio a la ciudad de Nínive dentro de cuarenta días y se arrepintieron proclamando un ayuno hasta de las bestias. Dios retrasó el juicio y aquella generación de Jonás no tuvo que sufrirlo.

Está escrito: No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá. 6:7). Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Heb. 9:27). Y también: la ira de Dios se rebela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (Ro.1:18).

Sin embargo, nuestra generación vive a espaldas de estas verdades reveladas una y otra vez. Prefiere repetir el mismo error de generaciones pasadas ignorando el inminente juicio de Dios sobre todas las naciones. Es el mensaje de muchos de los profetas de Israel, entre ellos Abdías. La variante en el mensaje de este profeta es que el juicio viene a las naciones por el trato dado a Israel, y esto concuerda con otras Escrituras.

Está escrito: el que os toca, toca la niña de su ojo (Zac.2:8). Hay bendición o maldición para las naciones o familias que bendicen o maldicen a Israel (Gn. 12:1-4). Incluso Jesús enseñó que el juicio a las naciones viene por el trato dado a estos mis hermanos más pequeños, refiriéndose a los judíos (Mt. 25:31-46).

El texto de Abdías nos recuerda que de la misma manera que Edom hizo con Judá, así le seria hecho a Esaú, y todos aquellos que participan de su misma naturaleza pecaminosa.

Podemos ignorar la verdad revelada, torcerla o manipularla, pero eso no la cambiará. Dios no cambia y lo que ha salido de su boca tiene cumplimiento, no solo en las promesas que tanto nos agradan, sino también en aquellas que apuntan hacia su juicio. No nos engañemos. Es el mismo Dios. Es la misma palabra. Teman las naciones y los pueblos ante el Dios de Israel y el anuncio de sus profetas.

         Seamos sabios y pongamos nuestras vidas a línea con la palabra de los profetas que hablaron de parte de Dios. En ella tenemos nuestra salvación.

Unesco (2)ANEXO: resolución de la UNESCO sobre el Templo de Jerusalén

Esta pasada semana hemos asistido a una nueva resolución de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) contra Israel, su historia, el mensaje de los profetas, y un ataque vergonzoso para eliminar todo vestigio judío y cristiano de la ciudad de Jerusalén y el monte del templo, en favor de la islamización de la tierra dada a Abraham, Isaac, Jacob y su descendencia.

         La UNESCO votó una moción presentada por los palestinos en la que se niega toda conexión judía con la explanada del Templo y el Muro Occidental. La votación se realizó el jueves 13 de octubre de 2016. El resultado fue el siguiente:

         Votos a favor: 24 países (16 países mayoritariamente musulmanes: Argelia, Bangladesh, Chad, Egipto, Irán, Líbano, Marruecos, Mauritania, Omán, Pakistán, Qatar, Sudán, Malasia, Nigeria, Mozambique,  Senegal). 6 países de mayoría cristiana: Brasil, República Dominicana, México, Nicaragua, Sudáfrica y Rusia, más China y Vietnam.

         Votos en contra: 6 países (Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Lituania, Alemania y Estonia).

         Abstenciones: 26 países (2 países mayoritariamente musulmanes: Albania y Costa de Marfil). 18 países de mayoría cristiana: Argentina, Camerún, El Salvador, España, Francia, Ghana, Grecia, Guinea, Haití, Italia, Paraguay, Suecia, Ucrania, Eslovenia, Uganda, Kenia, isla de San Cristóbal y Trinidad). 6 países de otras religiones: India, Japón, Sri Lanka, Nepal, Corea del Sur y Togo.

         Con esta votación de la UNESCO se pretende desligar la explanada del Templo de Jerusalén de la historia de Israel, por tanto, no ha habido templo en la ciudad de David, según la iniciativa palestina apoyada por las naciones mencionadas y con la abstención cobarde de otras tantas (entre la que se encuentra la nuestra, España, la España católica).

Algunas de las lecturas que cabe hacer de esta iniciativa aprobada en la UNESCO es que el Nuevo Testamento es falso, puesto que se menciona el Templo de Jerusalén unas 117 veces. En el Antiguo Testamento unas 100 veces. Jesús nunca estuvo en el templo de Jerusalén. Los apóstoles tampoco, de lo que se deduce que el mensaje que aparece en las Escrituras es falso. Todos los textos en la Biblia que hablan del primer Templo, construido por Salomón, y el segundo, reconstruido en tiempos de Zorobabel, Esdras y Nehemías, nunca existió, según la propaganda islámica palestina.

Ante estos hechos de manipulación de la verdad histórica, cultural y religiosa el mundo «cristiano» permanece callado. Muchas de las naciones con mayoría cristiana han votado a favor o se han abstenido, lo cual pone de manifiesto su cobardía, ignorancia, o temor ante el mundo islámico, o todas ellas a la vez. Incluso el Vaticano ha preferido mantenerse al margen y evitar una postura clara en favor del contenido de los evangelios. Inaudito.

Si la verdad nos hace libres, hoy el mundo es aún más esclavo que ayer, dando la espalda a la verdad histórica de hechos trascendentales para el devenir de los pueblos. Porque fue en la ciudad judía de Jerusalén donde el Hijo del Eterno consumó la redención del mundo. Donde murió y resucitó. Desde donde fue elevado al cielo, a la diestra del Padre, y a donde volverá para establecer su reino mesiánico. Como hijo de David lo hará en Jerusalén, y de ella saldrá la bendición a todos los pueblos de la tierra. Baruch Haba B`shem Adonai. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Amén.

A la ley y los profetas (4)

Judea y SamariaLa violencia contra Israel

Por la violencia contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza, y serás cortado para siempre  (Abdías 10 LBLA).

         El libro del profeta Abdías es un mensaje o pregón del Señor contra Edom por el trato dado a su hermano Israel. Judá había sido derrotado y llevado al cautiverio por los caldeos. Cuando lo vieron sus hermanos edomitas, descendientes de Esaú, no solo se alegraron, sino que participaron con su propia violencia a la destrucción y el saqueo de los judíos.

Aunque  Judá estaba bajo el juicio de Dios en ese tiempo, sufriendo las consecuencias de su propia rebelión al pacto y recogiendo el fruto de su pecado contra su Dios, eso no significaba que Edom pudiera aprovecharse de su debilidad para «hacer leña del árbol caído».

Dios emitió un juicio sobre Edom para que la vergüenza cayera sobre ellos y que fuera cortado para siempre. El Señor envió diversos juicios sobre Israel a lo largo del recorrido bíblico, pero siempre los profetas hablaron de su restauración. Dios no ha desechado a su pueblo.

La teología del reemplazo ha puesto base doctrinal a lo largo de la historia de la iglesia para aprovechar la debilidad y dispersión de Israel a las naciones, ensañándose contra los judíos acusándoles de pueblo deicida, olvidando el mensaje del profeta Abdías. Dios no ve con buenos ojos que las naciones aprovechen su castigo a Israel para destruirla.

La violencia de Esaú, −la misma naturaleza violenta−, fue usada contra Israel durante el tiempo de la diáspora por la mayoría de las naciones llamadas cristianas. Han participado del pecado de Edom. ¿Cuál fue ese pecado? Injuriaron a Jacob (vers. 10 RV60). Se unieron a sus enemigos (11). Se alegraron de su mal. «No debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de su angustia» (12). Robaron sus bienes (13). Edom ayudó a los babilonios para matar a los judíos en el día de su calamidad, y entregarlos como prisioneros (14). ¡Cuántas naciones lo hicieron en los días del holocausto! Casi toda Europa colaboró por acción u omisión. El silencio cobarde permitió la mayor barbarie cometida por la humanidad.

La naturaleza de Esaú está más cerca de nosotros de lo que pensamos. Dios la aborrece. La vergüenza cubrirá a todos aquellos que se oponen al pueblo de Dios, aunque Israel merezca su juicio. Edom fue cortado para siempre y nosotros deberíamos temer a un Dios que no cambia.

         La violencia hecha contra los hermanos es aborrecida por el Señor, y causa una vergüenza que nos cubrirá.

A la ley y los profetas (3)

Judea y SamariaEl profeta Abdías sobre Edom/Esaú

Visión de Abdías. Así dice el Señor acerca de Edom: Hemos oído un mensaje del Señor, y un mensajero ha sido enviado a las naciones, diciendo: Levantaos y alcémonos contra él en batalla  (Abdías 1 LBLA).

         En nuestro contexto religioso cuando hablamos de visiones casi siempre tiene que ver con mensajes agradables. Anunciamos visiones y sueños, en muchos casos, que engordan el ego humano, ignoran el temor de Dios y olvidan la naturaleza de pecado del hombre.

Por su parte el profeta Abdías va a tener una visión devastadora para la tierra de Edom. Y no porque el profeta sea catastrofista, sino porque es el mensaje que ha oído del Señor y que debe anunciar a Edom y las naciones.

Todas las naciones se parecen mucho unas a otras en su comportamiento contra el Señor y contra su ungido (Sal. 2:1-2). En el texto del Salmo 2 se refiere al advenimiento del Mesías y la oposición que las naciones harán a su manifestación. En el caso del profeta Abdías el ungido tiene que ver con Israel y los enemigos que se le oponen.

Por tanto, las naciones tienen en común su oposición a Dios, a su ungido, a su pueblo Israel, a su tierra y a su evangelio. En realidad es todo una misma cosa: el Adversario oponiéndose, a través de los hijos de desobediencia, a la voluntad soberana de Dios para establecer su reino en la tierra.

En Edom vemos reflejada a nuestra propia nación; y en su actitud hacia Israel la de cada uno de nosotros como manifestación del hombre carnal.

Vemos que el centro de la naturaleza de Esaú se manifiesta en la soberbia de su corazón. La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? (3).

Tiene su seguridad puesta en la habilidad para buscar refugios y alturas inaccesibles para sus enemigos, por tanto se siente seguro y declara con altivez que nadie podrá derribarlo. Así es como se ve Edom, pero el profeta tiene un mensaje distinto para esta nación orgullosa: He aquí, pequeño te he hecho entre las naciones; estás abatido en gran manera (2). Otra vez la soberbia nos engaña. Nos hace creer que estamos seguros cuando en realidad vivimos al borde del precipicio. La altivez de corazón piensa y dice que no tiene necesidad de nada, pero no sabe que en verdad es miserable, pobre, ciego y está desnudo (Apc. 3:17).

         Dios no hace nada sin anunciarlo por medio de sus profetas, y está escrito que resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. El antisemitismo es una gran soberbia contra la soberanía de Dios.

A la ley y los profetas (2)

Judea y SamariaEl profeta Amós: antisemitismo como obra de la carne

Así dice el Señor: Por tres transgresiones de Edom [Esaú], y por cuatro, no revocaré su castigo, porque con espada persiguió a su hermano [Israel], y suprimió su compasión; su ira continuo despedazando y mantuvo su furor para siempre (Amós 1:11-12)

         El profeta Amós es uno de los diversos profetas de Israel que emiten el juicio de Dios contra Edom. En este pasaje podemos ver algunas de las características de la naturaleza pecaminosa de este pueblo. El carácter violento, dedicado a la guerra, sin compasión, lleno de ira perpetua y un furor para siempre, que tanto nos recuerda al proceder del mundo islámico contra Israel.

         Pablo enseña en sus cartas que debemos alejarnos de nuestra vieja manera de vivir, cuando andábamos en la vanidad de nuestra mente, entenebrecido el entendimiento, excluidos de la vida de Dios, endurecidos de corazón, insensibles, entregados a la sensualidad, hablando mentiras, robando, saliendo de nuestra boca palabras corrompidas, dando lugar al diablo, resistiendo al Espíritu (Efesios 4:17-30). Y culmina con esto: Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Ef.4:31). Aquí tenemos la misma naturaleza de Esaú/Edom.

El profeta Amós nos dice que Dios no tolerará más el pecado de Edom (un antisemitismo ancestral) y envía su juicio para depurarlo. Los apóstoles han anunciado el juicio de Dios sobre el hombre caído, su muerte en la cruz del Calvario. Y los que andan según la carne no pueden agradar a Dios; la mente puesta en la carne es  muerte (Ro.8:8,6).

Esaú dirigió su maldad hacia su hermano Israel. Buscó en sus parientes el objeto de su ira y el destino de su furor, ¿por qué? porque anidaba en su corazón la amargura heredada de los padres. La ira y el odio acumulado por generaciones, en familias o pueblos, dan lugar a manifestaciones de violencia inusitada en ciertos momentos. Lo vemos hoy en el enfrentamiento árabe-israelí; lo vemos en el odio nacionalista y separatista; lo vemos en las rivalidades étnicas y el odio al extranjero, y por supuesto lo vemos en el rebrotar del nuevo antisemitismo en forma de Boicot a Israel (BDS) y la obsesiva sinrazón de la izquierda política hacia el Estado judío.

Edom está muy cerca de nosotros. Esaú ha invadido nuestro corazón con su falta de compasión. Estamos atrapados en amarguras hereditarias que engendran contaminación por donde quiera que pasan. Necesitamos la voz del profeta y el apóstol para emitir el juicio contra Edom, −el viejo hombre−, y vestirnos del nuevo por la resurrección de Jesús, el postrer Adán.

         Despojémonos del viejo Esaú con su antisemitismo pleno de amargura heredada de los padres, y vistámonos del nuevo hombre creado en Yeshúa en justicia y santidad de la verdad.

A la ley y los profetas

Judea y SamariaEl profeta Ezequiel sobre Edom/Esau

Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte Seir, y profetiza contra él, y dile: Así dice el Señor Dios: He aquí estoy contra ti, monte Seir, extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desolación y en soledad. Dejaré en ruinas tus ciudades, y serás convertida en desolación; y sabrás que yo soy el Señor. Por cuando tuviste enemistad perpetua y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su calamidad, en el tiempo del castigo final  (Ezequiel 35:1-5 LBLA).

         Está escrito que por dos o tres testigos se decidirá todo asunto (2 Co.13:1). Diversos profetas de Israel profetizaron sobre Edom. Su mensaje es coincidente. Lo cual viene a confirmar que en el consejo celestial se emitió una palabra determinante sobre la descendencia de Esaú. El Señor estaba en contra de esta nación y emitió su juicio definitivo para que quedara en desolación, soledad y ruina.

No se puede resistir la voluntad soberana de Dios. La soberbia del hombre levanta sus argumentos altivos contra el consejo de Dios, pero debemos aprender que no se puede resistir a Dios. Es Dios quién resiste a los soberbios; y es al diablo a quién debemos resistir, sometiéndonos al Señor. Cuando no estamos dispuestos a humillarnos ante el Rey del Universo, será el mismo Señor quién nos doblegará y entregará a desolación y ruina.

Está escrito que un día toda rodilla se doblará delante del Señor, y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre. Hoy podemos hacerlo voluntariamente, aceptando la voluntad del Señor sobre nuestras vidas y que no llegue a nosotros el día del juicio anunciado sobre los que participan de la misma naturaleza edomita. Si rechazamos la bondad de Dios el día de salvación, nos encontraremos con su ira que no podremos eludir.

El juicio sobre Edom vino por causa de su enemistad perpetua hacia Israel. Esa enemistad no agradó a Dios, y Él no ha cambiado.

La cruz de Jesús ha derribado toda enemistad y pared intermedia de separación entre el judío y el gentil. Si rechazamos la intermediación de la sangre derramada del justo en la cruz del Calvario para nuestra reconciliación, estaremos frente a la ira del justo juicio de Dios sobre una naturaleza impía, incapaz de arrepentirse.

Esaú no solo mantuvo su enemistad hacia Israel, sino que aprovechó sus momentos de máxima debilidad para hacerle el mayor daño posible. Esta palabra se levanta hoy también sobre todas las naciones que se empeñan en el antisemitismo y el odio a Israel. El juicio será el mismo: desolación, soledad y ruina.

         Mantener la enemistad hacia Israel es oponerse a Dios. El antisemitismo es pecado. La teología del reemplazo no es la voluntad de Dios.

Estamos en guerra pero niegan identificar al enemigo

Islam radical

Estamos en guerra pero los dirigentes del mundo Occidental se niegan a identificar al enemigo.

Artículo escrito por David Mandel

Mi Enfoque #603, Julio 29, 2016 por David Mandel

Los comienzos del Islam fueron muy diferentes a los comienzos de las otras dos religiones abrahámicas, judaísmo y cristianismo. El judaísmo nunca fue proselitista. El cristianismo, desde que Saulo de Tarso decidió predicar a los no-judíos, fue proselitista y utilizó solamente métodos pacíficos para lograr conversiones voluntarias, por lo menos durante sus primeros siglos hasta que fue declarada por Constantino el Grande religión oficial del Imperio Romano.

El Islam, en contraste, desde sus inicios, utilizo la fuerza de las armas y la violencia para obligar a los pueblos conquistados a convertirse. Mahoma mismo, a la cabeza de hombres armados, luchó contra otras tribus, las derrotó y las forzó a convertirse. Sus herederos desbordaron sus ejércitos de lo que hoy es Arabia Saudita y conquistaron, convirtieron y arabizaron, utilizando la espada, numerosas naciones y enormes extensiones de territorios, desde la Cordillera de los Pirineos en el norte de España hasta las fronteras con la India.

El Islam, a diferencia del judaísmo, cristianismo, budismo y otras religiones, no es solo teología. Es también ideología. Su ideal es lograr que el mundo entero se convierta al Islam. Hoy, un sector del Islam ha desarrollado una mutación violenta, intolerante de otras religiones y culturas, cuya obsesión es unir al mundo bajo un califato musulmán.

Una frase que se ha hecho popular dice «La gran mayoría de los musulmanes no son terroristas, pero la gran mayoría de los terroristas son musulmanes». En el mundo hay hoy alrededor de 2,000 millones de musulmanes*. Si asumimos que los fanáticos que quieren islamizar el mundo, que odian a las otras religiones, que desprecian la cultura del Occidente, y que no tienen escrúpulos en utilizar los métodos más crueles para lograr sus objetivos, son solamente el 1%, estaríamos hablando de, por lo menos, 20 millones de individuos dispuestos a matar y morir cumpliendo lo que ellos creen es una misión divina.

La izquierda liberal de Europa tiene numerosas explicaciones que justifican los ataques de terroristas islámicos: sufren humillaciones; no tienen trabajo; no es el odio sino la desesperación lo que los incita a degollar curas y atropellar cientos de personas; no era terrorista sino que tenía problemas psicológicos. Y los que están convencidos de que todos los problemas del mundo se deben al conflicto israelí-palestino dirán que los terroristas expresaron con su acto su protesta contra la «ocupación israelí».

Típico es el titular que publicó la BBC de Londres: «Inmigrante sirio murió en una explosión en Alemania». Quien sólo lee titulares sentirá simpatía y pena por el pobre sirio que sólo buscaba vivir en paz y libertad en Alemania. Quien se toma la molestia y el tiempo de leer más se enterará de que el sirio ingresó con una bomba a un restaurante, y en la explosión murió el suicida y quince personas inocentes sufrieron graves heridas. Y si el lector tiene paciencia para leer el artículo hasta el final se enterará de que, para el periodista que escribió la noticia, no hay relación entre el hecho de que el individuo era islámico y su intención e intento de matar a cuantos podría. Por supuesto que no. El hombre realizo su «acto de desesperación» debido a que «sufría de problemas psiquiátricos».

El Papa Francisco, conmovido por la atroz muerte del cura francés, ha declarado que los actos terroristas son «guerra», pero, siguiendo la línea de politically correct, añadió «No es guerra religiosa».

Si no es guerra religiosa, ¿qué es? ¿Qué motivó tenían los terroristas para degollar al cura? ¿Estaban desesperados por no tener trabajo? ¿Se sentían humillados por la sociedad? ¿Estaban deprimidos? ¿Sufrían de problemas psiquiátricos?  ¿Fue su forma de protestar contra la «ocupación» israelí?

Debido a su derrotismo, apaciguamiento y falta de decisión, los dirigentes de Estados Unidos y Europa se niegan a llamar «al pan pan y al vino vino». «Dios nos libre de decir que los terroristas que gritan ¡Allah hu akbar! son islámicos.» Esta negación de la realidad les impide tomar las medidas necesarias para combatir al terrorismo islámico, incluyendo investigar a los predicadores, deportar a los que incitan al fanatismo, al odio y a la violencia, y cerrar mezquitas

Se produce la absurda situación de que personas que no tienen idea de la historia y teología del Islam insisten en declarar que las atrocidades cometidas por fanáticos islámicos no son el Islam, mientras que los terroristas, nacidos, criados y educados en el Islam insisten que es el Islam lo que los motiva.

La realidad es que el Islam extremista ha declarado la guerra al mundo occidental, a su cultura, a sus valores, a las religiones cristiana y judía. Mientras continuemos negándonos         a aceptar esa realidad no hay forma efectiva de combatirlos y, mucho menos, derrotarlos.

Los blancos de los actos terroristas islámicos están muy bien escogidos por su valor simbólico:

  1. Ataque a la libertad de expresiónTerroristas islámicos atacaron la revista satírica Charlie Hebdo en Paris, en enero del 2015 y mataron a doce personas.
  1. Ataque a judíosUn terrorista islámico mató a cuatro personas en un súper mercado judío, demostrando así que el fascismo islámico es tan criminalmente antisemita como lo fue el fascismo nazi.
  1. Ataque a la cultura occidentalTerroristas islámicos mataron a noventa personas en la Sala de Conciertos Bataclan en Paris durante un evento musical, en noviembre del 2015
  1. Ataque a los valores del Mundo Occidental.El 14 de julio del 2016. mientras que cientos de miles de personas celebraban en Francia la caída de la Bastilla, fecha que proclamó los principios de libertad, igualdad y fraternidad, un terrorista islámico en Niza atropello y mato a más de 80 personas.
  1. Ataque al cristianismo.El 26 de julio del 2016 dos terroristas islámicos entraron a una iglesia católica, degollaron al anciano cura e hirieron de gravedad a otro rehén.

Nota. En setiembre del año 2005 un periódico danés publicó doce caricaturas de Mahoma. Esto provocó una ola de violentas protestas en todo el mundo musulmán, incluyendo quemas de iglesias y templos y asesinatos de cristianos. La profanación de una iglesia, un recinto sagrado donde reina la paz, y el asesinato de un sacerdote católico, realizado por dos asesinos islámicos, no suscitó protestas violentas en el mundo cristiano, no hubo quema de mezquitas ni asesinatos de musulmanes. Esa es la diferencia entre el mundo Occidental y el mundo musulmán.

Ante un odio desenfrenado

Hallel Yaffa ArielHace unos días hubo un atentado en Israel —otro más— en el que un joven palestino de diecisiete años asesinó a cuchilladas a una jovencita judía de trece, cuando ésta dormía plácidamente en la habitación de su casa. La niña se llamaba Halell Ariel y residía con su familia en la antigua ciudad de Kiryat Arba, un lugar ancestral y centro del conflicto árabe-israelí.

En su funeral, la madre de Halell hizo una proclamación impactante que rezuma fe en el Dios de Israel, el Fuerte de Jacob; al final de su oración se dirigió a la madre del joven palestino, asesino de su hija, en estos términos:

         «Estoy aquí con mi corazón herido, y me dirijo a usted, la madre árabe musulmana que envió a su hijo a apuñalar a mi hija. Yo le enseñé a mi hija a amar. Y usted le enseñó a su hijo a odiar. Véanlo con sus propios ojos. Nosotros somos fuertes, estamos aquí. Y no nos iremos a ningún lado. Porque Dios, que es la gloria de Israel, no miente ni se arrepiente».

Impresionante. La lucha entre el amor y el odio. La vida y la muerte. La dignidad y la maldad. «Lo opuesto al amor, —ha dicho el recientemente fallecido autor, y superviviente del Holocausto nazi, Elie Wiesel—, no es el odio sino la indiferencia». Yo uniría ambos en dos manifestaciones que apreciamos en diversos lugares del planeta. En Europa se muestra ese odio hacia Israel a través de la indiferencia y el doble rasero a la hora de informar sobre los atentados terroristas en suelo judío y los que tienen lugar en el viejo continente; mientras que en Oriente Próximo y por añadidura en todo el mundo islámico, se exterioriza un odio irracional que conduce a actos tan vergonzosos al ser humano como el ocurrido hace unos días en la antiquísima ciudad del antiguo reino de Israel [1].

         Antisemitismo de IUEl odio lo veo en el logotipo con el que Izquierda Unida ha «dado la bienvenida» al presidente Obama en su reciente visita a España. Un cartel que destila antisemitismo rancio, estereotipos medievales nunca abandonados, y mal gusto que desentraña el odio que anida en sus intestinos ideológicos: Odio al americano, al judío, al rico, a los de derechas, al cristianismo.


Me asombra la falta de pudor que una ideología puede atesorar en su seno
para dar expresión al odio con el que convive desde su misma concepción. Una ideología a la que se le atribuyen más de cien millones de muertos, la comunista, y que a la vez alza su voz supuestamente a favor de los desfavorecidos de la tierra, a quienes condena al hambre y la falta de libertad una vez que han sido atrapados en sus garras. La historia no deja lugar a dudas y los ejemplos son múltiples.

         Veo la misma expresión destructiva en el islamismo radical. Me asombra que ideologías aparentemente tan lejanas la una de la otra, muestren una similitud sospechosa en sus manifestaciones antisemitas, antiamericanas y anticristianas. En España padecemos el rencor infinito de la izquierda hacia la derecha, aumentado por la guerra civil, aunque viene de antes.

La división que manifiesta la izquierda política radical, incapaz de aceptar al contrario sin el sectarismo que la caracteriza, es una maldición para nuestro país. El odio engendra maldición. Un pueblo que alimenta la dureza de corazón contra sus vecinos es un pueblo entregado al brazo de los verdugos. La derecha, por supuesto, no está libre de pecado.

         Ese odio Muerte de Victor Barrios en Teruello hemos vuelto a ver en los comentarios que se han vertido en las redes a raíz de la muerte del torero Víctor Barrios en la plaza de Teruel. Una vez más son los hijos y nietos de esta ideología izquierdista, hermanada con el islamismo, la fuente de donde emana la pérdida de toda sensibilidad para entregarse a cometer toda clase de atropellos verbales que anuncian un corazón malvado, embriagado de odio y bilis del peor color. Los comentarios vertidos en las redes sociales son de una maldad infinita, aumentada por su aparente afecto por el animal. La falta de escrúpulos, al margen de la postura que cada uno tenga hacia la fiesta de los toros, demuestra cómo puede derivar el odio hacia un sector de la sociedad a quien se detesta bajo el falso manto de la defensa a los animales.

Muchos de estos animalistas son a la vez «valientes» luchadores proabortistas que abogan por el «derecho» de las madres a matar a sus hijos en su propio seno materno. El no nacido no tiene siquiera el derecho a vivir los tres años de vida que se le otorga al toro bravo antes de su lidia.

         Las maldiciones nunca vienen solas y sin causa [2]. Una palabra maldita es el anticipo de una forma de obrar que mata. Hay palabras tan violentas como golpes de espada [3]. De cada palabra ociosa daremos cuenta en el día del juicio [4]. Una nación que históricamente ha despreciado la sabiduría que emana de las Escrituras camina como pollo descabezado, sin gobierno, y sin control. Una generación así, alimentada a las ubres del dragón de siete cabezas solo puede atraer la ira de Dios sobre el pueblo.

         Estamos asistiendo al aumento de la maldad multiplicada por diez. La expresión del odio puede ser mediante el antisemitismo, por aprovechar la visita del presidente Obama, por la muerte de un torero en la plaza de toros, o el rencor infinito para que no gobierne el país otro distinto a mis ideas. Todo ello nos delata. Porque de lo que hay en el corazón habla la boca [5]. La naturaleza caída del hombre no regenerado tiene cauces de expresión en la actualidad como nunca antes para mostrar la maldad, especialmente aprovechando la impunidad de las redes sociales, donde es relativamente fácil tirar la piedra y esconder la mano.

         La fuente de donde emanan esos ríos de iniquidad es la misma en todos los casos. Procede del abismo que vomitó el veneno que sedujo la conciencia del hombre y lo envolvió en su fétido olor nauseabundo. El único que puede levantar bandera contra él es el Espíritu de YHVH [6].                       
La esperanza de Israel es el Eterno.
La esperanza de España es el Dios de Israel revelado en su Mesías, el Hijo del Hombre. La esperanza para frenar el avance sin límites de la maldad del hombre está en la cruz del Calvario, levantada en Jerusalén, capital indivisible de Israel. Todo pasa por el Dios de Israel y su plan redentor.

bandera-de-israel-lazo-44522526Si luchamos contra Israel lo hacemos contra el Dios de Israel, y al hacerlo, abrimos nuestra casa al islam, el antiguo dios pre-islámico del desierto, cuyas tribus regresarán con su odio, muerte y destrucción ante todo aquel que no se someta a la tiranía totalitaria que alberga; como en su día quiso hacer el comunismo, sin conseguirlo. El islam ha tomado el relevo, pero la fuente es la misma: el enemigo del hombre, su pecado dominante, la esclavitud de sí mismo cerrando el camino a la libertad.

         Ese camino se llama Jesús. No es una religión. Es el que ha salido para vencer y derrotar las huestes de iniquidad. Le esperamos. Israel le espera. El alma humana le espera aún sin saberlo. Está escrito: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio [7]. Y el pueblo que lo cree, diga: Amén.

Notas:

[1] – Cuando revisaba este artículo hemos sabido de un nuevo atentado terrorista en Niza (Francia) en el que han muerto ya 84 personas, y están heridas más de 180. Una muestra más del odio desenfrenado que nos azota hoy siempre desde una misma cosmovisión, la islámica.

[2] – Proverbios 26:2

[3] – Proverbios 12:18

[4] – Mateo 12:36

[5] – Mateo 15:18-20

[6] – Isaías 59:19

[7] – Marcos 1:15

La culpa es de Israel

Dedo acusadorCuando apuntamos a una persona con el dedo índice para acusarla, siempre hay otros tres apuntándonos a nosotros. La proporción es muy desigual pero como el énfasis está puesto sobre la persona a quién queremos culpabilizar, no caemos en la cuenta que hay otros tres dedos dirigidos a nosotros mismos.

         Desde el inicio de los tiempos el ser humano ha ejercido una capacidad innata para culpar a otros eludiendo así su propia responsabilidad.

El hombre culpó a la mujer (y lo sigue haciendo) de sus propias debilidades. La mujer culpó a un ente espiritual que la había engañado olvidando que podía haber resistido la tentación. Los hijos culpan a los padres de sus desdichas. Los padres a sus vástagos de las propias frustraciones. Los pobres a los ricos. Los ricos a los gobiernos. Los gobiernos a los pueblos, y los pueblos a sus gobernantes. En definitiva, siempre encontramos alguien sobre quien poner nuestro dedo índice, olvidando que otros tres nos apuntan a nosotros.

         Las naciones musulmanas han encontrado varios culpables de todos sus males: occidente, la colonización del siglo XIX, pero sobre todo ha sido el regreso del pueblo judío a su tierra ancestral la que ha cargado con la culpa de sus desdichas. Desde que Mahoma fuera rechazado por las tribus judías que poblaban la antigua ciudad de Yatrib, luego Medina, las suras del Corán han hecho posible que se inmortalice su odio a Israel.

         En la actualidad el odio que el pueblo musulmán, (la Umma islámica),  focaliza sobre Israel tiene en el regreso de los hijos de Sión a Eretz Israel su punto esencial. ¿Por qué? Porque el regreso de los judíos a Sion amenaza la creencia de que el Islam es el sello de la profecía: ¿cómo es posible —se preguntan— que Dios favorezca a los judíos, que han pervertido la revelación original que Mahoma restauró? Esta es la fortaleza mental que trastorna el mundo musulmán. Además olvidan, o no, que fueron los profetas de Israel quienes anunciaron este regreso después de una diáspora a todas las naciones.

Por ello desde hace décadas alimentan a sus sociedades con un odio extremo que no tiene freno, ni control. Las aberraciones cometidas en forma de asesinatos de todo tipo por los fundamentalistas musulmanes en territorio judío no tienen explicación racional. Es un asunto espiritual. Los políticos pretenden naturalizarlo. Rebajarlo al ámbito de lo político. Pero es inútil. Tiene otra naturaleza. Procede de otro mundo, el de las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes [1]. Es un choque de cosmovisiones proféticas. Pero el mundo secularizado occidental no acepta semejante posibilidad, y mucho menos entiende cómo solucionarlo.

En este punto debe entrar en juego la iglesia de Dios, la congregación de los redimidos por el Mesías judío. Se nos ha dado armas espirituales para luchar con ellas. Se está haciendo en muchos lugares, pero no es suficiente. La fortaleza que tenemos delante mueve a unos 1.400 millones de enfervorizados musulmanes empujados al vocerío mundial que una minoría —los llamados radicales yihadistas— se encargan de ser la punta de lanza. Pero no nos engañemos. El islam es uno, aunque esté muy dividido y numéricamente las mayores víctimas de sus atropellos sean otros musulmanes no lo suficientemente estrictos en su visión del Corán y el Hadiz.

         La búsqueda de un culpable y la certeza de haberlo encontrado da una fuerza interior al alma humana, corrompida por la mentira y la altivez de espíritu, que solo un milagro puede derribar. Es lo que el evangelio llama la dureza de corazón. El velo que impide ver o pensar con sensatez y equilibrio. Por tanto, buscar culpables es fácil. Encontrarlo en Israel es más fácil aún, porque históricamente hay un fermento crónico que lo ha hecho posible a lo largo de la historia, no solo del islam, también del cristianismo nominal.

         La culpa no es de Israel. La «culpa» es de la soberanía del Dios de Israel que escogió a este pueblo para ser portador de sus promesas universales; pero un salteador, en el siglo VII, quiso ocupar su lugar, inventando mediante una mezcla de judaísmo, cristianismo y paganismo una nueva religión llamada islamismo. Hemos tenido este conflicto durante catorce siglos y solo se solucionará el día postrero, cuando aparezca el Rey de las naciones: Mesías de Israel y Cabeza de la iglesia. No hay solución humana. Sí hay la posibilidad de abandonar el dedo acusador, entendiendo que no hay justo ni aún uno, y que los tres dedos restantes nos hagan comprender a todos que necesitamos el perdón mucho más que la acusación. Esa reconciliación es el mensaje central del evangelio de Jesús. Venir a él sí podemos hacerlo; abandonando el odio y recibiendo su gracia.

Notas:

[1] – Efesios 6:12

Israel es mi primogénito

Israel primogénitoHay expresiones en la Escritura que no dejan lugar a dudas. Sabemos que muchos las tuercen, hacen decir a la Biblia lo que ellos mismos quieren que diga.

No es nada nuevo. Cuando el sembrador vino a sembrar la buena semilla, de noche hubo uno que estuvo interesado en sembrar cizaña, de tal forma que a la mañana siguiente crecieron juntas la semilla de trigo y cizaña; el aspecto de ambas es parecido, aunque sus naturalezas son muy distintas. Eso mismo ocurre con algunas verdades de la Escritura, que como verdaderos tesoros y perlas, acaban siendo pisoteadas perdiendo el brillo original.

         Una de esas perlas tiene que ver con Israel. Recordemos algunas de ellas. Cuando el Señor envió a Moisés de vuelta a Egipto para entrevistarse con Faraón, le dio un mensaje claro: Y dirás a Faraón, YHVH ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito [1]. Israel es el primogénito de Dios. Es el heredero de las promesas.

Mucho tiempo después, otro enviado del Señor, el apóstol Pablo, mantuvo el mismo mensaje cuando escribió su carta a los Romanos. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas [2]. Las promesas fueron dadas al primogénito, Israel.

         El mismo apóstol mencionó una y otra vez que el evangelio era primeramente para los judíos [3]. También lo enseñó el apóstol Pedro en su discurso ante las autoridades de Jerusalén. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad [4]. «A vosotros primeramente». El mismo principio. Israel es el primogénito de Dios. Heredero de las promesas.

         También se dice en la Escritura con claridad que Israel es su especial tesoro, su ungido, y el que os toca, toca a la niña de sus ojos. Leamos: Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel [5]. No hay duda, Israel es el especial tesoro de Dios en la tierra.

         También es su ungido, el que ha sido marcado, sellado para una misión especial. En un sentido más amplio, Jesús es el Ungido de YHVH, pero eso no anula la verdad de que Israel es el ungido de Dios con una misión específica en la historia. El salmista se refirió a ello cuando dijo: No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas [6]. Todo el contexto del pasaje se está refiriendo a Israel, aunque hoy algunos autodenominados «los ungidos» quieran el monopolio y la exclusividad para sus propios ministerios, amenazando con palabras torcidas a quienes se oponen a sus desvaríos.

         El profeta Zacarías, refiriéndose a Sión, el monte de Jerusalén, dice: Porque así ha dicho YHVH de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo [7]. Sion, (Israel), es la niña del ojo del Señor. El salmista dice del monte de Sion: Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey [8].

         También tenemos un mensaje claro en la Escritura sobre el pacto que Dios hizo con Abraham y su descendencia, que le daría la tierra de Canaán como herencia para siempre, para mil generaciones. Además dijo a Moisés que los ojos de YHVH están sobre ella. La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; tierra de la cual YHVH tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de YHVH tu Dios, desde el principio del año hasta el fin [9]. Eretz Israel, (la tierra de Israel), ha tenido una historia única entre las naciones; hoy es el epicentro de una gran disputa mundial, y así será hasta que venga el Deseado de todas las naciones [10] para poner sus pies en Jerusalén [11], la ciudad del gran Rey [12].

         Todo esto para volver a recordar cuál es el motivo central del antisemitismo universal, la judeofóbia posterior, o el antiisraelismo político de hoy. La prueba de la existencia de Dios, dijo un sabio al Káiser alemán, es los judíos. Israel sigue siendo el primogénito de Dios, su especial tesoro. Sion y Jerusalén ha sido escogida por el Señor para llevar adelante sus planes redentores. Una tierra y un pueblo escogido, por tanto, despreciado por quienes no son de Dios [13], o viven ciegos de engaño.

         Y no olvidemos que los creyentes (gentiles) en el Mesías judío, Rey de Israel y Deseado de todas las naciones, no le hemos reemplazo, sino que hemos sido injertados en los pactos y las promesas hechas a los padres. No debemos robar las Escrituras al pueblo que fueron dadas, sino beneficiarnos de ellas. En esa posición participamos de la historia pasada y futura de Israel, y por ello compartimos propósito hoy, aunque sea en ámbitos distintos. No hay lugar para el antisemitismo en la vida de la iglesia del Señor, anunciadora de la Sión celestial y esperanza de gloria en la persona de Jesús.

Notas:

[1] – Éxodo 4:22

[2] – Romanos 9:3-5

[3] – Romanos 1:16; 2:9, 10

[4] – Hechos 3:24-26

[5] – Éxodo 19:5,6

[6] – Salmos 105:14,15

[7] – Zacarías 2:8

[8] – Salmos 48:1,2

[9] – Deuteronomio 11:11,12

[10] – Hageo 2:7

[11] – Zacarías 14:4

[12] – Mateo 5:35

[13] – 1 Juan 5:5,6

Aniversario del Farhud en Irak 1941

FARHUD en Irak 1941El pasado día 1 de junio se celebró el 75 aniversario de una fecha fatídica, otra más, en la reciente historia de Israel. En esa fecha, y durante dos días se llevó a cabo un pogrom en la nueva nación de Irak. Coincidió con la fiesta de Shavout (Pentecostés). Se le llama Farhud en árabe, que quiere decir «quitar por la fuerza». Para recordar esos sucesos quiero compartir con vosotros el artículo que ha escrito David Mandel, periodista israelí, en su Boletín MI ENFOQUE. Para ampliar la información he colocado un enlace del Diario judío de México al final del texto .

Mi Enfoque #601, Junio 3, 2016 por David Mandel

Algo que los árabes esconden debajo de la alfombra, y el Mundo Occidental, con exagerado tacto se cuida mucho de mencionar, es el hecho de que las simpatías de los árabes durante la Segunda Guerra Mundial estaban con los nazis y no con los aliados. El Mufti de Jerusalén, que pertenecía a una prominente familia palestina, huyó a Berlín y ofreció sus servicios a Hitler. Después de la guerra terminó sus días pacíficamente en el Líbano. Un gran número de nazis se refugiaron en los países árabes, arabizaron sus nombres y cooperaron con los regímenes.

Irak, desde el momento que Hitler subió al poder en Alemania en 1933, apoyó a los nazis. En 1941 nazis iraquíes trataron de tomar el poder, y, a la vez, exterminar a todos los judíos. El golpe fracasó pero, a principios de junio del año 1941, las turbas, acompañadas de soldados, policías y criminales, fueron a los barrios judíos. Mataron a cientos. Los decapitaban. Cortaban a los bebes en dos. A las niñas las violaban en presencia de sus padres. Cientos de casas y negocios judíos fueron incendiados. Este pogrom fue llamado en árabe farhud, palabra que significa «quitar por la fuerza».

El mundo árabe y Alemania celebró el aniversario de la matanza durante los siguientes años con ceremonias especiales.

En 1948, cuando Israel declaró su independencia, Irak envió uno de los cinco ejércitos árabes que invadieron Israel, y luego fue el único de los cinco que no firmo un armisticio con el Estado Judío. En julio de 1948 el Sionismo fue declarado un crimen cuyo castigo era siete años de prisión. Todos los judíos estuvieron bajo sospecha de ser sionistas. Cientos fueron arrestados. El judío más rico de la comunidad fue ahorcado en una plaza pública. Los iraquíes adoptaron las medidas nazis anti-judías. Los negocios judíos fueron boicoteados. Los funcionarios judíos fueron despedidos. Los judíos vendieron sus propiedades a un 5 o 10% de su valor y huyeron como pudieron.

En 1949 aun vivían 130,000 judíos en Irak, descendientes de los judíos que llegaron 2.600 años antes en el exilio de Babilonia. Israel organizó vuelos, bajo nombres de compañías aéreas extranjeras. En 1951 casi todos ellos habían llegado a Israel en una situación paupérrima. El Estado, que también estaba recibiendo a los sobrevivientes de los nazis, organizó campamentos temporales para los refugiados.

Antes de 1948 la población judía en los países árabes era un millón de personas. Hoy se ha reducido a un par de miles. El mundo está obsesionado con los 700,000 refugiados palestinos (en el cálculo inflado de las Naciones Unidas) para los cuales se creó una organización especial, la UNRWA, cuyo objetivo se ha mutado de ayuda a los refugiados a supervivencia de la organización. Para el millón de refugiados que llegó a Israel las Naciones Unidas no crearon ninguna organización.

Hoy, siete décadas después, los descendientes de los refugiados árabes continúan en míseros campos, bajo la supervisión de la UNRWA mientras que los descendientes de los 850.000 refugiados judíos que fueron acogidos por Israel son hombres de negocios, industriales exitosos, profesionales prestigiosos y líderes del país.

Los antisemitas acusan a Israel de ser un país colonialista, «europeos que invadieron Palestina y se adueñaron de sus territorios». La realidad es que más del 50% de la población israelí desciende de familias que durante siglos, tal vez milenios, vivieron en Medio Oriente, en Irak, Yemen, Egipto, Marruecos, Túnez, Libia, Argelia, Líbano, desde mucho antes de la conquista árabe del siglo VII.

Para ampliar la información puedes picar en el siguiente enlace:

http://diariojudio.com/opinion/farhud-la-noche-de-los-cristales-de-los-judios-de-irak/183616/#.V1VaekJZS2E.gmail