El reino venidero – 21

El reino venideroLa esperanza de Israel – Jerusalén

… Estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente […] Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! (Lucas 19:11,37,38)

Los acontecimientos del nacimiento de Jesús y el día de su circuncisión en el templo de Jerusalén fueron tan espectaculares que no pasaron desapercibidos para muchos, especialmente para sus padres, que estaban maravillados de todo lo que se decía de él (Lucas 2:33). Pero una vez cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret. La familia entró así en la normalidad diaria de un hogar judío. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él (Lucas 2:39,40). Luego se nos cuenta otro episodio cuando cumplió los doce años y la familia subió nuevamente a Jerusalén para celebrar el Bar Mitzvá, el momento cuando el joven judío es considerado responsable para guardar los mandamientos, y comienza a tener, como todos los adultos, deberes y obligaciones. Todo ello nuevamente en la ciudad de Jerusalén y en el templo judío, que a pesar de la manipulación mediática árabe, si existió y era el centro de la múltiple actividad  del pueblo en días de Jesús. Pasado el tiempo, y manifestado el Mesías a Israel a la edad de treinta años, nos encontramos nuevamente en la misma ciudad, capital de Judea, después de sus tres años y medio de ministerio público. Pues bien, la ciudad está convulsionada. Han visto y oído todo lo que Jesús ha hecho y dicho, y la expectativa está en su nivel más alto. Pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Observa cual era la expectativa del pueblo: el reino de David, un reino literal y físico, con un rey, Jesús, hijo de David. Así lo proclamaron con gran gozo las multitudes en su entrada a la ciudad eterna. ¡Hosanna! ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! Pero hay también otra manifestación oculta de las autoridades religiosas que piensan de otro modo. Las huestes espirituales de maldad han cercado la ciudad y esperan su momento. La expectativa de la multitud parece disolverse, y poco después, debidamente manipulados, dan voces diciendo: ¡Crucifícalo! Sin embargo, la expectación del reino no muere, adormece, y rebrota nuevamente.

         La ciudad de Jerusalén fue testigo privilegiado de la venida del siervo sufriente, y lo volverá a ser en la manifestación del rey triunfante.

El reino venidero – 20

El reino venideroLa esperanza de Israel – Ana

Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel […] y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Ésta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén (Lucas 2:36-38)

Estamos visitando el templo de Jerusalén en el siglo I. En medio de la actividad religiosa habitual, con las multitudes ignorando los sucesos que están teniendo lugar en medio de ellos, nos encontramos con algunas personas, escogidas por Dios, para dejar su testimonio eterno. La eternidad actuando en medio de la rutina diaria. Los gobernantes del pueblo sin revelación, los sacerdotes entregados a su quehacer cotidiano no perciben lo que ha visto Simeón, un anciano que esperaba la consolación de Israel, y una viuda entregada al ayuno y la oración, que han desembocado en un día único para ella y muchos más en Israel. Se presentó en la misma hora cuando Jesús era circuncidado. Ella, que siempre estaba en el templo, ese día discernió que algo trascendía a lo habitual. Simeón bendijo al niño, anunció la profecía de Isaías en su oración; y ahora Ana, una mujer profetisa, sensible al Espíritu de Dios, supo que el niño que apareció en el templo ― ¿cuántos niños no serían circuncidados ese día?― era el redentor esperado por muchos en Jerusalén. Fue tan fuerte su convicción que hablaba del niño a todos los que estaban en su entorno. Muchos se sorprenderían, otros la mirarían con recelo, pero ella era una mujer virtuosa, conocida por estar siempre en el templo, sirviendo a Dios desde que quedó viuda, por tanto, lo que anunciaba tenía la fuerza de la verdad, y que concordaba con la esperanza de la redención que muchos en Israel esperaban desde tiempo atrás. Para muchos otros, todo esto pasó desapercibido. Unos porque no estaban en el templo y no supieron lo que allí tuvo lugar; otros porque anegados del día a día, —como hoy—, no tenían tiempo para pensar en profecías, ni profetas, y mucho menos en lo que varios ancianos anunciaban con tanta vehemencia. El texto dice que Ana hablaba a todos los que esperaban la redención en la ciudad de Jerusalén. Piensa. Muchos la esperaban. Redención aquí no solo tiene que ver con la dimensión espiritual, sino con liberación física de sus enemigos, en ese caso el Imperio Romano. Ambos aspectos están presentes en la redención. La Pascua judía celebra un acto de redención física, salieron de la esclavitud de Egipto, siendo hechos un reino de sacerdotes para servir al Dios vivo y verdadero. Esa esperanza estaba presente en Jerusalén y Ana lo sabía.

         La consolación y redención de Israel es una misma esperanza que muchos tenían en los días cuando nació el Mesías y que aún hoy conservan.

El reino venidero – 19

El reino venideroLa esperanza de Israel – Simeón

Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor (Lucas 2:25,26)

La secuencia de los múltiples acontecimientos que se estaban desarrollando en la ciudad de Jerusalén nos conduce ahora al templo. Por cierto, templo que los palestinos, con sus gobernantes a la cabeza, niegan que haya existido nunca, poniendo en duda el testimonio de los apóstoles y profetas. El templo estaba bien activo en días cuando nació el Mesías, y a él se encaminó Simeón  movido por el Espíritu de Dios. Providencialmente, llegó cuando los padres de Jesús habían llevado al niño al templo para que fuera circuncidado según la ley. Acto que no se hubiera podido realizar si el templo, como dice una reciente resolución de la UNESCO, nunca hubiera existido. Sin embargo, el testimonio es firme. A Simeón, un judío justo y piadoso que mantenía una vida de fe y oración en niveles muy altos, le había sido revelado por el Espíritu que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Por tanto, Simeón supo que no partiría a la eternidad sin haber visto la llegada del Mesías. Además, mantenía la esperanza de la consolación de Israel como parte de su fe viva, y esa esperanza consoladora contenía el advenimiento del reinado mesiánico, mediante el Ungido del Señor, el hijo de David, para liberar al pueblo de sus enemigos, perdonar sus pecados y establecer su reino de justicia y paz. Esa era la esperanza del anciano Simeón. Esa era la consolación de Israel que esperaba. Y ahora, movido por el Espíritu, fue al templo, vio al niño con sus padres, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel (Lucas 2:28-32). Una oración fundamentada sobre la profecía de Isaías, leamos: Yo soy el Señor, en justicia te he llamado… te pondré como pacto para el pueblo, como luz para las naciones (Isaías 42:6 LBLA). Una profecía del siervo del Señor vinculada al reino mesiánico de justicia y paz. Y en otro lugar dice: también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra (Isaías 49:6 LBLA). La salvación viene de los judíos. El reino venidero será establecido en Jerusalén con gloria, y alcanzará a todas las naciones con revelación… como las aguas cubren la mar.

         Aún esperamos y oramos, como Simeón, la consolación de Israel que traerá luz y revelación a todas las naciones y gloria al pueblo de Dios.

El reino venidero – 18

El reino venideroLa esperanza de Israel – Zacarías

Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio… (Lucas 1:67-70)

Hay periodos de la historia profética cuando la palabra de Dios se activa de forma veloz acelerando los planes de Dios en la tierra. Se impulsan distintas convergencias con múltiples factores que actúan sobre diversas personas para llevar a cabo los propósitos divinos. María, la madre de Jesús, había recibido el mensaje del ángel, y ésta había respondido: «Hágase». En esta sola palabra tenemos la combinación siempre misteriosa de la voluntad de Dios y la de los hombres, en este caso, la de María. El plan eterno seguía su curso, y ahora le tocaba el turno a Zacarías, sacerdote y futuro padre de Juan el Bautista. Me gusta pensar que la vida cotidiana en Israel se movía en los parámetros habituales, mientras se llevaban a cabo acontecimientos sobrenaturales que cambiarían la historia para siempre. Elisabeth, mujer de Zacarías, había dado a luz un niño al que pusieron por nombre Juan, tal y como anunció el ángel a su padre. Cuando Zacarías recuperó el habla, después de haber quedado mudo durante el tiempo del embarazo de su mujer, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó. En sus palabras inspiradas volvemos a encontrarnos con la esperanza de Israel, una esperanza que contiene redención, liberación y gobierno sobre Israel. Redención de sus pecados, liberación de sus enemigos, y reinado mediante el descendiente de la casa de David. El Mesías que esperaban debía venir de la casa de David, entroncando con el pacto hecho por Dios con su descendencia. Los judíos recuerdan siempre en la Pascua (Pesaj) la liberación de Egipto. Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y justicia delante de él (Lucas 1:71-75). Israel, en ese tiempo sujetos al yugo romano, vieron la similitud con Egipto de una liberación que estaba tomando forma. El Mesías vendría a establecer un reino libertador para que el pueblo sirva a su Dios.

         Zacarías vinculó en su profecía el nacimiento de su hijo Juan con la llegada del Mesías, librándolos de sus enemigos y estableciendo el trono de David en Jerusalén para que Israel sirviera a su Dios en santidad y justicia; servicio que solo puede realizarse plenamente en el reino venidero.

El reino venidero – 17

El reino venideroLa esperanza de Israel – El ángel Gabriel a María

María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lucas 1:30-33)

Cuando llegó el cumplimiento del tiempo para que la simiente de Abraham fuera manifestada a Israel, una parte del pueblo mantenía viva la esperanza de los padres. Esa esperanza era la venida del hijo de David, heredero de su trono. Así le fue comunicado por el ángel Gabriel a la joven María. Ésta había hallado gracia delante de Dios para ser el vaso mediante el cual nacería el niño que estaba anunciado por el profeta Isaías. Su nombre sería Jesús, que significa Salvador, por tanto, una apelación inequívoca a su función expiatoria de los pecados del pueblo, cuya misión invocaba la función del Mesías como siervo sufriente. Este fue el mensaje que José, desposado con María, recibió a través del ángel que se le apareció en sueños para decirle: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS [Salvador], porque él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mateo 1:18-21). El evangelio de Mateo enfatiza al Mesías sufriente, el siervo de YHVH, el cual salvará al pueblo de sus pecados, por tanto, Mesías redentor; mientras que el mensaje que recibió María a través del ángel Gabriel, narrado por el evangelista Lucas, el énfasis estuvo sobre la vinculación del niño con la simiente de David y su trono, es decir, la figura del Mesías rey. Ambas funciones reunidas en un mismo Mesías. El mensaje del ángel a María ponía el acento sobre la esperanza que anidaba en el alma judía desde hacía siglos: será grande. Como dijo Isaías: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Será llamado Hijo del Altísimo. No solo hijo de Abraham y de David, sino del mismísimo El Shaddai. Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre. Heredero de la promesa hecha a David, que de su descendencia habría uno que reinará sobre la casa de Jacob para siempre. Aquí tenemos el anuncio del reino mesiánico en Jerusalén. Añadiendo: Y su reino no tendrá fin. El reino se extenderá durante mil años, y le sucederá el reino eterno. Esta esperanza estaba presente en el primer siglo en Israel cuando el ángel Gabriel se le apareció a María.

         Cuando llegó el cumplimiento del tiempo Israel mantenía la esperanza de un reino mesiánico en Jerusalén, anunciado por el ángel Gabriel a María.

El reino venidero – 16

El reino venideroRevelación progresiva – Abraham (2)

He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes… te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti… por pacto perpetuo, para ser tu Dios… Y te daré a ti y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos (Génesis 17:4-8)

El apóstol Pablo interpreta en su carta a los Romanos este pacto y promesa como una herencia del mundo, ser heredero del mundo, de todos los redimidos, en definitiva, el reino de Dios en la tierra. Abraham es el inicio del reino de Dios en la tierra. El reino que Jesús anunció mediante parábolas y que estaba escondido desde la fundación del mundo (Mateo 13:35). En nuestro desarrollo asistimos al despliegue del plan de Dios. Escogió a un hombre, y cuando era uno solo y este casi muerto, lo llamó, lo bendijo y lo multiplicó (Isaías 51:2). El autor de Hebreos lo expresa así: Por lo cual también, de uno, y ése casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar (Hebreos 11:12). Una multitud que nadie podía contar de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero. Y cuando preguntaron quienes eran esa inmensa multitud, la respuesta fue: Estos son los que han salido de la gran tribulación [traducido por extensa, a todas las naciones], y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7:13,14). Esa multitud ingente fueron redimidos para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Apocalipsis 5:9,10). Estamos ante el reino de Dios y sus redimidos que reinan con el Mesías-Rey sobre la tierra (1 Corintios 6:2,3). Por tanto, tenemos que la promesa dada a Abraham y su descendencia, el pueblo de Israel mediante el hijo de la promesa, Isaac, y cuya simiente es Cristo, hijo de Abraham y David (heredero de los pactos), incluía la formación de un reino con personas de todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra. Ese reino reaparece al final de los tiempos para reinar juntamente con Cristo. No debemos olvidar que la manifestación física del reino tiene su asentamiento en la tierra de Canaán, la tierra que Dios prometió a Abraham y su descendencia, que vendría a ser Eretz Israel, la tierra de Israel. Todo ello forma parte del pacto que Dios hizo con Abraham y su simiente.

         El reino de Dios sobre la tierra comienza a tomar forma mediante un solo hombre, como la semilla de mostaza, para luego crecer y crecer.

 

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (1-9)

Tiempos finalesTIEMPOS FINALES – Engaño masivo (1)

Jesús les dijo: No dejen que nadie los engañe, porque muchos vendrán en mi nombre y afirmarán: Yo soy el Mesías, y engañarán a muchos… Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente (Mateo 24:4,5,11 NTV)

Asistimos casi impasibles en los últimos tiempos a la proliferación de la mentira como norma. Hay verdaderas autopistas bien asfaltadas por donde corre el engaño a una velocidad de vértigo. Las noticias falsas están de moda. Incluso quienes más las impulsan se permiten ser los verificadores que dictaminan lo que es verdadero y falso. La mezcla es de tal magnitud que una verdadera ceremonia de la confusión se ha apoderado de nuestras sociedades aturdidas por el espectáculo lamentable de competir por saber colocar la mejor mentira con la mayor apariencia de verdad. Los mensajes van y vienen. De un día para otro quedan obsoletas informaciones que nos mantuvieron hechizados y atrapados durante horas. Nuestros políticos han perfeccionado el arte de la mentira de tal forma que los mejores consejeros son aquellos que pueden armonizar el mejor relato haciendo verosímil cualquier estrategia engañosa. En medio de semejante ceremonia de la confusión las palabras del Maestro resuenan una vez más: No dejen que nadie los engañe. Asistimos a una batalla irrenunciable para combatir la masificación de la mentira aferrándonos a la firme decisión de no ser engañados. ¿Pero cómo lo hacemos? ¿Cuál es la vara de medir que debemos usar para diferenciar las falsificaciones del original? Jesús dice que muchos vendrán, —se levantarán—, afirmando ser portadores de un mensaje redentor y liberador, incluso ser el mismo Mesías, y lo llamativo, dice el Maestro, es que a muchos engañarán, siendo arrastrados a una falsa esperanza de redención y liberación. El deseo por oír aquello que anhelan enlazará sus almas atándolas a un engaño por el que estarán dispuestos a despreciar a quienes pretendan hacerles despertar de la ensoñación. El hechizo se ha producido. La conexión establecida. Los vínculos se afirmarán con un sinfín de repeticiones del mismo mensaje, una y otra vez, hasta que asimilado y digerido se volverán autómatas convencidos que su mesías-libertador ha llegado. Esos mensajes predominantes tienen hoy como base una esperanza antropocéntrica, el hombre y sus potencialidades como eje de su acción. La autorrealización personal a cualquier precio. La cultura del placer y los deleites temporales del pecado como base del sentido verdadero de la existencia. Cuya conducta demuestra que son verdaderos enemigos de la cruz de Cristo. Van camino a la destrucción. Su dios es su propio apetito, se jactan de cosas vergonzosas y solo piensan en esta vida terrenal (Fil.3:18-19 NTV).

         El engaño penetra con aparente placer culminando en decepción.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (2)

Jesús les dijo: No dejen que nadie los engañe, porque muchos vendrán en mi nombre y afirmarán: Yo soy el Mesías, y engañarán a muchos… Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente (Mateo 24:4,5,11 NTV)

Una de las cosas que me llaman poderosamente la atención de las palabras de Jesús en nuestro texto es que la mentira tiene la capacidad potencial de conseguir sus objetivos. Parece haber una predisposición en el alma humana a ser engañado. No en vano dice el profeta: El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso (Jeremías 17:9 NTV). Una vez más encontramos que la iniquidad y la mentira caminan juntas, establecen la injusticia y levantan un gobierno despótico que tiraniza a las naciones. El apóstol Pablo dice que hay hombres perversos y malos alejados de la fe (2 Tes.3:2). Estas personas, sin temor de Dios en sus corazones, rebeldes y contumaces, con apariencia de piedad pero negando su eficacia, son a menudo los gobernantes que dirigen los destinos de los pueblos llevándolos a su propia destrucción. Por eso nos exhorta el Maestro a que no nos dejemos engañar. En primer lugar del engaño de nuestro propio corazón, para lo cual el evangelio nos impele a arrepentirnos y venir bajo el señorío del Mesías verdadero que gobierne nuestras vidas desde lo hondo de nuestro ser mediante su Espíritu, la nueva vida que brota de la redención del justo redentor. Y una vez librados del vicio de la mentira, —como dice el apóstol a los fieles seguidores de Jesús en la ciudad de Éfeso: desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo (Efesios 4:25) —, estamos en disposición de discernir las obras de cada uno, distinguir las palabras separando lo precioso de lo vil para no ser arrastrados por el error de los inicuos, cayendo de vuestra firmeza (2 Pedro 3:17). Sin embargo, el potencial del engaño seguirá ejerciendo su fascinación y hechizo sobre aquellos que no aman la verdad. Jesús es la verdad; el Espíritu de Dios es la verdad, su palabra es verdad. El salmista David supo verdaderamente lo fácil que puede llegar a ser desplomarse subyugado por los sentidos, doblegado por los deseos de los ojos, para que una sucesión irresistible de pecado neutralizara momentáneamente la verdad de su corazón quedando a merced de la soberbia que se había enseñoreado de él (Salmos 19:12,13). Una vez hizo confesión de sus pecados, inscritos a fuego en las páginas de la Escritura, supo que el Señor ama la verdad en lo íntimo, y en lo secreto del ser nos hace comprender la sabiduría para librarnos de la muerte (Salmos 51:6). El engaño puede ser temporal o eterno. La mentira nos puede vencer momentáneamente o gobernar nuestras vidas hasta el final.

         Escapemos de las garras del error viniendo al Mesías Redentor y Rey.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (3)

Ese hombre vendrá a hacer la obra de Satanás con poder, señales y milagros falsos. Se valdrá de toda clase de mentiras malignas para engañar a los que van rumbo a la destrucción, porque se niegan a amar y a aceptar la verdad que los salvaría. Por lo tanto, Dios hará que ellos sean engañados en gran manera y creerán esas mentiras. Entonces serán condenados por deleitarse en la maldad en lugar de creer en la verdad (2 Tesalonicenses 2:9-12 NTV)

Cuando una persona, familia, sociedad o generación se niega obstinadamente a aceptar la verdad natural de las cosas, y tuerce con injusticia la verdad revelada está abriendo su mente y corazón a cualquier tipo de creencias. Un poder engañoso toma lugar contradiciendo neciamente hasta las cosas más elementales. Y aquí aparece en escena la llamada ideología de género (una de las peores aberraciones que ha dado a luz nuestra generación) que pone en duda la realidad del ser humano negándole la evidencia biológica de la naturaleza que ha recibido al nacer. De tal forma, que ya hay padres que se niegan a reconocer el sexo natural de sus hijos hasta que estos decidan si quieren ser hombre, mujer o neutro cuando tengan capacidad para decidir. En España, especialmente los gobiernos autonómicos, han legislado esta aberración apoyada por todos los partidos políticos del arco parlamentario, sean de izquierdas o derechas. Y todo ello en nombre de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la no discriminación. Este nivel de alteración de la ley natural va radicalmente en contra de la creación de Dios y tiene unas consecuencias dramáticas para nuestra sociedad. Cuando los gobiernos legislan para cambiar la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador… Dios los entrega a pasiones vergonzosas, y a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen (Romanos 1:23-28). Es el mismo principio que aparece en los textos que tenemos para meditar. Negar la verdad de Dios nos introduce en la creencia de la mentira. Somos engañados como resultado de habernos entregado a la inmundicia, para que un poder espiritual tome el control de nuestras mentes y razonamientos contra el sentido común y elemental de las cosas. Y ese poder engañoso toma el control de los gobiernos que establecen leyes contra natura legalizando la perversidad. Si un gobernante presta atención a los mentirosos, todos sus consejeros serán perversos (Proverbios 29:12 NTV). Llevamos años asistiendo a esta ceremonia de la confusión y destrucción de la sociedad en nombre de unas libertades que no son más que la mayor de las esclavitudes: el engaño masivo.

         Una sociedad cuyos gobernantes se instalan en la mentira ha dado entrada a poderes espirituales que destruirán la convivencia y bienestar.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (4)

La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es la deshonra de cualquier pueblo (Proverbios 14:34 NTV)

En las Escrituras encontramos en muchas ocasiones los contrastes que toda sociedad pone de manifiesto. Hay una tensión continua para establecer formas de gobierno que defienden la libertad y la justicia frente a la tiranía y la opresión, los ejemplos llenan las páginas de los libros de historia. Mayoritariamente predominan los gobiernos que halagando a su electorado hasta conseguir asentarse en el poder luego establecen patrones que pretenden consolidar su dominio permanente. Por ello se nos insta una y otra vez a los hijos de luz a ser luz, brillar, ser sal, salar, y orar por aquellos que ocupan puestos de relevancia para que podamos vivir quieta y reposadamente, con toda piedad y honestidad. Esa es la voluntad de Dios. Hoy la política ha tomado un papel relevante en muchos ámbitos eclesiásticos, los creyentes participan en los debates políticos en las redes sociales, en muchas ocasiones para empeorar las cosas con palabrería y discusiones interminables que solo añaden confusión al panorama general. Sin embargo, la iglesia del Señor debe ser voz en medio de la maldad. Debe alzar la voz para anunciar la justicia del reino de Dios. En esto los profetas de Israel son un modelo evidente para alzarse contra las injusticias sociales. Como está escrito: Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de YHVH, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado (Miqueas 3:8). En muchas ocasiones la voz del profeta tenía como destinatario a los gobernantes que dirigían los destinos de la nación, porque de un gobierno justo bajo el temor de Dios había bendición y provecho, mientras que el pecado institucionalizado afrentaba al pueblo y lo llevaba al desastre. El libro de Proverbios nos da muchos ejemplos de este principio. Leamos. Cuando hay corrupción moral en una nación, su gobierno se desmorona fácilmente. En cambio, con líderes sabios y entendidos viene la estabilidad (28:2 NTV). Cuando los justos triunfan, todo el mundo se alegra. Cuando los perversos toman el control, todos se esconden (28:12 NTV). Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime (29:2 NTV). Cuando los perversos están en autoridad, el pecado abunda, pero los justos vivirán para verlos caer (29:16 NTV). La pasividad en nuestra misión profética no denunciando el pecado de los gobernantes solo permitirá el avance del mal y su dominio sobre las naciones. Hemos sido llamados a levantarnos y resplandecer con luz y gloria.

         Aunque seamos extranjeros y peregrinos en la tierra no debemos renunciar a nuestra misión denunciando el pecado que destruye a los pueblos.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (5)

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él (Apocalipsis 12:9)

¿Puede ser posible que una mentira tenga la fuerza y el potencial de alcanzar a todas las naciones de la tierra? ¿Es sensato o verosímil poner en duda una supuesta verdad que aceptan como tal gobiernos, naciones y la mayoría de Las gentes del mundo? Podríamos hacer algunas preguntas más en la misma dirección y la respuesta sería la misma: Sí. Sí, es posible engañar al mundo entero. Es posible hacer creer a naciones enteras una corriente de pensamiento, una verdad única, una ideología mayoritaria. La historia de la humanidad contiene diversos intentos para conseguirlo, iniciándose en la llanura de Sinar y el comienzo del reino de Babel en los días de su primer líder llamado Nimrod, cuyo modelo se extendió a todas las naciones de la tierra. Lo anormal es no creer que semejante estrategia sea posible. La Biblia dice que el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:19), por tanto, bajo su influencia engañosa, porque el diablo es mentiroso y padre de la mentira. La Escritura enseña con claridad que la muerte espiritual, producida por el pecado en el que hemos nacido, permite ser arrastrados por corrientes de pensamiento mundanas, que a su vez son impulsadas por el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de desobediencia; esa influencia engañosa y perversa se mantiene activada mientras la persona no ha sido regenerada (incluso después de nacer de nuevo su influencia puede alcanzarnos, recordar el ejemplo de los gálatas y su hechizo posterior a la predicación del apóstol Pablo), por lo cual, lo normal es que nuestros gobernantes acepten planteamientos ideológicos que se han establecido como verdad absoluta y han sido impuestos en sociedades supuestamente democráticas. Vivir bajo el dominio de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13) permite que se establezcan agendas ideológicas contrarias a la verdad de Dios, impulsadas por Satanás y los ángeles que fueron arrojados con él a la tierra. Sobre la pandemia que nos azota la mayoría de naciones han aceptado las tesis de la OMS a pesar de que existen dudas razonables y ocultaciones sospechosas sobre su estrategia; las medidas desproporcionadas que se han tomado que en muchos casos están produciendo mayores daños que el propio virus. El supuesto remedio peor que la enfermedad. Sin embargo, mayoritariamente se aceptan  creyendo los débiles y contradictorios argumentos que los sustentan.

         No nos engañemos. Es posible manipular a todas las naciones atrapándolas mediante un poder demoníaco mundial que las hechiza.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (6)

[…] Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación […] La mujer estaba vestida de púrpura […] y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA […] Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas (Apocalipsis 17:1,2,4,5,15)

Hemos hablado brevemente de la fuente de donde emana toda mentira. Jesús lo identificó como el padre de la mentira, y cuando miente lo hace como parte esencial de su propia naturaleza, porque es mentiroso y padre de la mentira (Juan 8:44). Los creyentes sabemos esto de forma mecánica, como una frase hecha, sin embargo, no nos paramos a pensar mucho sobre las consecuencias que ello tiene en nuestro diario vivir. Y cuando miramos a los gobiernos del mundo vemos que mayoritariamente están sostenidos por la mentira, la manipulación, campañas de acoso al disidente, persecución de todo aquel que no acepte las ideas predominantes que se establecen en cada tiempo y ocasión. Pues bien, la Escritura nos habla de una ciudad ramera, una capital que se constituyó en reino, ejerciendo un poder hechicero y carismático sobre el mundo antiguo que hizo posible unificar a todos bajo un liderazgo, una agenda, una idea, un proyecto, me estoy refiriendo a la ciudad levantada en la llanura de Sinar, la antigua Mesopotamia, y que conocemos con el nombre de Babel. El proyecto que intentaban en oposición a Dios y su propósito original de que se extendieran por todo el mundo quedó frustrado por la confusión y el juicio. Sin embargo, el modelo de gobierno se expandió a todas las naciones impulsado por el príncipe de este mundo, el que opera en los hijos de desobediencia, y cuyas corrientes de pensamiento alcanzan la mente humana, especialmente los gobernantes, para expandir la naturaleza de esa ciudad ramera y fornicaria. Una ciudad con dos vertientes, una física y geográfica en la llanura de Sinar (Mesopotamia, el actual Oriente Medio), y otra, una concepción espiritual que se ramifica en múltiples manifestaciones, todas ellas bajo el modelo de rebelión que impulsó el origen de esta ciudad. El apóstol Juan quedó perplejo por el misterio de esta ciudad. Se le mostró que su poder hechicero, fornicario, inmoral e idólatra sería implantado bajo su influencia sobre pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. ¿Por qué nos sorprendemos que haya un intento de gobierno mundial muy avanzado en nuestros días?

         Un engaño masivo y múltiple está zarandeando a todas las naciones.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (7)

Nunca más brillará en ti la luz de una lámpara ni se oirán las felices voces de los novios y las novias. Pues tus comerciantes eran los grandes del mundo, y tú engañaste a las naciones con tus hechicerías (Apocalipsis 18:23 NTV)

En este capítulo del libro de Apocalipsis se anuncia el juicio final sobre la ciudad que ha hechizado a todas las naciones. El hechizo es un poder espiritual que neutraliza los sentidos, la razón y las convicciones. Desarma a una persona o sociedad de principios morales y éticos. Es la caída de una gran oscuridad sobre la razón y el sentido común de los hombres. Una mente reprobada que no pasa la prueba naufraga en su misión de dirigir al cuerpo humano. Sus pensamientos han sido perturbados, paralizados y mortalmente engañados. El hechizo nos convierte en autómatas. Somos subyugados, abducidos y llevados como ovejas al matadero. La ciudad de Jerusalén quedó hechizada, —a oscuras—, cuando una tenebrosa oscuridad se aposentó sobre ella días antes de la redención (Lucas 22:53). El hechizo es como el lazo del cazador (Salmos 91:3). Como la mujer inmoral que caza la preciosa alma del varón (Proverbios 6:26). Son las vendas mágicas para cazar el alma humana (Ezequiel 13:18-20). Hay hechizos que alcanzan a naciones enteras. Alemania quedó hipnotizada ante el embrujo de un poder satánico que actuó como el antiguo liderazgo de Nimrod en la vida de Adolf Hitler, y su fascinación neutralizó la rica cultura alemana y su capacidad de razonar con sensatez. Hoy ese mismo hechizo es producido por las grandes corporaciones multinacionales. Una sociedad embriagada de placeres,  promiscuidad y seducción por las riquezas fáciles cae pronto en un endeudamiento cuyos acreedores la esclavizarán de por vida. La deuda pública española es alarmante pero no parece preocuparnos. Vivimos hechizados por el brillo de Babilonia. La fascinación por un buen negocio oculta cualquier capacidad de discernimiento. El afán por las riquezas, las fiestas (cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones, aniversarios) y el lujo justifican cualquier comportamiento inmoral que una ciudad ramera impulsa con su hechizo en todas las naciones. Como en los días de Noé y Lot: comían, bebían, se casaban, compraban, vendían (Lucas 17:26-30). Entregados al desenfreno y la disolución hasta momentos antes del juicio. El hechizo paralizador de las verdades eternas había conseguido su propósito. Tus comerciantes eran los grandes del mundo, y tú engañaste al mundo con tus hechizos. Como dice también el profeta: Babilonia ha sido como copa de oro en las manos del Señor, copa que hizo emborrachar a todo el mundo. Las naciones bebieron del vino de Babilonia y se enloquecieron (Jeremías 51:7). Asistimos a esa locura incontrolada.

         El hechizo y control de las corporaciones paralizan la sensatez y la razón.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (8)

Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:18,19)

Hay frases en la Escritura que son determinantes, categóricas. Una de ellas la encontramos en la carta de Juan: el mundo entero está bajo el maligno. O como dice otra versión: el mundo que nos rodea está controlado por el maligno. Y en otro lugar se nos exhorta a no conformarnos al sistema de este mundo, sino ser transformados. Ese dominio que ejerce su tiranía sobre el mundo entero lo hace especialmente sobre aquellos que practican el pecado viviendo alejados de la ley de Dios. El pecado es infracción de la ley. Lo encontramos en la misma carta de Juan. Todo el que peca viola la ley de Dios, porque todo pecado va en contra de la ley de Dios (1 Juan 3:4). Cuando vivimos trasgrediendo las leyes divinas nos ponemos bajo la tiranía del maligno que tendrá derecho legal de actuar sobre nuestras vidas con todo su potencial destructor. Nuestra sociedad no solo se ha alejado de la ley de Dios, sino que la resiste, la combate con obstinación, y persigue a quienes deciden obedecerla. Esta actitud coloca nuestras naciones a merced de los poderes de las tinieblas que no dudarán en destruirlas. La historia nos enseña que las naciones antiguas siempre respetaban sus dioses, eran temerosos de provocarlos, entendían que hacerlo los ponía en desventaja y derrota. Fue la actitud que tomaron en el barco que transportaba a Jonás. Cuando se desató la tormenta, los desesperados marineros pedían ayuda a sus dioses, mientras tanto Jonás dormía. Cuando se dieron cuenta de su negligencia le gritaron: ¡Levántate y ora a tu dios! Quizá nos preste atención y nos perdona la vida (Jonás 1:4-6). Hasta la llegada del racionalismo y la ilustración las naciones de la tierra eran conscientes de su fragilidad y necesidad de los poderes celestiales. Cada pueblo tenía su mitología y entendían, con mejor o peor acierto, que los dos mundos, el visible y el invisible están conectados siendo vasos comunicantes. El pecado atrae la ira de un Dios justo que desarma a las naciones ante los ataques de infortunio producidos por el maligno. Una nación sin protección espiritual es peor que no tener fuerzas armadas para su defensa. Hemos caído en la insensatez y soberbia de apoyarnos en nuestras propias limitaciones quedando a merced del maligno que nos zarandea como a trigo. Vivimos el resultado de la acción del diablo en colaboración con hombres malvados.

         Ignorar al que viene a robar, matar y destruir entregándonos al desenfreno provoca la ruina de nuestras sociedades. Volvamos a Dios.

TIEMPOS FINALES – Engaño masivo (9)

Os he escrito esto sobre los que os engañan (1 Juan 2:26). Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo… (1 Juan 4:1)

La batalla está servida. Si un campo se deja de cultivar y cuidar pronto le crecerán malas hierbas que harán más difícil volver a preparar la tierra para una nueva cosecha. Nuestra mente es un campo que hay que cultivar y proteger continuamente, de lo contrario las corrientes de pensamiento aflorarán de cualquier parte y seremos objetivo fácil de sus engaños. La pereza mental hará crecer rastrojos y ajenjo. El apóstol escribe su carta pensando en aquellos que vienen a engañar a quienes un día aceptaron la verdad, pero que descuidando el discernimiento pronto son arrastrados por el engaño de falsos profetas. Hay que probar los espíritus. No creer cualquier cosa aunque se ponga de moda y el mundo entero acepte sus demandas. Se han levantado ideologías que actúan como nuevas religiones pretendiendo suplantar la verdad del evangelio. La ideología de género se quiere imponer como dogma de fe. El nacionalismo ha tomado el lugar de las viejas tradiciones religiosas para substituirlas. El cambio climático tiene los mismos componentes de una nueva religión. Se ha establecido un credo universal que debe ser aceptado por todas las naciones aunque solo sea una teoría. Parece más fácil que nunca llevar a pueblos enteros a unas creencias universales. Por otro lado, el evangelio sigue encubierto por el dios de este mundo que ha cegado el entendimiento de los incrédulos para no ver la luz del evangelio (2 Co.4:3,4). La vanidad de la mente mantiene el entendimiento entenebrecido (sin luz) porque la dureza de sus corazones los mantiene en la ignorancia espiritual que lleva a perder toda sensibilidad y entregarse con avidez a cometer toda clase de inmoralidades (Efesios 4:17-19). Es el resultado de resistir la verdad revelada en la persona del Mesías, quien nos redimió del presente siglo malo para que la luz resplandezca en nuestros corazones. Obstinarnos en el error con soberbia solo conducirá a allanar el camino del engaño y la mentira en sus múltiples manifestaciones. Hoy la mentira corre más rápido porque vivimos en un mundo globalista; las autopistas para el engaño y el error están bien pavimentadas por los medios de información mundiales, que por otro lado, están en pocas manos. Unas pocas compañías controlan el flujo informativo a su interés y antojo. Esto facilita en gran medida el adoctrinamiento mundial. Debemos salir de la ciudad de destrucción, como Lot, y ponernos a salvo en la ciudad del gran Rey.

         Rendirnos a la verdad del evangelio nos hará libres del dominio del maligno y quienes engañan al mundo entero.

El reino venidero – 15

El reino venideroRevelación progresiva – Abraham (1)

Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe (Romanos 4:13)

Las primeras generaciones después de la caída del hombre, habiendo perdido el gobierno que el Dios Soberano les había dado para administrar la tierra, se corrompieron rápidamente. La revelación de Dios pronto alcanzó un punto culminante cuando el Señor constató lo que la Escritura declara: Y vio YHVH que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal… Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos (Génesis 6:5,11,12,13). Antes de hacer ningún otro comentario recordemos las palabras de Jesús anunciando que en su regreso el comportamiento de los hombres será similar al de los días de Noé (Mateo 24:37). La corrupción de la tierra alcanzó pronto unas cotas insoportables, semejante a los días de su venida. La entrega del dominio que el hombre le dio a Satanás produjo rápidamente un deterioro generalizado que empeoraron las condiciones de vida en la tierra. Es la naturaleza de pecado introducida por el padre de la mentira y homicida (Juan 8:44). El juicio de Dios fue la respuesta del cielo. Una vez abandonado el arca, y habiendo recibido la misma orden de llenar la tierra, los hombres se unieron para hacer un simulacro de reino en Babel. Surgió un líder carismático, capaz de unificar la voluntad de la mayoría entorno a un proyecto: edificar un reino mundial imitando el plan original de Dios pero actuando al margen de su voluntad. Esta imitación de gobierno mundial o milenial, que muchos otros en la historia han intentado reproducir, tenía la simiente de la confusión actuando en oposición a Dios. Nimrod llevó el primer intento de reino global al fracaso. El juicio de Dios reapareció ante la desobediencia del hombre, actuando bajo el impulso del príncipe y dios de este siglo (2 Corintios 4:4). Entonces el Señor tomó la iniciativa y presentó su modelo desplegando en la tierra el propósito divino de establecer su reino; lo hará escogiendo a un hombre, anciano, cuando era uno solo y como muerto, lo llamó, lo bendijo y multiplicó (Hebreos 11:12) (Isaías 51:2), el patriarca Abraham, heredero del mundo, y padre de multitud de gentes y naciones, portando la simiente del Rey que vendrá para reinar sobre todas las naciones… Y la simiente era Cristo (Gálatas 3:16).

         Dios le dio a Abraham la promesa de ser heredero del mundo, recuperando así el reino mediante la simiente que habría de venir.

El reino venidero – 14

El reino venideroDesde la fundación del mundo (4)

Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tu postrado me adorares, todos serán tuyos (Lucas 4:5-7)

¿Cuándo le fueron entregados al diablo los reinos de este mundo? ¿Cómo es que tenía Satanás esta potestad y la gloria de ellos para darla a quién quisiera? Eso sí, con una condición, rendirse a su dominio, y postrarse ante su gobierno adorándole. Por tanto, vemos que el diablo tiene algo agradable que ofrecer a los sentidos de los hombres y para ello reclama sumisión y adoración, el reconocimiento de su autoridad, una autoridad que le fue arrebatada al primer hombre en el huerto del Edén cuando se doblegó a su engaño, alejándose de la soberanía de Dios y su pacto, para caer bajo el hechizo del ángel caído. Lucifer seguía anhelando la adoración que solo a Dios se debe, y después de intentarlo con los ángeles, lo amplió al hombre, obteniendo su gobierno sobre la tierra. Vino a ser el príncipe de la potestad del aire; el espíritu que opera en los hijos de desobediencia; el acusador de los hermanos; el príncipe de este mundo y el dios de este siglo; por ello ofrece al mismísimo Hijo de Dios la misma oferta: devolverle la autoridad de los reinos de este mundo a cambio de someterse a su dominio y recibir su adoración. Muchos han caído bajo este hechizo; rendidos a la vanidad de esta vida temporal, han vendido su alma al diablo por un poco de gloria pasajera para caer luego en la esclavitud de un tirano. El Hijo del Hombre venció toda tentación. Derrotó al diablo en la cruz del Calvario, y ha devuelto al hombre, —a todo aquel que cree e invoca su nombre como Señor de su vida—, la gloria y el reino perdido. La Biblia muestra el camino del plan de Dios para restituir las cosas a su plan original habiéndolo regenerado para nunca más degenerar. Haremos un breve recorrido por algunas de las muchas promesas esparcidas por todo el contenido bíblico que anuncian el regreso del reino de Dios a la tierra, su reino en el corazón de los hombres primeramente, y su reino mesiánico a través del Hijo de Dios y heredero del trono de David en Jerusalén, su reino venidero, del que iremos viendo las promesas que lo sustentan desde el principio. Este reino, en dos fases, fue preparado y prometido a los hijos de los hombres desde la fundación del mundo. Conocemos su primera manifestación, y esperamos la segunda y definitiva venida del reino de Dios en la ciudad de David. Como está escrito en el Salmo 2: He puesto mi rey sobre Sión… Te daré por herencia las naciones.

         El reino que perdimos en Adán lo recuperamos en el Mesías para gloria de Dios, derrota del diablo, esperando su manifestación final en Israel.

El reino venidero – 13

El reino venideroDesde la fundación del mundo (3)

Porque no hará nada YHVH el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Amós 3:7)

Las cosas que están escondidas y ocultas necesitan ser reveladas. El plan que Dios diseñó antes de la fundación del mundo y que una vez creado el universo y la tierra dio origen al desarrollo de su voluntad. Dios desea expresar sus caminos al hombre. Y lo hace mediante aquellas personas que Él, en su soberana voluntad escoge. El Dios de la Biblia revela sus propósitos a unos pocos, en ocasiones a un solo hombre, para que a través de él sean dados a conocer al resto de los hombres. Luego elige un pueblo mediante el cual introduce su reino en la tierra, su diseño y modelo de vida, sus mandamientos y ordenanzas. Exige obediencia, pero ha creado en libertad al ser humano para que pueda elegir la vida y vivir, o la muerte y morir. Una vez que todas las cosas estaban pensadas y acordadas el Creador hizo el cielo y la tierra, puso en marcha el proceso creador, hasta llegar al hombre y la mujer. Fue a estos a quienes encargó el gobierno de la tierra, delegó en ellos su reino en la tierra. Esta es la oración que nos enseñó el Maestro: Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Está escrito: Los cielos son los cielos de YHVH; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres (Salmos 115:16). Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra… y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread… (Génesis 1:26-28). En una palabra, el Señor creó al hombre y la mujer para darles el gobierno de la tierra, es decir, que fueran mayordomos y administradores bajo la soberanía del «Dueño de la viña». El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en la tierra como embajador de los bienes recibidos para que los labrase y guardase (Génesis 2:15). Hizo un pacto con él (Oseas 6:7); le dio ordenanzas; puso límites que no debían ser traspasados, y que «reinara» sobre todo lo demás. El mayordomo fue infiel, transgredió el pacto, y se rindió a un usurpador, que engañándole, vino a ser el príncipe de este mundo. El reino fue robado y el hombre hecho esclavo en el mismo lugar donde fue puesto para gobernar. Había que recuperar el reino, y para ello se puso en marcha el plan predeterminado desde la fundación del mundo (1 Pedro 1:18-20) (Apocalipsis 13:8). El Hijo del Hombre, y Mesías –Rey, lo llevaría a cabo en dos etapas: Redención y restauración del reino perdido.

         El gobierno que perdió Adán ha sido recuperado por el Mesías, y será manifestado en gloria en el reino venidero en Jerusalén.