En los profetas de Israel (II) – Introducción (2)
Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:18,19)
Quiero enfatizar el mensaje de los profetas como fundamento del evangelio. Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas de Israel, no a la inversa. El evangelio incluye las dos venidas del Mesías, la primera para redimir de nuestros pecados y establecer el reino en los corazones de los hombres que se arrepienten; y la segunda para redimir a Israel en su tierra, restaurar todas las cosas y reinar sobre todas las naciones desde Jerusalén. Y todo ello fue anunciado primeramente por los profetas a Israel, confirmado ahora por los apóstoles de nuestro Señor en la boca de Pedro, a las autoridades del pueblo judío, a quienes dijo: A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad (Hch.3:26).
Quiero enfatizar este hecho prioritario en el anuncio del evangelio porque la teología del reemplazo nos ha desordenado gran parte del mensaje, y la iglesia gentil ha quedado históricamente deslocalizada en cuanto a la herencia recibida. Quiero insistir en ello. Los apóstoles del Señor son herederos del mensaje que antes ya habían anunciado los profetas de Israel (Hch.13:32,34). Abraham era profeta (Gn.20:7). En el primer siglo se estaban cumpliendo las cosas que antes fueron anunciadas por boca de los profetas que Dios había enviado a su pueblo.
Y ese mensaje contiene la redención de Israel y las naciones en dos fases, una primera mediante la expiación del Cordero de Dios, anunciado por Isaías como el siervo sufriente que nos ha sido dado; y una segunda parte de la redención y restauración de todas las cosas, mediante el regreso en gloria del mismo Mesías ahora para reinar como León de la tribu de Judá.
Los profetas anunciaron ambas venidas y en ocasiones mezcladas de tal forma que parecían una sola; por ello, muchos en Israel no comprendieron la plenitud del mensaje en la persona de Yeshúa y rechazaron su primera venida, aunque siguen esperando su advenimiento.
En todo ello encontramos también un misterio de la soberanía de Dios y causa de tropiezo para muchos. Debemos enfatizar que era necesario que el Cristo padeciera. Sin embargo, hemos buscado una y otra vez culpables de su muerte en la persona de los judíos, cegados de arrogancia, por no comprender que era necesario que así fuera.
Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas, anunciado para cumplirse en la persona del Mesías, sin carga de culpabilidad sobre los judíos.