114 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los profetas de Israel (II) – Introducción (2)

Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:18,19)

         Quiero enfatizar el mensaje de los profetas como fundamento del evangelio. Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas de Israel, no a la inversa. El evangelio incluye las dos venidas del Mesías, la primera para redimir de nuestros pecados y establecer el reino en los corazones de los hombres que se arrepienten; y la segunda para redimir a Israel en su tierra, restaurar todas las cosas y reinar sobre todas las naciones desde Jerusalén. Y todo ello fue anunciado primeramente por los profetas a Israel, confirmado ahora por los apóstoles de nuestro Señor en la boca de Pedro, a las autoridades del pueblo judío, a quienes dijo: A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad (Hch.3:26).

Quiero enfatizar este hecho prioritario en el anuncio del evangelio porque la teología del reemplazo nos ha desordenado gran parte del mensaje, y la iglesia gentil ha quedado históricamente deslocalizada en cuanto a la herencia recibida. Quiero insistir en ello. Los apóstoles del Señor son herederos del mensaje que antes ya habían anunciado los profetas de Israel (Hch.13:32,34). Abraham era profeta (Gn.20:7). En el primer siglo se estaban cumpliendo las cosas que antes fueron anunciadas por boca de los profetas que Dios había enviado a su pueblo.

Y ese mensaje contiene la redención de Israel y las naciones en dos fases, una primera mediante la expiación del Cordero de Dios, anunciado por Isaías como el siervo sufriente que nos ha sido dado; y una segunda parte de la redención y restauración de todas las cosas, mediante el regreso en gloria del mismo Mesías ahora para reinar como León de la tribu de Judá.

Los profetas anunciaron ambas venidas y en ocasiones mezcladas de tal forma que parecían una sola; por ello, muchos en Israel no comprendieron la plenitud del mensaje en la persona de Yeshúa y rechazaron su primera venida, aunque siguen esperando su advenimiento.

En todo ello encontramos también un misterio de la soberanía de Dios y causa de tropiezo para muchos. Debemos enfatizar que era necesario que el Cristo padeciera. Sin embargo, hemos buscado una y otra vez culpables de su muerte en la persona de los judíos, cegados de arrogancia, por no comprender que era necesario que así fuera.

         Los apóstoles son herederos del mensaje de los profetas, anunciado para cumplirse en la persona del Mesías, sin carga de culpabilidad sobre los judíos.

113 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los profetas de Israel (I) – Introducción (1)

[…] Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo (Hechos 3:20,21)

         Después del recorrido amplio que hemos realizado en el libro de los Salmos, donde nos hemos encontrado con muchas de las profecías acerca del reino mesiánico venidero, queremos ahora adentrarnos en el mensaje de los profetas de Israel. Está escrito que nuestra fe descansa sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo la piedra angular. También se nos insta a que estemos atentos a la palabra profética más segura, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana aparezca en nuestros corazones (2 Pedro 1:19,20).

Es decir, debemos conocer y familiarizarnos con el mensaje de los profetas hasta que el día postrero, aquel día cuando el Señor, con voz de mando y con trompeta de Dios descenderá del cielo para poner su trono en Jerusalén. Por ello nos hemos propuesto en esta serie hacer un recorrido por el mensaje de todos los profetas que anunciaron ampliamente su segunda venida para establecer su reino mesiánico.

Por el momento, es necesario, nos dice nuestro texto, que el cielo reciba a aquel que se ha sentado a la diestra del Padre, mientras se van restaurando todas las cosas. Y una vez que todo haya sido restaurado, tal y como ha sido anunciado de antemano por los profetas de Israel, veremos un día, el día y la hora que ha sido determinado por Aquel que tiene todas las cosas sujetas a su potestad, para ser manifestado en gloria con sus ángeles y todos aquellos que nos han precedido en la fe, los redimidos del Cordero.

Este mensaje ya fue anunciado por el apóstol Pedro el mismo día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos, y el Señor había sido entronizado en el cielo. Los apóstoles fueron conscientes en ese momento que tenían una ardua tarea que llevar adelante: ir a todas las naciones con el mensaje del evangelio para que la salvación que se manifestó en Jerusalén en aquellos días, consumada por el Hijo de Dios en la cruz, la muerte, la resurrección y ascensión al cielo, ahora era confirmada su glorificación enviando el Espíritu sobre aquellos que debían ir a todas las naciones anunciando la  buena nueva; mientras son restauradas todas las cosas para que el Señor regrese a la tierra de nuevo, a Jerusalén, de donde subió al cielo, para reinar.

         El apóstol Pedro recoge la herencia de los profetas el día de Pentecostés anunciando la restauración de todas las cosas antes de su venida.

112 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XXII) – La exaltación de su reino

Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre… Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones (Salmos 145:1,13)

         Acabamos nuestro recorrido por el libro de Salmos reiterando lo que ha sido un mensaje repetitivo: el Rey gobierna desde Sion sobre todas las naciones y por todas las generaciones. El reconocimiento de este hecho universal  no puede sino elevar la adoración incondicional de todos aquellos que reconocen su señorío y autoridad exaltándole eternamente y para siempre.

La piedra que habían desechado los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo y piedra angular de un nuevo edificio, no hecho de manos, sino eterno en los cielos (118:22) (2 Co.5:1).

En su regreso a la tierra será aclamado como Bendito el que viene en el nombre de YHVH (118:26) (Mt.23:39). Viene para sentarse en el trono de David y reinar sobre la casa de Jacob para siempre (Lc.1:32,33). Será recibido como el Rey de Israel (Jn.12:31). La bendición de Dios es derramada desde Sion (134:3). Su reino es reino de todos los siglos, y su señorío en todas las generaciones (145:13). Reinará YHVH para siempre; tu Dios, oh Sion, de generación en generación. Aleluya (146:10). Los hijos de Sion se gozarán en su Rey y Hacedor (149:2). Se regocijarán los santos en su gloria porque el día de la venganza del Señor ha llegado, el juicio que había sido decretado se ejecutará sobre sus enemigos; y esto será para gloria de todos sus santos. Aleluya (149:5-9). Se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es YHVH a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación (Isaías 25:9).

Los redimidos de entre los gentiles estamos conectados con las promesas y pactos dados a Israel mediante la fe en el Mesías. Hemos sido injertados en el buen olivo para ser copartícipes, coherederos y  miembros de la familia de Dios. Nosotros que en otro tiempo estábamos lejos, pero que ahora hemos sido acercados mediante la sangre de Jesús. En otro tiempo no éramos pueblo, pero ahora somos pueblo; como lo fue Rut al unirse de forma indisoluble con su nuera Noemí. Esta fue su declaración: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y adondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios (Rut 1:16).

Necesitamos identificarnos hoy con Israel. Tenemos un mismo destino, una misma esperanza, porque todas las promesas de Dios son en Cristo, sí; y en él, Amén.

         La exaltación del Rey ha sido consumada en el cielo. Ahora debemos hacerlo en la tierra, mientras esperamos su venida para reinar en Sion.

111 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XXI) – El dominio universal del Rey

YHVH dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que oponga a tus enemigos por estrado de tus pies. YHVH enviará desde Sion la vara de su poder… quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones…   (Salmos 110:1-6)

         Estamos ante el texto más citado en el Nuevo Testamento. Una vez que el Mesías-Rey consumó su obra de redención en la tierra se sentó a la diestra de Dios en las alturas. Jesús fue glorificado en el cielo, recibido arriba en gloria (1 Tim.3:16), como parte del misterio de la piedad que había sido consumado.

La entronización de Jesús tuvo una primera consecuencia en la tierra: fue derramado el Espíritu Santo sobre los discípulos para realizar la obra que les había sido encomendada (Jn.7:39) (Hch.2:33). Una y otra vez se apela a esta verdad trascendental y definitiva en los escritos de los apóstoles (Mt.26:64) (Mr.14:62; 16:19); (Lc.22:69); (Hch.2:34-35; 7:55-56); (Rom.8:34); (1 Co.15:24); (Ef.1:20); (Col.3:1); (Heb.1:3,13); (10:12-13; 12:2); (1 P.3:22); (Apc.3:21). Este hecho único tiene una significación sublime en el devenir de la historia universal. Ahora Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. A él están sujetos: ángeles, autoridades y potestades (1 P.3:22). Tiene un nombre que es sobre todo nombre. Y está esperando a que todos sus enemigos sean puestos bajo el estrado de sus pies mediante la autoridad delegada a los suyos en la tierra.

El que ha sido hecho Señor y Mesías, volverá como Rey universal de todas las naciones para reinar desde Jerusalén. Lo hará como Juez justo para dar retribución a los que no obedecieron a la verdad (2 Tes. 1:5-10). Eso será en el reino mesiánico venidero, para posteriormente, después de la última batalla, una vez que el diablo haya sido liberado del abismo, en la que será derrotado para siempre y echado al lago de fuego y azufre. Entonces será establecido el reino celestial y eterno para siempre. Será establecido el dominio sobre todas las fuerzas rebeldes que se confabularon contra el Soberano Rey de reyes y Señor de señores.

Aquel dominio que fue entregado a Adán, y que usurpó el diablo, para llegar a ser el príncipe de este mundo, y de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. También será vencida la muerte y su poder, el postrer enemigo, cuyo imperio fue establecido mediante la entrada del pecado en el mundo por el hombre, a quienes ha tenido cautivos bajo su servidumbre durante toda la vida (Heb.2:14,15). Un verdadero Hombre ha vencido y es hoy nuestro representante en el cielo.

         Jesús es Hombre y Dios, Señor y Mesías, nuestro Rey glorificado a la diestra del Padre con toda autoridad para regresar y reinar en Jerusalén.

110 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XX) – La edificación de Sion

Entonces las naciones temerán el nombre de YHVH, y todos los reyes de la tierra tu gloria; por cuanto YHVH habrá edificado a Sion y en su gloria será visto (Salmos 102:15,16)

         Hemos dicho en el recorrido que estamos haciendo por el libro de Salmos, donde aparece una y otra vez Sion relacionado con el reino mesiánico, el trono de David y la justicia sobre todas las naciones, que Sion es un concepto amplio en la Escritura. Por un lado es el monte de Jerusalén donde fue construido el templo y cuya fortaleza conquistó el rey David edificando allí su residencia, por ello se le llama también la ciudad de David. Por otro lado, Sion contiene una dimensión espiritual que supera el ámbito físico pero no lo anula. Ambas configuraciones, la física y la espiritual, conviven en la Escritura en múltiples ocasiones.

El Dios de Israel es el Creador de la materia, y también es Espíritu. El mundo material ha sido creado por Él, y también la dimensión espiritual del hombre. Por tanto, la edificación de Sion contiene un aspecto terrenal y material en la tierra física de Israel, pero además incluye una extensión trascendente. Ambas edificaciones van juntas.

Se anuncia que ha llegado el tiempo de tener misericordia de Sion, porque el tiempo y plazo de su edificación ha llegado. Israel ha vuelto a su tierra, que está siendo edificada en medio de gran oposición y tribulación. Su levantamiento en la heredad que fue prometida a Abraham y su descendencia forma parte de la restauración de todas las cosas antes de que venga el Mesías a reinar en la ciudad del gran Rey, donde será edificada Sion en una dimensión nunca vista hasta ahora. Su edificación física y espiritual, mediante el reino establecido en aquel lugar, hará que las naciones teman el nombre del Señor, y todos los reyes de la tierra vean su gloria; por cuanto YHVH habrá edificado a Sion y en su gloria será visto.

Todo ello como respuesta a la oración de los desvalidos, que el Señor no habrá desechado (17). Tenemos aquí una referencia clara a la necesidad de orar sin cesar por Sion, hasta que el Señor la haga resplandecer y la ponga por alabanza en la tierra (Is.62:16,7).

Debemos comprender que la edificación del pueblo judío en su tierra, en Sion, forma parte del plan de Dios para la bendición de todas las naciones, por ello necesitamos orar sin cesar por su restauración, puesto que la consecuencia será un avivamiento mundial. Observa que en el reino mesiánico las naciones siguen presentes. Que Sion será el centro de la adoración mundial, y los pueblos servirán al Dios de Israel (22).

         Nuestro entendimiento debe ser alumbrado para ver que a la edificación de Sion le sigue la bendición de Dios a todas las naciones.

109 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XIX) – YHVH reina

Decid entre las naciones: YHVH reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia… delante de YHVH que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad  (Salmos 96:10-13)

         A continuación veremos un mensaje que se repite de forma reiterada en los salmos 96,97 y 98: YHVH reina. ¿Quién es YHVH? Este es el nombre con el que el Señor se dio a conocer a Moisés cuando se le apareció en la zarza. Ante la pregunta de con qué nombre se presentaría delante de faraón para que dejara salir a su pueblo, la respuesta que recibió fue: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: YHVH, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre para siempre; con el que se me recordará por todos los siglos (Ex.3:14,15).

Por otro lado, venimos viendo ampliamente que el Rey que vendrá a reinar en Jerusalén es el Mesías anunciado por los profetas, por tanto, debemos concluir que YHVH es Jesús. Estamos ante una evidencia clara de la divinidad del hijo de David. Los fariseos no entendían la pregunta que el mismo Maestro les hizo cuando dijo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: de David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra (Mt.22:41-46).

Encontramos muchas referencias en la Escritura en las que YHVH se refiere a Jesús, el Mesías que ya vino y volverá para reinar sobre el trono de David. Ahora el salmista lo declara alto y claro: decid entre las naciones: YHVH reina… vino a juzgar la tierra, juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con verdad. Y continúa: YHVH reina; regocíjese la tierra… justicia y juicio son el cimiento de su trono… Oyó Sion y se alegró (97:1-9).

La proclamación continúa en el salmo 98. A vista de las naciones ha descubierto su justicia… todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios… Cantad alegres… levantad la voz… aplaudid, cantad salmos… delante del rey YHVH… delante de YHVH, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud (98:1-9). Y sabemos que el que vendrá a Sion a reinar sobre todos los pueblos es Yeshúa. YHVH es el Señor y Rey.

         La divinidad de Jesús es indudable en el mensaje del salmista que anuncia el reinado de YHVH, identificando a Yeshúa con el Dios de Israel.

108 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XVIII) – Un pacto para todas las generaciones

Hice un pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones  (Salmos 89:3,4)

         El Pacto que Dios hizo con la casa de David es un pacto para siempre y por todas las generaciones. Incluye sentar en el trono de Jerusalén a un vástago de la casa de Isaí. Esta promesa que Dios juró a David tiene distintas vertientes que debemos diferenciar para clarificarlo en lo posible. Por un lado, ese pacto estaba vinculado a que los herederos del rey cantor de Israel cumplieran con los requisitos de la ley de Dios, que no se apartaran de ella, de lo contrario serían quitados recibiendo el castigo, como así ocurrió con los reyes de Judá.

Pero el pacto incluye un aspecto que sobrepasa las limitaciones humanas con sus fracasos. Habrá un vástago de la casa de Isaí sobre el que reposará el Espíritu del Señor juzgando con justicia y fidelidad (Isaías 11); su reinado alcanzará un tiempo único en la historia (veremos más detalles cuando entremos en el mensaje de los profetas); un justo que gobernará en el temor de Dios (2 Sam.23:3,4), y que el mismo David pudo saber que no vería corrupción, es decir, no se corrompería, como él y sus hijos lo hicieron.

Tenemos aquí la señal del Mesías que habría de venir para establecer un reino cuyo trono será por todas las generaciones. Los judíos le esperan. Los salmistas anunciaron ampliamente su venida. En la misma cruz, donde el hijo de David sería colgado, se puso el título de su causa, que decía: ESTE ES JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS (Mt.27:37).

Este Mesías no concordaba con todos los aspectos profetizados sobre él y fue rechazado por muchos de su pueblo, sin embargo, es el mismo que volverá para heredar el trono de David y establecer su reino milenial. El salmo 89 y el 132 hablan ampliamente de su reinado. Se dice que: nuestro rey es el Santo de Israel (89:18). El cimiento de su trono son la justicia, el juicio, la misericordia y la verdad (89:14). Es el más excelso de los reyes de la tierra (89:27). En él es confirmado el pacto y el trono davídico para siempre (89:28,29,34-36) (Sal.132:10-12).

Este reino tiene una ubicación terrenal y física en Sion, en Jerusalén, donde regresará el Mesías y será aclamado como el bendito que viene en el nombre del Señor, el hijo de David (Mt.23:39). Sus pies serán afirmados en el monte de los olivos (Zacarías 14:4). Allí hará retoñar el poder de David vistiendo de confusión a sus enemigos, más sobre él florecerá su corona (132:17,18). Amén.

         La palabra de Dios pactada con David es para todas las generaciones. Su trono florecerá en Sion para siempre y sus enemigos confundidos.

107 – El reino mesiánico

La vida en el EspírituEn los Salmos (XVII) – La tierra de Israel regenerada

La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. YHVH dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino (Salmos 85:10-13)

         No debemos olvidar que la esperanza mesiánica está íntimamente ligada a la restauración de Israel en su tierra, la que le fue prometida a Abraham y su descendencia para siempre.

En este salmo el autor nos recuerda el tiempo cuando Israel vivió bajo la bendición de Dios, y el Señor fue propicio a su tierra (1). Perdonó sus pecados y los trajo de la cautividad (2). Salieron del castigo de Dios (3). Ahora nuestro hombre pide restauración (4) porque han vuelto a vivir alejados del plan de Dios. Su clamor es un modelo para nuestras oraciones en favor de los avivamientos que tantas veces necesitamos la iglesia del Señor: ¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti? (6). Luego se dispone a escuchar la voz de Dios en cuanto a su petición (8); y entiende que el Señor hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura. Su salvación está cercana para que habite su gloria en la tierra de Israel (9). La última parte de su oración es para expresar la esperanza mesiánica centrada en la restauración de la tierra de su heredad.

En medio de esa restauración anunciada se encuentran la misericordia y la verdad. La justicia y la paz se besan (10). La verdad brota de la tierra. La justicia mira desde los cielos (11). El Señor envía su bendición y la tierra da su fruto abundante para regocijo del hombre; como en el principio en el huerto de Edén (12). La justicia le precede, y los pasos del Señor son seguidos por su pueblo que vive ahora en la realidad del reino anunciado en toda su plenitud (13).

Pasado, presente y futuro se entremezclan en este canto del salmista para enseñarnos el paralelismo de nuestras propias experiencias. El pasado puede ser añorado, el presente un clamor para recuperar la vivificación de nuestras vidas con sus expresiones de júbilo y gozo; además aprendemos a escuchar la voz de Dios en medio de su paz que sobrepasa todo entendimiento, dándonos un anticipo del reino venidero.

Un reino que estará estrechamente vinculado a la restauración de la tierra a los hijos de Israel. Desde el principio este ha sido el plan de Dios. Incluye el pueblo, la Tora, la tierra y el Rey. El pueblo ha vuelto a su tierra, necesitan regresar a la palabra revelada en el pacto y reconocer al Rey que fue traspasado por sus dolores. Todo ello confluye en el Mesías en Jerusalén.

         La restauración de la tierra de Israel al pueblo de la promesa es de vital importancia para la llegada del reino. 1948 y 1967 han sido años decisivos.       

106 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XVI) – Un Rey justo

Él juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio… Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor… Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar… (Salmos 72:2-8)

          En lo hondo del corazón del hombre hay un clamor por la justicia. No hay más que ver cierto tipo de películas para encontrarnos con esta realidad. Cuando vemos que triunfa la justicia algo en nuestro ser se alegra, de la misma manera cuando el impío es juzgado y tratado conforme a su impiedad. Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. La pérdida del paraíso perdido y la espada del ángel que lo custodiaba para impedir de nuevo el acceso a él con un corazón rebelde y pecaminoso, ha hecho que anhelemos nuestro reencuentro con el reino del que fuimos despojados.

La misma creación y los hijos de Dios gimen y claman por la redención de nuestro cuerpo de muerte para regresar al estado primigenio. Es el mensaje que aparece por toda la Biblia: el reino mesiánico. Este reino se caracteriza por la justicia entre los pueblos. Juzgará la causa de los afligidos de Israel y las naciones; salvará a los hijos de los menesterosos y aplastará al opresor.

La ideología comunista ha pretendido establecer, −más bien imitar o falsificar−, la justicia social en la tierra mediante una revolución proletaria que solo ha traído más injusticia, pobreza, represión y nuevas élites dominantes. No es así el reino venidero. Florecerá en sus días abundancia de paz.

El Mesías-Rey dominará de mar a mar; su reino no tendrá fin. Ante él se postrarán los moradores del desierto (72:9). Tal vez tenemos aquí una apelación al sometimiento de la potestad islámica al señorío de Cristo. Los reyes de las naciones le traerán presentes y ofrecerán dones; todos los reyes se postrarán delante de él (10,11). En sus días la oración del menesteroso será respondida con prontitud (12); recuerda que el diablo estará atado. La causa de los pobres será reivindicada (12,13). Redimirá y libertará sus almas del engaño y la violencia (14). Habrá continua oración por el Rey; todo el día se le bendecirá (15). No habrá escasez de alimentos, las cosechas serán abundantes y se gestionarán los recursos de forma justa y equitativa (16). Las ciudades florecerán y sus habitantes vivirán ampliamente realizados en sus expectativas (16). El nombre de nuestro Rey será perpetuo mientras dure el sol; la bendición de Dios alcanzará a todas las naciones según la promesa dada a Abraham (17). Y toda la tierra será llena de su gloria (19). Es un anticipo del reinado milenial anunciado.

         El corazón del hombre piadoso clama por la justicia del reino de Dios.

105 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XV) – La insistencia por Sion

De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido (Salmos 50:2). ¿Por qué observáis, oh montes altos, al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente YHVH habitará en él para siempre (68:16). Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí, y la poseerán. La descendencia de sus siervos la heredará, y los que aman su nombre habitarán en ella (69:35,36).

Es muy llamativa la insistencia que encontramos en la Escritura sobre el énfasis que pone en Sion. En los textos mencionados arriba vemos que la perfección de su hermosura es el resultado del resplandecimiento de Dios sobre Sion. Como dice el profeta Isaías hablando del monte de Dios: Levántate, resplandece… la gloria de YHVH ha nacido sobre ti. El salmista ha observado que los demás montes altos miran hacia Sion con endivia.

Muchas veces en la Escritura los montes son figura de las naciones, por tanto, tenemos que las demás naciones, algunas mas importantes en grandeza y relevancia mundial a través de los siglos, ven que esos imperios pasan y desaparecen, pero el monte de Sion permanece. La razón de ello es que el Señor de las naciones la ha escogido para habitar en ella para siempre.

La salvación de Dios saldrá de Sion hacia su pueblo en una dimensión plena; las ciudades de Judá serán reedificadas, y su pueblo habitará en ella y la poseerá. Es la herencia del Señor para Israel, y solo entrarán en ella los que aman su nombre. Es una ciudad de santidad, en la que no entrará cosa inmunda. El Señor la santifica con su presencia.

Completamos esta serie que enfatiza el libro de Salmos sobre la relevancia de Sion con estos textos: Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó. Edificó su santuario a manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre. Eligió a David su siervo… (Sal.78:68-71). Y en otro lugar dice: Su cimiento está en su monte santo. Ama YHVH las puertas de Sion más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios… Y de Sion se dirá: Éste y aquel han nacido en ella, y el Altísimo mismo la establecerá… Y cantores y tañedores en ella dirán: todas mis fuentes están en ti (Sal.87:1-7).

Una insistencia muy llamativa sobre Sion que no tiene ninguna otra ciudad en el mundo. Dios la ha escogido. La ha amado. Es el monte Moriah donde se ofreció a Isaac. Jacob tuvo el sueño de la escalera celestial. En ella se edificó su santuario. David reinó desde ese lugar. Es un lugar de adoración único para exclamar: Todas mis fuentes están en ti. El Señor habita en Sion.

         La Escritura insiste en la trascendencia de Sion. No hay otra ciudad como esta. Es el lugar de la morada de Dios, desde donde bendice a las naciones.