Índice:
HISTORIA DE LA CARTA
- PABLO el autor
- FILEMÓN el receptor
- ONÉSIMO el antiguo esclavo
- APIA
- ARQUIPO
ENSEÑANZAS Y TEMAS
- La iglesia en las casas (Flm.2)
- La fe es eficaz por el conocimiento (Flm.6)
PREGUNTAS Y REPASO
HISTORIA DE LA CARTA
Llegamos ahora a la carta más pequeña del apóstol Pablo y más personal. Es un escrito realizado desde la cárcel, seguramente la de Roma, con el fin de pedir la rehabilitación de Onésimo, un antiguo esclavo de su amo Filemón, al que Pablo le pide que lo vuelva a recibir, no ya como siervo, sino como hermano en Cristo. Haremos una breve semblanza de cada uno de los personajes que aparecen en ella para alcanzar una más amplia panorámica de su contenido.
PABLO el autor. Como hemos dicho se encontraba prisionero por el evangelio, él mismo lo menciona en varias ocasiones (1:9,10,13,23). Hay tres posibles lugares desde donde pudo escribir la carta. Podría ser desde Éfeso, alrededor del 54-55; desde Cesarea, alrededor del año 58-60; o quizás desde Roma, alrededor de los años 60-61. Los eruditos debaten cuál de ellas es la mejor. Aunque no hay certeza plena de ninguna eso no estorba al mensaje central de la carta. Siendo prisionero de Jesucristo, Pablo conoció a Onésimo, que había huido de Filemón, convirtiéndose al evangelio y manteniendo a continuación una cercana relación con el apóstol, de tal forma que escribió a Filemón esta misiva de recomendación para que lo recibiera sin represalias.
FILEMÓN el receptor. Aparentemente es un hombre adinerado e influyente ya que posee esclavos y tiene una casa amplia donde se realizan reuniones cristianas. Pablo se dirige a él como al amado Filemón, colaborador nuestro… y a la iglesia que está en tu casa (1:1,2). No se menciona donde vive, aunque podemos conjeturar que ya que se mencionan a Arquipo y Onésimo, a quienes también Pablo menciona en Colosenses 4:9,17 podemos entrever que pudieran vivir en Colosas o en alguna otra ciudad cercana. Es presentado como colaborador de Pablo, por tanto, cercano al apóstol y entregado a la extensión del evangelio del reino. Saquemos ya una primera conclusión al respecto. Filemón, un rico colaborador del apóstol, no encuentra contradicción alguna en servir a Dios administrando sus posesiones como siervo de Jesucristo y para la extensión del evangelio. Lo cual no contradice la máxima de Jesús sobre las dificultades para que un rico entre en el reino de Dios. Las riquezas pueden ser, y de hecho lo son en muchos casos, un obstáculo para ser fiel ministro del Señor ayudando con sus recursos la causa del reino. Sin embargo, parece haber cierto resentimiento en Filemón por la huída de su esclavo Onésimo, habiéndole causado algunas pérdidas que no se especifican. Pablo escribe esta carta de recomendación para que ahora pueda ver a su antiguo siervo como hermano y con una vida útil al servicio del Señor. Lo cual es todo un mensaje de reinserción propia de quien había pasado de muerte a vida, dejando la vieja vida y viviendo ahora en una nueva manera de vivir. Pablo le pide a Filemón que Onésimo sea recibido como él mismo, recordándole la deuda que ha contraído al haber sido el primero en llegar a su casa con el evangelio.
La ley romana requería que los esclavos que se hubieran fugado fueran devueltos a sus amos, lo que indica que Pablo estaría obligado por la ley a devolverlo a Filemón. Sin embargo, la jurisprudencia romana permitía que un esclavo que estuviera enemistado con su amo pudiera buscar la mediación de un amigo del amo que mediara en la resolución del caso de manera favorable para ambos. Este parece ser el motivo real de la carta. Además, el autor de la misma tiene un motivo extra para enviar a Onésimo a casa de Filemón con la carta de recomendación, no es otra que el antiguo amo pueda reenviárselo al apóstol para que le sea útil en sus actuales circunstancias como prisionero. Tal vez Pablo está pensando en Onésimo como un futuro colaborador de su equipo misionero para seguir anunciando el evangelio.
La Escritura no nos da el final de esta historia, sin embargo el carácter de Filemón es presentado por Pablo como un hombre lleno de fe y amor hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos (1:5); muchos hermanos habían sido confortados por él (1:7). Lo cual nos puede confirmar una antigua tradición que cuenta cómo Filemón le recibió de nuevo y poco después le otorgó la libertad. En definitiva, el receptor de la carta es presentado como un hombre fiel, lleno de amor y fe por los hermanos, entregado a la causa del evangelio con su casa.
ONÉSIMO el antiguo esclavo. Siendo el personaje central sobre quien gira el contenido de la carta, y del que ya hemos visto ciertos datos biográficos, parémonos ahora a sondear algunos aspectos de su vida recogidos aquí y otros en los que podemos especular.
Haciendo cierto paralelismo con el tiempo actual su historia puede haber sido algo así. Las circunstancias negativas del sistema político romano, junto con la propia responsabilidad de sus actos, le llevaron a la esclavitud. Impulsado por la falta de recursos y su «mala suerte» se convierte en ladrón en la casa donde sirve. El robo le impulsa a escapar y convertirse en un prófugo de la justicia. Después de diversas vicisitudes dio con sus pasos en la ciudad imperial buscando alternativas para salir adelante. Vive solitario y vagabundea por un tiempo hasta que las circunstancias adversas le llevan a la cárcel. Este es un proceso muy común a la mayoría de los delincuentes de nuestro tiempo, salvando las distancias. El pecado que a todos nos acecha suele presentarse como una fuerte cadena que nos conduce por vías torcidas llenas de laberintos a callejones sin salida. Detrás de un eslabón viene otro, y luego otro, acumulando así circunstancias adversas que pesan como una losa y nos introducen cada vez más hacia un pozo sin fondo. Onésimo terminó en la cárcel. Parecía que todo llegaba a un triste final sin salida. El cúmulo de adversidades y resentimientos amargan el carácter y lo violentan exponencialmente. Buscando salidas solo ve a su alrededor drogas, alcohol, mentira y desconfianza. El pozo se agranda y el fondo no parece tener fin. La caída lleva al gran vacío existencial que no encuentra luz al final del camino.
Algo similar a lo narrado pueden haber sido las circunstancias de Onésimo, hasta que un día oye hablar a un extraño judío que además está preso como él en una celda cercana a la suya. Saliendo al patio común escucha que Pablo predica un redentor de condenas, término que conocen muy bien todos los que han pasado por la cárcel; habla de libertad en medio de la esclavitud, una libertad interior de la naturaleza del mal que anida en cada uno de nosotros. Podría haber escuchado el mensaje del profeta Isaías que el mismo Jesús usó en la sinagoga de Nazaret. El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor (Lc.4:18,19). En este mensaje tan breve como liberador, Onésimo escuchó en dos ocasiones la palabra que le había acompañado todos los días desde que entró en prisión: libertad. Libertad a los cautivos y libertad a los oprimidos. Pablo anunciaba un libertador, el libertador de Sión (Rom.11:26). Vendrá el Redentor a Sión (Is.59:20), proclamó el profeta y ahora Pablo usando las mismas palabras pregonaba que el Mesías y libertador había llegado. Esas palabras penetraron en Onésimo como una espada afilada. Oyendo el evangelio de la gracia de Dios rindió su vida al que había sido hecho Señor y Mesías para salvar a todo aquel que cree en él. La luz penetró las tinieblas del corazón del preso alumbrando un nuevo amanecer en su vida. La nueva vida se abría paso y la luz que alumbra a todo hombre había llegado para penetrar el corazón de Onésimo. El grano de mostaza había sido sembrado y comenzaba a crecer. La perla de gran precio brillaba en todo su esplendor. Onésimo había nacido de nuevo (Jn.3:3-5), habiendo recibido la palabra implantada del evangelio (Stg.1:18,21) (1 P.1:23).
Esta es la necesidad que cada ser humano tenemos para salir de la espiral de pecado y esclavitud interior entrando a una nueva dimensión de vida y libertad de nuestra vieja y vana manera de vivir heredada de nuestros padres (1 P.1:17-20). Por cuánto todos hemos pecado, y estando destituidos de su gloria (Rom.3:23), todos necesitamos recibir la abundancia de su gracia y el don de la justicia en Cristo (Rom.5:17).
No solo cambiaron las circunstancias internas de Onésimo, sino que llegó el tiempo de salir de la cárcel regresando a la casa de su antiguo amo, ahora como hermano en Cristo, y además con una carta de recomendación del apóstol Pablo para que fuera recibido amistosamente cargando a su cuenta lo que pudiera deberle aún a Filemón. Todo parece indicar que finalmente Onésimo fue recibido en su nueva situación de hombre libre en Cristo, recibiendo también la libertad de la esclavitud. Una posible conclusión de la vida del antiguo prófugo nos llega unos cincuenta años después, a través de uno de los escritos de Ignacio de Antioquía. Ignacio escribió en su carta a la iglesia de Éfeso (año 110 d.C.) mencionando a un hombre llamado Onésimo como su obispo. ¿Puede ser la misma persona? ¿Acabó siendo Onésimo el obispo de una de las grandes iglesias del primer siglo? No lo sabemos con certeza. Sería un final apoteósico que el antiguo esclavo descarriado de Filemón hubiera llegado a ser obispo de Éfeso.
APIA. Se cree que era la mujer de Filemón (Flm.2), que junto a su marido y su hijo Arquipo formaban la familia donde la iglesia del Señor se reunía en su casa.
ARQUIPO. La mayoría de los eruditos confirman que era el hijo de Filemón y Apia. El apóstol Pablo le menciona como nuestro compañero de milicia (1:2), lo cual seguramente signifique que era el pastor de la congregación que se reunía en la casa familiar. En su carta a los Colosenses vuelve a mencionarlo con un mensaje inequívoco. Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor (Col.4:17). Todo ello confirmaría a esta familia como un baluarte de la iglesia apostólica, sirviendo al Señor con fidelidad y amor a los hermanos siendo colaboradores del apóstol.
Estos son los personajes que aparecen en esta breve carta. Veamos ahora algunas de las enseñanzas prácticas que nos encontramos.
ENSEÑANZAS Y TEMA
1. La iglesia en las casas (Flm.2)
Filemón, Apia y Arquipo, caso de confirmarse su parentesco familiar, habrían formado un hogar cristiano donde los hermanos eran edificados en la fe, y desde allí se expandió el mensaje a otros lugares. Las casas particulares fue desde el principio uno de los núcleos centrales para el avance del evangelio. Recordemos la casa de María, madre de Juan Marcos, donde muchos estaban reunidos orando (Hch.12:12), mientras Pedro había sido encarcelado y poco después liberado por un ángel. Esa reunión de oración en casa fue providencial para que Pedro salvara la vida y pudiera seguir predicando el evangelio. Como está escrito: Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él (Hch.12:5). Y uno de esos lugares era la casa de María, madre de Marcos. Los apóstoles daban testimonio del Señor en Jerusalén, lo hacían en el templo y por las casas (Hch. 2:46). Todos los días no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo en el templo de Jerusalén y por las casas (Hch.5:42). El libro de los Hechos termina con el apóstol Pablo en una casa alquilada, donde permaneció durante dos años, recibiendo a todos los que venían a él, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento (Hch.28:30,31). En sus escritos se refiere a menudo a las iglesias que se reúnen en las casas, como se cita en Filemón. También se menciona la casa de Aquila y Priscila como un lugar de reunión de los creyentes (1 Co.16:19) (Rom.16:3-5). El mismo apóstol menciona a Ninfas y la iglesia que está en su casa en la ciudad de Laodicea (Col.4:15).
La hospitalidad era también una práctica que distinguía a los cristianos en el primer siglo, y lo ha sido hasta hoy. Uno de los requisitos del carácter de los ancianos y obispos era ser hospitalarios (Tit.1:8) (1 Tim.3:2). Algunos, dice el autor de hebreos, sin saberlo, hospedaron ángeles (Heb. 13:2), refiriéndose a Lot (Gn.19:1-3). Tampoco debemos olvidar que una gran parte del ministerio de Jesús fue realizado en las casas. Sanó a la suegra de Pedro en su casa (Lc.4:38,39). Se invitó él mismo a casa de Zaqueo donde llegó la salvación aquel día (Lc.19:1-10). Marta, a pesar de afanarse con el trabajo casero, era una gran hospedadora, quien recibió a Jesús en su casa donde su hermana María tuvo ocasión de escuchar atentamente las palabras del Maestro (Lc.10:38-42). En ese mismo lugar se produjo la resurrección de Lázaro, y María tomando una libra de perfume de nardo puro ungió los pies de Jesús para la sepultura (Jn.12:1-3).
La predicación del evangelio en Filipos, primera ciudad de la provincia de Macedonia, fue canalizada mediante una mujer llamada Lidia que recibió a Pablo y su equipo en casa. Una vez que abrió su corazón a la palabra de Pablo, fue bautizada con su familia, y obligó al grupo misionero a quedarse en su casa (Hch.16:11-15). Desde ese lugar se estableció un grupo que se reunía para orar, y yendo a la oración liberaron a una chica endemoniada de espíritu de adivinación, produciendo una persecución que llevó a Pablo y Silas a la cárcel. Fue allí donde, tras un terremoto por la alabanza de los apóstoles, el carcelero de Filipos encontró la salvación. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios (Hch.16:30-34).
Por todo ello, las casas fueron siempre un lugar esencial en la propagación del evangelio. En las últimas décadas ha habido un gran despertar de este «método» misionero para el crecimiento de las iglesias. En definitiva, la combinación de las casas y lugares alquilados (Hch.19:8-12) para el culto han sido un canal por donde ha corrido ampliamente la palabra de Dios en ciudades y naciones.
2. La fe es eficaz por el conocimiento (Flm.6)
Encontramos en el escrito de Pablo un tesoro sobre la importancia de la fe para que llegue a ser eficaz mediante el conocimiento. Leamos el texto:
Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús (v.6).
Primera reseña que quiero hacer. La fe puede llegar a ser eficaz o no. Una fe efectiva necesita el conocimiento que la sustenta de lo contrario podemos tener una fe que no alcanza su propósito. La fe es eficaz cuando tiene fundamento. A menudo se cree popularmente que tener fe es dar un paso en el vacío, nada más lejos de la realidad revelan las Escrituras. La fe es certeza y convicción sustentada sobre las promesas de Dios, tiene como base la revelación de Jesucristo, su persona y obra. De la obra redentora emana la fe de Dios para caminar sobre suelo seguro. La fe confía en Dios y su palabra. Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Creyó que era fiel para hacer lo que había prometido. El padre de la fe creyó que Dios da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fueran. Él creyó en esperanza contra esperanza para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se la había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia (Rom.4:17-22). Su fe descansaba en lo que se le había dicho. No dudó con incredulidad de la promesa de Dios, sino que se aferró al carácter fiel del Eterno para cumplir sus promesas. Dios no miente. Por tanto, hizo todo el recorrido durante años esperando y confiando en Dios y su palabra. La fe del evangelio se asienta sobre los mismos parámetros. Llega a ser eficaz cuando conocemos y aceptamos la voluntad de Dios; cuando sabemos por revelación escrita que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Rom.4:23-25). La fe que nos reconcilia con Dios, acercándonos nuevamente después de una larga andadura en una vida de idolatría y pecado, es la de Abraham. Observa como acaba Pablo su exposición mencionada anteriormente. Y no solamente con respecto a él [Abraham] se escribió que le fue contada [por justicia], sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada [la fe], esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro (Rom.4:23,24).
La vida cristiana es descubrir, por revelación de la palabra de Dios, los beneficios de la obra culminada por el Mesías en la cruz del Calvario apropiándonos de ella mediante la fe. Nuestra fe puede ser estéril si no la sustenta el conocimiento revelado por el Espíritu en las Escrituras. Podemos aceptar una fe religiosa, tradicional o intelectual sin penetrar al misterio de la gracia de Dios mediante la rendición. Pablo se rindió a Jesús en el camino a Damasco cuando supo quién era aquel que se le había aparecido. Preguntó: ¿quién eres Señor? Yo soy Jesús a quién tu persigues, fue la respuesta. Y a continuación preguntó: ¿Qué quieres que yo haga? (Hch. 9:3-6). Poco después fue guiado por un discípulo llamado Ananías a los siguientes pasos de fe que él aceptó, convirtiéndose a partir de esa experiencia en el apóstol de los gentiles o las naciones.
Debemos recordar también que la fe que conoce la voluntad de Dios puede resultar infructuosa y estéril si no va acompaña de las obras que le siguen. La fe sin obras está muerta, de la misma manera que un cuerpo sin espíritu no tiene vida. La fe bíblica obedece lo que va sabiendo progresivamente, y en esa misma medida crecerá. Recordemos algunos ejemplos.
La generación de los israelitas en el desierto. Aquella generación que había salido de Egipto, había visto las señales poderosas de una fe portentosa expresada mediante Moisés en las plagas, el cruce del Mar Rojo, el agua en la Roca, el maná para comer, la voz de Dios en el Sinaí y tantas otras, sin embargo, no pudo entrar en la tierra prometida a causa de su incredulidad y desobediencia. Solamente Caleb y Josué junto con los hijos que crecieron durante la travesía por el desierto. Esta exhortación la encontramos expuesta ampliamente en la carta de Hebreos con esta conclusión para nosotros: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones (Heb.4:7). El corazón endurecido puede impedir los beneficios de la fe que nos han sido dados en Cristo. Por eso le dice Pablo a Filemón que habiendo oído del amor y de la fe que tiene hacia el Señor Jesús le permitirá que sea eficaz conociendo todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. También la fe de Caleb y Josué obtuvo su recompensa añadiéndole el conocimiento que la hizo eficaz entrando en la tierra prometida. Leer Números 13; Números 14:24,30 y Josué 14:9-13.
Los discípulos de Éfeso. Tenemos otro ejemplo de lo que estamos diciendo en los discípulos (¡discípulos!) que Pablo encontró en la ciudad de Éfeso. Estos habían recibido el bautismo de Juan, pero nunca habían oído del bautismo en el Espíritu Santo, por lo cual su fe estaba limitada en esta área de su vida y no pudieron beneficiarse durante un tiempo de esta bendición. Cuando Pablo les expuso más ampliamente el evangelio, se bautizaron en el nombre de Jesús, y orando con imposición de manos vino sobre ellos el Espíritu Santo y hablaban en lenguas, y profetizaban (Hch.19:1-7). La fe que ya tenían alcanzó nuevas promesas por el conocimiento de todo lo que hay en Cristo. Como está escrito: La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Cristo (Rom.10:17 LBLA).
En definitiva, la fe que anidaba en Filemón, por la exposición del evangelio del apóstol Pablo, contiene el germen de la vida de Dios que reinserta a cualquier persona, —como lo hizo con Onésimo—, de su vieja manera de vivir en el pecado, para andar en una nueva vida según la voluntad de Dios (Rom.6:4 LBLA). Este es el mensaje que predicaron los apóstoles y que hemos recibido para continuar su legado en nuestra generación.
PREGUNTAS Y REPASO
- Anota lo que sepas sobre Filemón.
- ¿Quién era Onésimo?
- Que aplicación práctica obtienes al saber que la iglesia primitiva tenía las casas como base de sus reuniones.
- Explica cómo llega a ser eficaz nuestra fe (Flm.6) y qué proceso debe seguir hasta que recibimos sus beneficios.