20 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaBendito sea el Señor, porque ha oído la voz de mis súplicas. El Señor es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido (Salmos 28:6,7).

El Señor ha oído la súplica. El salmista ha llegado a esta certeza plena, sabe que su clamor ha llegado hasta el lugar donde Dios habita, ha penetrado la oposición, se ha roto la resistencia que impedía la llegada de petición de auxilio, ahora descansa, confía, se sabe socorrido, ha vuelto a experimentar que su fuerza viene del Señor y que Él es su escudo. Como cuando en una batalla, el soldado que ha sido enviado a pedir refuerzos traspasa las líneas enemigas, llegando hasta el lugar donde su mensaje tendrá una acción inmediata que pondrá a salvo el cerco que los atenaza. Antes de que lleguen los refuerzos ya hay regocijo y acción de gracias, la respuesta está en camino, la victoria es segura. Bendito sea el Señor que oye la voz de nuestra súplica y viene en auxilio de los menesterosos.

Te alabamos Padre, Dios del cielo y de la tierra, porque oyes nuestra voz cuando a ti clamamos y nos envías el oportuno socorro. Amén.

 

19 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaA ti clamo, oh Señor; roca mía, no seas sordo para conmigo, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa. Escucha la voz de mis súplicas cuando a ti pido auxilio; cuando levanto mis manos hacia el lugar santísimo de tu santuario (Salmos 28:1,2).

Este salmo, como muchos otros, es de David. Sin embargo, el mensaje no es de rey, sino de siervo. No es de una persona autosuficiente, sino de quien expresa dependencia absoluta en Dios. A ti clamo, oh Señor, con voz de súplica pido auxilio. Tiene su mirada puesta en el lugar santísimo. La sangre de Jesús nos ha abierto un camino nuevo y vivo para poder penetrar más allá del velo, por tanto, podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. Ese camino, es camino de santidad, no de soberbia y arrogancia, si no de dependencia en la gracia y la misericordia de Dios.

Gracias Padre que podemos acercarnos en confianza hasta tu trono por la sangre de Jesús. Muestra este camino nuevo y vivo a Israel, y danos en nuestro país la humildad necesaria para reconocer que te necesitamos. Amén.

18 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaEspera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor  (Salmos 27:14 bis).

Una parte de la vida de oración tiene que ver con esperar en Dios. No es una espera pasiva, sino de esperanza en aquel que tiene el poder para cambiar nuestras vidas y las circunstancias adversas en posibilidades productivas. Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. Ciertas esperas tienen un componente de conflicto, de perturbación, pero la espera en Dios es de confianza y salvación. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor (Lamentaciones 3:26). En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación (Salmos 62:1). Es una espera que alienta y fortalece el corazón porque sabe que de Él viene nuestra salvación. Es esperar los recursos de Dios porque he agotado los míos, y para ello, hay que decirse a sí mismo: Sí, espera al Señor.

Te damos gracias, Señor, porque eres el Dios de toda esperanza y consolación. Trae consuelo a Israel en su tierra y danos esperanza en España, en el maravilloso nombre de Jesús.

17 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaEspera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor   (Salmos 27:14).

¿A quién se dirige el salmista con esta admonición? ¿A sí mismo? ¿A cada uno de nosotros? Por el lenguaje general de este salmo parecería que está hablando consigo mismo, aunque esta opción no excluye la otra. Hay un tipo de declaración en la Escritura que tiene que ver con alentarse y esforzarse a sí mismo, que va dirigida hacia nosotros mismos. Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de Él viene mi esperanza (Salmo 62:5). El hijo pródigo se dijo a sí mismo: Me levantaré e iré a mi padre, y le diré… También tenemos ejemplos en negativo. Jesús habló del hombre necio que hablaba con su alma diciéndole: alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete. Pero Dios le dijo: ¡Necio! En la declaración del salmista que nos ocupa, parece que podríamos llegar a la conclusión de que el espíritu le dice al alma: espera al Señor, esfuérzate, aliéntese tu corazón, sí, espera al Señor.

Señor y Dios Todopoderoso, ayuda a Israel a esperar en ti, esforzarse y alentarse en ti; también a cada uno de nosotros, porque Tú eres nuestra esperanza. Amén.

16 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaVuélvete a mí y tenme piedad, porque estoy solitario y afligido… no sea yo avergonzado, porque en ti me refugio… porque en ti espero  (Salmos 25:16, 20, 21).

El salmista reclama la atención del Señor hacía él. Ha elevado su oración, ha puesto su mirada en el trono de gracia, aún así, pide que el rostro del Señor se vuelva hacia él porque se siente solo y afligido. La vida de oración no siempre nos libera del sentimiento de soledad. Elías decía vivir en la presencia de Dios pero se sintió solo ante las masas idólatras. Pablo tuvo que ser reconfortado con una visión de Jesús para que supiera que no estaba solo en la batalla por el evangelio en la ciudad de Corinto, Jesús estaba con él y tenía mucho pueblo en esa ciudad.

Oh Dios, mira a Israel, solitario y afligido; vuélvete con piedad. Tú eres su refugio y esperanza. Que tu iglesia se levante en oración y consuelo por ellos y nuestros propios conciudadanos, en el nombre de Jesús.

 

15 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaDe continuo están mis ojos hacia el Señor, porque El sacará mis pies de la red (Salmos 25:15).

Poner la mirada en el Señor nos eleva en oración. El libro de Apocalipsis contiene la revelación de Jesucristo y ésta se focaliza en el trono de Dios. Ese es el lugar donde deben estar mirando nuestros ojos. Puestos los ojos en JesúsPoner la mirada en las cosas de arriba, donde nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Esa visión sacará nuestros pies de la red y de los lazos del cazador. Los profetas decían: Vive YHWH, en cuya presencia estoy. Jesús dijo: Padre… yo sabía que siempre me oyes. A Esteban le sostuvo, el día de su martirio, la visión del Hijo de Dios de pie a la diestra del Padre. Y Pablo dijo a Timoteo: Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús…  Cuando contemplamos la gloria del Señor, somos transformados en la misma imagen, de gloria en gloria.

Padre, quita el velo para que Israel vea tu gloria y saque sus pies de la red. Trae revelación de tu Hijo también sobre España, y sobre la iglesia que mira hacia tu trono. Amén.

14 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaA ti, oh Señor, elevo mi alma. Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado… ciertamente ninguno de los que esperan en ti será avergonzado… muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas… Guíame… Enséñame… en ti espero todo el día… Acuérdate… y enseña a los humildes su camino (Salmos 25:1-9).

Una vez elevada, el alma puede confiar de manera «natural» en el Dios que sostiene su vida. Hay un tipo de oración que tiene que ver con lucha, como la de Jacob hasta que consiguió su elevación y confianza de que Dios le bendeciría. Daniel luchó durante tres semanas contra fuerzas contrarias al plan de Dios de restauración para Judá, hasta que fue oído y la palabra profética de Jeremías, sobre los setenta años de cautiverio, se abrió camino. Debemos aprender a perseverar en oración hasta conseguir, por la fe y la paciencia, heredar las promesas. Tenemos un adversario que se opone, no debemos ignorarlo, sino resistirlo firmes en la fe.

Dios mío, confiamos en tu palabra verdadera para la restauración de Israel en su tierra y a su Dios. En ti confiamos por nuestro país, perdónanos, redímenos, sálvanos. Amén.

13 – ORANDO CON EL SALMISTA

 Orando con el salmista - PortadaA ti, oh Señor, elevo mi alma  (Salmos 25:1).

La oración es una elevación del alma a Dios. Es salir de lo terrenal para adentrarse en las esferas celestiales por la fe. Por eso nos cuesta tanto la vida de oración. Lo terrenal, material y los sentidos físicos reclaman nuestra atención insistentemente e impiden que despeguemos y elevemos nuestro espíritu. A menudo es como un avión que intenta el despegue pero no consigue la velocidad necesaria para levantar el vuelo. Hay que vencer la ley de la gravedad, imponer la fuerza del espíritu sobre el reclamo de la carne. Se necesita un hombre interior fortalecido, entrenado y maduro. Una vez elevados nos cuesta regresar, como Pedro, Juan y Jacobo en el monte de la Transfiguración. Cuando no conseguimos esa elevación nuestra plegaria es seca y rutinaria por la pesadez de una vida carnal y terrenal.

Padre amado, elevo mi alma hasta tu trono para pedirte que vengan de tu presencia tiempos de refrigerio y restauración a Israel y España, en el poderoso nombre de Jesús.

12 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaDios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?  (Salmos 22: 1).

Muchos de los salmos, y por tanto, de sus oraciones, son Mesiánicos. Se recogen expresiones que trascienden al propio salmista para entrar en un cumplimiento profético de la vida del Mesías. Aquí tenemos uno de esos momentos. Sin embargo, ambas experiencias fueron experimentadas por el propio David, por Jesús, y también lo es por todos aquellos que vivimos unidos a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos (Hebreos 12:23). ¡Dios mío, Dios mío! ¡Cómo se aferra a su Dios! Está apegado a Él, sin embargo, padece el dolor del abandono y la lejanía. Esa ambivalencia nos confunde en ocasiones, aunque no sea más que otro ejemplo de nuestra necesidad de Dios y su eternidad.

Dios mío, no abandones a Israel ante el rugir de las naciones, levántate, oh Dios, y sean esparcidos todos nuestros enemigos. Amén.

9 – ORANDO CON EL SALMISTA

Orando con el salmista - PortadaConsidera y respóndeme, oh Señor, Dios mío; ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte (Salmos 13:3).

Nuestro hombre trae en este salmo una oración de urgencia e impaciencia. Cuatro veces ha preguntado al Señor ¿Hasta cuándo? Ha vivido la contrariedad, ha esperado en Dios, aunque la respuesta ha sido el silencio. Los enemigos se están enseñoreando de él, y una vez más, viene delante de Dios para que considere su situación y responda a su clamor. Sin embargo, en un giro de lucidez, piensa que tal vez el Señor le esté enviando la respuesta de una forma que él mismo no la ve, de ahí que pida iluminación para sus ojos, y no caiga en el sueño que conduce a la muerte.

Padre bueno, alumbra los ojos de nuestro entendimiento para que sepamos… Que Israel sepa, que nuestro país sepa, y nosotros sepamos, que la respuesta a todas nuestras necesidades está en Jesús, el Yo soy. Amén.