55 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XLVII) – Babilonia (39)

Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez; en toda su fuerza vendrán sobre ti… (Isaías 47:9)

         Estamos asistiendo hoy al levantamiento del islam con una fuerza inusitada. No es nuevo, la historia enseña con toda claridad que así ha sido siempre que se ha sentido fuerte. Lo fue desde su origen.

En España lo padecimos a partir del año 711 d.C. cuando fuimos invadidos por las huestes musulmanas, aniquilando el reino visigodo y lo que quedaba de la cultura greco-romana-cristiana, aunque permaneció un resto en las montañas de Asturias que daría lugar al reino de Astur-leonés desde donde se iniciaría la reconquista que duró siete siglos.

Cuando el islam decayó en su empuje fundamentalista llegaron dos oleadas de islamismo radical, el de los almorávides y los almohades que fueron impulsores del yihadismo antiguo, el mismo que estableció Mahoma en su conquista de Medina y la Meca, y que luego se extendió por todo Oriente Medio, el norte de África y la cuenca mediterránea.

Cuando el impulso inicial de las conquistas musulmanas decayó, especialmente en la época del imperio mongol, surgió la doctrina salafista que viene a decir algo así como que su decadencia se debe al abandono de la literalidad del Corán, por tanto, el regreso a los días de su esplendor pasa necesariamente por un retorno a las prácticas extremas del libro sagrado, la sunna y los hadices. La llegada de los turcos y el establecimiento del califato Otomano duraron más de  cuatrocientos años, hasta 1923, que le dio un nuevo impulso al islam. Después de un tiempo de incertidumbre por el desmembramiento del califato otomano, ha vuelto a surgir con fuerza el islam fundamentalista y la declaración de la yihad para recuperar el dominio perdido, echar a los gobiernos musulmanes tibios del poder, y extender su dominio a todo el orbe mediante la fuerza de la espada. Así ha sido hasta nuestros días.

Por tanto, una de las grandes falacias que el mundo occidental ha asimilado es que el islam es una religión de paz.

Nunca lo ha sido y nadie que pretenda seguir al pie de la letra las enseñanzas del profeta Mahoma hará semejante afirmación. Hoy se ha levantado nuevamente con fuerza. Piensa establecer la ley islámica —la sharia— en todo el mundo, destruir a Israel y los cristianos, junto con todos los infieles que no asumen su versión rigorista y literal del islam. Pero esa fuerza será quebrada en un mismo día.

         La historia del advenimiento del islam desde el 622 d.C. ha sido violenta, devorando a muchas naciones originalmente de tradición cristiana.

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