87 – Orando con el salmista

Orando con el salmista - PortadaBendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quién perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila (Salmos 103:1-5).

         Para escribir un salmo como este el autor tuvo que tener una revelación extraordinaria de la grandeza, majestad, dominio, autosuficiencia y carácter de Dios. Al leerlo nos parece como si el escritor estuviera allí, viendo el reino de Dios en todo su esplendor. Esto me hace recordar que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios (2 Pedro 1:21). Es un canto, un himno de alabanza, al que está sentado en el trono celestial. Es una explosión de gratitud y reconocimiento al Único y verdadero Dios, el Dios de Israel. No hay otro como Él, porque Él es quién perdona, el que sana, el que rescata, el que corona, el que colma nuestras vidas con un propósito: para que nuestra juventud se renueve como el águila. ¿Y cómo se renueva el águila? Dicen que a los 40 años se eleva a la roca más alta posible, rompe su pico curvado por la edad y espera 150 días para recuperar uno nuevo que le ayude a sacarse las uñas y plumas. Luego de recobrar pico, uñas y plumas vive otros 30 años con un vigor renovado. Me recuerda la vida de Caleb. A los 85 años tuvo la misma fuerza que a los 40 para conquistar su heredad. Dios rescató a Jesús de la fosa y se levantó en resurrección. El Señor hace posible nuestra renovación como el  águila.

         Bendice, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Amén.

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