164 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (LI) – Isaías (37)

¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿Éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar… los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el año de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado… Y con mi ira hollé a los pueblos…  (Isaías 63:1-6)

         La venida del Rey a Jerusalén conlleva varias manifestaciones de su carácter: justicia y fidelidad. Justicia sobre quienes han tratado a su pueblo injustamente y recibirán su recompensa. Como está escrito: ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia (Ro. 2:8). Por otro lado, hay recompensa, pero de otra índole, para los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad (Ro.2:7). El Señor pagará a cada uno conforme a sus obras (Ro. 2:5,6).

En el capítulo anterior de Isaías vimos a los que han estado orando por amor de Sion, unidos con la palabra profética, no dieron descanso a sus gemidos hasta que la justicia y salvación se encendió como una antorcha. Estuvieron sobre los muros donde el Espíritu de Dios los puso como guardas, para orar e implorar el favor de Dios sobre su santa ciudad. Son muchos los que hoy lo hacen, algunos desde la misma ciudad, otros en sus respectivas naciones levantando su clamor por la restauración de Israel.

Pero antes que llegue ese día, el profeta anuncia que el Mesías viene de Edom con vestidos rojos por la sangre derramada. Será vertida en la batalla que en otras escrituras se ubica en el Valle de Josafat (Joel 3:12). También en el Valle de Armagedón (Apc. 16:16). En nuestro texto viene de Bosra, una metrópoli situada en la antigua Edom. Todos estos lugares seguramente hablan de la misma y final batalla que tendrá lugar al final de los tiempos, antes de dar inicio al reino mesiánico en Israel.

El mismo Señor ejecuta el juicio decretado sobre los pueblos y naciones (Sal.149:1-9). Esta batalla final tiene, como en muchas otras del antiguo reino de Judá, una combinación de juicio y alabanza. La victoria del Señor se manifiesta en medio de una gran alabanza por su triunfo sobre todos sus enemigos. Es un día para la derrota de los impíos y la recompensa de los justos. El trono se asentará victorioso sobre la justicia y la paz duraderas. Los redimidos cantarán: justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos… (Apc.15:3,4).

         La justicia del reino de Dios se extenderá por toda la tierra desde Jerusalén. La hora del juicio ha llegado con sus recompensas.

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