84 – El reino mesiánico

 

El reino mesiánicoLa casa de David (XI) – Un reino de paz y sabiduría

Porque él señoreaba en toda la región al oeste del Éufrates… sobre todos los reyes al oeste del Éufrates; y tuvo paz por todos lados alrededor. Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón  (1 Reyes 4:24,25).

         El reinado de Salomón es único en la historia de Israel. Los tiempos convulsos de la época de David dieron lugar a un periodo de paz, seguridad y bienestar nunca antes ni después vividos por el pueblo de las promesas. La promesa dada a Abraham se había cumplido (Gn.22:17). Tenemos aquí un anticipo del reino de Dios en la tierra.

Se administraba justicia con sabiduría (1 Reyes 10:9). Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose (4:20). Salomón señoreaba sobre todos los reinos (4:21). El pueblo vivía seguro en abundante prosperidad (4:25). La sabiduría y prudencia del rey eran muy grandes, más que la de todos los orientales, y los egipcios (4:30). Fue conocida entre todas las naciones  alrededor, y venían de todos los pueblos y todos los reyes de la tierra para oírle, porque la fama de su sabiduría había llegado hasta ellos (4:30-34).

Una de las visitas más famosas fue la reina de Saba, que al llegar a Jerusalén quedó tan sorprendida, más de lo que le habían contado, puesto que Salomón contestó todas sus preguntas de tal forma que se asombró por todo lo que había visto y oído en la corte del rey de Israel (10:1-5). Llamó bienaventurados a los hombres y dichosos sus siervos, que estaban continuamente delante de él, y oían su sabiduría (10:8). Bendijo al Dios de Israel que había puesto en el trono por rey a quien administraba derecho y justicia (10:9).

Salomón excedió a todos los reyes de la tierra en riquezas y sabiduría; todos procuraban verle para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. Los demás reyes le llevaban cada año sus presentes a la ciudad de Jerusalén (10:23-25). El Señor había puesto a sus enemigos bajo la planta de sus pies (5:3). No había adversarios; ni mal que temer; porque el Señor le había dado paz por todas partes (5:4). Además edificó el templo, hizo su dedicación con una oración que resonó en los cielos y sentó las bases para que todo el pueblo buscara a Dios en las siguientes generaciones. También se le apareció el Señor para confirmar el pacto que había hecho con la casa de David para siempre (9:1-5).

Todo ello es una imagen histórica que proyecta y prefigura el futuro reino mesiánico en la tierra.

          El Mesías, hijo de David, unifica en su persona los reinados de David y Salomón; la batalla de la cruz y su exaltación a la diestra del Padre para reinar.

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