60 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (X) – La profecía de Balaán

He aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones… ¡Cuan hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel!… Y su reino será engrandecido. Dios lo sacó de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo… Saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel… De Jacob saldrá el dominador (Números 23:9; 24:5,7,817,19)

         La Biblia enseña que dar una profecía correcta no significa ser un verdadero profeta de Dios. Hay muchos ejemplos de ello. Saúl estuvo entre los profetas, profetizando, cuando ya el Señor se había apartado de él. La muchacha con espíritu de adivinación anunció con verdad que Pablo y Silas eran siervos del Dios Altísimo, quienes anunciaban el camino de salvación, sin embargo, la fuente de su revelación era un espíritu de adivinación. Los demonios tienen cierta revelación, sabían cuál era la personalidad del Mesías, pero eso no los hace profetas. Lo mismo encontramos en Balaán.

Un viejo profeta, vidente de ojos abiertos, que mantenía con acierto las profecías sobre Israel, aunque su corazón estaba atrapado en el amor a las riquezas. Llamado por Balac, rey de Moab, subió a diversos montes con el fin de maldecir a Israel, pero el Señor cambió la maldición en bendición.

En su profecía nos encontramos nuevamente con el llamamiento de Dios sobre el pueblo de Israel. Un pueblo distinto a los demás pueblos en cuanto al propósito divino y el llamamiento entre las familias de naciones. Separado para Dios, se anuncia un reino futuro    que emergerá de la descendencia de Abraham que ahora está a punto de entrar a la tierra de la promesa.

Saldrá ESTRELLA de Jacob. Tenemos aquí una referencia clara al Mesías que vendría en la persona de Yeshúa, la estrella resplandeciente de la mañana, vinculada a la raíz y el linaje de David (Apc.22:16). Fue la estrella que vieron los magos venidos de Oriente en su manifestación a Israel (Mt.2:2).

Se anuncia el levantamiento de un cetro en Israel, es decir, un reino que dominará sobre las naciones. Ya hemos visto que ese cetro está relacionado con el reinado de la casa de David y su descendencia, con la que el Señor sellará un pacto futuro que marcará para siempre la historia de Israel y de todas las naciones.

La palabra de Dios no vuelve vacía sin cumplir su propósito. Su palabra es eterna. El cielo y la tierra pasaran, pero su palabra no pasará. Para siempre permanece en los cielos su palabra (Sal.119:89). Estamos hoy ante la activación de la profecía que anuncia la venida del Rey para establecer su trono en Jerusalén. Ven, Señor Jesús.

         Debemos estar atentos a la palabra profética que anuncia la llegada del lucero de la mañana saliendo en nuestros corazones (2 Pedro 1:19).

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