44 – Orando con el salmista

Orando con el salmista - Portada¡Sálvame! Oh Dios, por tu nombre… Escucha mi oración, oh Dios, presta oído a las palabras de mi boca. Porque extraños se han levantado contra mí, y hombres violentos buscan mi vida… He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es el que sostiene mi alma   (Salmos 54:1-4).

La salvación viene por la invocación del nombre, el nombre de Jesús. Porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cuál podamos ser salvos. El salmista lo sabe. Tal vez no sabía mucho sobre la revelación postrera del Hijo de Dios, pero sabía que la salvación viene por invocar el nombre de Dios. Los santos antiguos conocían bien la importancia de la declaración de sus labios. Su oración debía ser oída, y para ello, debía ser proclamada de viva voz. El salmista también padeció a quienes tenían otro espíritu, eran violentos y buscaban cómo hacer daño a los hijos del reino. Como si hubiera sido el apóstol Pablo, diciendo: fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10), también nuestro hombre declara: He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es el que sostiene mi alma.

Padre amado, salva a Israel, y a todos los hijos del reino, de los hombres violentos que buscan su destrucción, en el Nombre de Jesús. Amén.

Download PDF

Deja un comentario