27 – Orando con el salmista

Orando con el salmista - PortadaPon tu delicia en el Señor, y El te dará las peticiones de tu corazón  (Salmos 37:4).

Sublime amor. A quién tengo yo en los cielos sino a ti, y fuera de ti nada deseo en la tierra… Puestos los ojos en Jesús, el autor de nuestra fe… Mi amado es mío, y con él tengo yo mi contentamiento… Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón… Señor, tu sabes que te amo… Una mujer que era pecadora, vino a él con un  frasco de alabastro, y poniéndose detrás de él, a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume.  A esta se le perdonó mucho, por que amó mucho. Tal es mi amado, y a este yo, he de exaltar y amar. ¿Habéis visto al que ama mi alma? … No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido; me mueves tan solo tú. Me mueve tu amor de tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te quisiera; y aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero yo te quisiera… Y El te dará las peticiones de tu corazón.

Señor y Dios, no hay otro como tú. Eres nuestra delicia, el Deseado de las naciones. A ti venimos con nuestras peticiones. Amén.

 

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