196 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (XVI) – La Gehena (2)

¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Mateo 23:33)

         De las doce veces que aparece en el NT la gehena, once de ellas vienen de los mismos labios de Jesús. El Maestro no amortiguo el mensaje. El castigo eterno espera a los impíos después de la resurrección. En nuestro pasaje Jesús se dirige a los hipócritas, −sinónimo de impío en la Escritura−, para asegurar su condenación en el infierno, es decir, la gehena. Por tanto, es un lugar de juicio.

Gehena se coloca siempre en el fin del mundo, después de la resurrección (Mt.5:22). Es un lugar donde el cuerpo y el alma es castigado (Mt.10:28) (Mr.9:43-48). Un lugar de tormento consciente. Jesús usó la frase «fuego que nunca se apagará» (Mt.3:12), y «donde el gusano nunca muere» (Mr.9:44-48). Esta expresión procede del profeta Isaías (66:24); también aparece en el libro apócrifo de Judit 16:17 y en fuentes talmúdicas (Gen. Mid. 214).

Los impíos son arrojados al infierno y permanecerán allí por toda la eternidad. Así está escrito: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia (Apc.14:9-11). Y en otro lugar dice: Y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Apc.20:10).

También lo encontramos en el libro de Salmos 140:9-11 donde dice: En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza. Caerán sobre ellos brasas; serán echados en el fuego, en abismos profundos de donde no salgan. El hombre deslenguado no será firme en la tierra; el mal cazará al hombre injusto para derribarle.

El salmista, como el apóstol Santiago, relaciona la lengua con un mundo de maldad, contamina todo el cuerpo, inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno (Stg.3:6). Jesús dice que por nuestras palabras seremos justificados, o por nuestras palabras condenados (Mt.12:37). No en vano, la salvación de Dios está vinculada a la invocación de un nombre, el nombre de Jesús. Todo aquel que invocare el nombre del Señor serás salvo. No hay otro nombre que podamos invocar para salvación (Hch.4:12). La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos (Pr.18:21).

         No debemos descuidar una salvación tan grande, ni debemos ocultar que hay una condenación de tormento eterno.

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