194 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (XIV) – El Hades (5)

Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Más Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos (Lucas 16:29-30)

         Cuántas veces he oído decir en tono jocoso a muchos burladores de la vida eterna que nadie ha venido aún para contar como les va, les debe ir bien, aseguran, porque ninguno ha vuelto. Si no estuviera en juego el destino de nuestra alma inmortal sería gracioso, pero debemos ser conscientes que podemos perder el alma por toda la eternidad. Y eso es un asunto serio, muy serio.

Este diálogo entre el rico y Abraham se puede haber producido literalmente o tal vez es un recurso literario para enseñar. Como hemos dicho, era un género rabínico que se usaba en tiempos de Jesús. Sea de una manera u otra, el mensaje que se quería transmitir es lo relevante, y en eso se pone de manifiesto la verdad que se pretende enseñar. Jesús lo hizo, por tanto, creía firmemente en la realidad de lo que estaba diciendo. Los argumentos son convincentes en ambos lados.

El rico propuso enviar a Lázaro a su familia para advertirles y no caer en ese lugar de tormento. Por su parte, Abraham afirmó que tenían la ley de Moisés y el mensaje de los profetas, debían oírlo y escapar de aquel destino aciago.

Recordemos que hubo resurrecciones, además de la de Jesús. Incluso muchos resucitaron después de la muerte del Mesías, pero con todo, solo algunos se convirtieron, otros siguieron sin creer.

Está escrito: A la ley y el testimonio (Is.8:20). Tenemos la palabra de Dios para creer y vivir. Tenemos el testimonio de Dios, que nos ha dado vida y esa vida está en su Hijo. El que cree en el Hijo tiene vida eterna, el que rehúsa creer no vera la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Así está escrito: Una palabra tuya bastará. Di la palabra. Y creyó la palabra. Recibieron la palabra y fueron salvos. Esta es la palabra de fe que predicamos, si crees de corazón y confiesas con tu boca a Jesús como Señor, serás salvo. El justo vive por fe, y la fe viene por el oír la palabra de Dios. Todos estos mensajes convergen en un punto en la Escritura: Creer a Dios. Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado (Jn.6:29).

No hay atajos posibles. Dios ha querido salvarnos por la locura de la predicación. La cruz se ha levantado para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna. El que no cree es condenado.

         No es posible enfatizar suficiente la importancia que tiene creer la palabra de Dios en la obra de salvación. Él tiene palabras de vida eterna.

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