191 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (XI) – El Hades (2)

Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama (Lucas 16:23,24)

         El episodio del rico y Lázaro que Jesús contó es una de las ventanas abiertas a la eternidad que tenemos en la Escritura. Hay quienes dicen que es una parábola, aunque el texto no lo menciona, sin embargo, en todas las demás parábolas se hace constar que lo es. Por otro lado, tenemos que la práctica rabínica del tiempo de Jesús usaba a menudo episodios y conversaciones de personajes bíblicos para enseñar algunas verdades.

Sea como fuere, nosotros lo que queremos es meditar en el texto analizando lo que Jesús enseña como una realidad más allá del velo de carne. Este pasaje permite penetrar al otro lado de la tumba. Hay un contraste evidente entre la experiencia del pobre Lázaro y el rico, del que no se menciona su nombre. Sus vidas en la tierra fueron muy distintas.

El rico tenía toda su esperanza en las riquezas terrenales; vestía de púrpura −el color de Babilonia Apc.18:16−, y de lino fino −una figura de las obras de justicia, o falsa piedad−. Cada día hacía banquete con esplendidez. Vivió de forma temeraria sin atender a la eternidad de su alma.

Por su parte Lázaro era un mendigo que vivía lleno de llagas a la puerta de aquel hombre rico, ansiando saciarse al menos de las migajas que caían de su mesa. Su estado era tan lamentable que incluso los perros venían para lamer sus llagas. Así estaban las cosas, cuando la muerte sorprendió a los dos.

Tenemos aquí una llamada de atención para cada ser humano al margen de cuál sea su condición social o económica. A todos llega el día de partir. Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Heb.9:27).

Hay una gran diferencia para las personas una vez sobrepasan el umbral de la muerte. Murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico, y fue sepultado. Vemos una primera diferencia entre ambos. Lázaro fue llevado a un lugar mejor en el que  tenía plena consciencia de sí mismo. Recordemos que estamos antes de la resurrección de Jesús, por tanto, su destino era un lugar intermedio llamado el seno de Abraham, que siguiendo la enseñanza rabínica diferenciaba dos compartimentos en el Seol o Hades. Lázaro fue llevado a ese lugar.

         Antes de la resurrección de Jesús había dos compartimentos distintos en el Hades, uno llamado el seno de Abraham, otro un lugar de tormento.

Download PDF

Deja un comentario