189 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (IX) – El Seol (2)

Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes (Deuteronomio 32:22)

         Si aceptamos el principio de la revelación progresiva, debemos comprender que la descripción que se hace del Seol en el AT es un tanto vaga, así como la condición de las personas en aquel lugar. Queremos hacer el recorrido hasta llegar a la mayor claridad sobre este tema que encontramos en el NT. No por ello dejamos de hallar datos de suma importancia acerca del Seol en el AT.

El Seol no es parte de este mundo, pero tiene existencia propia en otra dimensión. Es el lugar donde las almas de todos los hombres van al morir. Parece que el Seol tiene diferentes secciones. En el texto que tenemos para estudiar vemos que se mencionan partes más profundas o bajas, dando a entender que hay distinciones o divisiones en el Seol.

La distinción clara que se hace en el AT entre el justo y el impío indica que esa misma diferencia continúa en la otra vida. Los impíos están en la parte más baja, mientras que los justos están en la parte superior del Seol. Los escritores rabínicos enseñaron claramente que el Seol tiene dos secciones distintas, una para los justos y otra para los impíos.

Sin embargo, los santos del Antiguo Testamento no tenían una idea clara de qué esperar en el Seol, por ello en algunos textos aparecen expresiones de angustia ante la incertidumbre de no saber qué esperar en aquel lugar. El salmista dijo: Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de YHVH, diciendo: Oh YHVH, libra ahora mi alma (Sal.116:3,4).

La incertidumbre lleva a la angustia, aunque también encontramos declaraciones de seguridad y esperanza. Job exclamó: Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios (Job19:25,26). El profeta Daniel expresó su esperanza de eternidad el día de la resurrección. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días (Dn.12:13). El salmista manifestó su esperanza diciendo: Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida (Sal.16:10,11). Y el Señor se manifestó a Moisés como Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Señor de vivos y no de muertos (Ex.3:6) (Mt.22:32).

         La enseñanza rabínica asume que el Seol contenía dos compartimentos, uno para los justos y otro para los impíos, en espera de la resurrección.

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