188 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (VIII) – El Seol (1)

Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; más el no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre (Génesis 37:35)

         Sabemos que la muerte es separación. El alma abandona el cuerpo, su habitación terrenal, en la que ha vivido durante un tiempo. No se trata de aniquilación del alma, no existe tal cosa en la Escritura, sino de una separación.

Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre. La Escritura da suma importancia al alma, de tal forma que Jesús vino a salvarla, redimir el cuerpo, comprando la totalidad del ser: espíritu, alma y cuerpo, para que sean de Dios por toda la eternidad. No hay destrucción o aniquilación del ser para quienes rechazan el evangelio.

La pregunta es: ¿dónde va el alma una vez se produce la separación del cuerpo? Para poder dar respuesta a esta pregunta dedicaremos las próximas meditaciones a estudiar, aunque sea de forma breve, esta verdad central de la Escritura.

Debemos tener presente el principio de revelación progresiva de la Biblia, es decir, cómo se va desplegando esta verdad de manera paulatina. Lo primero que debemos decir es que, desde el principio de la revelación de Dios, aparece en la Escritura la conciencia en el ser humano de la trascendencia de la vida más allá de la muerte. Este tema lo encontramos en todas las culturas y religiones antiguas.

Israel no tuvo que sufrir persecución por este hecho; sí fue perseguida por el monoteísmo, pero nunca lo fue por mantener la esperanza de vida consciente más allá de la muerte.

El término que usa la Biblia hebrea para llamar el lugar donde van las almas es Seol. El cuerpo es colocado en la tumba y el alma en el Seol. En el AT, el hombre no cesa de existir al morir, pero su alma desciende al Seol. Por tanto, tenemos que Seol es la palabra para referirse al lugar donde el alma o espíritu del hombre va después de la muerte o separación del cuerpo.

Es a lo que se refiere el patriarca Jacob en nuestro texto. Cuando sus hijos le dieron la noticia de que José había sido despedazado por una fiera, y como prueba trajeron la túnica que él mismo había mandado hacer para él, Jacob aseguró que se encontraría con él en el Seol. Mencionó el descenso al Seol donde se encontraría con su amado hijo. Por tanto, un lugar de consciencia y reconocimiento.

La tradición rabínica describe el alma que sale del cuerpo y baja al Seol en la muerte. Los rabinos imaginaron al justo y al impío consciente después de la muerte.

          El Seol es el lugar donde descienden las almas al morir manteniendo la consciencia de sí mismos. No hay aniquilación, sino separación del cuerpo.

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