186 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (VI) – Perder el alma (2)                                               

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:25,26)

         Jesús le da una trascendencia capital al alma humana. Tal es así que compara la pérdida del alma con la totalidad de los bienes de este mundo. Es decir, un alma humana vale más que todos los bienes de este mundo juntos. Un mensaje difícil de comprender para nuestra generación orientada a la acumulación de bienes materiales como fin último de su existencia.

Piensa. Jesús pone en una balanza el alma humana, en la otra todos los bienes de este mundo, y concluye que no hay comparación posible. El alma del hombre tiene tanto valor para Dios que no es comparable a todas las riquezas de este mundo. «¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Es más, no hay recompensa posible comparable al valor del alma humana.

El hombre no puede comprar su propia alma, pero sí puede perderla. La redención cobra una dimensión vital cuando entendemos el valor del alma. La obra expiatoria de Jesús es la única que puede comprar el alma humana; la vida del Justo por un alma. Dice Pablo: Habéis sido comprados por precio (1 Co.6:20), y añade, por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres (1 Co.7:23). Es decir, no vendáis vuestra verdadera vida, −el alma−, a los hombres. Se dice que hay quienes venden su alma al diablo…

Con esta verdad gloriosa del valor que Dios da al alma humana podemos entender mejor algunos textos. Veamos. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón [¿alma?]; porque de él mana la vida (Pr.4:23). ¿Cómo se guarda el alma? El salmista nos da la respuesta: Con guardar tu palabra (Sal.119:9). Guardar su palabra, o su ley, la ley de Cristo, es guardar el corazón y el alma. Porque hay quién viene a robar, matar y destruir, pero no puede destruir el alma (Mt.10:28). Dice Santiago: recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas (Stg.1:21).

Está escrito: Todas las almas son mías (Ez. 18:4), por tanto, Dios es el único que puede destruir el alma en el infierno; a Él debemos temer. En el alma está la eternidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre (Ecl.3:11). El pecado destruye el alma humana, por eso, el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma (Stg.5:20). Jesús ha venido a salvar las almas (Lc.9:56).

         El valor del alma es tan grande que llevó al Justo a la cruz para salvarla.

Download PDF

Deja un comentario