185 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (V) – Perder el alma (1)                                                

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:25,26)

         Hablar del alma siempre es un tema muy amplio y con distintas vertientes teológicas. Tenemos los que dividen al ser humano en cuerpo y alma, viendo en el alma la parte espiritual del hombre, unida al cuerpo, que es la parte física. Por otro lado encontramos la enseñanza del hombre tripartito, que enseña que somos seres tripartitos, es decir, espíritu, alma y cuerpo.

Aquí tomaré el término «alma» en el sentido de lo que compone la parte espiritual del ser humano, también llamado en algunos lugares «corazón», como centro de la actividad espiritual. Por tanto, entiendo por «perder el alma» perder la vida, y esta vida se compone de psique y espíritu, una parte psíquica y otra netamente espiritual. Dejando esta premisa asentada podemos comprender los textos que queremos ver comenzando con el que tenemos para meditar.

La enseñanza de Jesús es contraria absolutamente al sentir mayoritario de los seres humanos, es un mensaje contracorriente, impopular, de minorías. Dice: «El que quiera salvar su vida (alma), la perderá», ¿por qué? porque esa persona ha puesto como base de su salvación su propia potencialidad, salvarse a sí mismo; el hombre y sus deseos en el centro de todo, es lo que llamamos antropomorfismo, generalmente alimentado por los bienes materiales.

El hombre puede ganar todo el mundo, (fue lo que el diablo ofreció a Jesús en el desierto), los reinos de este mundo; es por lo que luchan las naciones: conseguir dominio sobre otros, sobre propiedades, territorios, riquezas, etc. Se puede ganar el mundo; ¿qué es el mundo?, dice Juan: porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1 Jn.2:16), todo eso podemos ganarlo, disfrutarlo (tenemos un ejemplo prototipo en la vida de Salomón, uno de los humanos que más ha disfrutado de este mundo en todo su amplio concepto, lo probó todo, lo tuvo todo), y a la vez perder lo más importante que hay en el ser humano, su alma.

Porque los bienes materiales son temporales, mientras que los espirituales son eternos. Esta verdad ha sido olvidada por gran parte de la sociedad del siglo XXI, que vive anegada en los placeres de este mundo, corriendo el riesgo de perder su alma, por tanto, la vida verdadera.

         La ira de Dios se manifiesta también en la pérdida del alma; la peor de las pérdidas que un ser humano puede tener.      

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