181 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLa ira venidera (I) – Para los hombres impíos                                       

… Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos (2 Pedro 3:7)

         Hemos dicho en nuestra anterior meditación que la maldad tiene un recorrido que se inició en Edén y se extendió rápidamente, de tal forma que Dios envió un juicio directo sobre todos los seres vivientes en la época de Noé. Luego se comenzó de nuevo. La tierra había experimentado una regeneración por agua. El hombre iniciaba así una nueva andadura después del juicio.

Pronto se juntaron en la llanura de Sinar para oponerse a la voluntad de Dios. El Señor envió otro juicio, en esta ocasión para confundir las lenguas y hacer que los hombres se extendieran por la faz de la tierra. Desde entonces la maldad ha ido en aumento constante. Cada generación ha tenido su porción de iniquidad.

Cuando el pecado llega a límites insoportables se hace inevitable el juicio de Dios sobre la maldad del hombre. Luego surgen tiempos de restauración. Así hasta la recta final de la iniquidad, donde, como dijo Jesús, en el final de los tiempos habrá un aumento de la iniquidad que dará lugar al juicio definitivo de Dios sobre esta tierra. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará (Mt.24:12).

La maldad recorre un camino inverso al de los justos. Dice el autor de Proverbios que la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto (Pr.4:18). Por su parte la maldad recorre un camino hasta el día del juicio y la perdición de los hombres impíos.

El justo, que anda por el camino angosto, va creciendo en gracia hasta alcanzar la plenitud en Cristo. Los nuevos cielos y la nueva tierra en los cuales mora la justicia. Por otro lado, la maldad de los cananeos no había llegado hasta el colmo en días de Abram, pero fue creciendo su pecado hasta alcanzar el día del juicio de Dios, siendo echados fuera de la tierra, y recibiendo el castigo debido a su extravío.

Hay un día señalado para la ira de Dios. Cuando su paciencia se agota y el juicio final lleva a la conclusión del tiempo presente, el presente siglo malo, dando lugar al siglo venidero, la redención final de nuestros cuerpos. Dos destinos distintos que se manifiestan con claridad en la Escritura. En los próximos y últimos capítulos de esta serie veremos en qué consiste la ira de Dios y cómo se consumará definitivamente tal y como ha sido anunciada.

         La Maldad y la Justicia; los impíos y los justos; hacen un recorrido ascendente y progresivo hasta su culminación final. Los primeros para juicio y condenación, los segundos para heredar la salvación preparada por Dios.

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