179 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XXXVIII) – Hipócritas (7)                                                    

¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno (Mateo 23:33)

         Cuando llegamos al capítulo veintitrés del evangelio de Mateo nos encontramos con el discurso más duro que Jesús realizó a lo largo de su ministerio. La hipocresía de quienes representaban el legalismo religioso más estricto de la época atrajo las críticas más feroces del Maestro. En su origen fueron «los separados», significado de fariseos. Surgió como respuesta a la asimilación helenista, pero derivó paulatinamente en un legalismo religioso exacerbado que debe hacernos reflexionar.

En nuestro texto se les llama generación de víboras, sin escapatoria de la condenación del infierno. Antes el Maestro había denunciado su actitud por no entrar en el reino y no dejar entrar a los que estaban entrando (23:13). Se habían convertido en piedra de tropiezo. Devoraban las casas de las viudas y como pretexto hacían largas oraciones (23:14,15). Diezmaban la menta, el eneldo, y el comino, pero abandonaban lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe (23:23). Su ceguera les llevaba a colar el mosquito, y tragarse el camello (23:24), poniendo el énfasis en lo intrascendente y tragándose los aspectos relevantes de la ley de Dios. En palabras del profeta Miqueas: hacer justicia, amar misericordia, y humillarse ante Dios (Miq.6:8).

Ponían su atención en el cumplimiento nimio de los aspectos externos de la ley, como limpiar lo de afuera del vaso y del plato, pero por dentro estaban llenos de robo e injusticia (23:25). Se olvidaban que la contaminación no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella, porque sale del corazón: malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias; esas cosas son lo que verdaderamente contamina al hombre (Mt.15:17-20).

Jesús también los llamó sepulcros blanqueados, por fuera se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de inmundicia y huesos de muertos (23:27). Exteriormente se mostraban justos delante de los hombres, pero por dentro estaban llenos de hipocresía e iniquidad (23:28). Según la afirmación de Jesús, que conoce el corazón de los hombres, tenían muy difícil escapar de la condenación del infierno (23:33).

Estas palabras son una advertencia para todos nosotros. Caer en el legalismo religioso puede ser muy fácil si en nuestro corazón hemos anidado la hipocresía. Por eso, sobre toda cosa guardada, guarda el corazón, porque de él mana la vida (Pr.4:23). Jesús es nuestro libertador.

         La hipocresía constituye un verdadero enemigo de la vida espiritual que libera el legalismo y la dureza del corazón que conduce a la condenación.

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