174 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XXXIII) – Hipócritas (2)                                                       

Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas… Y cuando ores, no seas como los hipócritas… Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas (Mateo 6:2,5,16)

         La hipocresía es una planta que crece en todos los terrenos de la vida en sociedad, pero hay uno donde tiene un abono especial que la hace multiplicarse como una gran cosecha, es en el ámbito religioso. Paradójicamente los sistemas religiosos son los que más se prestan a que haya actitudes hipócritas que al ponerse de manifiesto vienen a ser piedra de tropiezo para muchos.

Y dentro del ámbito religioso Jesús señala tres de ellos: la ofrenda, la oración y el ayuno. Todas ellas disciplinas necesarias en la vida de cualquier cristiano. A la vez, son terrenos donde puede crecer la planta de la hipocresía de forma lamentable.

Cuando la vida cristiana se vuelve una competencia por las apariencias externas para mostrar nuestra espiritualidad y búsqueda de la recompensa humana hemos entrado de lleno en el terreno del legalismo religioso que a tantos defrauda, contaminando la verdadera espiritualidad.

Jesús enseña que nuestras ofrendas deben ser sin sonido de trompeta, es decir, que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Hay ocasiones en las que es imposible evitar que otros conozcan nuestra entrega económica, pero la práctica habitual debe ser la discreción, mirando a Dios y no a los hombres.

La vida de oración, dice Jesús, no debe ser una manifestación pública para impresionar a otros con nuestra aparente devoción. El fariseo de la parábola oraba consigo mismo. La repetición mecánica, sin vida, sin fe, por rutina religiosa, sin pasión y sin un corazón rendido a la voluntad de Dios es como metal que resuena y címbalo que retiñe. El Maestro enseña que cuando oremos entremos en nuestro aposento y oremos a nuestro Padre que está en secreto, y nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompensará en público.

Por su parte el ayuno debe ser sin mudar nuestro rostro, para no mostrar a los hombres que ayunamos. No es una disciplina externa para impresionar; o el duro trato del cuerpo que no tiene valor alguno contra los apetitos de la carne (Col.2:23), olvidándonos de la justicia, la misericordia y la humildad; sino mostrándolo a nuestro Padre que está en los cielos.

La semilla del legalismo y el dogmatismo puede crecer solapadamente en nuestra mente hinchada de vanidad si damos lugar a la hipocresía. Luego pretenderemos enseñarla a otros, haciendo comparaciones, para caer rápidamente en la levadura o doctrina de los fariseos (Mt.16:12). Jesús nos ha enseñado a guardarnos de esa levadura (16:6).

         El mundo religioso es muy propicio para que anide la hipocresía.

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