172 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XXXI) – Falsos maestros (5)                                                

Éstos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error (2 Pedro 2:17,18)

         Pedro los identifica. Apunta con su pluma a este tipo de personas. Los coloca en el centro de su mensaje en esta carta. Conoce el daño que hacen, y mucho peor, sabe el peligro que corren aquellos que han escapado de las contaminaciones del mundo y pueden volver a ser vencidos enredándose en el error para que su estado postrero venga a ser peor que al principio. Trabajo en vano. Tiempo perdido. El evangelio sufre pérdida y credibilidad. Los hermanos quedan a merced del desánimo y la decepción.

Porque no olvidemos que estos falsos maestros son enseñadores, están llenos de palabras infladas y pomposas que durante un tiempo han enajenado las mentes de muchos hermanos con sus concupiscencias y disoluciones. Han inflado de expectativas falsas a jóvenes discípulos que han creído su mensaje sin examinarlo. Son especialmente aquellas personas de las que habla Jesús en la parábola del sembrador. Muchos han recibido la palabra en medio de espinos y abrojos, las piedras han impedido su crecimiento y la que cayó junto al camino ha sido robada de sus corazones. Creen por algún tiempo, pero en la hora de la prueba abandonan.

La prueba puede ser el mal ejemplo de estos falsos maestros que han confundido con verdaderos ministros del evangelio. Han sido defraudados y regresan a su vieja vida para obtener un estado peor que al principio de haber oído el mensaje de redención.

Existe hoy una gran «diáspora» de personas que un día recibieron el evangelio y ahora están extraviados y dispersos por los falsos pastores que se han apacentado a sí mismos. Muchos se han endurecido y no quieren volver a oír hablar del reino de Dios. Piensan que todo está corrompido y no pueden confiar en nadie. La amargura ha invadido sus corazones y caminan dejados de sí mismos, o entregados a los vicios que un día abandonaron.

Santiago dice: Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados (Stg.5:19,20). Pero para aquellos que han propiciado el daño está escrito que les está reservada la más densa oscuridad. Hijos de condenación.

         Podemos ser engañados un tiempo por falsos maestros, pero también podemos regresar a la verdad arrepentidos y recuperar la senda donde la abandonamos.

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