169 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XXVIII) – Falsos maestros (2)                                             

Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme (2 Pedro 2:2,3)

         Algunos irresponsables dentro de las congregaciones pretenden que este tema es negativo y, por tanto, no se debe abordar con la crudeza que requiere. Se ha instalado una especie de permisividad donde parece que todo vale. El combate por la verdad se ha abandonado. Combatir unánimes por la fe del evangelio está en desuso. Nos hemos dejado contaminar del «buenismo» mundano y falso que evita la confrontación bajo el lema de la rendición. Craso error.

La Escritura no evita este espinoso tema de la falsedad de muchos maestros. Es lo suficientemente importante para que los apóstoles, todos los apóstoles, nos advirtieran de sus peligros. El apóstol Pedro nos dice aquí que muchos seguirán sus disoluciones. Influidos por su manera de vivir y enseñar disipada; el camino de la verdad será blasfemado, harán burla de las verdades eternas, y las perlas del reino vienen a ser pisoteadas ante el desinterés por defenderlas.

Ignorar el problema no lo soluciona. Mirar para otro lado y pretender que no debemos juzgar manifiesta la dejadez que nos ha invadido. No era esa la actitud de los apóstoles. Pablo tuvo que encarar incluso al mismo Pedro en cierta ocasión, ante la mezcla del evangelio con elementos judaicos que se alejaban de la libertad del Espíritu.

La libertad hay que conseguirla, y una vez obtenida hay que mantenerla frente a los múltiples sistemas religiosos que siempre pretenden amortajarla para dejar una estela de muerte a su paso. La carta a los gálatas da cuenta de la importancia que el apóstol de los gentiles daba a la defensa del evangelio y la libertad que se desprende de él.

Hay quienes están haciendo hoy mercadería con el evangelio de forma vergonzosa, compran las almas de los hombres con palabrerías infladas que hunden a los hombres en confusión y perdición. Les prometen libertad y ellos mismos son esclavos del pecado. Pecado que se manifiesta en lo que hay en el mundo: los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Alejan a sus víctimas de la cruz de Cristo sustituyéndola con mensajes antropocéntricos, centrados en el hombre y sus deleites temporales.

El evangelio de Dios es la verdad de Dios. El apóstol Pedro certifica la condenación y perdición sobre este tipo de falsos maestros.

         Los falsos maestros atraen multitudes a sus disoluciones. Venden un mensaje atractivo a la carne pero destructivo al alma humana.

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