166 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XXV) – Sensuales que no tienen al Espíritu

Éstos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu (Judas 1:19)

         Sigue hablando el apóstol de las mismas personas encubiertas que se han infiltrado en las congregaciones. Ahora nos da otra de las expresiones que los delata: su mente atrapada en la sensualidad. No se refiere solo al ámbito sexual, sino a los sentidos naturales, el predominio de lo natural, físico y racional como forma predominante en su manera de vivir y actuar. No manifiestan vida espiritual, sino un énfasis desmedido en aquello que se puede ver y tocar. Exactamente lo contrario de la verdadera vida cristiana, que es por fe.

Pablo dice: porque por fe andamos, no por vista (2 Co.5:7). Y en un texto anterior expresa: no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Co.4:18). Como está escrito: los que son de la carne [sensuales] piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz (Rom.8:5,6).

El justo vive por fe, y una vez que hemos creído, somos sellados con el Espíritu Santo. Entonces, la vida cristiana necesita el Espíritu de Dios, si no tenemos el Espíritu Santo nos somos de Dios. Necesitamos nacer del Espíritu para poder comprender las cosas del Espíritu (1 Co.2:14), de lo contrario no podremos discernir el mundo espiritual, estaremos atados al ámbito natural, carnal y sensual en un círculo vicioso que nos encadena a lo material y terrenal; esa cadena se rompe por la ley del Espíritu de vida en Cristo, que nos libra del pecado y de la muerte.

Es lo que llamamos nuevo nacimiento. La regeneración. Sin ella podemos tener una religión de cualquier tipo, incluso pertenecer activamente a una congregación, (como ocurría con una parte de los destinatarios de la carta de Judas), y sin embargo, vivir como sensuales, sin una mente renovada, sin un espíritu nuevo. Cuando este tipo de personas son mayoría en una congregación, (incluso pueden formar parte de su equipo directivo), tenemos un sucedáneo de iglesia que nada tiene que ver con la revelación de Dios en su palabra. Podemos tener el nombre de que vivimos, es decir, que tenemos vida espiritual, (como la iglesia de Laodicea), y a la vez ser unos desventurados, miserables, pobres ciegos y desnudos (Apc.3:17). Ese tipo de vida en las congregaciones causa divisiones.

Siempre habrá división en una congregación entre los sensuales, que no tienen el Espíritu, y aquellos que viven guiados por el Espíritu de Dios.  

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