158 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (XVII) – Os atribulan

Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo…(2 Tesalonicenses 1:6,7)

         En muchas ocasiones la oposición al mensaje del evangelio se manifiesta mediante persecución a quienes lo anuncian. El libro de Hechos lo pone de manifiesto de manera inequívoca. El adversario de Dios se opone a la predicación que anuncia su derrota y el triunfo de la redención para el hombre caído, esa oposición la realiza a través de los hijos de ira, aquellos que aún no han escapado del lazo del diablo en que están cautivos a voluntad de él. Sin embargo, esta verdad no anula la responsabilidad individual del ser humano, aquellas personas que deciden voluntariamente ponerse al lado de quién odia la luz y la verdad que nos hace libres.

La persecución por causa de la palabra es un hecho que ha sido constatado a lo largo de los siglos de cristianismo; como lo ha sido la persecución que ha sufrido el pueblo de israel por ser portador de las promesas de Dios y el canal a través del cual vino la simiente de Abraham, el Mesías y Redentor de todas las naciones.

Jesús lo enseñó en el llamado Sermón del Monte con estas palabras: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros (Mt.5:11,12).

Por su parte, el apóstol Pablo hace una exposición amplia de esta verdad en el texto que tenemos para meditar. Su razonamiento es inapelable. Es justo delante de Dios. Es la ley de la siembra y la cosecha: pagar con tribulación a los que os atribulan. Y eso tendrá lugar en la venida del Señor. Cada cosa tiene su tiempo delante de Dios.

Soportar la persecución de quienes se oponen al evangelio tiene como contrapartida una experiencia distinta en su venida: estar presentes en la manifestación del Señor y participar de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron.

Sin embargo, será muy distinto para quienes no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio; estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor (2 Tes.1:8,9). Dios enjugará toda lágrima de quienes soportaron la persecución y la muerte por la verdad del evangelio. Su sangre será vengada y la justicia establecida.

         Los impíos que hoy atribulan a quienes son testimonio del evangelio recibirán su tribulación en la venida del Señor. Esto es justo delante de Dios.

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