148 – EL HOMBRE CONDENADO

 

El hombre condenadoLos impíos (VII) – Diversidad y consecuencias (4)

Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de YHVH     (1 Samuel 2:12)

         La impiedad en el corazón del hombre le inhabilita para conocer a Dios. También impide la comunión con Él. Se puede ser religioso, incluso formar parte del sacerdocio escogido; ser de una familia con vocación o llamamiento sacerdotal, pero a la vez vivir lejos de la voluntad de Dios porque el corazón es impío.

¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Ninguna. Los hijos de Elí, sacerdote de la casa del Señor, eran impíos. Aunque su padre los corregía levemente la impiedad siguió su curso atrapándolos en el juicio de Dios. Estos hijos, aunque ministraban en el templo, no conocían al Dios del templo. Su servicio era como metal que resuena y címbalo que retiñe. Pero a la vez fue motivo de hacer pecar al pueblo (2:24).

Como hemos dicho en otro lugar, la impiedad se contagia, y si esta viene de los líderes mayormente. Es necesario que el obispo sea irreprensible. El apóstol Pedro escribió: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (1 Pedro 5:2,3).

El profeta Jeremías denunció que fueron  hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres (5:26). ¡Hay impíos en el pueblo de Dios! No todos los predicadores son trigo limpio. Como no todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino.

Podemos ser turbados viendo la prosperidad de los impíos (Sal.73:3). Me pusieron lazo los impíos (Sal.119:110). La ciudad es trastornada por la boca de los impíos (Pr.11:11). Por eso, cuando se levantan los impíos tienen que esconderse los hombres (Pr.28:12,28).

Pero hay un Dios justo en el trono celestial, que como a los hijos de Elí, cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente (Sal.92:7). Llega el tiempo cuando los impíos dejan de perturbar (Job 3:17).

Vivimos en un mundo caído en pecado en el que abundan los hombres perversos y malos que no tienen conocimiento de Dios, pero el evangelio anuncia que: Cristo, cuando éramos débiles, a su tiempo, murió por los impíos… Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom.5:6-8). Por tanto, hay esperanza para los que reciben la abundancia de la gracia hoy.

         Dios no perdonará a quienes ocupan lugares de liderazgo y son impíos, sin comunión con Él; pero hay salvación para los que abandonan el pecado.

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