147 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (VI) – Diversidad y consecuencias (3)

Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti (1 Samuel 24:13)

         David escribió en otro lugar: en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre (Sal.51:5), sin embargo, no vivió practicando el pecado; la ley de Dios estaba en su corazón y ésta frenaba en él el desarrollo de la maldad. Está escrito de David que sirvió a su generación y durmió después de haber hecho la voluntad de Dios. No le agradaba la compañía de hombres impíos. Tuvo ocasión de anticipar su llegada al reino de Israel matando a Saúl, pero supo que no era la manera de vivir.

En la conversación que mantuvo con el rey Saúl en el contexto del pasaje que tenemos para meditar, declaró que la impiedad sale de los impíos, él no se consideraba impío, y no estaba dispuesto a hacer obras impías. Tuvo la ocasión de hacerlo, incluso le empujaron a ello sus propios compañeros, pero su corazón era conforme al corazón de Dios. Aunque pecó en otros sucesos de su vida, no vivía practicando el pecado. No era un impío, sus obras lo ponían de manifiesto.

Jesús dijo que por sus frutos los conoceréis. Las obras de cada uno se hacen manifiestas más pronto o más tarde, las de otros van delante de ellos anunciando su maldad.

Una persona con naturaleza impía es un manantial de pecado a través del cual muchos serán contaminados. David lo sabía y no quiso seguir sus pasos.

Vivimos rodeados de hombres impíos a quienes debemos identificar para no ser influidos por ellos. Como está escrito: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que  en la ley de YHVH está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Meditar en su palabra nos libra de la contaminación de la impiedad, siempre que nuestro corazón esté preparado para inquirir la ley de YHVH y para cumplirla, y para enseñarla, como lo estuvo el sacerdote Esdras (7:10).

Los impíos perecen en tinieblas (1 Sam. 2:9). Se apartaron los impíos desde la matriz (Sal.58:3). El corazón de los impíos es cruel (Pr.12:10). Los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos (Is.57:20,21). David conocía todo esto, supo que la impiedad brota de los impíos y él no quería tener parte en ese comportamiento, por ello no puso su mano contra el rey Saúl aunque era tratado injustamente. Su causa era del Señor y esperó en Él.

         De los impíos saldrá la impiedad, hombres sin ley de Dios en sus corazones; pero aquellos que aman su palabra serán transformados por ella.          

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