146 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (V) – Diversidad y consecuencias (2)

Y él habló a la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos, y no toquéis ninguna cosa suya, para que no perezcáis en todos sus pecados (Números 16:26)

         La impiedad forma parte de la naturaleza del hombre. Todos hemos nacido en pecado; todos hemos pecado y hemos sido destituidos de la gloria de Dios; no hay justo ni aún uno; hemos heredado una naturaleza pecaminosa y carnal que produce en nosotros una forma de vida alejada de la ley de Dios. Esa naturaleza necesita una regeneración, que significa volver a generar lo que degeneró, y ese milagro está contenido en el evangelio de la gracia de Dios. Si ese milagro no se produce la impiedad sigue su curso natural y producirá las obras manifestadas en una diversidad que diferencia a unos hombres de otros con las consecuencias para sí mismo y su prójimo.

Veamos ahora algunos pasajes que ponen de manifiesto la diversidad de la impiedad en distintos hombres y sus consecuencias. En el texto que tenemos arriba se habla de algunos hombres impíos que pertenecían a la congregación de Israel en el desierto, eran Coré, Datán y Abiram (16:24). Su impiedad se había extendido a todas sus propiedades y sus tiendas, de ahí que el mandato fuera que se apartaran y no tocaran ninguna cosa suya, para no ser contaminados de sus pecados y recibir el mismo juicio.

Por tanto, tenemos que la impiedad se puede extender a otras personas desde el foco de origen. Un poco de levadura leuda toda la masa, dijo Pablo. También le dijo a Timoteo que no participara en pecados ajenos imponiendo las manos con ligereza (1 Tim.5:20). Incluso está escrito que de algunas personas debemos aborrecer la misma ropa que visten puesto que está contaminada (Judas 1:23).

La impiedad puede trasladarse a lugares físicos, formas de vestir y contaminarnos influyendo en nuestra conducta. También mediante lo que oímos y vemos podemos ser influidos por la iniquidad. Debemos discernir la maldad y no juntarnos con ella. Pablo lo dijo de aquellos que llamándose hermanos viven y practican el pecado (1 Co.5:11). A Timoteo le dijo: A estos evita (2 Tim.3:5). Y el apóstol Santiago habló de riquezas podridas y ropas comidas de polilla (Stg.5:2). Recuerda que la lepra, una figura del pecado en el AT, podía contaminar la ropa y la vivienda de quienes la padecían (Lv.13). La limpieza debía alcanzar a todo. La impiedad también se contagia, por eso no debemos andar en consejo de malos (Sal.1).

         La impiedad se puede transmitir a otros mediante la ropa, la casa, lo que vemos y lo que oímos, incluso imponiendo las manos de forma inadecuada.

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