144 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos impíos (III) – Introducción (3)

Acecha el impío al justo, y procura matarlo… Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero el pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado (Salmos 37:32,35,36)

         El Salmo 37 expone la diferencia entre el impío y el justo. Al impío se le llama también «los malignos» (1), «el malo» (10), «los malditos» (22), «los pecadores» (34), y «los transgresores» (38). Todos estos términos se refieren a la misma calidad de persona que unificamos en el término «impío».

¿Qué es la impiedad? Podemos definirla como la persona que no reconoce a Dios, vive lejos de su ley, incluso de la ley moral o natural impresa en la conciencia de quienes han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Son aquellas personas que tienen un estilo de vida y una actitud que excluye a Dios de sus pensamientos e ignoran y violan deliberadamente las leyes divinas.

Los impíos se niegan a reconocer a Dios a pesar de la evidencia en la creación (Rom. 1:20,21); participan deliberadamente en la idolatría (Rom. 1:25); practican un estilo de vida que no respeta los límites divinos (Rom. 1:26-31); no temen el juicio de Dios sino que involucran a otros en su maldad (Rom.1:32). Además se recrean en la injusticia, maquinan el mal (Miq.2:1), le dan cobertura y cauce en sus vidas, familias y sociedades; se les llama hijos de Belial.

Fue el mundo de los impíos sobre quienes vino el diluvio en días de Noé (2 P.2:5). Son aquellos que convierten en libertinaje la gracia del Señor, y niegan a Dios su soberanía (Jud.1:4). Son los que persisten en pecar (1 Tim.5:20); quienes causan divisiones y endurecidos hay que desecharlos, sabiendo que se han pervertido, pecan y están condenados por su propio juicio (Tito 3:10,11).

Los hombres impíos aparecen continuamente en las páginas de la Biblia como recordatorio del poder del mal y la condenación que les aguarda.

Sin embargo, también se nos dice que Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom.5:6-8). Lo cual quiere decir que entre los impíos hay aquellos que serán salvos de la impiedad obteniendo la salvación por pura gracia, aunque hay quienes endurecidos en sus corazones la rechazarán, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio (Tito 3:11).

         Los impíos que endurecidos rechazan la gracia de Dios se han condenado por su propio juicio, rechazando la misericordia del evangelio. 

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