141- EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXXXIII) –  Elimas el mago

Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Éste, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul  (Hechos 13:6-8)

         Primer viaje misionero de Pablo y Bernabé y pronto aparecen distintos tipos de personas, los que quieren oír la palabra, y quienes la resisten y se oponen a ella. En algunos casos, los que se oponen no se conforman con esa posición, sino que quieren estorbar a otros para impedir que se conviertan al evangelio de Dios. Fue el caso de Elimas el mago.

La magia enemiga del evangelio. Quienes la practican se oponen a la palabra de Dios. No hay tal cosa como magia blanca (la aceptable al estilo de Harry Potter), y magia negra (mala). Ambas son opuestas al evangelio.

Los apóstoles del Señor se encuentran con un falso profeta que practicaba la magia, otro ejemplo más de la doctrina de Balaam. Era judío, por lo que seguramente mantenía una mezcla espuria entre judaísmo, magia y oposición al evangelio. Junto a él estaba el procónsul Sergio Paulo que sí deseaba oír la palabra de Dios. Este contraste es común en la proclamación del evangelio.

La confrontación vino a través de esta persona que ni entraba él, ni quería dejar entrar a otros. Una actitud que Jesús denunció de los escribas y fariseos; en este caso no eran magos, ni ejercían la magia, pero la oposición a la verdad era la misma. Les dijo: cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando (Mt.23:13).

Debemos tener en cuenta esta verdad irrefutable: cuando predicamos el evangelio siempre hay oposición a la palabra.

Pues bien, Elimas se opuso, y Pablo no se conformó con ello, sino que le reprendió duramente, y lo hizo estando lleno del Espíritu Santo. Creo que merece la pena citar las palabras textuales del apóstol para corregir nuestra delicadeza religiosa en algunos casos. Pablo dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo (13:10,11). La autoridad con la que habló Pablo (dicho sea de paso, no actuó así en todos los casos de oposición al evangelio), dejó a Elimas ciego por un tiempo; mientras, el procónsul creía, maravillado de la doctrina del Señor.

         La predicación del evangelio siempre encuentra oposición; debemos saber cuándo soportarla o encararla. La clave es ser guiados por el Espíritu.

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