133 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXXV) –  Jezabel (10)

Entonces vino palabra de YVHV a Elías tisbita, diciendo: ¿No has visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa  (1 Reyes 21:28,29)

         En el suceso que narra esta porción de la Escritura tenemos el principio que presenta la Ley de Moisés en la que se dice: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación (Ex.34:6,7).

La casa de Acab había pecado, él se había casado con una mujer idólatra y hechicera contradiciendo la voluntad de Dios. Jezabel lo incitó a hacer el mal, y cuando se anunció el juicio de Dios sobre su casa mediante el profeta Elías, el rey de Israel rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado (21:27).

Esta actitud de arrepentimiento y humillación ante el Señor cambió el destino final de la vida de Acab. El mal no vendría en sus días, sino en la siguiente generación. El juicio fue aplazado por el arrepentimiento sincero de Acab.

Sin embargo, no se menciona ningún arrepentimiento de su mujer Jezabel, el juicio sobre su vida siguió adelante. Notemos que la oración y el arrepentimiento de Acab fueron vistos por el Señor aplazando brevemente el juicio. Moriría poco después en batalla sin ver el mal que se avecinaba sobre su casa.

Por el contrario, la sangre de los profetas que había derramado Jezabel subió para juicio delante del trono de Dios (2 Reyes 9:7). Jehú fue ungido para exterminar la casa de Acab y dar  muerte a Jezabel en el mismo lugar donde se derramó la sangre de Nabot, en Jezreel.

La mujer fornicaria y hechicera fue comida por los perros en el mismo lugar de su maldad (2 R.9:9,22). Fue arrojada por la ventana, y su cuerpo como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Ésta es Jezabel (2 R.9:30-37). Murió como maldita.

La palabra de Elías sobre ella se cumplió y vino a ser paradigma de los hijos de condenación. Su carácter reaparecerá en distintos momentos de la historia de Israel, de la iglesia y las naciones.

         Acab se arrepintió en el final de su vida, aunque murió en desobediencia. Jezabel, por su parte, pasó a la eternidad maldita y comida por los perros.

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