131 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXXIII) –  Jezabel (8)

Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes?Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel  (1 Reyes 21:5-7)

         Un hombre decaído y pusilánime puede ser presa fácil de una mujer dominante y resuelta. Un hombre caprichoso que deja manipular a su mujer para que le consiga aquello por lo que él mismo no está dispuesto a renunciar, avala con su pasividad la injusticia de las acciones de su cónyuge.

Cuando Jezabel supo el motivo de «la depresión» de su marido, el rey, encontró la ocasión para demostrarle, una vez más, su capacidad de manipulación para conseguir sus deseos, sin importarle los medios si se consigue el fin. La falta de escrúpulos de aquella mujer, prototipo de la mujer hechicera y dominante, la impulsó para idear un plan inmediato. Su mente febril y perversa ideó un plan al instante. La calumnia era parte esencial de su desarrollo. Escribió cartas en nombre del rey a los ancianos y principales del pueblo donde vivía Nabot. El mensaje, breve y conciso, decía lo siguiente: proclamad ayuno, poned a Nabot delante del pueblo, contratar a dos hombres perversos y ponerlos delante de él (la ley decía que por dos o tres testigos se decidirá todo asunto) para que le acusen de haber blasfemado a Dios y al rey, (la blasfemia estaba penada con la muerte), entonces sacar a Nabot y apedrearlo hasta que muera (21:9,10).

Una vez consumada la maldad, Jezabel vino a su marido con el trofeo de haber conseguido la viña. Acab se levantó y la tomó sin preocuparse de los medios usados para conseguirla. La calumnia aparentemente había triunfado, y un justo calumniado murió a manos del poder corrupto.

Me llama la atención con qué facilidad se plegaron las autoridades de la ciudad (ancianos y príncipes) a los deseos del poder. Usaron la religión (proclamaron ayuno); torcieron la ley de Dios, (está escrito que para una acusación debía haber dos testigos, y el pecado de blasfemia era castigado con la muerte), y la disposición de hombres perversos siempre dispuestos a hacer el trabajo sucio a favor del poder.

Sin embargo, a ojos de Dios el suceso no pasó inadvertido. El profeta Elías fue enviado al rey Acab para desenmascarar la ignominia cometida. La familia real fue juzgada a los ojos del Señor y pronunciada la sentencia: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tú misma sangre. Jezabel atrajo el juicio a su casa.

         El espíritu de Jezabel no respeta la propiedad ajena, aunque sea la heredad de Dios. Atrae dolor a otros y juicio a sí misma y su casa.

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2 comentarios sobre “131 – EL HOMBRE CONDENADO

  1. Acabo de inprimir El honbre condenado y me suena a la explicacion del pasado jueves
    he de leerlo bien para estar bien informada. Gracias majos os queremos un abrazo en Cristo.

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