127 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXIX) –  Jezabel (4)

Pasados muchos días, vino palabra de YHVH a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra  (1 Reyes 18:1)

         Han pasado tres años desde que la palabra de Elías fue proclamada a viva voz para que no lloviese sobre el reino de Israel. El Señor escondió durante ese tiempo al profeta, porque el rey Acab lo estuvo buscando afanosamente por todo su territorio, incluso en reinos vecinos, sin encontrarlo.

Y mientras, ¿que había estado haciendo Jezabel? Puedo imaginar una intensificación del culto a Baal y las Aseras para pedir lluvia. El hambre era grave en Samaria. La situación se hizo insostenible. La ira de aquella mujer malévola se cebó con los profetas de YHVH matando a todos los que encontraba.

En medio de esa oscuridad nos encontramos con un justo. Una pequeña luz en medio de tanta tiniebla. El mayordomo de Acab, llamado Abdías, había escondido a cien profetas del Señor para que Jezabel no pudiera matarlos. Los escondió en grupos de cincuenta en varias cuevas, sustentándolos con pan y agua. Puedo imaginar las reuniones de oración que estos profetas realizaban pidiendo misericordia al Señor.

Elías no estaba solo, aunque él llegó más adelante a pensar que había quedado él solo y Jezabel lo buscaba para matarlo. Un tiempo realmente tenebroso.

Pasados más de tres años, el Señor vuelve a hablar a Elías para que se presente ante el rey diciéndole que va a hacer llover sobre la tierra.

Cuando Acab vio a Elías le culpó de los males de la nación. ¡Inaudito! El rey idólatra, que había abandonado la ley de Dios, que era manipulado por su mujer que mataba a los profetas del Señor, y no tenía autoridad para enfrentarse a ella, sí la tiene para culpar a Elías de las desdichas del pueblo. El pecado ciega los ojos del entendimiento, y la idolatría atrae la ceguera.

Acab dijo a Elías: ¿Eres tú el que turbas a Israel? A lo que el profeta respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de YHVH, y siguiendo a los baales (18:17,18). Y le propone uno de los desafíos más impresionantes de la Escritura. Subir al monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera que comían a la mesa de Jezabel.

Observa.

Los profetas del Señor pasaban hambre y eran asesinados, mientras los profetas idólatras comían del presupuesto del reino.

Elías, sustentado milagrosamente en aquel tiempo, invocó al Señor para que descendiese fuego.

         En una nación donde predomina la idolatría los profetas falsos son mantenidos con el presupuesto gubernamental, mientras los profetas de Dios pasan hambre y son eliminados por el espíritu de Jezabel.

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