125 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXVII) –  Jezabel (2)

Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de YHVH, más que todos los que reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró  (1 Reyes 16:30,31)

          Entremos ahora en la biografía de esta princesa fenicia, hija del rey de Sidón, además de sacerdotisa del culto a la imagen de Asera, y que introdujo el culto a Baal en Israel.

La palabra Asera se refería al tronco de un árbol que estaba de pie en los santuarios de Baal (Dt.16:21). Era la diosa fenicia de la vegetación y fertilidad; documentos antiguos se refieren a ella como «señora de los dioses» o «amante de los dioses». Era el lado femenino del culto a Baal. Y Jezabel era su sacerdotisa, casada con el rey de Israel, para unirse en un yugo desigual que traería al reino del norte un avance de la idolatría pagana que lo condujo finalmente a su desaparición.

Recordemos que fue Salomón quién inició la costumbre de casarse con mujeres extranjeras, adoradoras de otros dioses, que poco a poco influyeron en el rey sabio para llevarlo a la idolatría en los últimos años de su vida.

Luego vino el pecado de Jeroboam. Pasados unos sesenta años de la introducción de este pecado, la puerta a la idolatría estaba abierta de par en par. Cuando Omri tomó el trono del reino norteño, mediante una guerra civil, estableció en Samaria su capital. Hizo lo malo a los ojos del Señor, y su hijo Acab agravó la situación casándose con Jezabel, que introdujo el culto a Baal y Asera en Israel, influyendo en su marido de tal forma que está escrito que su pecado no tenía comparación, porque se vendió para hacer lo malo ante los ojos de YHVH; porque Jezabel su mujer lo incitaba (1 R.21:25).

Esta progresión pecaminosa tenía su base en el abandono de la palabra de Dios. La Torá dejaba claro que debían derribar las imágenes de Asera. Así está escrito: Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar (Dt.12:3).

Ahora, no solo Israel había dado entrada a esos cultos, sino que tenía como reina a la sacerdotisa que los impulsaba. Esta influencia de Jezabel, en su vertiente carismática, (esos cultos mantenían la profecía como parte de su liturgia), y manipuladora del rey, llevó a Israel a una situación muy alejada de los caminos de Dios.

         La verdad escritural de no unirse en yugo desigual con los idólatras no es gratuita, contiene una advertencia que nos librará de la cautividad.

Download PDF

Deja un comentario