124 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXVI) –  Jezabel (1)

Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos  (Apocalipsis 2:20)

         Avanzando en nuestro recorrido bíblico nos encontramos con otro de esos personajes que encarnan a los hijos de condenación. En este caso se trata de una mujer, prototipo de la mujer hechicera que introduce en el pueblo de Dios la idolatría de Baal y Asera; el culto a la diosa madre y la reina del cielo.

Esta mujer, que fue un personaje histórico, como veremos en sucesivas meditaciones, también representa una potestad espiritual que busca usurpar la autoridad del hombre como cabeza (en nuestros días lo hace mediante el feminismo radical, la ideología de género, y leyes que colocan al hombre en la diana del menosprecio y la acusación injusta), y matar a los profetas de Dios.

Este espíritu lo vemos operando en la vida de Dalila, aquella mujer que no desistió en su empeño de disolver el poder de Sansón, reduciéndolo a un bocado de pan.

Lo vemos en la mujer extraña de Proverbios, que con sus hechizos subyuga al hombre necio llevándolo al degolladero.

También aparece en la hija de Herodías, aquella que danzó delante de Herodes y su corte fascinando al rey que le ofreció hasta la mitad de su reino. Ésta, aconsejada por su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista, el profeta de Dios.

También lo vemos en la esposa de Potifar, que no pudiendo seducir a José, tramó toda una estratagema perversa para acusarlo injustamente, por no haber caído rendido a sus encantos lujuriosos y adúlteros.

Lo vemos operando en la iglesia de Tiatira en el Apocalipsis, donde una mujer con este espíritu de Jezabel seducía, mediante profecías y enseñanzas, a fornicar a los siervos de Dios, y participar de fiestas idólatras donde siempre hay una combinación de sexo, ídolos y ocultismo, es decir, el espíritu de Babilonia.

Este espíritu de Jezabel estaba siendo tolerado en la iglesia de Tiatira. Amparada seguramente en dones carismáticos a través de mensajes proféticos, y una enseñanza seductora que mantenía a los hombres atrapados en su fascinación.

Esta combinación perversa que armoniza seducción espiritual carismática, con deseos carnales, está llevando a muchos hombres, líderes y responsables de congregaciones, a caer en una proliferación de adulterios que hunden a sus familias y reputaciones, atrayendo ruina y dispersión en la iglesia.

No en vano estamos asistiendo a unas estadísticas escandalosas de divorcios en familias pastorales y de cristianos. Jesús no tolera este espíritu de Jezabel.

         Tolerar la seducción de Jezabel en las iglesias es destructivo siempre.

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