122 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXIV) –  El pecado de Jeroboam (3)

Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos. Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam  (1 Reyes 13:33,34)

LAS CONSECUENCIAS. Una vez iniciado el nuevo sistema religioso inventado por Jeroboam, vino un varón de Dios para denunciar el pecado cometido. Un profeta anónimo clamó contra el falso altar levantado en Bet-el; el rey dio orden de detenerlo y su mano se le secó, tuvo que pedir oración al enviado de Dios para que sanara. Todas estas señales no bastaron para que el rey abandonara su error, sino que se afirmó obstinadamente en su pecado. Nombró nuevos sacerdotes del pueblo reafirmando su postura de oposición a la palabra de Dios.

Entonces se anunció el juicio que vendría sobre su casa. A pesar de ello, la fuerza que había tomado el nuevo sistema religioso produjo un poder demoníaco insuperable. El llamamiento inicial en la vida de Jeroboam se tornó en desobediencia contra la voluntad de Dios. Este proceso lo están siguiendo muchos pastores y líderes en la actualidad. Creen que el apoyo humano a sus pretensiones afirma su liderazgo, sin darse cuenta que están en oposición a Dios. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Esto fue causa de pecado, no solo para la casa del rey, sino para todo Israel. El rey había dado entrada al pecado en todo el reino. La fuerza infernal liberada fue tan devastadora que no hubo forma de apartarse de él en las siguientes generaciones. Hubo varios cambios de dinastía, pero todos ellos cayeron en el mismo pecado iniciado por Jeroboam.

Se repite machaconamente a lo largo de todo el libro de Reyes esta expresión: E hizo lo malo ante los ojos de YHVH, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.  Incluso traspasó su influencia al reino de Judá. Finalmente llegó el cautiverio para Israel 250 años después del reinado de Jeroboam. Las diez tribus del reino norteño se perdieron y no se supo más de ellas.

El pecado no se borra con los años, sino con arrepentimiento y fe en la sangre de Jesús. Este pecado, con alguna variante, se ha repetido de distintas formas en la llamada teología del reemplazo, en el surgimiento del islam, en los nacionalismos, en la mezcla del Estado con la religión, (aunque el evangelio enseña que hay que separarlos), y en el sincretismo moderno que conduce a una mezcla babilónica. La paga del pecado es muerte, por tanto, si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazónes con obstinación, que es idolatría.

         La herencia de Jeroboam fue la institucionalización de su pecado.

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