121 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CXIII) –  El pecado de Jeroboam (2)

Y dijo Jeroboam en su corazón: ahora se volverá el reino a la casa de David […] Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado  (1 Reyes 12:26-30)

EL PECADO DE JEROBOAM. El llamamiento de Jeroboam que había comenzado con el beneplácito divino, inició un rumbo equivocado cuando el temor del nuevo rey dio origen a pensamientos contrarios a la palabra de Dios. El temor de que su gente se volviera al reino de Judá cuando fueran a adorar a Jerusalén en las fiestas señaladas en la Torá, dio paso a pensamientos altivos que se levantaron contra el conocimiento de Dios.

Por tanto, el temor de hombres puede llevar a los líderes a cometer errores inventando otro culto. Eso fue lo que hizo Jeroboam. Todo surgió con un pensamiento. Luego buscó apoyo en los ancianos para que confirmaran lo que ya había concebido en su corazón. Este proceso, aparentemente natural, puede contener la semilla de una gran rebelión que lleve al desastre.

¿En qué consistió el pecado de Jeroboam? Lo podemos resumir de la siguiente manera: en unir política y religión. En usar la religión con fines políticos, tratando de producir unidad nacional sobre la base del sentimiento religioso mezclado con interese políticos.

Jeroboam levantó dos altares para dos becerros (en el desierto fue uno, ahora dos), uno en el norte del reino, en Bet-él, y el otro en el sur, en Dan. De esa forma acercaba el culto a los suyos para que no tuvieran que subir a Jerusalén, el lugar escogido por Dios, y que no había cambiado en nada aunque el reino se hubiera dividido. Además nombró sacerdotes que no eran de la casa de Leví; inventó fechas para las fiestas de su propio corazón al margen de lo establecido en la Ley de Dios; levantó otros lugares altos y sacrificó en ellos, supuestamente, al Señor.

En definitiva, inventó un nuevo sistema religioso, mezclando verdades viejas con imaginaciones nuevas; revelación de Dios con sus propios pensamientos. Y proclamó a todo el pueblo que estos eran los dioses que los habían sacado de Egipto. ¿Dioses? ¿No invocaban la Shemá, que decía: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es? Y el pueblo le siguió. Los ancianos no pusieron objeción. Los intereses políticos prevalecieron mezclados con tradiciones religiosas, dando lugar al pecado que los llevaría al desastre.

         Un pensamiento cautivo del rey dio lugar a todo un sistema religioso produciendo una nueva religión que fue motivo de pecado y juicio en Israel.

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