115 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CVII) – Balaam (11)

Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de YHVH se encendió contra Israel (Números 25:1-3)

         En este episodio encontramos una lección muy importante que debemos aprender. Los enemigos de Israel habían probado con agüeros, hechizos y maldiciones para frenar su avance hacia la tierra de la promesa sin éxito; sin embargo, lo que no consiguieron los agüeros, una mezcla de culto idólatra con fornicación encontró camino para poner tropiezo a los hijos de Israel.

La figura central en esta estratagema eran las mujeres de Moab. Recordemos que este pueblo, junto con los amonitas, tenía su origen en una relación incestuosa de las hijas de Lot con su padre cuando salieron de Sodoma. Ese espíritu de fornicación encontrará ahora una expresión fascinadora sobre los hijos de Israel.

Vemos que hay una mezcla de cultos y ceremonias paganas con un reclamo carnal. Las hijas de Moab invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses. El pueblo de Israel aceptó la invitación, que consistía en comidas de contenido idólatra, fiestas paganas donde se mezclaba el componente espiritual con el carnal. La idolatría y los rituales paganos mezclados con buena comida y bebida degeneraron en orgías sexuales.

De esta forma, los hijos de Israel fueron subyugados mediante lazos que las hijas de Moab habían preparado. Lo que se inició como una invitación aparentemente cordial, hospitalaria y afectuosa no concordaba con el interés que hacía poco mostraba el rey Balac en maldecir a los israelitas. Una trampa encubierta con romerías, carnavales y fiestas religiosas, (seguramente rituales culturales exóticos que las tribus emergentes del desierto no conocían), culminó con gran parte del pueblo cayendo en pecado de fornicación atrayendo el juicio de Dios. Una artimaña que cautivó los sentidos carnales de los jóvenes israelitas que tuvo su origen en un consejo de Balaam.

Antes de leer el texto recordemos: la fornicación siempre es la culminación de un culto idólatra; llámese prostitución pagana, fiestas donde se mezcla comida, bebida, sexo y drogas; o flirteos en la iglesia donde la confusión de las emociones del alma con pasiones carnales pueden dar lugar a la fornicación y el adulterio con mujeres aparentemente espirituales.

         Lo que no consiguieron las maldiciones de Balac sobre Israel se hizo evidente mediante una mezcla de pasiones carnales y fiestas paganas.

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