113 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CV) – Balaam (9)

Cuando vio Balaam que parecía bien a YHVH que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él (Números 24:1,2)

         En dos ocasiones Balaam había seguido el ritual de los agüeros de la época para maldecir a Israel impulsado por la influencia del rey de Moab. Las dos veces el Señor había cambiado la maldición en bendición, y en este momento parece que el profeta se da cuenta que Dios quiere bendecir a Israel, que esa es su voluntad a pesar de que se lo había anunciado antes de salir de casa. No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es (22:12). A pesar de ello, el profeta se puso en camino forzado por la determinación de Balac y la voluntad permisiva de Dios. Ahora parece volver en sí y darse cuenta que al Eterno le parece bien bendecir a su pueblo.

¡Cuántas lecciones para aprender! A menudo conocemos teóricamente la voluntad de Dios, pero nuestra práctica va por otro camino, hasta que comprendemos…

Balaam tenía gran reputación como oráculo fiable, sin embargo, la realidad de su corazón dividido puso de manifiesto que no andaba en luz como él mismo creía y otros pensaban de él. Así hay muchos predicadores hoy.

Por tercera vez Balac insistió en subir a una nueva cumbre, la de Peor. Insistió en que parecía bien a Dios maldecir a Israel (23:27). Y por tercera vez se puso en marcha el protocolo religioso. En esta ocasión el mismo profeta se dio cuenta que Dios quería bendecir a Israel, por lo que no esperó la culminación de todo el ritual, sino que alzando sus ojos, vio a Israel ordenado por sus tribus, y el Espíritu de Dios vino sobre él.

Observa. Un profeta que anda en camino errado, alejado de la voluntad de Dios, y sin embargo, el Espíritu de Dios obra en él. Lo mismo ocurrió con Saúl que, viviendo en desobediencia, profetizó; de ahí el dicho: Saúl también entre los profetas.

Por tanto, los carismas o dones no son garantía de que el Señor de su aprobación a un ministerio, aunque pueda usarle parcialmente más allá de su propia desobediencia.

En esta ocasión Balaam dijo: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob… su reino será engrandecido… Tiene fuerzas como de búfalo. Devorará a las naciones enemigas… Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren (24:5-9). Fue demasiado para el rey moabita. Sus esfuerzos por contratar los servicios de Balaam para maldecir a Israel se habían desvanecido.

         Los dones carismáticos de Balaam no fueron garantía de que su camino era agradable a Dios. Bendecir a Israel tampoco asegura andar en la verdad.

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