111 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (CIII) – Balaam (7)

Entonces Balaam dijo al ángel de YHVH: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. Y el ángel de YHVH dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablarás (Números 22:31,32)

         Podemos estar errados, andar en caminos equivocados y a la vez defender nuestra posición como cierta con plena convicción; así es el corazón del hombre: engañoso.

Balaam estaba convencido de andar en la perfecta voluntad de Dios, y sin embargo, ¡la realidad era tan distinta en el trono de Dios! Una vez que entendió el error de golpear la asna, mantener una conversación con ella –habría que ver al profeta y el burro en semejante diálogo− y apercibirse que tenía en contra al ángel del Señor, fue consciente de su error y quiso regresar. Estuvo dispuesto a confesar su pecado: «He pecado», dijo, «porque no sabía». Demasiado tarde.

La falsedad del corazón religioso es tan sutil que podemos mantener cierto arrepentimiento y a la vez andar errados y en desobediencia. La conciencia religiosa puede reprendernos pero es insuficiente para recuperar la verdad del camino.

Los fariseos tenían conciencia de pecado, eran estrictos cumplidores de la ley, incluso los que más cerca estaban de la doctrina de Jesús, y a la vez tan lejos. ¿Por qué? ¡Un corazón legalista! Sobre toda cosa guardada, guarda el corazón porque de él mana la vida.

No es suficiente mostrar síntomas de arrepentimiento y estar dispuestos a cambiar de rumbo si en el origen de nuestro caminar hay rebelión.

Balaam había salido de casa en desobediencia, queriendo agradar a Dios y a los hombres. Conocía la voluntad divina, pero estuvo dispuesto a negociarla para conseguir sus verdaderos fines: reputación, reconocimiento y riqueza. En definitiva, un corazón dividido; ese era su error. Aunque tenía revelación, −Dios le habló en distintas ocasiones− sin embargo, no fue suficiente para vivir en la perfecta voluntad del Señor.

La desobediencia puede llevarnos a caminos irreversibles. Aunque más tarde procuremos el arrepentimiento, como fue el caso de Esaú, (que aunque procuró la bendición con lágrimas fue desechado, y no hubo lugar al arrepentimiento) puede ser demasiado tarde.

Esaú y Balaam pertenecen a la misma escuela. El error del camino escogido por el profeta de ojos abiertos se hizo tan notorio que el mismo Dios le impulsó a seguir en él. Le permitió hablar la palabra de verdad aunque su camino era errado. Pensemos…

         El remordimiento por el pecado solo pretende calmar la conciencia religiosa sin un cambio de origen. Esa fue la intención de Balaam.

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