LA GRACIA – 4

lA GRACIAEl Señor sabe que no tenemos nada para ofrecer, sabe que estamos lisiados de ambos pies, pero nos ofrece la salvación por amor de su hijo Jesús. Y no solo nos salva, sino también nos adopta como sus hijos. Nos da todos los derechos que tienen los hijos, incluso la herencia, nos hace sentar con él en su mesa y restaura la relación que teníamos con él. Y nada de esto tiene que ver con algunas obras buenas que hemos hecho. Nunca hemos hecho algo para merecer el amor de Dios nunca llegamos a hacer algo para merecer su amor. Su amor hacia nosotros es incondicional.  

Alguien puede preguntar: ¿entonces yo puedo hacer lo que quiero? Puedo seguir pecando sabiendo que Dios me va a mostrar su gracia. ¿No nos anima la gracia a pecar sabiendo que Dios nos ama a pesar de nuestros pecados? Pablo ya ha contestado esta pregunta. Romanos 6:1-2 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Si pensamos así quizás es porque no hemos experimentado ni recibido la gracia del Señor.

A veces no predicamos la gracia por temor a que la gente llegue a abusar de ella y sobrepasar su uso por la libertad. Seguro que habrá gente que intentará aprovechar la gracia de Dios, pero esto no le paró a Pablo de predicar el evangelio de la gracia. Ni paró a Jesús de ser amigo de los pecadores, ni debe frenarnos a nosotros de predicar el amor de Dios.

Como hijos de Dios no debemos dudar del amor de Dios hacia nosotros. A veces pensamos que cuando pecamos Dios deja de amarnos. O pensamos que Dios nos ama más hoy porque hemos leído tres capítulos en la Biblia y ayer solo leímos 2. El amor de Dios hacia nosotros no cambia. Él nos ama, nos amaba en el pasado, nos ama hoy nos amara mañana.

Philip Yancey, un autor bastante conocido, dijo: «Gracia» significa que no hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más. «Gracia» significa también que no hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame menos. La gracia significa que Dios ya nos ama tanto como un Dios infinito es capaz de amar.

David dijo a Mefiboset, comerás a mi mesa siempre. 

Imagínate si después de un tiempo, estando cada día comiendo en la mesa del rey David, Mefiboset empieza a sentirse mal acerca de su situación. Y empieza a pensar: «esto le está costando mucho al rey, no puedo simplemente disfrutar de la comida del rey cada día, tengo que hacer algo para merecerla». Luego se levanta temprano un día y empieza a limpiar las escaleras del palacio. Al final del día, cuando se sientan para comer se siente mejor porque ha hecho algo para merecer la comida. El día siguiente está cansado y piensa: «si no limpio las escaleras no me dejará el rey comer a su mesa». Tengo que hacerlo. Se esfuerza y lo hace. Pero al final está muy cansado y el día siguiente no puede hacerlo, entonces, cuando llega la hora de comer se queda en su habitación porque está pensando que el rey no estará contento con él, y que no le aceptará en su mesa. ¿Qué pensaría el rey David al escuchar esto?

¿Qué pensaría Dios si en el lugar de recibir su bendición y amor como un regalo empezáramos a trabajar para ganarlo? ¿Si intentaríamos a agradarle con nuestras obras?

Hermanos, cuidado con esto, las obras no son la causa de la justificación, sino el fruto de la justificación. Efesios 2:4-8

Autor: Mensajero de buenas nuevas

Próxima entrega: LA GRACIA – 5 y final.

 

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