107 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCIX) – Balaam (3)

Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac (Números 22:7)

         Vemos que hay una coalición de pueblos contra Israel. Moab y Madián envían una embajada al oráculo de Balaam con el dinero de la adivinación. El rey de Moab concibió el plan, lo hizo partícipe a sus vecinos de Madián, en el norte de la actual Arabia, y se puso en marcha una estratagema espiritista-ocultista para maldecir y poner tropiezo a Israel. La oposición para que Israel no ocupe su tierra, la que Dios le dio mediante un pacto a Abraham, siempre ha tenido coaliciones de otros pueblos para evitar su cumplimiento.

Cuando llegó la delegación enviada por Balac a la residencia de Balaam, éste los acogió con amable hospitalidad. El falso profeta estaba en su hábitat natural. Una vez conocido el motivo de su visita el lenguaje de Balaam muestra su apariencia de piedad. Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta según YHVH me hablare (22:8). La respuesta no tardó en llegar. El oráculo tiene realmente ojos abiertos. Es sensible a la comunicación espiritual y pronto recibe respuesta.

Balaam informó al Señor el motivo que había traído a estos varones a su casa (debemos entender que forma parte de la retórica del episodio porque el Señor no necesita ser informado de los acontecimientos como sino los supiera, más bien se desarrolla el recorrido habitual de la oración y su respuesta), y una vez expuestos la voluntad del Señor es clara y concisa: Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es (22:12). Oída la respuesta, Balaam se dispone a informar a la comitiva regia negando su participación en semejantes sucesos.

El Señor no le ha dado permiso para ir y él está dispuesto inicialmente a obedecer. Aquí tenemos el punto central de este episodio en el que la narración bíblica parece contradecirse. Dios no cambia. Su voluntad es perfecta, buena y agradable. Israel ha sido bendecido y el Señor no puede contradecirse a sí mismo. Muchos pretenden hacerlo hoy, imitando al rey Balac mostrando incertidumbre ante la palabra de Dios, como Balaam. Se pretendía maldecir a Israel mediante adivinación.

Balaam escuchó la propuesta, y aunque conocía el plan de Dios con Israel desde hacía tiempo, el Señor le confirma que no puede maldecir a quién él ha bendecido. Obedece y despide a los emisarios del rey, pero su corazón ama la codicia…

         Desde el principio ha habido estratagemas para maldecir lo que Dios ha bendecido; no prosperarán, aunque el enemigo procurará insistir en ello.

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