106 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCVIII) – Balaam (2)

Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo… y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel… Por tanto envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor… para que lo llamasen… Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito (Números 22:1-6)

         Israel, un pueblo esclavo en Egipto, había salido con brazo fuerte y mano extendida. Los años en el desierto habían depurado aquella generación que se rebeló contra la voluntad de Dios. Se levantó una nueva generación que había llegado ante la tierra que Dios había prometido a Abraham y su descendencia para siempre.

Lo que Dios hizo con ellos durante esos cuarenta años no pasó desapercibido a los pueblos de la zona. Le precedía la fama. Habían salido de la pesada carga de Faraón, cruzado el mar Rojo, y ahora estaban cerca del cruce del río Jordán.

Pero antes debían atravesar la tierra de de Amón y Moab, dos reinos emparentados con Israel, por cuanto su origen eran las hijas de Lot, sobrino de Abraham, que de forma incestuosa concibieron de su padre después de salir de Sodoma.

La tierra de Amón y Moab no debían ser conquistadas por los hijos de Israel, por tanto, la angustia del rey Balac era infundada. En lugar de ayudarlos con hospitalidad para que siguieran su camino, se le opusieron contratando a Balaam para que los maldijera.

Este suceso quedó registrado para que los amonitas y moabitas no entraran en la congregación del Señor hasta la décima generación. Así está escrito: No entrará amonita ni moabita en la congregación de YHVH, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación de YHVH para siempre, por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, parea maldecirte (Dt.23:1-4).

También Josué lo recogió en su discurso de despedida (Josué 24:9,10). Y en días de la restauración del cautiverio babilónico, cuando Nehemías llevó a cabo reformas en la congregación de Israel, volvieron a recordar el episodio (Nehemías 13:1,2).

Por tanto, Balac se opuso al cumplimiento de la voluntad de Dios para Israel. Muchas naciones han imitado este comportamiento hasta el día de hoy.

         El temor del rey de Moab le llevó a contratar los servicios de Balaam para maldecir a Israel, aunque un poco de hospitalidad hubiera bastado para librarle.     

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